Nombres de pájaros

Posted By on Dic 26, 2012 | 74 comments


Pardelas pichonetas, pardelas capirotadas, paíños, petreles, fulmares, albatros, págalos pomarinos, alcatraces atlánticos, charranes petinegros, tórtolas, estorninos, águilas pescadoras, agujas colipintas, zopilotes, busardos, petirrojos, zorzales, correlimos, oropéndolas, totovías, collalbas: mientras leo este libro de Antonio Sandoval Rey, ¿Para qué sirven las aves?, tengo a mano un cuaderno en el que voy apuntando cada uno de los nombres de pájaros que menciona. Su variedad, su abundancia, tiene casi un efecto de mareo ornitológico, como de encontrarse debajo de uno de esos árboles en los que pían al mismo tiempo centenares de pájaros. Cada nombre indica una especie, una fisonomía particular, un canto o un graznido que no se parece a ningún otro, incluso muchas veces una historia tremenda de migraciones que abarcan continentes y océanos, que empiezan en el Ártico y llegan hasta el Sahel o hasta las Malvinas, que atraviesan el océano Pacífico, siguiendo al parecer los campos magnéticos de la Tierra. Antonio Sandoval empieza su libro en el cabo de la Estaca de Bares, en esa punta de Galicia y de Europa por la que pasan grandes caravanas migratorias. Su pasión es nombrar pájaros y contar pájaros. Las dos tareas parecen igual de difíciles: cómo distinguir esa silueta que cruza volando hasta el punto de atribuirle su nombre preciso; cómo cálcular cuántas aves atraviesan el cielo, o cuántas se avistan en un lugar y en una época determinadas, para contribuir así al mapa de su distribución y su supervivencia.

Antonio Sandoval cuenta las vidas de los pájaros tan animadamente como la historia de la Ornitología, y como en el mundo natural todo está conectado con todo, el campo de sus intereses y de sus entusiasmos abarca literalmente el planeta. Ahora, cuando salgo de casa y veo una bandada de pájaros en el cielo, o uan de esas tórtolas rentistas que abundan en mi barrio, me fijo mucho más, y es como si se me hubieran abierto los oídos a esos cantos solitarios o a esos clamores que antes apenas distinguía entre el ruido de fondo de la vida diaria.

Y también aprendo, qué remedio, sobre las barbaridades de las que también son víctimas las aves, los humedales desecados para construir urbanizaciones por culpa de las cuales de pronto se pierde una zona de descanso vital en las travesías planetarias, la tragedia de las mareas negras que se repiten y se repetirán  por esa mezcla explosiva que forman la codicia y la estupidez humanas. Antonio Sandoval, el observador contemplativo de los pájaros se viste con un mono de trabajo y acaba exhausto y embadurnado de petróleo después de pasarse días anteros rescatando aves marinas atrapadas por el légamo negro del naufragio del Prestige. 

En una página del libro encuentro el nombre de pájaro que más me conmueve; no había oído desde que era niño, y que no había visto nunca escrito, aunque formaba parte del vocabulario de la gente del campo: totovía.

Totovia

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74 Comments

  1. Es complicado alejarse caminando de las ciudades sin tener que sortear la presencia de barreras artificiales que frustran los destinos y los caminos, tales como las ruidosas autovías, las carreteras de circunvalación, los tendidos ferroviarios, los canales hidráulicos e incluso instalaciones de mayor fuste y envergadura como lo pueden ser los modernos aeropuertos civiles y militares. El campo virgen de terreno abierto en el que los caminos serpentean entre las explotaciones agrícolas y las parameras puede llegar a resultar inalcanzable si se han de ir eludiendo los obstáculos mencionados, pues unos conducen a otros, y estos a su vez llevan a una encerrona nueva, de manera que finalmente uno se da de bruces ante un vallado que impide el paso, o ante una señal admonitoria que prohíbe o desaconseja el tránsito por el lugar.

    Hay un nido de cigüeñas en un viejo chopo autóctono que diviso desde la carretera cuando voy en el bus urbano. Siempre llama mi atención porque en una ocasión vi claramente cómo una cigüeña, mientras batía las alas para no caer al vacío, alimentaba al pollo, quien sacaba ansioso la cabeza y a veces parte del cuerpo de entre el desvencijado amasijo de ramas en que consiste el nido, ávido por arrebatar a la madre lo que con el largo pico esta le ofrecía como sustento, que bien podría ser el cadáver de una culebra o víbora, o incluso de algún lagarto de tamaño grande. Esta visión quedó impresa vivamente en mi memoria y cada vez que vuelvo a pasar por el lugar se recrea en mi imaginación con todo lujo de detalles, aunque sea durante la época invernal, en la que el nido permanece vacío.

    El chopo que alberga el nido está situado en un pequeño altozano a la vera de un camino que asciende a la corona del pequeño cerro. Castro se suele denominar a este tipo de accidente geográfico consistente en una pequeña eminencia del terreno, pero este es de tan reducidas dimensiones y de tan poca elevación sobre el nivel del llano desde el que se accede al mismo que, para mis adentros, lo tengo bautizado como castrechín. Tendré que buscar algún día el nombre toponímico que corresponde a este pago. Tal vez me lleve alguna sorpresa.

    La cigüeña es un ave que produce grandes beneficios a la agricultura y a la salubridad de pueblos y ciudades, pues se alimenta de ratones, topillos, pequeños ofidios, lagartos, especies todas estas susceptibles de formar plaga si no hay algún agente que corrija su natural tendencia a la superpoblación, y es por eso que la cigüeña es respetada y querida por los seres humanos, que permiten y aun fomentan su instalación entre ellos compartiendo los mismos hábitats, permitiendo sus voluminosos nidos y tolerando los escasos daños que estos alados animales puedan producir a sus cosechas y pertenencias.

    En los últimos años además de las tradicionales cigüeñas se avista fácilmente a la garza, que es como una pequeña cigüeña de color gris que vive en los ríos y en sus orillas. Paseando por los márgenes del río en la proximidad de ciudades y pueblos, es muy fácil ver garzas y garcetas, e incluso algunas variedades de patos y ánades. Es más, si uno continúa el paseo siguiendo el cauce del río (cosa que no siempre es posible), en zonas relativamente alejadas de los núcleos humanos y en las que se encuentren buenos ejemplares de alisos o choperas podrá observar en algunos árboles a grupos de cormoranes descansando o durmiendo sobre las ramas. La presencia en los últimos años de este tipo de aves (normalmente asociadas a ambientes marítimos) en zonas del interior de la península obedece a la saturación en algunos ríos de especies piscícolas alóctonas que por unas u otras razones han prosperado en las aguas, como los lucios y las percas, que se meten río arriba colonizándolo todo hasta donde encuentran barreras que les resultan infranqueables. Estas especies de peces están sustituyendo a las razas autóctonas, compuestas de truchas, barbos, escayos, que ceden presencia ante la voracidad de estos nuevos inquilinos extranjeros. Son temibles rivales territoriales, y encima se lo comen todo, por lo que apenas se ven ya los rojizos cangrejos y otros pequeños crustáceos que otrora llenasen de vida las acequias y banzados de los riegos.

    Yo recuerdo que hace muchos años en algunas presas de riego de algunos ríos había anguilas… Sí, anguilas, anguilas. Anguilas y angulas. Había angulas, que eran las correspondientes crías de estos pescados alargados y oscuros, que desovaban, por lo que se ve, en las mismas presas y canalizaciones, quedando en ocasiones buenas cantidades de estas larvas atrapadas en el curso del canal, y que una vez secas y descompuestas por la acción del calor y del aire eran usadas como abono para algunos cultivos por los hombres campesinos. ¡Qué cosas, verdad!

    Cigüeñas, garzas, cormoranes, patos, incluso la esquiva avutarda, de gran tamaño (tanto como la cigüeña o más), son las aves paramesas que aproximándose a los ríos y a las manchas de humedad y lagunales que existen en las cercanías de las poblaciones se convierten en vecinos cotidianos del hombre, en este discurrir aburrido y melancólico con el que ha empezado a dar sus primeros pasos el siglo veintiuno…

    Ahora que lo pienso, ¿los cangrejos de río son crustáceos? Miraré en la Wikipedia, a ver, a ver…

    http://www.youtube.com/watch?v=IG5nUVuPMpc

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  2. Un autobús interurbano de moderna comodidad y eficacia me aleja de las últimas calles y barriadas de la ciudad, y, lentamente, deteniéndose cada poco en paradas que previamente son advertidas por una voz en off que no parece humana, se dirige hacia a una pedanía rural cercana que tan solo dista unos ocho o diez kilómetros del centro histórico y comercial donde he tomado el transporte.

    Llegados al pueblo apuro el viaje hasta la última de las paradas, lugar este donde el autobús hace una maniobra para dar la vuelta, y que cuando va sobrado de tiempo, el conductor aprovecha para apearse y estirar las piernas.

    En este punto un camino carretal de tierra sustituye al asfalto, e internándose por las tierras se dirige por una cuestecilla levemente empinada hacia una no muy lejana loma, un pequeño otero que corona y cierra el paisaje por este lado. En lo alto, dejando atrás algunas fincas roturadas en largos surcos que descienden desde el rabadillo terrero hasta la cuneta de la carretera que he dejado atrás, se ven algunos pinos; el camino se introduce entre ellos.

    Es un pinar. El pinar es un bosque artificial de coníferas que alberga en su interior algunas otras especies vegetales, fundamentalmente un denso matorral de arbustos no muy altos en el que prosperan los hongos y las setas de las más diversas especies. En temporada vengo a ver setas (no a cogerlas, ya que no me atrae esta actividad recolectora), y en los tranquilos paseos por las avenidas interiores de las pistas del pinar he tenido ocasión de contemplar hermosas especies de aves que moran en este lugar. Siempre me encantaron esas cajas-nido que cuelgan de las ramas de los pinos, y los viejos carteles herrumbrosos del ICONA que avisan del peligro de incendio, pues me retrotraen dulcemente a los años felices de la infancia, al tiempo de los juegos inocentes y de los sueños fantasiosos.

    El paisaje interior del pinar tiene algo de monótono por su sequedad polvorienta, con esos troncos rectilíneos cuyas cortezas semejan a las escamas de algún animal indeterminado, pero es fresco y sombrío, lo cual es de agradecer en los tórridos días del verano.

    Una de las primeras aves que vas a ver cuando vayas a un pinar solitario es el arrendajo, el chivato del bosque al que verás levantarse con estrépito de alas y cruzar volando ante tus ojos, el “glayo” que, sin dudarlo, te delatará ante todos los habitantes del bosque con sus escandalosos graznidos de advertencia. El arrendajo, de buen tamaño y color marrón, blanco y negro, tiene algunas plumas dorsales de un intenso color azul cielo entreverado con pequeñas motas grises o negras a modo de cuadrícula. Tengo guardada entre las páginas de algún libro una de estas plumas que encontré probablemente en una de mis cacerías visuales de setas, plumas que solían ser buscadas por los cazadores para ponerlas de adorno en el sombrero de caza.

    El más numeroso poblador del pinar es el pinzón, de parduzcos y azulados colores, y trinar continuo y confuso; deambula de un lado para otro, tan pronto en la rama como en en el suelo, picoteando, trasteando en el charco, siempre activo y visible. Le acompaña en sus correrías el igualmente común petirrojo, esquivo y asustadizo, que rebusca entre la hojarasca de humus orugas y larvas que atrapa con su pequeño pico aguileño. El carbonero garrapinos, muy semejante a su pariente urbano, se pone literalmente las botas picando las hojas aciculadas del pino. En las cajas-nido entran y salen los capuchinos, así llamados porque tienen una especie de cresta de plumas blancas en la cabeza, y en la espesura, en el follaje denso de árboles, revoloteando sin parar de un lado a otro, cual si fueran insectos, abejorros, moscones, los inquietos y diminutos reyezuelos.

    El más hermoso (y escaso) habitante del pinar es el pico picapinos, que suele estar adherido con sus poderosas garras al tronco del árbol mientras su pico se interna en las grietas de la madera a la busca de insectos xilófagos y hormigas. A veces se le ve comiendo los piñones de las piñas, metiendo el largo y delgado pico entre los intersticios de las placas que estas forman para proteger el fruto. Tiene un vistoso colorido en el que se mezclan el rojo en el sombrero y vientre con el blanco y negro de alas y cuerpo.

    Cuando desciendo de nuevo por el polvoriento y acarcavado camino hacia la carretera, veo a o lejos la silueta del autobús que ya viene. Tendré que darme prisa.

    http://www.youtube.com/watch?v=CkTQUtx818w

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  3. “Sobre los nombres de pájaros”

    Gratamente sorprendido por el comentario de AMM (por cierto, antiguo vecino mío en Collado Mediano, buen sitio para observar aves en la sierra madrileña del Guadarrama) sobre los nombres de pájaros, y más aún porque ese comentario lo haya motivado la lectura del fantástico libro de “Toñete” ¿Para qué sirven los pájaros?.

    Muy bueno es que leer (también) sobre pájaros, biodiversidad, paisajes y paisanajes, costumbres ….. nos traiga a la memoria recuerdos, sensaciones, vivencias, tristezas y alegrías de nuestra infancia, juventud, o madurez en su caso … . También a AMM le sucede eso (hasta conmoverle) al leer en el libro citado el melódico nombre de una de nuestras aves nunca antes visto escrito por él, pero bien arraigado en su recuerdo infantil.

    Nuestra organización (SEO/BirdLife), dedicada desde 1954 a la conservación de la biodiversidad utilizando las aves como indicadores y herramienta, “trabaja” también con esas emociones y esos sentimientos que pueden despertar las aves en nuestra sociedad. Queremos que los colores, trinos, plumajes, vuelos … de nuestras aves, y los campos, bosques, humedales… que las acogen, nos conmuevan también a todos al acercarnos a través de ellas a esa naturaleza de la que tan alejados vivimos hoy. Pero alejados no en distancia (especialmente en nuestro país donde nos rodea casi por doquier una naturaleza rica y agradecida), sino alejados en respeto, valoración y gratitud (sí, gratitud) de esa naturaleza que es garantía de futuro y de superviviencia para todos nosotros.

    También el promotor y fundador principal de nuestra organización (la Sociedad Española de Ornitología, la SEO …. conocida hoy como SEO/BirdLife y una de las cinco grandes oenegés españolas dedicadas a las conservación), el profesor Francisco Bernis (1916-2003) reflejó su interés por los nombres de las aves (como aproximación básica a su conocimiento y conservación) con la edición de su interesante y entretenido “Diccionario de los nombres vernáculos de aves” Editorial Gredos, 1955, que recoge y rescata nombres populares de nuestras aves, y explica sus significados con la minuciosidad y el detalle que caracterizaban la obra de este maestro y padre de la ornitología en nuestro país.

    Continuación de aquella labor iniciada por el Profesor Bernis (desde su primer “Prontuario de la avifauna española” publicado en 1954 en el número 1 de la revista Ardeola), son las sucesivas revisiones del listado de las aves de España. La última fue publicada en septiembre de 2012 por SEO/BirdLife y recoge los nombres actualizados de 569 especies de aves en todo el país (incluyendo las llamadas “rarezas”), 55 más que hace siete años, gracias a las nuevas investigaciones y avances científicos desarrollados por los ornitólogos pero también a la presencia cada vez más numerosa de observadores de aves mejor entrenados en nuestros campos.

    También desde 1994 se han venido publicando en Ardeola diferentes artículos sobre los “Nombres en castellano de las aves del mundo recomendados por la Sociedad Española de Ornitología”, en paralelo con la edición de la obra cumbre de la ornitologia contemporanea (The Handbook of the Birds of the World, Lynx Edicions) desde 1992.

    En definitiva, todo un mundo también en torno a los nombres de nuestros pájaros, cuya riqueza cultural debe conservarse, como deben conservarse ellos mismos y sus hábitats …. para que sigan emocionándonos y asegurando, con la suya, nuestra propia supervivencia.

    Un saludo

    Ramón Martí
    Director de Coordinación Territorial
    SEO/BirdLife
    http://www.seo.org

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  4. En la ciudad habita un buen número de especies de pájaros con los que convivimos casi todos los urbanitas aunque no seamos muy conscientes de ello, especialmente quienes poblamos barrios de la periferia de pequeñas ciudades o pueblos grandes, donde junto a los consabidos polígonos industriales y urbanizaciones de modernos chalets adosados y pareados no dejan de existir también edificaciones y espacios de carácter agrícola y rural en los que todavía se pueden ver las huellas de las antiguas actividades relacionadas con el campo, como algunos cultivos en huertas y tierras labradías aptas para que las distintas clases de aves puedan encontrar un hábitat apropiado en estos lugares para subsistir.

    Desde la casa donde vivo puedo ver (dependiendo de la época del año) no solo a los clásicos pardales y gorriones comunes que se ven por toda la ciudad, sino también bandadas de estorninos que descansan en los cables de la luz o en las antenas, a nerviosas golondrinas y vencejos que hacen nido en el tejado semiderruído de viejas naves industriales y casares abandonados, y que por las mañanas de verano sobrevuelan vigorosamente las aceras casi a la altura del suelo (deben de andar cazando insectos al vuelo); urracas, cuervos, mirlos de pico naranja, verdecillos o palomas comunes (unas de cría, otras callejeras) se pueden ver a cualquier hora y en cualquier sitio . En las ramas de los árboles de un parquecillo que está en las cercanías veo muchos días al carbonero común, que tiene el pecho amarillo, y las mejillas blancas, y que tiene un cantar un tanto estridente, da mucha guerra; los señores mayores del parque lo llaman el “chinchín·; y si madrugo un poco, veo a la lavandera de cola blanca retozando en las salpicaduras de agua de una fuente abundante que tenemos aquí en el barrio.

    Últimamente veo a algunas aves rapaces (aguiluchos y cernícalos) sobrevolando por esta zona, lo que quiere decir que se han instalado en la vecindad. Creo que viven en los tejados, en las azoteas, donde en cierta forma encuentra las atalayas que necesitan para cazar y morar. Hay obras, movimientos de tierras, grandes zanjas, por lo que habrá ratoncillos de campo y pequeñas culebras y lagartijas a su disposición, imagino. No es el primer año que los veo, luego puede que hayan hecho de estos lugares su hábitat cotidiano, y que al volver de sus migraciones anuales escojan estos lares para su periplo estacional.

    En verano, por las noches, se ve algún que otro murciélago pasando como una flecha cerca de las grandes farolas que iluminan con luz anaranjada el asfalto.

    Si salgo a dar una vuelta y me alejo un poco de las casas, atravesando la vía del tren, en dirección a unos sotos de chopos a los que alimenta una presa de riego que por aquí cruza,(todavía trae agua), si me alejo lo suficiente a veces veo un bando de perdices, una pequeña familia de ejemplares de perdiz roja (una docena de ellas a lo sumo, quizá menos), que viven aquí mismo, o que andan todos los días por estos lugares. Alguna vez he visto a la mamá perdiz con los perdigones; ¡cómo corren a esconderse al escobal!

    ¿Parece increíble verdad? Pues ahí están, pero no daré más detalles no sea que me oiga quien no me tiene que oír y le dé por acercarse por allí con la escopeta de cartuchos…

    http://www.youtube.com/watch?v=BiNOAWz-XtE

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  5. Uno de los pájaros más bonitos que he tenido la suerte de ver fue el treparriscos, el pájaro mariposa de alas de color carmesí (color fresa) que vive en los acantilados calizos de la alta montaña, algo realmente bello de observar cuando se le ve revolotear fuera de ese hábitat, lo que es muy infrecuente. Cuando está en la peña se desplaza a saltos, mimetizándose asombrosamente con el gris de las placas calizas y con el rosa vivo de los tallos y alcachofas de la siempreviva de montaña.

    También vi (a placer) al roquero rojo en el canchal alpino de caótica disposición en derrubios y lajas. En este hábitat tan áspero y duro, sorprendentemente, se tiene la ocasión de contemplar una nutrida representación de animales salvajes, tanto de aves como de mamíferos, reptiles o insectos. El canchal alberga numerosa fauna y una minúscula flora selecta en la que también es posible la observación de especies únicas de plantas hermosísimas. El roquero rojo presenta una coloración marrón anaranjada en el cuerpo que contrasta vivamente con el gris de la piedra. En la cabeza parece llevar un capuchón o verdugo de color azul que parece que se coloca a propósito como camuflaje, pues a veces es del mismo tono de la piedra. El roquero rojo admite la presencia humana en su proximidad, sin asustarse, e incluso se podría decir que se te queda mirando, observándote a ver quién o qué eres.

    Otro pájaros que llaman notablemente la atención por el colorido de su plumaje, y que también he podido ver en la naturaleza (algunos en repetidas ocasiones) han sido la amarilla oropéndola, que vive en en los setos, el multicolor abejaruco, de las cárcavas arcillosas de la llanura, o el pito real (relinchón), con su delicioso colorido amarillo verdoso, semejante al de los loros y papagayos, mucho más grande que el verderón, y que vuela característicamente dibujando elipses que ascienden y descienden entre el arbolado.

    Eso hablando de pajarillos, pues de aves grandes, de las grandes rapaces, creo haber visto a casi todas, con excepción del quebrantahuesos y del buitre negro, y dentro de las no rapaces, del urogallo. He visto hasta el chotacabras (muy feo), que vive en los brezales; generalmente estos avistamientos lo han sido de aves en vuelo, aunque en una ocasión vi perfectamente a un búho real (de ojos de color naranja) a menos de diez o veinte metros, posado en un árbol.

    Pero el ave más alucinante que he visto (solo una vez) es el pito negro, la auténtica maravilla alada de los bosques, dificilísimo de observar, pero que tuve la fortuna de ver posado en un claro herboso en medio de un impresionante robledal de quercus petraea, picoteando en el suelo totalmente ajeno a mi presencia. Es igual que un cuervo, solo que en la cabeza lleva un gorro rojo, vivísimo, que se distingue desde lejos. También en una ocasión, en otro lugar, escuche el tableteo de taladro percutiendo sobre la madera de algún árbol en medio del bosque. Es increíble el volumen que llega a alcanzar este sonido, que pude ser escuchado a distancias kilométricas, dependiendo de las características del lugar.

    http://www.youtube.com/watch?v=2VBh0sJYMiY

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  6. He leído el libro, y les puedo asegurar q es imprescindible su lectura. Me ha sacado de un estado total de ignorancia con respecto a las aves q vemos todos los días, cuya naturaleza es grandiosa e increíble como podemos aprender en el libro. Por lo demás un torrente de valores en algo esencial como la obligación de todos de comprometernos en la preservación del medio ambiente. Enhorabuena a ese ilustre ornitólogo coruńes q es su autor, y gracias por compartir con todos su apasionante actividad.

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  7. La lechuza sigue aún en la casa de la huerta. Me dicen que hace dos años que nadie subía por allí arriba, mis huellas han quedado marcadas en la capa de polvo del desván. Entra por el cristal roto de una de las ventanas del este y se posa en una viga en la habitación de la chimenea. Debajo hay uno de esos recipitentes de madera en forma de bañera que se usaban antes para hacer la matanza y del que no sé el nombre. La viga, el recipiente de madera y dos tinajas están todos cagarruteados por la lechuza. En el suelo he contado más de cuarenta egagrópilas que hace unos años me hubiese entusiasmado disolver en ácido y estudiar los esqueletos que contienen. En una esquina había amontonados muchos garrafones recubiertos de mimbre, me he llevado el recipiente de vidrio de uno mediano para usarlo de jarrón. Al salir y echar el cerrojo he encontrado una pluma anaranjada de la lechuza en los peldaños de las escaleras que llevo ahora en la funda del kindle.
    Por la tarde, paseando con las perras desde el camino veía la silueta de los frutales y de la casa, a mamá junto al nogal, a papá con su pelo blanco recogiendo con el horquillo las hojas caídas de la higuera y echándolas en la carretilla donde después se ha subido la niña. Frente a ellos las bodegas de Alberite que trepan por los barrancos que moldeó el Iregua, un poco más allá las casas de Albelda y detrás la colina que llamamos “El pico de la Malviz”.

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  8. Paco,
    .
    Ya sabes que estuvo por aquí de interno en la Universidad Laboral, estudiando lo que entonces se llamaba Maestría Industrial. Gran tipo el Perales, aunque no sea de mi cuerda musical.

    ¿Y el velero?, ¿lo vendió, lo traspasó?, ¿sabes algo?

    :-)

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  9. Sap,

    Pues el Perales le ganó una pasta al velero y a la canción aquella de la bragas que un día estrenaste ¿La recuerdas?
    A mi me gustó la que dedicó a Sevilla.

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  10. En los pueblos , los nombres de los pájaros sirven de apodo para las personas.
    Aquí tenemos al Pajarito,a Pardales, al Pollo, al Coguto, y a un vecino mío que le dicen el Cigüeño mareao.
    A la señora del Pajarito le llaman la Pájara Pinta.
    La vida de los pueblos.

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  11. Paco,
    .
    Hombre, Paco, que uno es un principiante… ¿Sabes quién le sacaba mucho partido a los pájaros? El Perales. José Luis Perales. El tío trincaba una gaviota (y si al lado de un velero, mejor que mejor) y te hacía 48 canciones en un momento.

    :-)

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  12. Esther,
    .
    Sobre la falta de tiempo no hay nada que decir, pero en cuanto a novelar… ¿no sería suficiente abrir un blog e ir insertando allí, como entradas, la documentación que posees? Un parrafito para presentar cada fotografía o carta y que el lector, “eche a volar la imaginación”…

    :-)

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  13. Tengo en mi hijo Juan a mi ornitólogo-guía. Cuando voy sola por la ciudad apenas veo aves o escucho sus distintos sonidos. Si me acompaña, me los va mostrando aún cuando sean pequeños y diminutos. Y resulta que hay de muy distintas especies, pese a que estemos en zona urbana. El otro día y en un breve espacio y tiempo vimos un colirrojo tizón y unos nerviosos mirlos que se movían con destreza por los árboles de la urbanización, mientras oíamos a un herrerillo y a una tórtola turca. Cuando mis pobres y desgastados oídos escuchaba a la tórtola; mi guía me preguntó qué pájaro era; por el sonido me parecía un cuco, y él me corrigió rápido, “no ves que el sonido se prolonga y no es tan cortado como el del cuco”. Tuve la suerte, o más bien que mi guía sabe mucho, de ver la tórtola en una rama de un árbol próximo al portal de la casa. Desde que dejamos el coche hasta que llegamos al portal solo habían pasado unos escasos minutos.

    DÍA 25 DE DICIEMBRE DE 2012

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  14. Montse,

    Yo también los echo de menos . Pero volverán .

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  15. Un alcubillero ausente,

    Tienes una pregunta para contestar sobre la pajarita de las nieves. Desde la ventana de la casa de Jacinto en el barrio de la Tercia se veía una cuando el tiempo amenazaba frío y nieves que tenía una sola pata; el ave producía lástima, por su condición física mermada, cuando se la veía picotear enfrente de la tienda de ultramarinos y cerca del cine San Isidro. Saludos.

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  16. Mira que son bonitas, pero no puedo evitar recordar el dicho extremeño “heder como las abubillas” (pronunciar la h de heder como jota, al igual que en hacha, higo y higuera) y pierden todo su encanto :(

    Yo echo de menos a cierto pájaros y pájaras que ni siquiera se asoman a esta casa en los últimos días del año ¿Dónde estáis Gaspard, MdlMar, Dianaorsini, Álvaro, Ángela Gutiérrez, Luquiben, Anita Noire, y todos los que no habéis vuelto como las oscuras golondrinas? Bueno, la participación en este rinconcito virtual del anfitriónmm no obliga a nada y casi todos aparecemos y desaparecemos como los ojos del Guadiana, pero algunos colaboradores de casi a diario, que de repente desaparecen sin más, dejan un amargo y triste poso ¿no?

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  17. Por la tarde descargaban del Land Rover una canasta grande llena con las perdices que se habían cazado con las escopetas. Nosotros, los ojeadores, estábamos a las siete y media de la mañana en la plazoleta de la Tercia esperando el remolque y el tractor que nos llevaría toda la jornada de caza por los caminos del pueblo. Durante el recorrido, los más jóvenes golpeábamos con las varas en el suelo del vehículo para hacer ruido y bailábamos a la manera de una danza tribal. Cuando íbamos de frente a las postas, repartidos en forma de herradura para dirigir el vuelo de las aves por encima de los escopeteros, cantábamos, silbábamos y hacíamos mucho ruido con toda clase de trompetillas y artilugios; ir en silencio era síntoma de díscolo, de no hacer bien nuestro trabajo. Había días que a la hora del bocadillo se acercaba el guarda mayor con una bandeja de magdalenas y se formaba mucho barullo para no quedarse sin probarlas, los más jóvenes demostraban impaciencia. Jacinto siempre ha dicho: “De por na, hasta reventar”. Después, la voz potente del guarda ponía orden y nos subíamos al remolque para seguir con el ojeo. Los tiradores de escopetas, muchas veces extranjeros, vestían con ropas de color verde de las que venden en tiendas especializadas, casi todos iban igual; los ojeadores usábamos ropas más variadas: unos con monos azules, otros con pantalones de pana y anorak, y varios con chaquetones de los que usan en la telefónica; en la cabeza gorras que regalan al comprar pintura para la casa o boinas para ir abrigados los mayores…

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  18. Sap,

    Reconoce que con los “aviones” has tenido una pájara.

      Citar  Responder

  19. Tundra Ediciones,
    .
    “…precisamente las personas mayores del campo, los principales representantes del patrimonio oral rural, mantienen un rico acervo cultural sobre las aves,”
    ____________________

    Pues depende, querido amigo. Claro que hay excepciones notables y hasta significativas; pero mi experiencia me dice que la condición de “persona mayor del campo” no es garantía de nada.

    Por cada mantenedor del rico acervo cultural sobre las aves, te puedo presentar a una docena que no tiene interés alguno ni idea de aves y a muchos que, aun teniéndolas, son de procedencia legendaria cuando no se basan en lo directamente supersticioso.

    (Acabo de mandar enlace a tu página a mi cuñao que seguro la va a disfrutar mucho. Gracias).

    :-)

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  20. Estherina,
    .
    Síiiiiiii,
    síiiiiiii,
    síiiiiiii…

    Los que hacen los nidos apelotonados en los balcones son los aviones, pero… ¿me quieres decir, estimada Estherina, cómo hago yo el chiste de las rimas dedicadas a una señorita empleando la palabra “aviones”? ¡si todavía fuesen dirigidas a un caballero…!

    :-)

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  21. zumo de poesía,

    Y las tuercas, arandelas, pernios con todas sus variantes. Una ferretería es un mundo. Reconozco que ese léxico, esa jerga podíamos decir, la desconozco. Y el mundo de los colores es fascinante. Yo pintaba y al ver todos aquellos tubos, toda la gama de colores, de nombres a veces poéticos, me quedaba perpleja.

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  22. Sap,
    De Antoniuo Machado:

    Poned sobre los campos
    un carbonero, un sabio y un poeta.
    Veréis cómo el poeta admira y calla,
    el sabio mira y piensa…
    Seguramente, el carbonero busca
    las moras o las setas.
    Llevadlos al teatro
    y sólo el carbonero no bosteza.
    Quien prefiere lo vivo a lo pintado
    es el hombre que piensa, canta o sueña.
    El carbonero tiene
    llena de fantasías la cabeza.

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  23. Sap,

    Tu pupila es azul, y cuando ríes,
    su claridad suave me recuerda
    el trémulo fulgor de la mañana,
    que en el mar se refleja.

    Tu pupila es azul, y cuando lloras,
    las trasparentes lágrimas en ella
    se me figuran gotas de rocío
    sobre una violeta.

    Tu pupila es azul, y si en su fondo
    como un punto de luz radia una idea,
    me parece en el cielo de la tarde
    una perdida estrella.
    ………………….

    ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
    en mi pupila tu pupila azul.
    ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía… eres tú.

    ¿Una pupila azul?

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  24. mmmmm, te equivocas!
    los vencejos no hacen sus nidos en balcones, sino en oquedades de los tejados, rendijas entre los muretes, etc. efectivamente en los balcones, balconadas, aleros y demás, hacen sus nidos golondrinas y aviones.

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  25. Hola Sap, precisamente las personas mayores del campo, los principales representantes del patrimonio oral rural, mantienen un rico acervo cultural sobre las aves, ahí tienes por ejemplo un compendio de saber, con detalles sorprendentes sobre la vida y costumbres de las aves, en el libro de Antonio Pestana “Las aves ibéricas en la cultura popular”, editado por nosotros.
    Saudos

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  26. Jose,
    .
    Metiendome donde no me llaman y a la espera del Alcubillero, puedo adelantarte que la pajarita de las nieves (también llamada aguzanieves, pajarita de San Diego, pipita blanca, etc.) no es otra especie que la lavandera blanca (Motacilla Alba Alba) un pájaro muy común, de característico caminar y gracioso mover de cola. Es el mejor anuncio de la llegada del invierno.

    http://avesenandalucia.blogspot.com.es/2010/03/laandera.html

    :-)

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  27. “En esto llegó la que decía, sollozando; y sintiéndola Monipodio, abrió la puerta y mandó a Tagarete que se volviese a su posta, y que de allí adelante avisase lo que viese con menos estruendo y ruido. Él dijo que así lo haría. Entró la Cariharta, que era una moza del jaez de las otras y del mismo oficio. Venía descabellada y la cara llena de tolondrones, y así como entró en el patio, se cayó en el suelo desmayada. Acudieron a socorrerla la Gananciosa y la Escalanta, y, desabrochándola el pecho, la hallaron toda denegrida y como magullada. Echáronle agua en el rostro, y ella volvió en sí, diciendo a voces:
    -¡La justicia de Dios y del rey venga sobre aquel ladrón desuellacaras, sobre aquel cobarde bajamanero, sobre aquel pícaro lendroso, que le he quitado más veces de la horca que tiene pelos en las barbas! ¡Desdichada de mí! ¡Mirad por quién he perdido y gastado mi mocedad y la flor de mis años, sino por un bellaco desalmado, facinoroso e incorregible! (…)
    La Gananciosa tomó la mano a consolalla, diciéndole que ella diera de muy buena gana una de las mejores preseas que tenía porque le hubiera pasado otro tanto con su querido.
    -Porque quiero –dijo- que sepas, hermana Cariharta, si no lo sabes, que a lo que se quiere bien se castiga; y cuando estos bellacotes nos dan y azotan y acocean, entonces nos adoran. Si no, confiésame una verdad, por tu vida: después que te hubo Repolido castigado y brumado, ¿no te hizo alguna caricia?”

    Rinconete y Cortadillo; Miguel de Cervantes

    “En España hay un terrorismo público que mata en nombre de la patria vasca, y hay un terrorismo privado que no tiene una chusma de aspecto normal y cerebro sanguinario que lo celebre, pero sí una amable congregación de jueces y fiscales que tienden a no hallar ensañamiento en el acto de matar a una mujer de treinta o cuarenta puñaladas (…)
    Hay días en que mata el terrorismo público, y días en que mata el terrorismo privado, y también los hay en que mueren víctimas de uno y de otro, y es curioso que a los dos se les dé el nombre sanitario de “violencia”, y que muchas veces se compruebe que lo peor del crimen fue que ya estaba anticipado, y que nadie hizo nada para prevenirlo, y que si hubieran cumplido la ley quienes tenían la obligación de defenderla, el criminal no habría dispuesto de la ocasión letal de actuar. (…) Si esos terroristas que se crecen en el secreto de los pisos cerrados y de la debilidad física y el miedo de sus mujeres no tuvieran noticia cada día del poco valor que tiene para los jueces la vida de una mujer golpeada, amenazada y finalmente asesinada, es probable que actuaran con un poco más de cautela, y también que el miedo al castigo les detuviera la mano.”

    La vida por delante; Otro terrorismo, AMM

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  28. “Totovía” es un mote de una familia de Úbeda. Jamás hubiera imaginado que este término se corresponde con una especie de pájaro, qué curioso.

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  29. mgc,
    .
    ¿Y no resulta ésto del interés ornitológico un fenómeno no solo con poco tiempo de vida sino decididamente urbano?

    Por lo que observo, hablo y me cuentan, las personas mayores del medio rural -salvo las consabidas y singulares excepciones- no tienen mucha idea de pájaros ni de pájaras. Es muy llamativa su ignorancia al respecto. Están, claro, los cazadores, conocedores de las piezas de interés cinegético; pero para los demás, los pájaros, o son cosas con plumas que están ahí, de camino al tajo y englobados en el saco de los bichos, o, directamente, son el enemigo: los que comen la simiente, los que arruinan la fruta, los que cazan conejos o perdices. Competidores todos que hay que eliminar con los medios de que se disponga.

    Sin duda, las nuevas generaciones lo ven de otra forma porque ya sus vidas son de otra forma, y si al principio miraban con desconfianza y guasa al tío que venía de la capital a mirar pajaritos vestido como un explorador del trópico, son ahora sus hijos y nietos los que adoptando los usos “ecologistas” que trajeron los urbanitas, tiran de prismáticos y manejan guías de observación, felices de sentirse tan cerca (dueños incluso) de lo que no tienen los de la ciudad.

    Eso está muy bien. Muy requetebién.

    P.D. ¿Portugalete, capital Lisboíta? ;-)

    :-)

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  30. Esther,

    Sap, mil veces he pensado que le historia de mis bisabuelos y sus descendientes da para escribir un novelón de lo más interesante. Anécdotas y relatos tengo un montón, también cartas y facturas decimonónicas, recibos de comerciantes del XIX, títulos de piano de señoritas de vestidos largos, fotografías que recuerdan a películas como “La cinta dorada” o “El gatopardo”, y también muchas cartas
    personales en las que se relatan desgracias (gripes, muertes prematuras, exilios) de lo más interesante, aleccionador, y para mí, claro, conmovedor. Pero me temo que me falta tiempo y talento para novelar todo ese valioso material.
    Un saludo.

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  31. Sap:
    Esther,
    .
    Estoy seguro que ante todas las historias posibles de pájaros, la de tu abuelo sería mucho más interesante.

    :-)

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  32. ¡Hay tantos nombres de animales, de árboles, de plantas… que no conocemos! Y la pregunta que me hago es si las cosas que no sabemos cómo se llaman, ¿las conocemos de verdad o no? Yo he observado que solamente tienen nombre los frutos comestibles. Pero lo cierto es que casi todas las plantas y árboles dan frutos, si bien la mayoría de ellos no son comestibles. Y dado que no pueden comerse, nadie se ha molestado en darles un nombre.

    Saiz de Marco tiene un relato que habla de eso, o sea, de que para ver del todo, completamente, las cosas tenemos que saber cómo se llaman. Lo copiopego:

    QUISIERA DECIR TU NOMBRE

    Va a la ferretería a comprar tuercas y arandelas. Al pasar por la sección de pinturas se queda mirando las latas. Hay cientos, y en cada una un rótulo con el color de la pintura y su nombre. Se para y lee:

    Blanco mármol. Blanco mate. Blanco satén. Blanco marfil…

    Verde olivo. Verde laguna. Verde manzana. Cetrino…

    Azul cobalto. Azul pastel. Cárdeno. Índigo…

    Gris plata. Gris niebla. Gris ceniza. Gris acero…

    Marrón cuero. Marrón mostaza. Caoba. Vainilla…

    Escarlata. Carmesí. Bermellón. Burdeos…

    Sepia. Granate. Magenta. Púrpura…

    Pasa más de una hora leyendo los envases. Pide un bolígrafo y anota aquellos nombres. Llena varias cuartillas. Las guarda en el bolsillo.

    Seguramente ya conocía esos colores pero, sin llamarlos –sin saber su nombre-, nunca los vio del todo. (Las cosas sin nombre, ¿son del todo reales? Las cosas que no tienen una palabra o voz donde ser ellas mismas, ¿existen plenamente?)

    Intenta retener cómo son el púrpura, el cárdeno, el sepia, el bermellón…

    Al final, casi olvida lo que iba a comprar.

    Sale de la ferretería con las tuercas y arandelas, pero sobre todo se lleva un botín de palabras.

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  33. Supongo que por alguna deformación del habla, aquí en la Vega Baja del Segura se le llama Tutuvia. Aprovecho para trasmitir mi agradecimiento por los buenos amaneceres que me provoca su lectura.

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  34. mgc,
    .
    Jijijijijiji…

    ¡Oscuras golondrinas!, ¡tupidas madreselvas!… ¡chaaaacho!… Las cosas que hay que escribir para llevarse a una señorita al catre, jijijijijiji (perdónperdónperdón). Pero en fin, cada uno utiliza las armas que más a mano tiene y mejor sabe manejar y sin duda las de Gustavín eran poderosas, aunque luego al muchacho le fuera tan mal en la vida, ay.

    Eso sí, nos pongamos como nos pongamos, ornitológicamente hablando, el célebre poema es una calamidad. Primero, porque los que hacen nidos en los balcones son los vencejos y no las golondrinas, a no ser que la señorita viviera sobre un puente o cerquísima de un curso de agua, algo que pícaramente no desvela el poeta porque claro, le conviene el trato con la golondrina que tiene una rima con más posibilidades y todas bellas gracias al diminutivo; en cambio, ¿qué rima se le puede adjudicar a vencejo?, ¿entrecejo? ¿conejo? ¿pellejo? ¿añejo? ¿salmorejo?Halaaaaaa, a ver quién es el guapo que me hace unos versitos dedicados a una señorita con estas palabras.

    Pero con todo, lo más llamativo es cuando dice: “aquellas que aprendieron nuestros nombres”, ¿no se confundió con una bandada de loros? Sabido es que mi paisano sufría de un llamativo estrabismo vertical; pero es que ante el resultado de su poema, sospechamos que también fuese daltónico.

    :-/

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  35. […]

    sino yo, triste, cuitado,
    que vivo en esta prisión;
    que ni sé cuándo es de día
    ni cuándo las noches son,
    sino por una avecilla
    que me cantaba el albor.
    Matómela un ballestero;
    déle Dios mal galardón.

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  36. Miguel Angel Moyà, (huy, qué madrugador). Buenos días. Antes vivíamos en el campo y salíamos a cazarlas (a intentar verlas, nada más, que aunque éramos unos niños muy asilvestrados, le teníamos mucho respeto a los animales). En tres años creo que sólo llegué a verlas tres o cuatro veces (en los años 1987-89, es decir, que ya había bastantes pocas).

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  37. BK,

    El vuelo de una abubilla, que por aquí llamamos puput, es un encuentro que siempre me ha dado alegría. Pienso que su número ha disminuido, así como el de jilgueros, cuyo canto es una delicia.

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  38. Perdón, no me puedo ir a dormir sin hacer una consulta. Alcubillero Ausente, ¿qué tipo de ave son las pajaritas de las nieves? Lo digo porque yo siempre he llamado pajarita o pajarito de las nieves a alguien que, siendo deshonesto en su proceder, no merece insultos mayores. Por ejemplo, una chica que engaña a su novio por alguna equivocación de la suerte, o por una simple debilidad, puede ser una pajarita de las nieves, de poca monta, habría que decir. Pero si lo engaña regularmente con su mejor amigo y no le importa un carajo, ni el novio, ni el amigo, entonces ya esa mujer ha salido del reino de las aves. De verdad que tengo mucho interés por saber de qué pájaro surge esa expresión, y lo que más me intriga ahora mismo es cómo todos ustedes pueden permitirse el lujo de quedarse mirando pajarillos habiendo tanto pajarraco suelto como hay por vigilar.

    Me ha hecho mucha gracia encontrarme con este pajarita de las nieves, he tenido que hacer un esfuerzo por imaginármela como un pajarillo de verdad. Mañana todo esto lo voy a ir contando por ahí.

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  39. Hablando de pájaros. Ayer por la mañana estube observando con mis prismaticos (junto con mi hija Gisela y David), como buscaban alimento una pareja de petirrojos y el pájaro como el de la fotografía de la entrada de hoy. Aquí, en mi parcela bajan a tierra mucha clase de pájaros. Un día, incluso, ví pasar casi a ras de suelo, a un buho. Me maravillan los pajaros,nunca me cando de observarlos. Hace tiempo- ya lo escribí en éste blog- Mi esposa y yo salvamos a una abuvilla.Tambén hemos rescatado vencejos y gorriones. Un día, cuando yo vivía en La Coruña, recogí de la playa de Riazor a una gaviota; una vez ya en casa descubri que la habian disparado con una escopeta de perdigones. No la pude salvar. Se murió en la casa donde la recojí de la playa.

    Un cordial saludos a todos :-)

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  40. Hablando de pajaritos y de pajarracos, ¿a qué nunca habíais visto unos títulos de crédito cantados, que además ironizan sobre la función de los diversos autores del film? Con música de Ennio Morricone y con la voz de Domenico Modugno, a aquí tenéis los de “Uccellacci e uccellini”:

    http://youtu.be/dhPAmnNI4XQ

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  41. Los gorriones han tomado el patio de la casa deshabitada. Ahora son dueños del naranjo y el limonero. Desde la calle se oye su piar tumultuoso. Cuando he llegado algún atardecer y he abierto la puerta de la cochera el ruido de los cerrojos los hace huir en desbandada transitoria. Atrás dejan el suelo cubierto de excrementos, y cuando es época de pelechar las losas del patio desaparecen bajo un manto de plumas grisáceas. El brocal del pozo, pintado de verde, también se cubre con sus defecaciones. De cuando en cuando hay que hacer limpieza para evitar que todo lo material que dejan tras de sí pueda atrancar al caño que recoge las aguas de la lluvia provocando así que la casa se inunde tras una tormenta o un día de abundantes precipitaciones. Sé que están allí aunque no los veo, y me los imagino tan tranquilos, tan dueños de un hermoso patio de casa desolada.

    *******************************

    Ángela Marcos, en el Instante de Los villancicos te he dejado una información sobre la tilde en los apellidos de Manucho.
    :-)

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  42. Por si alguien tiene pensado comprar El atrevimiento de mirar, cualquier otro libro o incluso un lector, dentro de una hora comienza en la Fnac una buena oferta. Durante dos días los productos llevan un 15% de descuento para socios (muy poquitos producos están excluídos; las condiciones se detallan en un pdf), no se cobran costes de envío y durante el 27/12/12 hacerse socio costará solo un euro. No llevo comisión :)
    http://www.fnac.es/telefono-MP3-GPS/Navidad-Telefonia-GPS-y-eReaders/s29491#bl=MMliv

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  43. Sap,

    Ahora que lo pienso, a mí tambièn han sido mis cuñados sioux quienes me han familiarizado con los pájaros.

    Porque la zona de mi pueblo, Portugalete, en la desembocadura de la ría del Nervión, siendo geográficamente tan parecida a Urdaibai y estando tan cerca, por su distinta historia económica, industrial, urbanística, demográfica, etc no tiene nada que ver (y menos, pájaros). Sin gente, hubieran sido dos sitios muy parecidos, las desembocaduiras de dos rías y sus humedales y sus playas. Es lo que sigue siendo Urdaibai, ahora ya patrimonio de la humanidad y zona protegida y todo eso. La ría del Nervión debió de ser así hace dos siglos. Ahora, si se va recuperando de tanta contaminación y tanto destrozo, vamos bien. Pero los pájaros ya no creo que vuelvan

    :-/

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  44. Ángela Marcos,
    .
    Hemos pensado lo mismo, Ángela; que la Serapia se frotaría las manos de contento leyendo este Instante, con lo pajarera que es. ¿No intervino también en aquel intercambio que tuvimos acerca del arrendajo azul?, ¿te acuerdas? :-)))

    Es curioso lo que cuentas de los pelícanos de las praderas. En otro orden, parece la colonización de aves exóticas de nuestros parques. Aquí al menos es muy frecuente ver bandadas de cotorras y hasta periquitos. También las medidas proteccionistas están dando sus frutos, no solo en el campo sino en la ciudad. Fíjate, hace unas semanas vi algo realmente llamativo: una familia de grajos que en pleno centro ocupaban una espadaña desde donde lanzaban sus graznidos. (Cuando vuelen bajo, sabremos que hará mucho frío).

    :-)

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  45. Tal vez haya tantos pájaros como maneras de llamarlos, porque los nombres de las aves suelen cambiar de una lengua a otra, de una aldea a otra, incluso, así sean las más comunes, palomas, gorriones, lechuzas.

    Me gustan todos los nombres de los pájaros, los onomatopéyicos y los bien sonantes: tapaculo, cernícalo, bandurria.

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  46. No estaría bonito, el que alguien nos enlazase el tema de Mª Jesús y su acordeón,Los pajaritos.¡Por favor, reprimanse!

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  47. Esther,
    .
    Estoy seguro que ante todas las historias posibles de pájaros, la de tu abuelo sería mucho más interesante.

    :-)

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  48. ¿Tendrá la Serapia ocasión de leer esta entrada? Pienso en ella, ¡le gustan tanto los pájaros!

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  49. La familia de mi marido es de Urdaibai, una zona de Bizkaia que tiene un humedal muy valioso para las aves, el más grande del País Vasco. Mucha gente va ahí a avistar pájaros, a fotografiarlos, a dibujarlos o a mirarlos simplemente.

    Allí hay un “Bird Center”, e imagino que interesará a los amantes de los pajarillos voladores. Os dejo el enlace

    http://www.birdcenter.org/

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  50. Una de las mayores sorpresas que yo he experimentado relacionadas con aves fue cuando ví a los pelícanos en la presita de Belvidere, South Dakota. Belvidere está en medio de la pradera, muy muy lejos del mar. Belvidere es el último lugar en la Tierra donde uno esperaría ver pelícanos. Pero allí estaban, los he visto varias veces.

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  51. ¡Qué gloria aquellos días de la infancia en los que por alguna extraña onomástica no había escuela! Volábamos a la dehesa a buscar nidos…Los de coguta ¡Eres más feo que una coguta! Decía mi amigo Luis siempre era el último en trepar a una encina,nidos de alcudones,de zorzales, pardales…En el pueblo , cuando alguien tiene muchas tonterías decimos ¡Anda que fulanito no tiene pardales en la cabeza!
    La dehesa siempre estuvo sobrecargada en exceso de pájaros de vuelo rasante;levantabas la vista y tenías ante ti las bandadas de gorriatos pardos de Luis Chamizo, las zuritas de Delibes o el piar apagado de aquella alondra que entre las verdes matas buscaba sombra y que tan bien cantara Gabriel y Galán…Y todavía se puede escuchar el arrullo armonioso de una tórtola y otear el vuelo bajo de aquel cárabo con el que nos metían miedo a los niños que no se dormían pronto y levantarrabos, picapés…
    ¡Ay, por qué no cuidaríamos mejor la dehesa!

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  52. Pues precisamente una de mis primeras entradas del blog que abrí allá por el 2009 (que no le doy publicidad porque me da vergüenza, que manda cohone), trataba sobre una bandada de pájaros; me pareció realmente asombroso:
    “Pido el día libre. Tengo lo que se dice, un bajón. Necesito pasar el día solo, haciendo mis cosas. Voy a la compra y salgo del centro comercial cargado de bolsas. Es una mañana espléndida de una primavera adelantada. Logro alcanzar las llaves del bolsillo con la punta de los dedos pero se me caen y suelto una maldición mirando al cielo pues tengo que soltar la compra en la acera. Veo una bandada de lo que deben ser patos o flamencos emigrando hacia su destino pero me llama la atención el que no vuelen en línea recta. Están formando círculos en un radio de unos quinientos metros. ¿Se habrán despistado como esos cetáceos que quedan varados en playas desconocidas? ¿Se sentirán amenazados por algo y no se deciden a continuar hacia su destino? Dan nueve, diez vueltas. La gente pasa a mi lado: me miran y miran adonde miro, luego se van. A mí me parece un espectáculo curioso y me quedo a ver en qué acaba la cosa. Del horizonte veo aparecer otra formación de aves. Las que están cerca de mi vertical se disponen en forma de cuña y emprenden el rumbo de las otras. Las veo alejarse a todas juntas, ahora sí, con determinación”.

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  53. A mí lo que me conmueve es oir hablar de pájaros,.. porque yo tuve un abuelo de oficio bancario, pero de afición, ornitólogo. Su familia se había arruinado por gastar rentas pensando que serían eternas, y mi abuelo, el menor de 12 hermanos, pagó aquel dispendio viendo pasar a su familia del esplendor a la miseria. De la ciudad pasaron al campo,de los palcos en la ópera a las batas de terciopelo remendadas, de la hidalguía al trabajo de contable mal pagado…Y mi querido abuelo encontró en la naturaleza su refugio y su pasión. Escribió varios libros sobre la ornitología de la provincia de Santander, amó la naturaleza como ninguno de sus descendientes (urbanos de nuevo, por esas piruetas que hace la vida) lo hemos hecho….Y con el paso de los años he entendido muy bien su afición y lo que el estudio de las aves le había proporcionado: una inmensa paz.

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  54. El cuco tiene un comportamiento parasitario. Las hembras ponen huevos en los nidos de otras aves más pequeñas, a fin de que cuando el polluelo nazca sea alimentado por otra madre, a cuenta de otras crías a las que correspondería esa alimentación. ¡Qué cuco!

    Su característico canto no se oye hasta el final de la primavera, cuando ya el verano va entrando en los árboles y plantas, con el gromo de renuevo en las yemas abiertas de las ramas, y desde entonces hasta que llegue el otoño presidirá la tranquilidad crepuscular en los sotos y bosques, en las lagunas silenciosas, en las arboledas cercanas a los pueblos…

    Una leyenda popular quiere contar que el cuco macho sorbe delicadamente el néctar de las flores blancas de árboles frutales y sotobosque, a las que quita la vida con esta sutil operación predatoria, que lleva a cabo para mantener siempre la limpidez y claridad de su voz inconfundible, el mágico cucú que llena de parsimonia y misterio los atardeceres arrebolados de la madre naturaleza.

    http://www.youtube.com/watch?v=czohTwZjEpQ

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  55. .
    Mi suerte es que mi cuñado sioux es un experto ornitólogo y ha guiado mis primeros pasos pajariles (antes, servidor sólo sabía diferenciar un gorrión de un búho) de la manera más amena posible. Gracias a él, cejé en mi empeño de querer atisbar un cóndor andino en las estribaciones de Sierra Morena. ¡Era tan apetecible!

    Son suficientes unos prismáticos y una guía de aves de la zona para tener un deleitoso encuentro en la Tercera Fase. La acción consiste en apostarse en un buen observatorio -cerca de un charco, por ejemplo- y prismáticos en ristre, ir marcando en nuestra guía el pajarillo que se ponga a tiro con ánimo de coleccionista de cromos: Este lo tengo, este no lo tengo, este lo tengo repe, este no vale porque es una gallina, etc. Primero las especies más fácilmente distinguibles para ir luego subiendo en grado de dificultad hasta saber diferenciar un macho de tarabilla común con librea de primavera de uno joven con plumaje veraniego… Si además poseemos una cámara fotográfica de mediana calidad para poder “cazar” al volátil, el placer es completo.

    Y ya por rizar el rizo hasta llegar al más alto grado en el arte de la observación: Si nos hacemos con el pellejo de una mula muerta dos días antes, nos lo echamos por encima a modo de capa con capuz, nos tapamos la nariz haciendo pinza con dos dedos y nos plantamos adoptando una postura fetal en mitad de una dehesa, el encuentro con nuestros amigos los buitres, está garantizado. Incluso, si nos apeteciera, podríamos acariciar sus calvas cabecitas antes de ser devorados a picotazos.

    :-)

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  56. En el pueblo de Jacinto a los vencejos los llaman gorriones, y a los gorriones, pájaros. Son esas cosas particulares de los pueblos. El ave que más ha contribuido a la economía del pueblo ha sido la perdiz. Jacinto ha participado en muchas de sus cacerías, y además, tenía como vecinos a esos primeros “dueños del coto”. Antonio de la Mancha puede relatar alguna de esas jornadas cinegéticas.
    Cuando sales al campo siempre vas con la mirada vagando hacia un lado y otro para verlas correr. Muy cerca tienes que estar para que emprendan el vuelo. Prefieren difuminarse con el color propio y el de la tierra. Las que más destacan son “sus enemigas” las hurracas.
    No es tierra de otras muchas aves, la aridez y los estíos las llevan hacia otras tierras, pero siempre aparecen “las pajaritas de las nieves” en el invierno, y los jilgueros, verderones, pitirrojos,… revoloteando los cardos en verano.

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  57. En mi pueblo hay pedices y avutardas, andan mas que vuelan, y a veces se dejan acercar.

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  58. Mmm. Estaba intentando identificar el árbol de la foto. Parece un frutal. Por el tono rojizo de la madera, pensé en un cerezo, pero las ramitas terminares parecen haber soportado frutos de mayor tamaño que las cerezas. ¿Quizás ciruelas?

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  59. Qué maravilla escribir y leer sobre pájaros en estos negros tiempos.
    Desde que me jubilé, vivo en el campo y me despiertan con sus alegres trinos. Indescriptible.

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  60. ¡Qué gran observador eres, Antonio!

    Trabajo en una empresa de energía eléctrica, y como sabréis los parques eólicos son una amenaza para las aves, que muchas veces se estrellan contra las palas o directamente la góndola, sobre todo las planeadoras (águilas o buitres). Muchas de ellas, afortunadamente, se familiarizan con la existencia del parque, y lo evitan, lo cual es difícil pues la ocupación del hábitat de un parque eólico puede significar una franja muy larga de terreno, y porque están tumbados sobre las lomas que las aves, como los molinos, necesitan para volar y girar, respectivamente.

    En los parques de Tarifa hay un sistema de aviso por GPS, y cuando se acercan las aves migratorias, que van casi en rasante porque en esa zona suelen tener el viento en contra, el encargado medioambiental del parque, experto en cetrería, logra convencerlas de que bajen al suelo, y atraviesan caminando el parque. Cuando lo han cruzado emprenden nuevamente el vuelo.

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