Un argumento

Posted By on Mar 28, 2014 | 97 comments


En la mesa del restaurante contigua a la mía hay una pareja que sin la menor duda no vive en la ciudad. Él tiene el pelo blanco y lleva una chaqueta de chándal; ella es rubia, teñida, redonda, jovial, con la cara colorada. Está claro que son visitantes y que celebran algo, porque de otro modo no estarían aquí, ni beberían vino: ella una copa de tinto, él un vaso alto de champán. Han pedido una montaña de comida: él una chuleta enorme, ella un steak, acompañados por puré de patatas, crema de espinacas, patatas fritas. Al pasar yo hacia mi mesa he volcado el vaso de él. La señora inmediatamente llama al camarero, y mientras viene le dice al marido: “Está bien que te lo haya volcado, porque te quedaba muy poco y ahora te pondrán uno entero”. La decisión de rellenar el vaso es demasiado seria como para que el camarero se haga cargo de ella. Viene el manager y todo se resuelve. A la señora esta copa de champán gratis la llena de alegría. Está radiante. “This is fun”, dice, mirando a su alrededor, con la copa de tinto en la mano, “This is so much fun”. La señora le ha explicado al manager que es el cumpleaños de su marido: cumple setenta, y han venido a celebrarlo a Nueva York, desde Nova Scotia, en Canadá. Han ido a dos musicales de Broadway. Han paseado por Central Park en coche de caballos. El marido come de su chuleta enorme y asiste, con reserva masculina, a la efusión sentimental de su mujer. “Qué gran cumpleaños, Jake”, dice ella, “el mejor en muchos años. ¿Has visto que te he llamado Jake, y no Jacques? Eso significa mucho para mí. Si no estuviera tan contenta no te llamaría Jake, y tú lo sabes”. De vez en cuando salta al francés. Apura el vaso de tinto y pide otro  y le dice al camarero, que no comprende: “C’est son anniversaire, aujourd’hui. Soixante dix. Seventy”. El hombre apenas toma más de uno o dos sorbos de champán, y la chuleta parece crecer en su plato. Por fin se levanta y pregunta dónde es el baño. Cuando la mujer se queda sola mira hacia mí y me sonríe en cuanto yo le devuelvo la mirada. Le digo: “Felicidades”, y ella choca su copa de tinto con la mía, dándome las gracias, y me explica que vienen de Nova Scotia, que llevan tres días en Nueva York y no han parado, que han estado en dos musicales, que se han paseado en coche de caballos por el parque, y era tan estupendo, aunque hacía frío. Me dice cómo se llama, Heather, a qué se dedica, trabajadora social, cuánto falta para su  cumpleaños, sesenta y cinco, me pregunta en qué trabajo yo, colorada y feliz, muy curiosa, quiere saber en qué universidad estoy y qué enseño y cuánto tiempo llevo haciéndolo. Entonces yo caigo en que ha pasado mucho rato y Jacques o Jake no vuelve del baño. En mi cabeza se insinúa un desenlace: al hombre, con setenta años, le ha sentado mal el atracón de carne, le ha dado un síncope en su cumpleaños. Tengo que irme, y me despido de Heather, que está tan tranquila, y me dice que ojalá podamos vernos dentro de un año, en este mismo sitio, celebrando los setenta y un años de su marido, que sigue sin volver. Cuando ya voy camino de la salida veo a lo lejos la cabeza blanca, la chaqueta de chándal, la cara achispada y desorientada de Jake, que no encuentra su mesa.

97 Comments

  1. Qué buen planteamiento para el comienzo de una novela. ¿Qué hay detrás de esa pareja? ¿Cómo es su vida en Canadá?
    ¿Por qué New York? ¿Por qué…?
    Preguntas que solo tienen respuesta al fijarnos en la realidad. En la mirada curiosa.

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  2. Les ruego que hagan lo pertinente para que no aparezca mi dirección de correo al final de algunos “Escritos al instante” que he mirado. Quizá aparece en todos. No sé qué he podido hacer (si he sido yo) para que esto ocurra.
    Muchísimas gracias.

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  3. Por favor, que deje de aparecer mi dirección de correo.

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  4. FLRA:
    Cher Monsieur Muñoz, j’ai beaucoup ri avec votre histoire dans un restaurant à New York, parce qu’elle dit plus qu’il ne semble dire. Quoique soit vraiment un peu difficile trouver quelqu’un de soixante-dix ans aussi détérioré et perdu. On dirait que vous ne connaissez pas bien les conditions des personnes âgées d’aujourd’hui. D’autre part, vous avez fait tomber la coupe du pauvre homme: peut-être vous êtes un peu balourd, un peu pataud, si je l’ose dire, si on me permet cette innocente rigolade. Cela se pourrait.
    En revanche, vous écrivez assez bien maintes fois. J’ai écrit une très élogieuse critique d’un de vos livres, Córdoba de los Omeyas, que l’on peut lire à Amazon. Merci de votre attention,

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  5. Cher Monsieur Muñoz, j’ai beaucoup ri avec votre histoire dans un restaurant à New York, parce qu’elle dit plus qu’il ne semble dire. Quoique soit vraiment un peu difficile trouver quelqu’un de soixante-dix ans aussi détérioré et perdu. On dirait que vous ne connaissez pas bien les conditions des personnes âgées d’aujourd’hui. D’autre part, vous avez fait tomber la coupe du pauvre homme: peut-être vous êtes un peu balourd, un peu pataud, si je l’ose dire, si on me permet cette innocente rigolade. Cela se pourrait.
    En revanche, vous écrivez assez bien maintes fois. J’ai écrit une très elogieuse critique d’un de vos livres, Córdoba de los Omeyas, que l’on peut lire à Amazon. Merci de votre attention,

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  6. Ahí, un poco más adelante, tenemos una bella historia protagonizada por Ramón. Es un regalo de Nicolás.

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  7. Gaspard,

    Me despierto…de juicio.Ufff ! Toda la tarde confinado en la casa del pueblo, puede ser una cosa terrorífica.

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  8. Gaspard,

    Ya la acusaron una vez desde la Zarzuela,de escribir lo que la Reina no había dicho.Esperaremos a comprar el libro y ya tendremos más elementos de juiciis.

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  9. paco, hay dos posibilidades:
    1) Urbano miente al decir que Suárez le contó eso.
    2) Suárez mintió a Urbano al decirle lo que le dijo.

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  10. Tres films de Billy Wilder han pasado al teatro musical: Sunset Boulevard; Sugar (Some Like It Hot) y Promises, Promises (The Apartment). Burt Bacharach compuso el score de esta última y su letrista de guardia (Hal David) el libreto. Fue también co-galardonado con el Gershwin Prize. La canción más famosa del musical teatral fue la que en la jornada del Premio cantaron Sheryl Crow y Lyle Lovett. “I’ll never fall in love again”:

    http://youtu.be/a3yWalUlVZ4

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  11. Gaspard,

    Por más que lo leo y releo,por más que intento conjugarlo con lo ya leído en estos últimos treinta y pico años,no me creo nada de lo leído.Presenta un Rey absolutamente convencido de un golpe que después ni se adivina en ningún momento de la jornada de tarde y noche. Me parece ficción.

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  12. Gracias por enseñarme a mirar.

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  13. Maese Nicolás, es todo culpa de lo que se amontona durante la acumulación “añil”, ahora que se está a punto de alcanzar la provecta suma de ejercicios contables de Jacques/Jake. Esperemos que la demencia senil nos respete. (A propósito: creo que ni Jake ni Heather tienen aún problemas de ese tipo, porque dudo que una Heather con Alzheimer pudiese alternar idiomas en una conversación informal, o que Heather permitiese a un Jacques con Alzheimer ir solo al baño de un lugar público.)
    Pero, como la realidad supera la ficción, lean esto: http://www.elmundo.es/cronica/2014/03/29/53369a7ae2704e2e078b456e.html

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  14. paco,

    No tan rápido, Paco. Cambiamos de mes el martes.

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  15. Sap,

    Algunas de ellas, dedican su tiempo en hacer novillos.Cosa que tú y yo no podemos.

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  16. Por fin cambiamos de hora ¡Qué bien ! Mañana cambiaremos de mes.En abril, deudas mil…y en marzo,junio,julio…y en diciembre.Estupendo todo.

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  17. Hermi,

    Este comentario se ha quedado dos veces en moderación a una respuesta de Sap, no sé porqué.
    Ya saldrá. Y perdonad la reiteración.

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  18. Aquel primer día de vacaciones, en aquel restaurante de hotel económico de Benidorm, yo era un adolescente. Lo sé porque ya se había instalado en mí para siempre el sentido del ridículo. Éramos mucha familia, tíos y primos en abundancia. Nos sentamos a comer aquel primer día en el comedor un poco desorganizados como lo es siempre el primer día de cualquier cosa. Hacía calor, teníamos hambre y los niños armaban jaleo. Un f_oll_ón que se sumaba al de cualquier restaurante español. Tardaban tanto en servirnos que un tío mío, en apariencia tranquilo, se quedó de pronto quieto y callado. Miraba al frente de una manera inquietante, sin detener la mirada en ningún sitio. Yo estaba delante de él y podía ver cómo le subía la lava incandescente a su cara. Vi que cogía, como si ya le hubieran servido la comida, su tenedor y su cuchillo. Pero en vez de comenzar a hacer los gestos propios de un comer civilizado, que en este caso hubiera sido sobre una comida invisible, se puso a golpear el plato con fuerza. El rumor del comedor cesó al instante. La voz de mi tío se elevó sola al ritmo de sus golpes: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Los niños de la familia, al principio sorprendidos también comenzaron a hacerle un coro entregado: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Yo hubiera querido esconderme debajo de la mesa pero estaba petrificado, clavado a mi asiento lleno de vergüenza. Pronto vino a nuestra mesa un camarero lleno de pánico. Mi tío cesó de golpear el plato y le ordenó que viniera el encargado. Éste llegó al poco cargado de excusas y con la boca llena de promesas: “Ha habido un malentendido, señor, no volverá a ocurrir”. A partir de aquel primer día nuestras mesas estaban siempre montadas al detalle y con un jarrón de flores en el centro a pesar de ser un comedor económico. Nuestros camareros se desvivían. Pero yo siempre permanecí allí con miedo a que mi tío dejara de hablar y se quedara mirando al frente.
    Años después mi tío se murió sentado en la taza de un váter, fulminado por un ataque de páncreas.

      Citar  Responder

  19. Sap,

    Gracias, Sap. Está claro que otras de tus facetas, otra de tus virtudes, sería la de animador cultural. Reflexioné el otro día sobre tu comentario, ese que hablaba de la reiteración de nuestros comentarios, nuestros latiguillos, etc. A veces creo que me repito pero a diferencia de ti no retrocedo en el tiempo para comprobarlo. Por eso, desde que comenzó el año he procurado evitar las disputas estériles y los comentarios extensos y/o machacones.
    Pero me has animado, vaya por Dios, a recordar un episodio que me ocurrió en un comedor cuando era un jovencillo.

    Aquel primer día de vacaciones, en aquel restaurante de hotel económico de Benidorm, yo era un adolescente. Lo sé porque ya se había instalado en mí para siempre el sentido del ridículo. Éramos mucha familia, tíos y primos en abundancia. Nos sentamos a comer aquel primer día en el comedor un poco desorganizados como lo es siempre el primer día de cualquier cosa. Hacía calor, teníamos hambre y los niños armaban jaleo. Un f_oll_ón que se sumaba al de cualquier restaurante español. Tardaban tanto en servirnos que un tío mío, en apariencia tranquilo, se quedó de pronto quieto y callado. Miraba al frente de una manera inquietante, sin detener la mirada en ningún sitio. Yo estaba delante de él y podía ver cómo le subía la lava incandescente a su cara. Vi que cogía, como si ya le hubieran servido la comida, su tenedor y su cuchillo. Pero en vez de comenzar a hacer los gestos propios de un comer civilizado, que en este caso hubiera sido sobre una comida invisible, se puso a golpear el plato con fuerza. El rumor del comedor cesó al instante. La voz de mi tío se elevó sola al ritmo de sus golpes: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Los niños de la familia, al principio sorprendidos también comenzaron a hacerle un coro entregado: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Yo hubiera querido esconderme debajo de la mesa pero estaba petrificado, clavado a mi asiento lleno de vergüenza. Pronto vino a nuestra mesa un camarero lleno de pánico. Mi tío cesó de golpear el plato y le ordenó que viniera el encargado. Éste llegó al poco cargado de excusas y con la boca llena de promesas: “Ha habido un malentendido, señor, no volverá a ocurrir”. A partir de aquel primer día nuestras mesas estaban siempre montadas al detalle y con un jarrón de flores en el centro a pesar de ser un comedor económico. Nuestros camareros se desvivían. Pero yo siempre permanecí allí con miedo a que mi tío dejara de hablar y se quedara mirando al frente.
    Años después mi tío se murió sentado en la taza de un váter, fulminado por un ataque de páncreas.

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  20. .
    De todas las variaciones que pueden desarrollarse de la escena protagonizada por Jake y Heather, narrada además desde todos los puntos de vista posibles, habría uno especialmente trágico: el lamento de Brownie, la mamá-vaca de la ternera de donde extraerán la chuleta que se coma Jake, por la aciaga suerte de su hijita.

    ¡Ah, si las vacas hablaran y no se limitaran algunas de ellas a reír como locas!

    Buenos días, muchachada.

    :-)

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  21. Sap,
    Gracias, Sap. Está claro que otras de tus facetas, otra de tus virtudes, sería la de animador cultural. Reflexioné el otro día sobre tu comentario, ese que hablaba de la reiteración de nuestros comentarios, nuestros latiguillos, etc. A veces creo que me repito pero a diferencia de ti no retrocedo en el tiempo para comprobarlo. Por eso, desde que comenzó el año he procurado evitar las disputas estériles y los comentarios extensos y/o machacones.
    Pero me has animado, vaya por Dios, a recordar un episodio que me ocurrió en un comedor cuando era un jovencillo.

    Aquel primer día de vacaciones, en aquel restaurante de hotel económico de Benidorm, yo era un adolescente. Lo sé porque ya se había instalado en mí para siempre el sentido del ridículo. Éramos mucha familia, tíos y primos en abundancia. Nos sentamos a comer aquel primer día en el comedor un poco desorganizados como lo es siempre el primer día de cualquier cosa. Hacía calor, teníamos hambre y los niños armaban jaleo. Un follón que se sumaba al de cualquier restaurante español. Tardaban tanto en servirnos que un tío mío, en apariencia tranquilo, se quedó de pronto quieto y callado. Miraba al frente de una manera inquietante, sin detener la mirada en ningún sitio. Yo estaba delante de él y podía ver cómo le subía la lava incandescente a su cara. Vi que cogía, como si ya le hubieran servido la comida, su tenedor y su cuchillo. Pero en vez de comenzar a hacer los gestos propios de un comer civilizado, que en este caso hubiera sido sobre una comida invisible, se puso a golpear el plato con fuerza. El rumor del comedor cesó al instante. La voz de mi tío se elevó sola al ritmo de sus golpes: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Los niños de la familia, al principio sorprendidos también comenzaron a hacerle un coro entregado: “¡¡queremos comer, queremos comer!!” Yo hubiera querido esconderme debajo de la mesa pero estaba petrificado, clavado a mi asiento lleno de vergüenza. Pronto vino a nuestra mesa un camarero lleno de pánico. Mi tío cesó de golpear el plato y le ordenó que viniera el encargado. Éste llegó al poco cargado de excusas y con la boca llena de promesas: “Ha habido un malentendido, señor, no volverá a ocurrir”. A partir de aquel primer día nuestras mesas estaban siempre montadas al detalle y con un jarrón de flores en el centro a pesar de ser un comedor económico. Nuestros camareros se desvivían. Pero yo siempre permanecí allí con miedo a que mi tío dejara de hablar y se quedara mirando al frente.
    Años después mi tío se murió sentado en la taza de un váter, fulminado por un ataque de páncreas.

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  22. Ah! No podia dejar de contarlo. Me acaba de llamar Marion, esta loca de alegria, gritaba, qué ilusión, qué felicidad! No la podia entender, Pero que pasa? Mamá, mamá, que vas a ser abuela!!!! Te dejo, luego te llamo que tenemos que dar la noticia a los padres de John.
    Vaya estancia en Nueva York. No la podré olvidar nunca.
    Voy a despertar a Jake, no aguanto más, estoy deseando ver la cara que pone. Son las 8 y 34, hasta que salga el avión nos da tiempo a ir de compras. Todavia nos quedan más de 500 dolares para gastar, ya sé lo que voy a llevar al bebé.
    Volveremos a Nueva York y más pronto que tarde.

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  23. Ya se acaban los días de Nueva York. Me he levantado con resaca, pero merece la pena. La noche fue…
    Es verdad, no estamos acostumbrados a salir y menos a beber. Tampoco a tener dinero. Todavia me extraña que Jake aceptase la idea de gastar el premio de la loteria en este viaje, él siempre tan comedido, tan formal. No sé, quizá por eso le quiero tanto, porque es capaz de sorprenderme. Aqui le tengo, dormido como un tronco, roncando y feliz. Mira que nos reimos anoche en el restaurante, al salir del baño iba tan despistado que no me encontraba, y en ese momento le ví como cuando era joven, cuando íbamos a los conciertos y me decia no te muevas, que voy a por una cerveza, y luego le veia a lo lejos entre la gente, buscandome con la mirada. Era el mismo Jake, sin pelo, con arrugas, pero el mismo chico despistado y mal vestido.
    Como anoche yo también llevaba dos copas de más, no me corté ni un pelo y dí un silbido, que provocó el silencio de todo el restaurante y como en aquellos conciertos, Jake contestó bien alto No te encontraba tesoro! Y en el restaurante de pronto oí un aplauso y luego muchos. Lo que nos pudimos reir. Al salir Jake me agarro de la cintura y me dió un beso de esos que eran de otro tiempo, largo, humedo. Vamos al hotel que tengo más sorpresas para ti.
    Qué noche! qué noche!
    Ahora pienso en el hombre barbudo que tiró la copa en el restaurante. No sé porque pienso en él.

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  24. Buenos días!
    Mire por donde mire, desde todas mis ventanas veo blanco y no de nieve. Qué de flores!
    Vaya día de primavera, y sin viento! Se espera una temperatura de 23 grados. Increible, se ha pasado el invierno y no hemos sacado ni un día la pala para quitar nieve, ni tan siquiera ha helado.

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  25. Me llamo Alejandro Biely, y no sé aun por qué entré en este restaurante, después de caminar tanto tiempo por Manhattan estaba confuso y cansado, entré en este como podría haber entrado a cualquier otro sin mucho interés, pero desde la plataforma privilegiada de mi solitaria mesa he asistido a una escena cómica, casi una representación de vodevil que me ha devuelto la sonrisa por un rato…

    Me he fijado en un matrimonio mayor de aspecto algo provinciano, el tipo miraba a la mujer con una sonrisa distraída, algo cínica y despreocupada, como pensando en la mejor manera de hacer desaparecer el cadáver de ella tras asesinarla. Ella comía a dos carrillos sin parar de hablar, reír y dar grititos, desde mi mesa podía ver perfectamente como escupía comida mientras hablaba. Creo que él tiene algún tipo de trapicheo con uno de los camareros, nadie lo ha notado pero el viejo se ha marchado un buen rato al lavabo y el camarero le ha seguido, ¿será su compinche?¿estarán administrando la dosis de veneno que hay que poner en la comida de la glotona para que doble el gaznate?. Además creo que tienen un tercer cómplice, un tipo barbudo de aspecto bonachón se ha encargado de tirar la copa del viejo y se ha puesto a hablar con ella, lo que le ha dado al marido la oportunidad de escabullirse un rato con el camarero…no sé…parece todo un plan muy bien urdido…algo están tramando entre los tres…

    Por unos minutos he podido reír, he olvidado volver a pensar en lo que voy a hacer con los pocos meses que me quedan de vida. No conocí a mi padre, murió poco antes de nacer yo por eso mi madre me dio su apellido de soltera pero con las historias que ella me contó de pequeño sobre él, sobre su romance en Madrid, sobre todo lo que vivieron juntos después de que él abandonara una familia y un país en guerra, pensé que podría hallar en España rastros de mis raíces, de mis hermanos, pero no ha sido así. Ha sido el último gran proyecto de mi vida, la única meta que me prometí cumplir antes de que la enfermedad me impidiera viajar para encontrar algo de los Abel.

    El matrimonio continua ahí, el tipo de la barba ya se marchó, y yo sigo aquí, en este restaurante de la calle Broadway, mirando el trajín a través del cristal seguiré pensando en mi pasado, en mi madre, en mi padre, Ignacio.

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  26. Carmela,
    .
    Bienvenida sea esa hora robada si como consecuencia tiene que el próximo lunes, cuando salga del currelo, aún lucirá el sol y pronto el “Pasapalabra”, de ser programa nocturno pasará a serlo diurno.

    ¡Hay que celebrar este cambio con optimismo!: comienzo el revisionado de la peli de Ingmar Bergman “El rito”.

    :-)

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  27. David CG,
    No es lo habitual pero a veces sucede. Una amiga mía acudió al médico porque necesitaba un certificado de salud para su trabajo. El galeno le mandó desvestirse de cintura para arriba y le hizo los análisis “oportunos”. De nada le sirvió este documento médico pues estaba expedido en papel normal en lugar del que el Colegio de Médicos destinaba para dichos fines. Qué despiste tuvo el pobre hombre. Qué casualidad.

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  28. Y si en el Reino Unido conceden los títulos de Sir y Dame a eminentes nombres propios del jazz (Dankworth, Laine), en Estados Unidos Obama preside la entrega anual del Premio Gershwin a la Música Popular, que patrocina la Library of Congress (en realidad, la Mediateca Nacional), en el transcurso de un concierto de piezas del galardonado con la flor y nata de los intérpretes del país. Hasta ahora han ganado este galardón Paul Simon, Stevie Wonder, Paul McCartney y Carole King. Y Burt Bacharach, un gran autor… y seductor (¡ay!,ya un poco alicaído). Canta y ejecuta al piano Michael Feinstein,revivalista musical y el gran experto antropólogo del Great American Songbook. A 1.13, “Close To You”:

    http://youtu.be/qrhWYEw8OgQ

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  29. Teresa G.,

    De un coloquio de Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo…

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  30. También yo volqué un botellín de agua al final de un coloquio de Antonio en Menorca. Iba nerviosa a que me dedicara un libro y, en el momento saludarle, se derramó el agua por la mesa. Hoy se me han quitado los colores, ya veo que esas cosas pueden pasarle a cualquiera. Después me pregunté cómo no había llevado un libro de Elvira. Qué cabeza la mía.

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  31. Esta noche, para muchos entre los que me incluyo, será la primera más feliz del año. A las 2 de la madrugada adelantaremos el reloj una hora :-)

    (…)”El sol de las diez es una cita, una llamada y una invitación, un regalo diario para los degustadores de mañanas, que tienen algo en común con los antiguos degustadores de aguas, aquellos agüistas eruditos en transparencias y frialdades que adivinaban nombres de manantiales con la misma exactitud, aunque más humildemente, con que los enólogos de ahora dictaminan la procedencia, la edad y hasta el estado de ánimo de un vino(…)

    (…)Pero hay, una vez al año, un día traicionero, un lunes para más suplicio, en que uno consulta un reloj y es como si de pronto se palpara el bolsillo y no encontrase la cartera, porque su hora preferida, la que estaba esperando, desde que se levantó, le ha sido robada, y sólo advierte la pérdida cuando ya es irreparable, porque se la quitaron en mitad de la noche, cuando estaba dormido, sin que sucediera ninguna variación en la superficie de las cosas, ni el ruido de un cristal al romperse, ni la amenaza de unos pasos. En lo más oscuro de la noche un ladrón de malla negra y antifaz irrumpió en la quietud hospitalaria del tiempo y sustrajo la hora del interior de los relojes como si escogiera de un cofre no la joya más reluciente, sino la de más íntimo valor, y se marchó luego tan lentamente como había venido, y para no dejar ningún rastro actuó con tal maestría que, cuando nos levantamos, el reloj digital de la mesa de noche seguía marcando las horas de ayer, y las agujas del reloj de la cocina mantuvieron esa rectitud de dedo índice extendido que confirmaba la hora exacta del desayuno con igual precisión que nuestro estado de ánimo y que la luz objetiva del día(…)”

    ‘La hora robada’ (Antonio Muñoz Molina).

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  32. Hermi,
    .
    La imagen de este comedor solitario que se parecía a Néstor Luján me ha asaltado varias veces durante esta tarde, Hermi. Es una imagen potente.
    “…Ese hombre había abandonado toda esperanza y se disponía a ejecutar un suicidio a la manera epicúrea”.

    :-)

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  33. Maese Nicolás,
    .
    ¡Pero qué bueeeeeeno, Maese Nicolás!
    Perfecto el giro, perfecta la palabra clave donde se monta la historia: los celos.
    Muchas gracias por este ratito de jugosa lectura.

    :-)

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  34. Maese Nicolás,

    Sí, desde luego, hay que ver la imaginación que tienen los escritores y gentes parecidas.

    ¡Bravo!

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  35. [Continúa]

    Me he encontrado con Jake en los aseos. Me dice que siente mucho la reprimenda que he sufrido por culpa de la pesada de su esposa y el maleducado del manager. Cruza su mirada con la mía de una forma que hace meses no percibía. Empieza a caerme bien el señor Jake. Quiere compensarme económicamente pero yo me niego. Le hago pasar a la habitación reservada del restaurante que hay junto a los aseos. Cierro la puerta con el pestillo interior. Si William, el manager, se percatase de lo que está ocurriendo sufriría un infarto… por culpa de los celos. Pero él no se ha dado cuenta de nada, no tan observador como lo soy yo. Los minutos pasan con rapidez, con placentera rapidez. Todo concluye, abro la puerta con sigilo, me asomo para observar el pasillo que conduce al comedor. Despejado. Salgo con toda naturalidad. Jake me sigue unos minutos después. Cuando llegó al salón veo como William me mira preguntándose de dónde habré salido. Desprecio su mirada fría mientras me fijo en como la señora Heather se despide del tipo que ha provocado toda esta historia, el barbudo despistado que volcó el vaso. Pienso si no lo habrá mandado la Providencia Divina para alegrarme este día. También pienso que puede que ese hombre lo hiciese adrede para conocer más a fondo la pareja y sacar de ellos una historia con la que escribir algo. Mi instinto de observación no suele equivocarse y el tipo tiene pintas de escritor o algo parecido. Mientras el hombre se encamina a la salida veo como gira la cabeza y ve a Jake, un poco desorientado, sonriente y con cara… cómo diría…achispada, entrar en el comedor. El tipo sonríe con un gesto de alivio cuando ve a Jake. Sepa Dios lo que habrá pensado en nuestra ausencia. Ya saben la imaginación que tienen los escritores y gentes parecidas. Mientras todo esto ocurre toco con mis dedos la tarjeta que Jake ha dejado en el bolsillo de mi chaqueta con su número de teléfono y el bar en el que hemos quedado esta noche cuando Heather tome su habitual somnífero antes de acostarse.

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  36. Consuelo,

    Vaya situación más delicada. Nuestra relación con la memoria es muy curiosa e interesante. A mí siempre me ha intrigado mucho.

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  37. He enviado mensajes a Gaspard y a Maese Nicolas y no han aparecido. Sera que no sé manejar el teléfono, pero en la pantalla de este, si que he visto mi comentario, y arriba escrito en ingles que esta esperando moderación. No entiendo nada, de nada.
    En resumen que Gaspard no deja de asombrarme, siempre tiene una carta escondida y Maese Nicolas me ha atrapado con su versión de los hechos.

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  38. Quirós,

    Decidir no seria la palabra, es más encauzarlos. Las empresas hacen sus planes con mucho tiempo y en mayo del año que viene termina el instituto y se organizan las plazas del dichoso sistema dual. Sí, por otro lado aqui va todo rápido, y para los padres en todos los lugares, demasiado deprisa.

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  39. Miguel Angel Moyà,

    Consuelo,

    Es posible que sea así, todo se estira hoy en día: a veces, hasta demasiado. Y no he pretendido asustarte, Consuelo, todo lo contrario. Aunque parece un poco pronto para decidir su futuro profesional seguro que todo irá bien y dentro de poco tendrás a un hombretón en casa. Y no sabrás cómo ha sido…Saludos cordiales a los dos.

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  40. Sap,

    Genial, Sap. Divertido como siempre. Te agradezco tanto que nos haga sonreír!

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  41. [Continúa]

    Cuando el descuidado, no lo puedo calificar de torpe pues sería exagerado, cliente derribó el vaso la señora se empeñó en que se lo rellenase. Lo hubiese hecho a gusto pero sé que no puedo tomar esa decisión sin su consentimiento. Llamé al manager y él me dio el visto bueno. Rellené la copa. Me ordenó que le acompañase a una esquina del salón donde me recriminó que no hubiese tomado la decisión por mí mismo. Si lo hubiese hecho también me lo habría recriminado. Son los celos. El señor mayor ha observado la escena con cara de disgusto mientras simulaba escuchar a su esposa, que no cesaba de charlotear en un cotorreo bilingüe. Cuando el manager se ha marchado, Jake (así he oído que se llama) me ha hecho una señal imperceptible para su mujer. Se ha levantado y ha caminado hacia los aseos. La esposa, incansable en su parloteo, ha aprovechado para trabar conversación con el barbudo que volcó la copa. Es como aliarse con el enemigo. He oído que le decía su nombre: Heather. Empieza a caerme mal la señora Heather.

    [Continuará]

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  42. Gaspard,

    ah, sin problema. Cambio a Belmondo por Montand.

    Me admira tu conocimiento y capacidad para encontrar el “momento” cinematográfico o literario apropiado a cada situación. Qué envidia.

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  43. Estaba intentando recordar dónde leí una pieza de ficción muy buena sobre confusiones de nombres en restaurantes con baños. Fue, claro, en ‘Operación Shylock’ de Roth, el mejor novelista (con permiso del aquí presente):
    “-Basta ya -dije, apoyándome en los brazos del sillón para ventarme con el máximo de energía-. ¡Se está usted pasando de la raya!
    -No ha sido ningún paseo militar. Eso es lo único que quiero decir. Soy consciente del trabajo que te ha costado salir adelante en la vida, Philip. ¿Me dejas que te tutee?
    -Qué más da, a estas alturas. ¿Cómo te llamas tú?
    Con esa sonrisa de hijo predilecto que con mucho gusto le habría aplastado en la cara de un ladrillazo, el hombre replicó:
    -De veras que lo siento muchísimo, pero me llamo igual que tú. Venga, anda, vamos a comer algo. Quizá no te viniera mal -añadió señalando mis zapatos- pasar antes por el cuarto de baño y escurrirte un poco el agua. Estás empapado, tío.
    -A ti, en cambio, no te ha caído una gota encima -observé.
    -Me subieron la cuesta en coche.
    ¿Sería posible? ¿Erá él quién se había metido en el coche del joven Demjanjuk, como yo tuve tentaciones de hacer?
    -O sea, que estabas en el juicio -dije.
    -Ahí estoy siempre, sin faltar un día -contestó- Anda, ve a secarte. Yo me ocupo de buscar mesa en el comedor. A lo mejor te tranquilizas. Tenemos mucho que hablar, tú y yo.
    En el cuarto de baño me demoré intencionadamente con el secado, pensando que así le daba oportunidad de llamar un taxi y escapar por las buenas, sin tener que enfrentarse conmigo otra vez. La suya había sido una representación tan encomiable como nauseabunda, sobre todo teniendo en cuenta que, a pesar de haberse hecho con la iniciativa desde el primer momento, la verdad era que el encuentro del vestíbulo tenía que haberlo pollado tan desprevenido como a mí, o poco menos. En su papel de hombre inocente y de muy buena pasta, cobardón, vacilando entre las lágrimas y la más rastrera de las adulaciones, la suya había sido una actuación muchísimo más original que mi tópica caracterización de víctima encolerizada. Pero, a pesar de todo, el impacto de mi materialización tenía que haber sido aún más galvanizador para él que para mí, y ahora seguro que estaba midiendo los riesgos que iba a tener que correr si seguía adelante con el asunto. Tras haberle dado todo el tiempo que podía necesitar para volver a la cordura, largarse y desaparecer para siempre, con el pelo repeinado y un cuarto de litro de agua menos en cada zapato, regresé al vestíbulo con intención de llamar un taxi y acudir al almuerzo que tenía concertado con Aharon [Appelfeld], y al que ya acudía con media hora de retraso.
    Inmediatamente lo localicé a la puerta del restaurante, con la misma sonrisita conciliadora, más apuestamente parecido a mí que nunca.
    -Estaba empezando a temerme que el señor Roth hubiera puesto pies en polvorosa.
    -Esa era mi esperanza: que te largaras tú.
    -Pero -dijo-, ¿por qué motivo iba yo a largarme”.

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  44. Mi nombre es Henry. Sí, el nombre me lo puso mi madre a propósito. Ella siempre estuvo enamorada de Harrinson Ford. El otro día, en mi trabajo, hubo algo que llamó mi atención. Soy observador, tanto que mi jefe hay veces que me lo recrimina. Pienso que son celos porque él no es capaz de fijarse en detalles sobre la clientela que favorecerían la mejora del negocio. No es fácil ser camarero, ser un buen camarero, tener la psicología de un viejo camarero cuando se es joven, como lo soy yo. Me lo enseñó alguien que sirvió mesas muchos años y que siempre me decía: “Henry, los que están ahí sentados no son clientes, no son comensales, son personas que esperan que les alegres la vida durante una hora”.
    El otro día, les contaba, en mi trabajo, serví la mesa de un matrimonio de edad avanzada. Poco después observé como un cliente al pasar cerca de la citada mesa derribaba el vaso del señor mayor. Por cierto, cómo se le ocurriría a ese hombre venir a comer vestido con una chaqueta de chándal a un lugar como éste, que sin ser de etiqueta, debería exigir unas mínimas normas en el vestuario. Se lo he comentado alguna vez al manager pero se ve que el humo de la cocina (los celos) no le deja ver con claridad. Aparte de ese detalle en el vestir el señor podría pasar por un apuesto y maduro caballero francés. Sus rasgos me han recordado a un actor, Jean Paul Belmondo, sus películas siempre me han gustado, y me he imaginado cómo sería cuarenta años atrás.

    (Continuará)

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  45. Cuando voy a un restaurante me gusta fijarme en los comensales. En Londres nos pasó que nos sentaron justo al lado de un matrimonio de allí. Acabo de leer en Mis mejores páginas, de Julio Camba, que los habitantes de esta ciudad, Londres, hacen un ejercicio diario de ignorar a los demás; sobre todo si estás codo con codo en una mesa para comer. Pero en aquella ocasión, para mi sorpresa, al poco de sentarnos él se dirigió a mí y nos preguntó de dónde éramos. Qué bien, qué fácil. Entonces me contó que habían veraneado en Alicante y en Mallorca. Les dije a su vez que era muy bonita, sí, toda la costa española pero que se la habían cargado los especuladores, etc. Lástima que mi inglés fuera entonces peor que el de ahora porque empecé a perderme en las sutilezas de la vida que comenzaron a contarnos. Ellos no sabían ni una palabra en español.
    En otra ocasión, en Campo Real, nos sentamos enfrente de un hombre inmenso que comía solo. Se parecía y me recordaba mucho a Néstor Luján. Su trasero desbordaba los límites de la silla como lo haría la parte trasera de un elefante. Comía un chuletón gigante con patatas y al lado tenía un platazo de ensaladilla rusa que no paraba mirar. Se echaba grandes tragos de una botella de vino tinto, toda para él solo. Yo lo veía claramente congestionado. Me imaginé que ese hombre había abandonado toda esperanza y se disponía a ejecutar un suicidio a la manera epicúrea.

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  46. Maese Nicolás,

    ¡haaaalaaa! Pero si hay toda una estela de relatos. Esto parece un folletín sabatino. ¡Qué divertido!
    Hay que ver la que liado el anfittiomm con un simple y mínimo accidente. Pá mí que lo de derramar el vaso lo hizo adrede.

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  47. Me llamo Heather, Jacques es mi marido pero yo lo llamo Jake. Le recuerda no sé que anuncio de la tele y dice que le pone. Me tiene hasta las verdes praderas con esa dichosa chaqueta de chándal y esa indecisión que toda su vida le acompañó. Dice que está hasta el tupé y que un día va a saltar por la ventana. Ya se asomó varias a veces. Está visto que hoy tampoco tendré suerte . Aguantaré un poco.

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  48. Pues para mí que lo de Jacques va a ser la próstata.

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  49. ¡Vaya, qué bonitas secuelas ha traído hoy el comentario del jefe! Parece esto una competición, y no estaría mal que existiese el botón de ‘me gusta’ y también el de ‘no me gusta’ para puntuar a los artistas (y es que hay algunos comentarios graciosos, y alguno que no me gusta nada).

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  50. He venido a Nueva York a matar a una mujer a quien llevo viendo toda mi vida. Ya no la soporto más. Allí en Annapolis, Nueva Escocia, habría sido difícil deshacerme de ella, todo el mundo nos conoce. Aquí será más fácil fingir un robo con violencia en una de esas callejuelas desiertas de camino al hotel. Este va a ser mi regalo de cumpleaños: una nueva vida sin Heather, sin la cotorra Heather que pega la hebra con cualquiera, sin la roñosa Heather capaz de montar un espectáculo por una copa de champán gratis, sin la gorda Heather y su maldito puré de patatas. Me miro en el espejo de este cuarto de baño y veo mi vida sin Heather. En cuanto se largue ese tipo de barbas, saldré del retrete, fingiré que se me ha movido la dentadura y nos volveremos al hotel por esas callejuelas desiertas donde nos van a robar con violencia.

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  51. ¿Qué quieren que les diga? Tengo por nombre Jacques, y no Jake, como mi mujer, medio loca y tendente al exceso de grados alcohólicos en puntuales ocasiones -cada vez menos puntuales-, se obstina en llamarme. Me fatiga mi querida esposa: de aquí para allá como pollos sin cabeza, con una chaqueta de chándal porque ella, por hacerme la puñeta, se dejó en casa la americana y esa otra de pana que tanto me gustan y tan bien me quedan. Todo porque la pasada primavera me negué a que nos comprásemos una casita de fin de semana en New Brunswick. Rencorosa hasta en los más mínimos detalles. Le argüí yo: “¡Con lo bien que se está en Nova Scotia!, ¡no como en New Brunswick, rodeados de neobrunswickianos!” Ella, sin embargo: “Me lo pagarás. ¿No quieres ese chalet en New Brunswick? Muy bien, ya encontraré una forma de devolvértelo, c@bron@zo”. Así ha sido: por el Village y el Upper East Side en Adidas. La muy z=rra filoneobrunswickiana no olvida. Y, sobre todo, la asquerosa me añade siempre diez años: “¡Tiene setenta!, ¡tiene setenta!, ¿sabe usted?”; es incapaz de aceptar que tengo sesenta, porque ella, con sus sesenta y cinco, queda vieja a mi lado. “Si digo la verdad me van a decir que soy una cougar”, alega, pero yo sé que es todo por el chalet nunca adquirido. Además, last but not least (aunque antes he dicho “Y, sobre todo”), habla igual de alto que los sordos muy sordos, en especial con esos torpes que no necesitan más que pasar a tu lado en el restaurante para tirarte el vaso de vino y por poco no te vuelcan la mesa. Al tío ese me ha dado ganas de darle un guantazo de Nike o un servilletazo, pero me he contenido, a pesar de que el vino se me empezaba a subir a la cabeza. Me he marchado durante el tiempo necesario al servicio -donde, para colmo, un osito degenerado ha intentado meterme mano, ¡a mis sesenta!- a hacer ejercicios espirituales, con la esperanza de que a la vuelta, mi amada estuviese dándose un revolcón con el manazas del vino, y me pusiese en bandeja de plata la excusa de la detección in fraganti de una infidelidad pública y notoria para separarnos. No ha habido suerte. El pesado no se largaba. Por tanto, he salido del baño, el otro me ha visto, y en cuanto el barbudo de los eggs ha salido por la puerta por la que nunca debería haber entrado, he vuelto a sentarme, un poco mareado. Todo por culpa de ella. Cuando crucemos la frontera de Maine me divorcio. El año que viene festejo mis sesenta y uno con una cubana en Jamaica, y ella, con ocasión de sus sesenta y seis, que se ponga de champán hasta arriba con ese profesor universitario, que, ¡y esto es lo peor!, por lo que ella se ha enterado a cuenta de las confidencias que se han cruzado en mi ausencia, es español. ¡Sí, de ésos que nos robaron el fletán en los Grandes Bancos!

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  52. La Serapia,

    Me llamo Jacques, aunque mi mujer, Heather, cuando se toma dos copas de más no para de llamarme Jake. Hemos venido a Nueva York a celebrar mi setenta cumpleaños. Llevamos tres días aquí y ya estoy hasta el gorro de musicales de Broadway, paseos en coche de caballos por Central Park y compras inútiles en Macy’s. Para colmo, esta noche en un restaurante un tipo me ha volcado el vaso y Heather, cómo no, ha aprovechado la ocasión para que me lo rellenaran y de paso bebérselo ella. Mientras discutía con el camarero y el manager me he levantado para ir al baño; la próstata me tiene frito. Lo mejor del viaje: el descubrimiento en una librería del Village de ‘In the Night of Time’, una novela de un tal Antonio Muñoz Molina que dicen que va de esa guerra que hubo en España donde luchó un hermano de mi padre que fue conocido como El Soldado Alto. ¡¡¡Qué ganas de volver a mi casa de Nova Scotia a sentarme a leer en mi sillón orejero!!!

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  53. paco,

    He leido tu comentario, y me dicho: debes cambia el poema.
    Lo he cambiado, y mientras lo hacia, se me han ocurrido algunas
    estrofas más.
    …………………………………………………………………………………………………
    GACELA DE LOS POPULARES

    Con mandatos y tijeras
    vienen recortando el aire,
    el alma, la primavera
    y al perro que les ladre…

    ¡Qué revuelo de sotanas
    y decretos infumables,
    de leyes contra el aborto
    y las cosas razonables!

    Ahora es grave delito vivir
    con el alma el pie de guerra,
    y no es delito disparar
    a quienes saltan las verjas.

    Nos quieres de escayola,
    con su Cristo y su bandera
    amortajados por dentro
    y el corazón bajo las piedras.

    No quiero ser soldadito
    de su patria sin belleza:
    yo quiero volar más alto,
    con jazmines y canela,

    redondo de luna y patios
    donde descansar mi pena
    de ver como gira el mundo
    sin aurora y con cadenas.

    Empobrecidos por dentro,
    con billetes y tinieblas,
    el rosario, las crucecitas,
    la eucaristía y las velas.

    ¡Hay otra vida más noble.
    con rosales y alamedas:
    el corazón de los niños
    navegable y sin fronteras.!
    ……………………………………………………………………………………………..

    Un cariñoso saludo . :-)

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  54. Pero qué suis pasa!

    Me llamo Jacques, mi mujer me llama posesivamente Jake, es un poco charlatana y yo un poco sopazas, pero es primavera, acabo de cumplir setenta tacos y aunque se notan, estamos pasando unos días agotadores en NY, que es lo que toca un poco siempre en los aniversarios. Ojalá cumpla muchos más así de bien y ustedes lo vean. La Pitonisa Lola me auguró que unos meses después de cumplir los setenta me iba a entrar un Alzheimer galopante a causa del que me caería tontamente de un taburete cambiando una bombilla, con tan mala suerte de caer fatalmente encima de mi señora. Pero nos consoló diciendo que íbamos a tener un entierro precioso al que acudirían todos nuestros amigos. Y los féretros serían los más bonitos que se vieron en Canadá y mil kilómetros a la redonda por muchos años.

    Ya está mi mujer llamándome, a ver qué dice:

    -Check it out Jakes! He´s mentioning us in his blog. Isn´t it fun, darling?

    Bueno, les dejo. Sigan disfrutando de la primavera. Voy a ver qué ha escrito aquél señor para montar tanto alboroto. Al hombre se le veía a punto de pagarnos la copa de champán en cuanto vio acercarse al maitre, parecía buena gente.

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  55. Amperio de la Ley,

    Me llamo Jacques y hoy cumplo setenta años. He venido con mi mujer, Heather, desde Nova Scotia a Nueva York para celebrarlo. Ella no llegará a cumplir los sesenta y cinco; está muy enferma pero no lo sabe. Después de un paseo en coche de caballos por Central Park hemos venido a un restaurante. Heather está tan feliz que hasta me ha llamado Jake y no Jacques. Ha entrado un cliente y ha volcado mi vaso. Mi mujer ha visto la ocasión de que me lo rellenen y ha llamado al camarero y éste al manager. Está radiante y yo me siento cada vez más culpable de su ignorancia; la comida no me pasa, ya no puedo aguantar el llanto y me levanto con la excusa de ir al baño. Desde la puerta veo cómo Heather charla animadamente con el cliente que volcó mi vaso, incluso chocan sus copas. Me lavo la cara y cuando me decido a salir veo que el hombre ya no está en su mesa.

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  56. Quirós,

    No me digas eso por Dios! Tengo esperanzas que en cuanto empiece a vivir dentro del mundo de los adultos, profesionalmente, quiero decir, todo será diferente. En estos días y por el sistema educativo aleman tiene que decidir lo que va a hacer, aunque le queda un año para los últimos examenes. Dentro de poco tendrá las primeras entrevistas para conseguir un puesto en una de las empresas que cooperan con las universidades para el sistema dual. Esto le va a tener ocupado.
    No me olvido de lo mal que lo pasé con esos 16 años. Qué edad más mala.

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  57. Quirós,

    Quizás se deba a que no sólo se estira la adolescencia, sino la juventud, y la madurez, y la vejez. Saludos cordiales.

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  58. Consuelo,

    No te preocupes demasiado, todo pasa. Aunque, por lo que he podido observar en mis dos hijos (uno tiene 28 y el otro 24) esa edad adolescente se estira más ahora que antes, cuando nos tocó tenerla a nosotros. ¿ Por qué será ?

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  59. Sap,

    Sín duda, es posible que le ocurriese ese gran percance.

    Y si lo que habia decidido es contarle a su esposa toda la verdad, por primera vez sincerarse con ella y contarle que lleva una doble vida? Que ha aguantado tanto por lastima, pero que en un momento tan decisivo como este cumpleaños quiere empezar a ser libre,feliz. Y luego la llamada, ese ha sido el motivo de la tardanza. Se fue al baño porque notó la vibración en la pierna, ese cosquilleo que anunciaba un mensaje de Ruth.

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  60. .
    ¡Qué gran Instante el de hoy, divertido, literario, abierto, ligero, agridulce…!

    De todas formas, y por paliar la desinformación de nuestro querido anfitriomm y poner freno a tanta especulación por parte de Uds., habrá que señalar que la clave del comportamiento de Jake se encuentra en la chuleta.

    En efecto, ilusionado por la estancia en NYC y con renovados ánimos, Jake decidió aplicar a su dentadura postiza (que rara vez se pone) una buena porción de adhesivo dental ‘Corega’. Salió del hotel luciendo su dentadura de plástico, algo que encantó a la dicharachera Heather, que encontró a su marido rejuvenecido y alegre poseedor de una galante sonrisa.

    A la hora de la cena, la seguridad con que lo llenó el optimismo de la jornada, así como la potente fijación del pegamento, es lo que lo hizo decidirse por la gran chuleta que le ofreció el camarero -¡hacía tanto tiempo que no se comía una y hoy es su cumple, qué caramba!-. Es entonces, cuando a causa de las copiosas libaciones, que Jake siente necesidad de ir al lavabo. Se levanta, se excusa ante Heather, entra en el servicio de caballeros y encuentra que el meadero de a pie está ocupado por un gigantón, así que utiliza el inodoro. Es así, mientras realiza graciosos arabescos con el chorrito siguiendo su costumbre de siempre, que nota que la pieza superior de su dentadura se ha soltado un poco. Cachis. Con las manos ocupadas, trata de recolocarla con la lengua, pero con tan mala suerte que la dentadura se desprende del todo, resbala, sale de la boca y ¡chof! cae al inodoro.

    El tiempo que invierte en rescatarla, limpiarla y volversela a poner es el periodo que tanto llama la atención a nuestro querido anfitriomm. Como se comprueba una vez más, la realidad es siempre más prosaica que la imaginación, así que Jake, de vuelta a la mesa, ni se molesta en contarle lo sucedido a su esposa, tan entretenida en charlotear con un tipo de barbas de extraño acento, y continua su mano a mano con el chuletón hasta terminarlo.

    (Claaaaro, hombre previsor, Jake llevaba el tubito de Corega en el bolsillo de la chaqueta de chándal).

    :-)

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  61. AMM,

    todo un principio de relato para mil desenlaces posibles.
    Me he divertido mucho con Heather (además, he recordado uno de los álbumes de Leonard Cohen que creo que se llamaba Songs for Heather). Me parece todo un personaje literario, casi de la Higsmith.

    Saludos y buen sábado para todo el personal de la casa.

    AG

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  62. Qué buena historia. Yo, la última vez que estuve en Nueva York, me senté frente a Macy’s a tomar descansar en unas sillas de las que ponen ahí y me encontré con una imagen fascinante. Un muchacho joven iba caminando con tal entusiasmo de encontrarse en Nueva York que gritaba “First time in New York!! And I love it!!”, como si fuera uno de esos vendedores ambulantes que antes iban por los pueblos anunciando “¡¡Ras y picón!!”. Justo detrás de él, como hipnotizado por el canto repetitivo del muchacho, iba un mendigo mucho mayor que él pero de rasgos físicos similares y que parecía sacado de un sueño: las zapatillas deportivas recortadas por el talón como si fueran unas chanclas, los pantalones hechos jirones como si hubieran pasado por una máquina de destruir documentos oficiales y un inmenso abrigo de invierno impoluto y perfecto que contrastaba con la cochambre del resto de su indumentaria. Era como si el espejismo caníbal de Nueva York se presentara a media mañana de un día cualquiera: un muchacho lleno de inmaculada ilusión y su espejo futuro y errante en el mendigo derrotado por la ciudad salvaje.

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  63. Una vez leí que para escribir no bastaba con contar aquello que queríamos decir. Te tenías que preguntar cómo eran los personajes, dónde estaban en el momento que describías, qué hacían, qué tiempo les acompañaba, qué sentían, de quién o quienes se rodeaban, qué pensaban, qué decían, cómo lo decían etc. etc. Todas las preguntas que te hiciera enriquecería a los personajes y la descripción de ellos sería más completa. Al leer el texto de hoy, lo he recordado. He mantenido el interés, temiéndome lo peor hasta el final. De una simple anécdota que quizás me hubiese pasado inadvertida, él con su maestría nos escribe un vívido relato corto.

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  64. Hay motivos más que serios para pensar que el señor de la chaqueta de chandal, tiene Alzheimer…y como mi madre lo tiene, prefiero no comentar nada sobre lo que me sugiere su señora.

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  65. paco,

    Dª Ramírez, personaje de La venganza de Don Mendo,fue interpretado de forma magistral por la gran María Luisa Ponte ¡Qué gran actriz !

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  66. José Carlos P.T. ( El Fotógrafo de la Polaroid ),

    ……………………………..
    Nos quieren de escayola,
    sin luna y sin higuera,
    amortajados por dentro
    y el corazón bajo las piedras.

    Yo creo que los del PP, no es que nos quieran sin higuera, entiendo que lo que quieren, es que permanentemente estemos en la higuera.
    Acuérdate de los versos de Dª Ramirez, cuando ve que Magdalena coquetea con todo lo que se encuentra.
    ………………………………………
    ¡Y el pobre Duque en la higuera!
    Los hay que tienen un sino.

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  67. Amperio de la Ley,

    Muy bien cosida la idea Angela. Anoche cuando lo leí también pensé en que el hombre padecia los primeros sintomas de Alzheimer y que la mujer estaba de los nervios, apurando los ultimos días de una vida feliz con un marido sano y fuerte.
    Casualmente,el otro día, estando en una merienda cumpleañera, la anfitriona celebraba sus 72 años, envidiables en casi todos los sentidos, menos en esos mismos 72 años, que son 22 más que los que yo tengo, y para llegar a ellos hay que vivirlos. En fin, que ella y el resto de invitadas, casi todas en esa edad(me encanta, porque soy “la niña” y me dejo mimar) estan muy bien de salud, aunque mentalmente voy viendo en algunas de ellas un decaimiento, y no en la más mayor, que con 80 maneja el móvil, el ordenador, y va de fiesta en fiesta con una energia que ya quisiera yo. Bueno, a lo que voy, Estábamos con el café y la tarta, recordando otros cumpleaños, y hablabamos del de una de ellas, mi querida amiga A. y cual no seria mi sorpresa cuando comenté lo bien que lo pasamos ella y yo en la opera, en ese regalo que le hice, un detalle especial, porque la ocasión y la persona se lo merecia. Y de pronto, dice A: que opera? Yo no he ido contigo a ninguna opera.
    Angela, todavia me entran escalofrios al recordar la escena, las amigas de manera automática y casi cruel no paraban de insistir para que ella recordase aquel día, le parecia imposible que olvidase aquel momento de la opera. Qué rato, yo dando con el pie a J. para que dejase de preguntar, a la vez intentando cambiar de conversación y no sabia de que hablar. Mi amiga A, tiene pánico al Alzheimer, y hay razón para ello. Lo que más me dolió es ese: “lo siento, lo siento, no puedo acordarme, me teneis que perdonar”

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  68. Quirós,

    A mi también me ha entrado de todo al leer lo de la chica de 16 años. Qué edad más complicada!
    No sé si es cuestión de saber ver o no Nieves, esta edad es un misterio, un contradicción, una felicidad suprema o una pena muy grande. Al menos es lo que recuerdo de la mia y lo que estoy viendo en mi hijo. Qué ganitas que se pasen estos años, donde estan todo el cuerpo y la mente a medio hacer.

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  69. ” … los que venían a buscar a su padre … ”

    ” […]   —Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alcanzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que elmde su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas, (…). La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quien fuese juzgado. (…) Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero. Que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra. […] ”
    (Capítulo XI. ‘De lo que le sucedió a don Quijote con unos cabreros’)

    ” […] A veces las ventanas están demasiado lejos para que podamos ver algo de ellas. Pero eso no nos impide saber que hay gente viviendo tras esos cristales, existencias individuales y precisas en cada uno de esos rectángulos idénticos, a los que sólo nos podríamos asomar si tuviéramos la ingravidez omnisciente de una cámara de cine: o si viajáramos, como Hopper hizo tantas veces, en el tren elevado que hubo en Nueva York hasta los años cincuenta, y que al pasar muy cerca de las ventanas de los apartamentos permitía visiones rápidas y fugaces de cosas que habitualmente no habría sido posible ver. […] ”

    AMM
    “El atrevimiento de mirar”
    ‘Las ventanas de Hopper’ 
    (“El realismo en el arte contemporáneo 1900-1950″,
    Madrid, Fundación Cultural Mapfre Vida, 1998)
    Galaxia Gutenberg — Círculo de Lectores (2012)

    ” […] Por la noche, en los reinos extranjeros, el infinito aparece junto a la última farola y aquí se encontraba a veinte metros. Había una gran calma. Unas cuantas embarcaciones, iluminadas débilmente, pasaban de vezen cuando, rompiendo con sus hélices el reflejo de un gran neón de CINZANO que intentaba escribirse en el oscuro hule de la superficie del agua. El silencio se restablecía mucho antes de que lo consiguiera. […] ”

    Joseph Brodsky
    “Marca de agua” (1992)
    Traducción de Menchu Gutiérrez
    Ediciones Siruela, 2005

    ” … antes de abrir … ”

    ” […] Una mañana, sobre nuestras cabezas, en los jardines de la Cava, apareció una avioneta blanca que había venido volando por encima de los tejados y las torres de los palacios y los campanarios de las iglesias. En su cola ondeaba una larga bandera amarilla con un letrero que decía: CINZANO. En medio de los jardines todo el mundo miraba hacia el cielo haciéndose visera con las manos. La avioneta dio un giro sobre la pantalla del cine de verano y se alejó hacia el valle y la sierra, dejando un largo rastro blanco en el cielo sin nubes, un blanco tan limpio como espuma de cerveza. Se iba volviendo muy pequeña y ya no se oía el ruido del motor, que a mi tía le había hecho taparse los oídos mientras pasaba sobre nuestras cabezas y parecía que fuera a rozarlas. Poco a poco, cuando ya casi no se la veía en el cielo, la avioneta hizo un amplio giro y el sol relumbró un instante en sus ventanillas. Llegó a la altura del cuartel de Infantería, al final de la ciudad, y desde allí volvió en línea recta hacia donde nosotros estábamos, cada vez más cercana y más atronadora. Pasó sobre la pantalla del cine de verano agitando con un vendaval las copas de las palmeras que hay detrás de ella, y al sobrevolar de nuevo los jardines de la Cava sentimos un golpe de viento contra nuestras caras y vimos un instante, tras las ventanillas cuadradas, la cara con gafas de sol y la camisa blanca con galones del piloto.  .  .  .

    El invierno es ahora la ventana, estos cristales
    por los que resbala un ala pálida de la tarde que deriva,
    el extremo de un ala pura sobre unos fríos cristales.
    Sensación de cima: no la tierra, hundida.
    El esqueleto de una copa en abandono,
    desnudas ramas, huesos entumecidos
    y una última limosna de sol agarrándose a la madera. 

    M.Villangómez Llobet
    “Caminos y días”
    ‘La finestra (La ventana)’
    —‘Els bens incompartibles (1947-1951)’—
    Traducción de Antonio Colinas
    Visor Madrid, 1990

    .  .  .  La gente aplaudió cuando una mano apareció saludando por una ventanilla, […] ”

    AMM
    “El viento de la Luna” (Seix Barral, 2006)

    ” … en la vida … ”

    ” […] Iban allí cada tarde empujados por una especie de necesidad. Era como si el agua sacara a flote y echara a navegar unos pensamientos que estuviesen varados en tierra firme y suscuerpos experimentaran así una especie de alivio. Primero, un latido de color inundaba la bahía de azul y el corazón se expandía con él y el cuerpo nadaba hasta que lo frenaba y congelaba la punzante negrura de las olas alborotadas. Luego, casi cada tarde, brotaba irregularmente detrás de la gran roca negra un surtidor de agua blanca, que siempre se hacía esperar (…); y, mientras esperaban, veían cómo las olas arrojaban una y otra vez sobre la pálida playa semicircular una fina capa de madreperla.
    Ambos sonrieron. A los dos les embargaba la misma hilaridad producida por el ir y venir de las olas y oor la veloz y cortante carrera de un velero, […] ”

    Virginia Woolf
    “To the Lighthouse” (1927)
    Traducción de Miguel Temprano García
    Debolsillo, 2013

    ” … Está radiante … ”

    Y el abuelo canadiense quedó contemplando a través de los cristales repiqueteados de agua de lluvia, sin llegar a recordar si conocía a aquél hombre de algo. Mientras su mujer alcanzó a asirle del brazo desandando el camino de vuelta hacia el comedor.
    El maître ya había ordenado reponer la bebida vertida y la apurada en sus copas respectivas.
    Los hilos del tiempo y de la nacionalidad a veces entrecruzan sus trayectorias milagrosa y sutilmente como por encantamiento.
    Mágina pura en Nueva York :)

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  70. Por un momento, antes de terminar de leer el relato he pensado que nuestro anfitrión se veia obligado a salir corriendo del restaurante dejando a la señora con la palabra en la boca dejandonos a todos preocupados o tal vez intrigados por el destino del paciente marido.

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  71. GACELA DE LOS POPULARES

    Con mandatos y tijeras
    vienen recortando el aire,
    el alma, la primavera
    y al perro que les ladre…

    ¡Qué revuelo de sotanas
    y decretos infumables,
    de leyes contra el aborto
    y las cosas razonables!

    Ahora es grave delito vivir
    con el alma el pie de guerra,
    y no es delito disparar
    a quienes saltan las verjas.

    Nos quieren de escayola,
    sin luna y sin higuera,
    amortajados por dentro
    y el corazón bajo las piedras.
    ………………………………………………………..
    (Escrito el miércoles 19 de marzo de 2014)

    Un cordial saludo a todos desde Fuenlabrada.

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  72. Me encantò la descripcion de la senora. Excelente

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  73. Esa actitud de la Sra. de Jacques, Jake en los buenos momentos, no se sabe si es una alegría sincera, aunque bobalicona, derivado de un éxtasis turístico que se barrunta algo tópico y ramplón, o una autoimpuesta felicidad cuya exhibición sirve al actor para reforzar su convicción en el papel que ha adoptado. De cualquier modo, el vino tinto obra milagros en materia de efusividad y charlatanería, por lo que su influencia en el guión debe ser tenida en cuenta. Heather, que contará a sus amigas de Nueva Scotia este contacto con AMM, como signo inequívoco del buen tono del sitio en que cenaron, junto a otras maravillas de su viaje a Nueva York, tiene un claro sentido mercantil y, sobre todo, tiene también marido y ojalá que sea por muchos años, aunque ella se haya fijado el modesto objetivo de que todos cumplan uno más.

    Mi mujer no volvía del baño del restaurante en un cumpleaños mío y acabó saliendo del restaurante en camilla. Por suerte fue sólo un susto, una indigestión repentina por un postre lácteo. Lo nuestro fue más almodovariano. Las camillas no cabían por “las puertas de diseño” de los lavabos y hubo que sacarla en brazos. Tendida en el suelo, un médico allí presente cuya cena se vio interrumpida, le preguntaba si estaba embarazada, cosa que me alarmó casi tanto como su estado de salud. Además, no sé si por exceso de celos míos por la belleza de mi mujer, entonces encima veinteañera o por la realidad de los hechos, lo cierto es que me pareció que el médico casual la atendía con exceso de complacencia en la exploración; pero, bueno, como ayudaba desinteresadamente uno se siente mal al albergar estos pensamientos.

    Lo de las aviesas intenciones ya pasó una vez, de forma indiscutible, con un catedrático de medicina ya setentón. Para haberle soltado una h… o haberlo denunciado o, al menos, para haberle afeado su conducta ipso facto; pero fue tan sorprendente y tan rastrera su maniobra de rozamiento de los senos con el antebrazo, que ninguno de nosotros, que éramos por entonces muy pardillos y parados, no hicimos nada. Nos limitamos a comentar con asombro lo que había hecho aquel viejo verde.

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  74. Me llamo Martha y tengo 66 años. Estoy casada con un hombre maravilloso, Jake. Llevamos juntos muchos años, hemos sido muy felices. Jake acaba de cumplir 70 años. Físicamente, está estupendo, es muy buen mozo, pero estoy muy asustada. Sí, estoy asustada. Hace algún tiempo le diagnosticaron alzheimer, aunque no ha sido hasta hace relativamente poco que ha empezado a tener síntomas preocupantes. A veces, va al cuarto de baño y luego no sabe volver al dormitorio o al salón. Es muy difícil para mí ver cómo se deteriora. Además, yo tampoco soy ya ninguna niña, parece que las fuerzas me abandonan. Siempre he sido muy alegre, con mucha presencia de ánimo, pero mi propia vejez me asusta, no hablemos ya del problema de mi marido.
    ¿Seré capaz de ayudarle? ¿Tendré fuerza para soportar lo que está por venir?
    No sé, estoy muy asustada, mucho.

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  75. Uno va al gimnasio y hace running para estar en forma embutido en un ridículo chándal fosforito y se deja persuadir por su mujer para celebrar su septuagésimo cumpleaños en otra ciudad en otro país incluso y hace turismo y asiste a patéticos espectáculos y aplaude si su mujer lo hace y bebe el champagne que bebía en sus buenos años e intenta comerse el chuletón enorme que su mujer ha encargado para él y todo lo hace con buen ánimo con optimismo como dicen los psicólogos que hay que hacer pero siente que ya no le gusta el champagne y que su cuerpo no asimila esa carne sangrante y que preferiría estar en casa en su sillón viendo un partido de hockey aunque últimamente ya no distingue la pastilla que va demasiado rápido para sus ojos y piensa que su mujer le atosiga demasiado y que habla demasiado y que siempre quiere hacer demasiadas cosas y se siente cansado y despistado y viejo y piensa que no sería mala cosa tener a la vuelta un accidente en esa curva tan peligrosa que le asustó al venir y caer al profundo barranco trescientas yardas más abajo y explotar como en las películas y terminar de una vez.

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  76. Nievesdl,

    Eso que cuentas de la chica es horrible, me pone mala solo de pensarlo. Ánimo y un abrazo.

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  77. Él es el Mariano, y ella la Concha: bendito matrimonio. Lo que no termina de cuadrarme es tu papel en esta historia…Supongo que ya llevabas un tiempo en el restaurante cuando tiras sin querer la copa del Mariano, y que, en todo caso, estarías bien acompañado. ¿ O es que saliste huyendo al ver el panorama ? Un abrazo.

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  78. Yo también lo hubiera pensado. Cómo no, si hoy he llegado tarde a la guardia por un atasco y los indicios apuntaban a accidente gordo, y sí. Y yendo a comer, en la ambulancia, un señor en la acera ha levantado el brazo con parsimonia y gesto facial que desafinaba, y no estaba parando un taxi, sino llamando nuestra atención porque la ambulancia para su hijo en coma hipoglucémico no llegaba.

    Lo que puede torcerse suele hacerlo, a escondidas de los que no saben mirar y pasean sobre losetas manchadas de sangre de la chica de 16 años que murió ayer al saltar desde la planta 12.

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  79. ¿Llegas después que ellos y sales antes de que vuelva él del baño? Pues sí que comes rápido :-)

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  80. Ay, qué susto. Cómo nos puede cambiar la vida (para mejor o peor) en cuestión de segundos.
    Mi padre cumplirá también setenta este año. Y mi madre sesenta y seis la semana próxima. Así que esa pareja podría tratarse de ellos. Lo que veo improbable es el hecho de viajar hasta N.Y. Aunque, nunca se sabe, todo es posible.

    Gracias, Antonio, por el relato. Me maravilla cómo en tan poco espacio se crean unas vidas completas.

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  81. He pasado de la carcajada a cerrar la boca de golpe.

    Jajaja.

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  82. También cabía la posibilidad de que el señor no soportara más la efusividad de su mujer y, discretamente, se hubiera marchado del local.
    La realidad siempre es mucho más prosaica que la poesía de la ficción literaria…

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