Siempre me ha gustado que mis colaboraciones regulares en el periódico tengan un hilo común, un motivo, un título. Eso me ayuda a encontrar una dirección y a dar coherencia a lo que de otra manera podría ser una mera sucesión. Dos de mis primeros libros nacieron así: “El Robinson urbano” de mis colaboraciones semanales en Diario de Granada, en los primeros ochenta, y “Diario del Nautilus” con las que escribí en Ideal. “Ida y vuelta” empezó en El País en 2007, y se mantuvo sin más interrupciones que los descansos de agosto hasta 2022. La inspiración del título viene de los cantes flamencos que se llaman así, y que están influidos por formas musicales del Caribe, un mestizaje cultural poderoso. Pero también estaba refiriéndome a la vida que llevaba yo entonces, yendo y viniendo entre Nueva York y Madrid, y queriendo reflejar los dos mundos a través de una crónica cultural en la que me gustaba abarcar los aspectos más variados de las artes, y a través de ellas de la vida misma.
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Atención, silencio
Uno pierde algo y la pérdida es el aliciente para una búsqueda que de otro modo no habría sucedido. Winifred Gallagher tuvo la sensación de perderlo todo de golpe cuando le diagnosticaron un cáncer y a lo largo de los meses del miedo a morir y del tormento de la quimioterapia intuyó algo en lo…
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Músicas de un siglo
A Gustav Mahler le gustaba pasear por Nueva York con una libertad de la que nunca había gozado en Viena, y asomarse a mirar el cielo y la agitación de las calles desde las ventanas altas de los edificios. Le entusiasmaba el metro, que en la época de su llegada a la ciudad era una…
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Ver lo visible
En un cuadro de Vermeer hay sólo una o dos figuras y unas pocas cosas en una habitación y sin embargo no se termina de ver nunca. La luz que entra por una ventana situada a la izquierda viene filtrada por gruesos cristales y es casi siempre una luz de invierno o de patio, que…
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Alumbrar lo valioso
La cuestión es simple, de una simpleza que puede ser alentadora o desoladora: sin periodismo serio no hay democracia; sin periodismo cultural serio no hay cultura democrática.
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Desolación de volver
Desde una esquina en la zona de sombra en la que me he apoyado para leer el periódico miro la plaza que he recordado e imaginado tantas veces, la que está igual de arraigada en mi memoria infantil que en los mundos de ficción que he ido inventando a lo largo de mi vida, hasta…
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Secretos profundos
Hace años, durante una clase, en una universidad americana, una estudiante graduada levantó la mano y me preguntó educadamente, aunque con cierto aire de sospecha, si yo creía en la figura del autor. Eran los tiempos, ahora más bien olvidados, en que los estudios literarios habían sucumbido a las modas francesas del posestructuralismo, la intertextualidad…
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Disparando a la brisa
Los mejores pensamientos son los pensamientos caminados, dice Nietzsche. Pero son mejores todavía los pensamientos caminados y conversados; los que brotan no de la solitaria divagación, sino del intercambio entre dos inteligencias caldeadas por la amistad, aguzadas por el hábito de la disputa cordial y exigente. Admiramos las Ensoñaciones del paseante solitario, de Rousseau, pero…
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Días en Lisboa
A veces una historia va revelándose despacio a partir de un indicio trivial que permanece mucho tiempo guardado, como un objeto que una persona mañosa encuentra por la calle y lleva un tiempo en el bolsillo y luego deja en un cajón, sin buscarle una utilidad, pero sin decidirse a tirarlo. Pero también sucede, aunque…
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Voces de Venezuela
Dos maleficios añadidos de la emigración forzosa son la invisibilidad y el silencio. En el país de acogida, o de llegada, por decirlo más neutro, el emigrado forzoso suele ser invisible para los nativos, a no ser que por su número o por su pobreza llegue a percibirse como una molestia. Salvo excepciones, ha llegado…