Mi primera aventura escribiendo un blog, allá por 2010. Me estimulaba la posibilidad de escribir sobre la marcha, al momento, improvisando sin red, como un músico, de llevar al extremo lo que me ha atraído más de la escritura de un diario. Pero el diario es secreto, incluso íntimo, y parte de su atractivo es que no va a ser leído, al menos de inmediato. El blog era un diario íntimo y a la vez público, más todavía por no tener la mediación del periódico, o del libro. Llegó a ser agotador, pero disfruté y aprendí mucho, y descubrí una forma distinta de relación con el lector.
-
Elogio del escepticismo
Sentí mucho no estar en Madrid para asistir a la conferencia que dio Alfred Brendel en el Auditorio Nacional. De Brendel se disfruta casi tanto escuchándolo hablar o leyendo sus artículos o poemas como cuando toca, o tocaba, a sus compositores favoritos, Haydn, Mozart, Beethoven. He tenido la suerte de estar con él un par…
-
Tiempos de Camus
Porque tenía que preparar un artículo he estado leyendo los escritos sobre Argelia de Camus y las anotaciones de mediados y finales de los cincuenta en los Carnets. Mis tres volúmenes delgados y sobrios de los Carnets en Gallimard los tengo en Madrid, así que he conseguido prestado el tomo correspondiente de La Plèiade, lo cual como experiencia de…
-
Otro poeta
Cada poeta es un mundo. Descubrir uno al que no se conocía, del que no se sabía ni el nombre, es encontrarse de pronto en el interior de un mundo nuevo y completo, en un gran jardín botánico, en una ciudad que se despliega de golpe. En la librería de la editoria Assírio & Alvim…
-
Largo do Carmo
En Lisboa, a un paso de lo despejado, siempre está lo recóndito, y a un paso de ese barullo que nunca es agobiante -el del Chiado, el del Rossio – bastará tomar una calle lateral para encontrar la quietud. Una escalinata estrecha, un callejón sombrío, dan paso de pronto a una panorámica de la ciudad…
-
Dos tonterías
Me acordé de esta historia que me había contado José Luis Pinillos. La había apuntado en un cuaderno después de uno de nuestros encuentros, y se me olvidó por completo. Encontré el cuaderno hace poco. De no ser por él la habría perdido sin rastro. Cuando era muy joven, no mucho después de acabada la…
-
Verdad y fantasía
En Lisboa hay una población numerosa y civilizada de estatuas de escritores. La que más me gusta, con diferencia, es la de Eça de Qeiroz, en una plazuela a un costado de la Rua do Alecrim, a espaldas del Chiado. Al fondo de la calle relumbra el Tajo como una lámina de plata . En…
-
Aquella conversación
Qué razón tienes, María Regla Pérez. Se murió mi querido José Luis Pinillos, y yo me acordé de las conversaciones que tenía con él cuando todavía era un anciano fuerte y lúcido, cada jueves, en la Academia, cuando todavía andaban por allí personas cuya inteligencia y generosidad le alumbraban a uno la vida, Fernando Lázaro,…
-
La misma receta
Hace unos meses Antonio Jiménez Abarca, corresponsal de El País en Lisboa, escribió una crónica que parecía un cuento ruso: un jubilado portugués que lo había perdido todo atracaba un banco con la única finalidad de que lo llevara a la cárcel y de tener así asegurado el alojamiento y el sustento. Hoy escribe Jiménez Barca sobre…
-
Un proyecto de vida
Estos dos versos de Alberto Caeiro: Sinto-me nascido a cada momento para a eterna novidade do Mundo…
-
Lisbon revisited
Había que irse lejos para quitarse de en medio, pero no tanto como para que la duración del viaje agravara el cansancio. Después de tanto exposición pública, era urgente recobrar la invisibilidad de la vida diaria; después de tanto hablar, había que quedarse callado y disfrutar del silencio y de escuchar y fijarse, porque es…
-
Voces y épocas
Como se han muerto casi en los mismos días resalta más el contraste entre ellos: Manolo Escobar, Lou Reed. A los improvisadores de necrológicas Manolo Escobar les da pie para ponerse sociológicos y condescendientes; Lou Reed favorece mucho la prosa de garrafa, como traducida del inglés, la prosa de doblaje que ahora les parece cool…
-
Manolo y Paco
De adolescente me impresionaba mucho el estribillo de aquel poema de Bécquer: “Dios mío que solos/ se quedan los muertos”. En Oviedo, entre tanto barullo, en la isla cálida, numerosa y un poco estrafalaria de mi familia, me acordaba de dos muertos queridos que no quería que se me quedaran atrás, Paco y Manolo, mi padre…