Una tercera sombra

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Alice Sebold iba por la calle una mañana de 1981 y al levantar los ojos hacia alguien que parecía estar hablándole se encontró cara a cara con el hombre que la había violado hacía cinco meses. Pensó que ese hombre la interpelaba, que se estaba burlando cruelmente de ella. Luego se supo que había reconocido a alguien que caminaba detrás de Sebold y lo saludaba. A media mañana, a la luz del día, Alice Sebold revivía todo el pánico y la humillación de una noche de cinco meses atrás, un mal sueño del que no podía despertar porque lo estaba teniendo a cada momento con los ojos abiertos. Fue de inmediato a la Policía, que detuvo poco después al sospechoso, un hombre negro de 20 años, sin antecedentes. En una rueda de reconocimiento, Sebold, muy nerviosa, se equivocó al identificarlo entre los cinco varones negros de edad y aspecto semejante a los que miraba desde el otro lado de un cristal, y que parecían estar mirándola a ella, aunque no la vieran. El acusado fue a juicio y lo condenaron a 20 años. A Sebold esa condena no le alivió el sufrimiento de la violación, pero le concedió al menos la sensación apaciguadora de que se había hecho justicia. En esa época estaba estudiando escritura creativa en la universidad de Syracuse, y entre sus profesores tenía a Tobias Wolff y a la poeta Tess Gallagher. Ellos la animaron a contar por escrito lo que había vivido. Pero las cosas tardan en llegar a escribirse. Alice Sebold tenía 18 años en 1981. Tardó 18 años más en publicar una memoria de aquellos hechos, Lucky [Afortunada, en la edición en españo], en esa tradición americana a la vez sobria y reveladora de la autobiografía. Casi de la noche a la mañana el libro la convirtió en una celebridad, no sin la ayuda de una de esas entrevistas providenciales en el programa de Oprah Wimfrey. Años más tarde, al testimonio de no ficción siguió una novela, The Lovely Bones [Desde mi cielo, en la edición en español], en la que trataba con inflexiones de relato fantástico los mismos temas de la crueldad súbita y la inocencia irreparablemente vulnerada.

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