Siempre me ha gustado que mis colaboraciones regulares en el periódico tengan un hilo común, un motivo, un título. Eso me ayuda a encontrar una dirección y a dar coherencia a lo que de otra manera podría ser una mera sucesión. Dos de mis primeros libros nacieron así: “El Robinson urbano” de mis colaboraciones semanales en Diario de Granada, en los primeros ochenta, y “Diario del Nautilus” con las que escribí en Ideal. “Ida y vuelta” empezó en El País en 2007, y se mantuvo sin más interrupciones que los descansos de agosto hasta 2022. La inspiración del título viene de los cantes flamencos que se llaman así, y que están influidos por formas musicales del Caribe, un mestizaje cultural poderoso. Pero también estaba refiriéndome a la vida que llevaba yo entonces, yendo y viniendo entre Nueva York y Madrid, y queriendo reflejar los dos mundos a través de una crónica cultural en la que me gustaba abarcar los aspectos más variados de las artes, y a través de ellas de la vida misma.
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Toda la vida
Escribir una biografía es dar la propia vida o una parte de ella a cambio de otra vida; dedicar cinco o diez o veinte años a seguir los pasos de otra persona a la que uno generalmente no conoció y que acaba siendo tan íntima como un amante o un amigo del alma; descubrir tal…
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Francesca Woodman, aparecida y desaparecida
Francesca Woodman aparece y desaparece en sus fotografías casi con la misma fugacidad con que apareció y desapareció en su propia vida, tan breve que ya es un espejismo, más aún por todo lo que ha cambiado el mundo desde su desaparición definitiva. Francesca Woodman hizo su primera exposición cuando tenía dieciocho años, en 1976,…
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Héroes improbables
Aunque las exhibiciones glandulares de masculinidad siguen teniendo algún prestigio entre nosotros, lo cierto es que a los héroes raramente se les distingue a simple vista, y en modo alguno son sobre todo varones. John le Carré escribió que hay que pensar como un héroe para portarse simplemente con decencia en la vida cotidiana, y…
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Metamorfosis de sí misma
En la exposición de Cindy Sherman en el MOMA me fijé en un visitante que tomaba fotos no de las obras de la fotógrafa omnipresente sino de los largos textos explicativos que hay en cada sala y que indican de manera muy conveniente al espectador qué es lo que tiene delante de los ojos. Me…
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Oficio de contar
Contar historias y escucharlas no es un lujo intelectual al que se entreguen unas cuantas personas con poco sentido práctico: es una fatalidad genética de la especie. Desde que empieza a tener un cierto dominio del idioma un niño no para de preguntar y de inventar y de exigir que le cuenten y de marearle…
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La libertad más frágil
La libertad de expresión es una planta rara y valiosa que arraiga con mucha dificultad y en muchos lugares solo suele florecer brevemente, y nunca deja de estar rodeada de peligros. A los gobernantes, a los líderes religiosos, a los mesías de diverso pelaje, a los devotos de cualquiera de ellos, la libertad de expresión…
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Libros, bicicletas, tranvías
Uno de los rasgos más llamativos de la religión es su capacidad de metamorfosis. Está visto que en el cerebro humano hay inscrita una propensión a adorar a seres supremos y a conceder poderes milagrosos a ciertas personas y a ciertos artefactos. Puede quedar desacreditada una variante del recetario religioso, pero es posible que quien…
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Hilos narrativos
De joven pensaba uno que las mejores historias eran las que tenían argumentos muy complicados y llenos de sorpresas, a ser posible coronadas por una sorpresa final que tuviera la contundencia de un choque de platillos o de uno de esos crescendos orquestales que se encargan de avisarnos con varios minutos de antelación del final…
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Diario incesante de Virginia Woolf
A Virginia Woolf le gustaba fumar puros, jugar a los bolos y escribir a máquina. Era feminista y era pacifista, y una vez que le ofrecieron un doctorado honoris causa lo rechazó con tajante elegancia. Comparaba la felicidad de escribir impulsada por el entusiasmo de la inspiración y la perseverancia del trabajo con el ronquido de un…
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Fotógrafo de guardia
Quisiera uno imaginar cómo era la mirada del niño Usher Fellig cuando vio por primera vez Nueva York, después de la travesía del Atlántico en la bodega de un barco lleno de emigrantes pobres de Europa, después de haber abandonado su ciudad natal, Lvov, que entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro y ahora es parte de…
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Vigilantes nocturnos
Cuántas historias posibles. Cuántas maneras de contarlas. Y qué poca necesidad de inventar cuando se reconoce que muchas de las mejores historias no las ha inventado nadie, y que lo que hace falta no es urdir un argumento para imponerlo como una rejilla o un molde sobre el desorden de los hechos sino encontrar el…
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El vano ayer
1 Cada día se queda más lejos el pasado reciente. Recordamos con dificultad porque el ahora es otro tiempo y es otro mundo. Ahora parece mentira que hace solo dos veranos estábamos en Santander y los periódicos locales anunciaban triunfalmente en primera página el gran éxito del presidente regional: le había arrancado al Gobierno el…