En un día como hoy

Posted By on Dic 23, 2010 | 80 comments


A mediados de octubre me invitaron a dar la charla inaugural en un máster sobre propiedad intelectual que organizaba la universidad Autónoma de Madrid. Empecé a tomar notas sueltas, y en lugar de organizarlas en forma de conferencia me pareció más entretenido numerarlas, manteniendo así la mezcla de inmediatez y de azar con que habían ido surgiendo. Visto el espectáculo que dio ayer una parte considerable de la clase política en el Parlamento, me acordé de esas notas, que no se han llegado a publicar. Me ha parecido que estaría bien compartirlas con los amigos de este diario.

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO CREATIVO

Para Gotardo González, que inventó esta página y cuida a diario de ella, por amor a la literatura y a un trabajo con el que intenta ganarse honradamente la vida.

1.- La única propiedad que se considera ilegítima o sospechosa ahora mismo en España es la propiedad intelectual. El dictamen de Proudhom, olvidado durante tantos años, ha resurgido entre nosotros con una pequeña variante: La propiedad intelectual es un robo.

2.- Una de las reclamaciones fundamentales del movimiento progresista, al menos desde los tiempos del socialismo utópico, el derecho de cada uno a recibir una remuneración justa por su trabajo, queda cancelada en un país tan reivindicativo como el nuestro en un solo caso: cuando se trata del trabajo creativo.

3. Curiosamente, la propiedad intelectual, que tantas hostilidades despierta, es la única sometida a limitaciones estrictas, quedando sin efecto al cabo de un cierto número de años, a diferencia de cualquier otra propiedad.

4.- Hasta no hace muchos años, la izquierda reclamaba la abolición del derecho a la herencia: todas las formas de herencia son ahora sagradas entre nosotros, salvo la de los frutos del trabajo literario o musical, que son tan reducidos en la inmensa mayor parte de los casos, o del todo inexistentes. Habría grandes sorpresas si se hiciera un censo de las personas que obtienen un ingreso significativo gracias a los derechos de autor heredados de un escritor o un músico.

5.-Después las ocupaciones de fincas rurales en Extremadura en los meses siguientes al triunfo del Frente Popular y las que se repitieron, más bien desganadamente, en los años ochenta y noventa, la invasión de la propiedad ajena quedó en desuso como arma reivindicativa. Enormes latifundios son ahora explotados o dejados en barbecho por sus dueños sin que nadie se acuerde de ellos y sin que sea necesaria la antigua amenaza de la guardia civil: pero el espacio, casi siempre poco rentable y minifundista de la creación intelectual, es invadido a diario sin problema, y hasta con cierta insolencia reivindicativa.

6.- Una lectora me escribe hace poco para preguntarme con una franqueza que preferí atribuir a la candidez: ¿Qué le parece que haya páginas web en las que se pueden piratear sus novelas? A nadie le preguntan, después de sufrir un robo o una estafa: ¿Qué le ha parecido que le saquearan su cuenta corriente? ¿Está usted de acuerdo con que ese carterista se le haya acercado sutilmente en el metro quitándole el dinero y las tarjetas de crédito?

7.- ¡Pero qué tendrá que ver la creación con el dinero!, protesta el purista. ¿No dicen ustedes que escriben o componen o tocan música o pintan para expresar lo que sienten, para llegar al alma de quien los lee o los escucha? ¿No escribe usted, como García Márquez, para que lo quieran más su amigos?

8.-“Nadie se dedica a la poesía”, decía José Lezama Lima; “La poesía no da para comer, da sólo para merendar”, según Vicente Aleixandre. “Escribir en Madrid es llorar”, nos informó Larra hace más de siglo y medio. ¿En qué clase de mercaderes nos hemos convertido los escritores de ahora que aspiramos a recibir una remuneración por nuestro trabajo, incluso a ganarnos la vida con él? ¿No trabajó Kafka toda su vida en una oficina de seguros? ¿No fue ejecutivo de una compañía de seguros uno de los más grandes poetas americanos, Wallace Stevens? Y otro de los grandes, William Carlos Williams, ¿no ejerció dignamente como pediatra en New Jersey?

9.- Escribí a rachas, a lo largo de varios años, mi primera novela. No sabría calcular el número de horas, de días enteros, de meses, que dediqué a ese trabajo si los pusiera todos juntos. Escribía en las horas que debería haber dedicado al estudio en los últimos cursos de la facultad. Escribí día tras día todas las tardes el verano anterior a mi ingreso en el ejército. Escribí disciplinadamente durante mi mes de vacaciones en 1983 y también en 1984, cuando ya trabajaba en una oficina municipal. Terminé la novela escribiendo por las tardes hasta finales de mayo de 1985, y sólo al final tuve alguna esperanza de encontrar un editor. Ese editor me llamó el 31 de julio de ese año y me dijo que iba a publicar la novela. Me sudaba la mano que sostenía el teléfono y me temblaban las piernas, si bien los pies flotaban a unos centímetros del suelo. “Comprenderás que no te podemos pagar mucho”, me dijo el editor al final del todo, como disculpándose. “Sólo 150.000 pesetas”. “Ah, ¿pero encima van a pagarme?”, dije yo.

7.- Se paga poco o nada a un novelista novel, y casi nada o nada y casi nunca a un poeta. El novelista o el poeta quieren ser leídos. Quieren que les quieran más sus amigos. Quieren cumplir un sueño adolescente que no se paga con dinero. ¿Pero cobran menos, o no cobran nada, el editor que ha seleccionado el libro, el impresor que lo imprime, el empleado que carga las cajas en el almacén, el transportista que las reparte por las librerías, el distribuidor que coordina todo el proceso? ¿Deja alguien de considerar que el fabricante del papel tiene que ser remunerado, ya que el autor del libro carece de ambición comercial?

8.-¡Pero usted es una reliquia del pasado, un superviviente de la Galaxia Gutenberg! O más bien, tú te has quedado antiguo, hablando de papel, de imprentas, de tinta. Perteneces a esa tribu deplorable a la que se llama en inglés “Dead Tree People”, el Pueblo del Árbol Muerto, de la pulpa obsoleta en la que ya no tienen por qué copiarse para su multiplicación las palabras de los libros. Con una conexión ADSL y un portátil cualquiera es su propio editor instantáneo, y cualquiera puede acceder de manera rápida y gratuita a cualquier “contenido”. ¿Es gratis también el portátil? ¿Se niega alguien a pagar la factura mensual de la conexión telefónica? ¿Hay piquetes delante de las tiendas Apple exigiendo la gratuidad de los MacBooks, los iPhones, los iPods, los iPads? Y si provoca tanta indignación que un novelista o un músico recauden el casi siempre modesto porcentaje de sus derechos de autor, ¿cómo es que no hay una rebelión mundial contra las ganancias probablemente estratosféricas de Steve Jobs?

9.– En inglés, una misma palabra, uno de esos cómodos monosílabos anglosajones, free, significa dos cosas muy distintas: libre y gratuito. En cambio freedom significa libertad pero no gratuidad, lo cual ya pone un límite al malentendido.¿ Free press quiere decir por igual prensa libre y prensa gratuita? Freedom of Speech significa libertad de expresión, pero no gratuidad. En las manifestaciones tumultuosas del postfranquismo ninguno de nosotros salió a la calle con una pancarta reclamando “Gratuidad de Expresión”. Sin duda hay cosas libres que pueden ser gratis, aunque no creo que sean muchas. La libertad de prensa y de expresión no están entre ellas. Tampoco la libertad de creación. Para hablar o escribir con libertad no se puede estar en nómina de los poderosos. No hay investigación periodística seria que no cueste mucho dinero, que no requiera mucho tiempo, mucho trabajo de personas muy cualificadas en campos muy diversos. La libertad no es gratis. La gratuidad significa que son otros los que pagan. En España, en las primeras décadas del siglo XX, muchos periodistas cobraban de los gobiernos bajo cuerda, de lo que se llamaba reveladoramente fondos de reptiles. El mismo con el que se pagaba a los confidentes de la policía. Quien cobra del poder, o de grandes intereses económicos, puede permitirse la extrema baratura, incluso la gratuidad. El único lujo que no puede permitirse es la libertad de expresión.

10.- Pero son tiempos confusos. Mi esposa viaja a una ciudad del sur promocionando su última novela, y la invita a cenar la directora de un periódico. Hablan y hablan de lo que hablamos todos en el gremio, de las incertidumbres del porvenir, de la dificultad de encontrar un modelo de negocio que haga viables los periódicos en internet, de la llegada del libro electrónico y su efecto sobre el ecosistema editorial. La directora, quizás porque lo considera distinguido, se declara incondicional del libro impreso, de la felicidad de tocar y oler el papel, etc. Manifiesta la angustia por todos los puestos de trabajo que se están perdiendo en los periódicos. A continuación le cuenta a mi esposa con perfecta desenvoltura que se ha bajado gratis de internet todas las entregas de Harry Potter.

11. Haydn no se quitó nunca la librea de criado del príncipe Sterhazy. Bach se extenuó durante muchos años de su vida obedeciendo las órdenes y los caprichos y sufriendo los desplantes del cabildo de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig. Componiendo sin descanso apenas ganaba para cubrir el sustento de su numerosa familia, y con frecuencia lo atormentaban las mezquindades económicas de sus patronos. Todavía muy joven, Mozart se negó a seguir siendo un criado en la corte del cardenal arzobispo de Salzburgo. El precio de la libertad era la incertidumbre económica: ahora dependía de los encargos privados, de sus ingresos como virtuoso, del favor del público. En la siguiente generación, Beethoven se ganó la vida como un profesional independiente. Ser libre no era gratis, ni para él ni para quienes elegían disfrutar de su música. Sus sinfonías requerían espacios y públicos mucho más amplios que los que cabían en los salones de los palacios de la aristocracia: para escuchar la novena había que pagar una entrada. Para que una sinfonía de Beethoven llegara entonces y llegue ahora a existir no sólo hace falta el talento o el genio o la inspiración de Beethoven. Hace falta el trabajo de muchos músicos adiestrados durante mucho tiempo. Hace falta la solvencia artesanal de los fabricantes de instrumentos. En unas décimas de segundo te bajas al mp3 la novena sinfonía y parece que ha surgido sin esfuerzo de nadie en ese mismo instante.

12.-¿Pero es seguro que componer o tocar sea un trabajo? ¿No depende el músico, igual que el poeta, de la inspiración? ¿No nace tocado por el genio? Beethoven, con su ceño sombrío, con su sordera que lo aislaba del mundo; Mozart, con aquella risa loca y aquellos modales atolondrados que a todos nos hacen tanta gracia en la película Amadeus, el genio juvenil de la peluca torcida, dotado de facultades sobrehumanas, capaz de componer tan fluidamente como respiraba. Haydn, cada mañana, antes de empezar el trabajo diario, se arrodillaba en su estudio y le pedía a Dios que le mandara la inspiración. Wagner literalmente soñó el acorde básico del Anillo del Nibelungo. Paul McCartney soñó de principio a final Yesterday. Coleridge soñó entero su largo poema Kubla Khan.

13.- Otro malentendido: si en la creación artística interviene de una manera tan decisiva el sueño, la inconsciencia, el arrebato de inspiración, ¿qué tiene eso que ver con el trabajo? Pero la inspiración, el golpe afortunado de azar, también intervienen en otros campos del conocimiento y la experiencia, y eso no rebaja ante nadie el valor de sus logros. Un deportista o un científico también resuelven de golpe y como en un relámpago de claridad dificultades que en estado normal les parecieron insolubles. En medio de la tensión agotadora de un juicio un abogado ve surgir en su imaginación el argumento definitivo para ganar un caso. Y siempre, sin excepción, en cualquier ámbito de trabajo muy especializado, la súbita iluminación sólo se presenta al cabo de mucho tiempo, de mucho esfuerzo y mucha paciencia, de un largo y meticuloso aprendizaje en el que no hay atajos. El talento musical de Mozart tenía sin duda un componente innato pero sólo se desarrolló en su plenitud gracias a las enseñanzas y a la disciplina de un profesor excepcional, que era su padre. El golpe de azar que permitió a Fleming el descubrimiento de la disciplina no habría existido sin la perseverancia de muchos años de laboratorio. Nadie discute al científico, al abogado, al ingeniero, al deportista, el derecho a recibir una recompensa por sus esfuerzos, recompensa que en parte asegure su subsistencia personal y en parte sostenga el costo de una tarea de aprendizaje y experimentación que casi nunca es solitaria y nunca se ejerce en el vacío. Sólo al escritor y al músico se le discute o incluso se le niega ese derecho.

14.-En Londres, en una exposición de Whistler, una señora se acercó al pintor y le preguntó, “Señor Whistler, ¿cuánto ha tardado usted en pintar este cuadro?” Y Whistler respondió: “Toda mi vida”. La obra de arte, el libro, la partitura, el cuadro, producen incomodidad porque sus límites son mucho más imprecisos que los de la mercancía, y porque son, simultáneamente, muchas cosas que parecen incompatibles entre sí. En pintar aquel cuadro por el que le preguntaba la señora Whistler tardó un tiempo que podría medirse con cierta aproximación pero que a la vez era ilimitado, porque ciertamente incluía toda su experiencia, y no sólo como pintor, sino también como viajero, y como observador de las cosas, y también los estados de ánimo sucesivos que habían ido afilando su sensibilidad, y también todas las horas tediosas de aprendizaje copiando escayolas al carboncillo. El cuadro era el fruto del trabajo y también de una actividad muy parecida al juego, porque se justifica por sí misma y tiene en sí misma su propia recompensa. Era un regalo, una cosa intangible, y también un producto comercial, con un precio en el catálogo. Pero también su precio como objeto y su valor como creación estética están sujetos a variaciones innumerables. Una obra de Rembrandt podía costar en el mercado de Amsterdam menos que unos bulbos de tulipán.

15.-Todo necio/confunde valor y precio”. Los dos versos de Antonio Machado nos llevan a otra incertidumbre. Es de necios atribuir un valor más alto a algo en virtud del precio que venga en la etiqueta, pero también lo es juzgar que no vale nada lo que no cuesta nada. Esta confusión se da mucho cuando una economía de mercado coincide con un estado de bienestar, especialmente en sociedades clientelares con una baja calidad de ciudadanía. En España, para ser exactos. Por una parte están los productos comerciales que se envidian y se celebran no por un valor intrínseco sino por el precio exigido por ellos, que resalta su cualidad de fetiches: una marca de ropa, un coche, una entrada para un acontecimiento deportivo, una bebida, cualquier cosa. Incluso cuanto mayor sea la distancia entre el costo objetivo y el precio de venta más poderoso será el reclamo del valor. Por otra parte están todos aquellos bienes que no se aprecian ni se respetan y de los que ni siquiera se tiene conciencia porque no cuesta nada o casi nada acceder a ellos. Los primeros, los más caros, suelen ser superfluos; los segundos son imprescindibles. Pero eso no hace que estos últimos se valoren más, y menos aún que se agradezcan: me refiero, por ejemplo, al agua potable, a la educación pública, a la sanidad pública, a los espacios públicos, a la seguridad de ir por la calle.

16.- Lo que no cuesta de manera inmediata y visible, no se valora. El necio no ve valor donde no ha visto precio. Lo que no se valora no se administra y no se cuida y por lo tanto puede perderse. En una sociedad de muy escasa protección social, como la norteamericana, el precio de las cosas está siempre visible, y los servicios más necesarios han de ser pagados de una manera tan inapelable que difícilmente se olvidará nadie de su valor: cuánto cuesta mandar a un hijo a la universidad, cuánto ponerse enfermo. En sociedades de alta protección social, pero también de alta conciencia cívica, como las escandinavas, el ciudadano adulto sabe cuánto cuesta las cosas y qué difícil es mantenerlas, así que no olvida que el precio del bienestar es la excelencia, y que cada derecho implica una estricta responsabilidad, igual que cada deuda requiere su pago.

17.- El tercer modelo es el español, y en mayor o menor medida el de otros países del sur de Europa. Los bienes comerciales son sacrosantos y más valiosos cuanto más caros sean. Los bienes sociales son gratis y por lo tanto carecen de valor, porque nadie informa y nadie hace preguntas sobre su precio. La demagogia de los  gratuito y la maraña clientelar son el suelo fértil y parcialmente podrido en el que arraiga una hipertrofiada clase política. A la clase política le interesa fomentar más la dependencia que la soberanía, el narcisismo que la responsabilidad, el victimismo que el reconocimiento de los propios errores. Tienes derecho a todo porque sí, por tu bella cara, porque eres joven, porque naciste aquí y no en la comarca de al lado, porque el político que sonríe en el cartel electoral es tan generoso como un padre, no es un político sino un colega, es alguien como tú. Tienes derecho a que te atiendan de inmediato en urgencias si te duele la barriga y tienes derecho a denunciar al médico si te parece que no te ha prestado la atención que tú mereces. Tienes derecho a una plaza universitaria cerca de casa y tienes derecho a no ir a clase. Tienes derecho a una línea de autobuses de primera calidad y, en determinadas comunidades autónomas españolas, tienes también todo el derecho a quemar alguno de ellos. En este panorama, el bajo precio o la gratuidad de los bienes culturales más llamativos ha sido un recurso cultivado con ahínco desde los primeros años de la democracia, concretamente desde que se celebraron las primeras elecciones municipales y se establecieron las autonomías.

18.- Lo indiscriminado se confundía con lo igualitario; lo gratuito con lo democrático. De un año para otro, las mayores estrellas de la música pop o rock actuaban en los pueblos más pequeños en conciertos gratuitos. Los promotores privados de espectáculos fueron barridos por la generosidad sin competencia posible del dinero público. Durante muchos años, las fiestas populares y las programaciones teatrales las habían organizado empresarios que se las arreglaban para obtener siempre un cierto beneficio: de pronto el único empresario fueron las administraciones públicas, que no tenían problema en pagar mucho y no recaudar nada y en acumular deficits monstruosos. Pero no sólo desaparecieron los promotores privados: también las compañías modestas de teatro, los artistas de mediana o pequeña cuantía que se ganaban la vida en aquellos pueblos y ciudades pequeñas que no podían permitirse contratar a las primeras figuras.

19.-Nadie sabrá nunca cuánto dinero público se ha gastado en España en los últimos treinta años en conciertos gratuitos de rock, en festivales de teatro sin público, en carnavales oficiales y lánguidos, en tradiciones inmemoriales recién inventadas, en ferias y fiestas y en carreras de mozos beodos delante de vaquillas. El economista Guillermo de la Dehesa ha calculado el importe del despilfarro que significan las plazas de universitarios que abandonan la carrera después de uno o dos años, pero son cifras que se esconden, como las deudas de los hijos tarambanas en las familias antiguas. Ahora empiezan a llegar facturas inapelables, pero la deuda es tan colosal que la seguirán pagando las generaciones futuras, a las cuales no les estará permitido el espejismo en el que todavía siguen viviendo una parte notable de nuestros compatriotas: que los bienes sociales, entre ellos la educación y la cultura, es decir, el fruto de la creatividad humana, son gratuitos.

20.- A diferencia de la sanidad, de la educación, del agua corriente, los bienes culturales no son inmediatamente necesarios, lo cual no quiere decir que no puedan producir y produzcan en ocasiones una cuantiosa rentabilidad. Basta pensar en la industria del libro, en la que España es puntera en el mundo, o en el beneficio que nos deja a todos la enseñanza del español o el Museo del Prado, por poner dos ejemplos que me son muy queridos. No se puede vivir sin agua potable en condiciones, según saben amargamente los cientos de millones de personas que no disponen de ella en el mundo, pero sí se puede vivir sin libros, canciones, películas o cuadros. Incluso se puede vivir sin una prensa libre. Ahora bien: si esos  nos importan, y parece que sí, y a muchos de nosotros, tendremos que ayudar a su existencia. Si les concedemos valor nos será necesario atribuirles un precio, y decidir cómo lo pagamos. Puede que el artista, el escritor, sea tan generoso y tenga tan poca simpatía por los mecanismos del mercado que prefiera entregar su obra libremente, gratuitamente, a quien desee disfrutarla. Aun así habrá que pagar la tecnología y el trabajo de las personas que hacen posible la transmisión de la obra, y hasta su misma existencia.

21.- Personalmente, no pido mucho. No quiero recibir un sueldo del Estado por escribir, igual que Mozart no quería estar a merced del salario de un arzobispo caprichoso. Escribir novelas es mucho más barato que producir y dirigir películas o montar óperas, así que mis gastos profesionales son reducidos, y no necesito préstamos ni subvenciones para completar mi trabajo. Mi mayor inversión es en tiempo, pero como lo que hago nadie me lo ha pedido tampoco nadie tiene obligación de sostenerme mientras me dedico a ello, igual que yo no tengo la de entregar un resultado aceptable en un cierto plazo. No hay una manera segura de calcular el tiempo que cuesta escribir una novela. Uno a veces llevaba años escribiéndola sin darse cuenta cuando de pronto tiene claro que está empezando la primera página. Uno no sabe si la terminará, y no tiene la menor idea de cómo será recibida por los lectores y los críticos. Lo mismo puede ser un éxito que un gran fracaso. Lo más normal es que el resultado quede muy por debajo de las expectativas que uno puso al principio.

22.- A cambio de todo esto, lo único que pide el novelista es que, si alguien se siente tentado de leer su libro, pague un precio por él, igual que lo paga por un café con leche o por una entrada de fútbol o por un viaje en tren o una comida en una cafetería, ni siquiera en un restaurante. Veintitantos euros, como máximo. En el caso de una edición electrónica el precio será sustancialmente menor, porque son menos los intermediarios y los costes. De ese precio, la parte más pequeña es precisamente la que se queda el escritor. Casi nunca más del diez por ciento, del cual que hay que deducir los impuestos y la comisión del agente. Menos que la editorial, menos que el librero, bastante menos que el distribuidor. Un libro lleva sólo el nombre de su autor en la portada, pero es como esos árboles que contribuyen a la subsistencia de una rica variedad de especies de plantas, insectos y pájaros.

23.-Sin necesidad de piratería, el libro puede ser leído gratis en la biblioteca pública. Cuantas más hayan y mejores sean y puedan adquirir más libros los precios podrán bajar gracias a una demanda más segura y a mayores tiradas. Cuanto mejores sean las escuelas y más se difunda en ellas el hábito de la lectura más fácil será que los libros bajen de precio. Cuanta más afición haya por la música más conciertos podrán programarse y más músicos podrán tener un trabajo digno.

24.- Escribir novelas, componer música, tocar un instrumento, son tareas vocacionales cuya finalidad última no es la ganancia, pero que requieren tanto tiempo y tanta entrega que difícilmente son compatibles con la dedicación a otros oficios. La vocación se convierte en trabajo, y el trabajo, todo trabajo, merece una remuneración  por parte de quien se beneficia de él. No se nos pide que paguemos las aficiones de otros. Pagamos con gusto el café sabroso que nos sirve un camarero, el trabajo del conductor del autobús que nos lleva a casa, el del ingeniero que ha diseñado nuestra lámpara de lectura, el del obrero que la ha ensamblado, el del comerciante que nos la ha vendido. Pero, mientras tomábamos café, íbamos el autobús, elegíamos el sillón junto a la lámpara de lectura, no consideramos justo pagar una cantidad mínima al autor del libro que hemos venido leyendo, y que nos tenía tan absortos que casi nos hemos dado cuenta del sabor del café ni del trayecto en autobús, y menos todavía al autor y a los músicos y al ingeniero de sonido gracias a los cuales fluían en los auriculares del mp3 nuestras canciones favoritas.

25.- Más allá de su condición de objeto material y de su precio como mercancía, percibimos siempre la obra de arte como un regalo, como un  don que hace mejor la vida. Quien recibe un don, ¿no siente un impulso de reciprocidad, de puro agradecimiento? ¿No se deja de merecer el regalo cuando no se corresponde? Si te ha gustado tanto esa película, ¿no crees que su director, sus actores, los técnicos, los encargados del transporte, el guionista, tienen derecho a que se les recompense?

26.- Pero bien mirado, y llegados a este punto, las 25 reflexiones o divagaciones anteriores son superfluas. Se roba el fruto del trabajo creativo por la simple razón de que robar es tecnológicamente sencillo y no tiene peligro ni está mal visto socialmente, dado que en España hay muy poco respeto a las tareas de la inteligencia y que los poderes públicos prefieren no arriesgarse a perder votos o popularidad haciendo respetar los derechos legítimos de una pequeña minoría. El día en que sea factible bajarse gratis por internet lavadoras, televisores de pantalla plana, muebles de cocina y menaje del hogar, quien hablará en esta tribuna será un gerente del Corte Inglés, que les hará perder a ustedes media hora de su tiempo explicándoles la dignidad del comercio y la conveniencia de pagar los artículos antes de llevárselos.

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80 Comments

  1. El precio es la barrera para que el público llegue a tu obra. Cuanta más alta sea la barrera, menos conseguirán saltarla.
    Si no hay barrera (gratuidad) tienes un público potencial enorme, y toda esa atención tiene mucho valor (¿Cuanto vale Facebook?)
    Así que, creador, si no puedes hacer tu producto gratis, porque no sabes sacarle la rentabilidad a la atención, haz que tu producto valga lo menos posible y para ello tienes que prescindir de todas las sanguijuelas intermediarias.
    ESTAMOS EN LA ERA DE LA CREACIÓN. Nunca ha sido tan fácil e inmediato acceder al público ni hemos tenido las herramientas que tenemos ahora.
    ¡Aprovechadlas! Y no pongáis al público en vuestra contra.

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  2. Algunos comentarios muy rápidos: 1. Para mí, la clave está
    en que un significativo número de internautas no ven éticamente
    reprobable descargarse obras sujetas a derechos de autor. 2. ¿No se
    pueden poner puertas al campo? ¿Para qué nos molestamos entonces en
    desarrollar el código penal? Si un a mayoría de miembros de esta
    sociedad considerara las conductas perseguidas en éste aceptables,
    su eficacia se vería notablemente mermada. Ese es el eslabón que
    echo en falta. Educación. Civismo. 3. A falta de civismo, se buscan
    atajos. Canon, medidas coercitivas. ¿Contribuyen a que la opinión
    pública reaccione en la línea deseada por los defensores de los
    derechos de autor? ¿A ganar adeptos? 4. Desencanto. Un número
    significativo de creadores se sienten más desamparados al comprobar
    que una parte importante de la clase política no parece mostrar
    interés en defenderles. 5. Los que tienen más que perder no son los
    grandes popes de la cultura popular; sino aquell@s que hasta la
    fecha han logrado ganarse la vida con su arte, o un sueldo
    trabajando para la industria, y que ven amenazados esos ingresos,
    su propio puesto de trabajo. 6. La industria ha buscado, busca y
    buscará maximizar beneficios. Porque esto es una industria, no lo
    olvidemos. El que crea que esto es sólo cultura estará firmando la
    defunción de un sector. Aunque suene duro, el dinero os hará
    libres, hijos míos. 7. Utilizar el punto anterior como excusa para
    justificar lo que está sucediendo me parece un argumento bastante
    débil. Si hay quien está en contra de la aplicación de los derechos
    de autor y por la distribución gratuita de las obras en internet,
    debería perseguir que la legislación ampare su postura. Si hay
    quien considera abusivos los precios de discográficas y
    editoriales, lo mismo. 8. Dicho esto, tampoco me parece serio que
    se busque resolver lo que algunos consideramos una injusticia
    implantando un canon. Ojo, que a diferencia del caso anterior, este
    canon tuvo un respaldo político. Y que pelar contra el mismo ha de
    hacerse en las cortes, no con más descargas. 9. La industria
    editorial y sus actores tiene varios espejos en los que mirarse: la
    industria musical, los medios de comunicación escritos. Cuántos
    artistas publicaban disco hace quince años y publican ahora.
    Cuántos autores publican libros en papel ahora y cuántos publicarán
    en papel en quince años. Cuantas publicaciones periódicas… 10.
    ¿Causas? No sólo el fenómeno de las descargas en internet.
    Escarbando en esta sociedad tan nuestra, un grupo cada vez más
    significativo de consumidores y responsables de la industria nos
    sentimos más seguros apostando por un producto contrastado en un
    mercado exterior que por un producto nuevo, venga de dentro o de
    fuera. Me da igual que hablemos de jugadores de fútbol, artistas,
    escritores. 11. A los músicos les quedan las actuaciones en
    directo. Pero ¿y a los escritores? Termino. Una cosa es la ética y
    otra la realidad. La ética no dará de comer a los perdedores de
    esta historia salvo que se obre un milagro con la opinión pública.
    Las claves para sobrevivir: adaptarse a eso que muchos llaman (de
    forma algo simplista, en mi opinión, y sin ánimo de ofender) nuevos
    tiempos. ¿Cómo ganan dinero en la industria de los videojuegos? Una
    parte muy importante de los ingresos vienen de la comercialización
    del dispositivo. Pocas plataformas copan el mercado; éstas sólo
    tienen sentido si hay novedades periódicas. Indirectamente
    financian a los fabricantes de videojuegos. Por supuesto hay venta
    directa, pero también mucha descarga gratuita. ¿Cómo ganan dinero
    los gigantes de internet? Pues mediante la falacia de lo gratuito.
    Negocio (en mi opinión, por supuesto discutible) perverso, en el
    que por paradójico que parezca, una mayoría de consumidores se
    siente cómodos. Google, Facebook me dan un servicio de calidad en
    apariencia gratuito, a cambio de mercadear con mis datos
    personales, con mi perfil, con la publicidad a la que me expongo. Y
    de montar un internet dentro de internet; tratando de retenerme,
    que no salga al exterior. Me garantizan acceso a unos contenidos,
    me ponen en contacto con personas afines a cambio de expresar mis
    gustos, mis aficiones… es con eso con lo que gana dinero
    quienquiera que esté al otro lado. ¿Alguien se atreverá a ponerle
    el cascabel al gato? Veremos cómo evoluciona el negocio de
    Internet, por de pronto El País ya montó su propia red social…
    Vaya, dije que sería breve, y menudo ladrillo he soltado.

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  3. No estoy de acuerdo. No tengo tiempo de exponer mis ideas
    sobre este tema. Toda mi obra puede ser copiada gratuitamente sin
    un ánimo de lucro.

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  4. En algunos comentarios se habla de internautas delincuentes, de momento la copia personal y el P2P no son delito en España, la piratería como acto delictivo no está contemplada en nuestra legislación.

    Por otra parte, desde el momento en que se nos está cobrando un canon preventivo por cada soporte digital que compramos, aunque sea para guardar nuestro trabajo ya estamos pagando, el problema está en un modelo de negocio agotado y que carga los anhelos de Miami de unos en los bolsillos de los consumidores, con precios en ocasiones, imposibles.

    En cuanto a considerar cultura todo lo que se publica o se compone o se rueda. La mayor parte es puro entretenimiento con ínfulas y pretensiones.

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  5. Hola a Todos:

    Casi todos los argumentos expuestos por el señor Muñoz son claros, parcialmente emotivos (como le corresponde a un -buen- novelista) y mayormente sensatos.

    Me atiza, no obstante, la confusión existente: la de creer que solo existen los que pagan todo -incluso el arte que consumen en la Red-, y los que no quieren pagar este último de ninguna manera.

    ¿Es realmente así? ¿Todo es (solo) tan blanco y tan negro?

    Personalmente, no bajo ninguna canción ni libro de la Red, pero tengo varias preguntas. Por ejemplo: ¿por qué los que evaden impuestos o los que pagan para encontrar huecos en la ley y así pagar menos imposiciones fiscales no son también llamados Piratas?

    Le he prestado atención a este artículo y he invertido mi tiempo leyéndolo.

    ¿Me va a pagar el señor Muñoz por mi atención y mi tiempo? ¿Por estos comentarios?

    Me podría responder: “Sí, si usted me paga primero por la lectura”.

    De acuerdo, digo yo. Ponga su precio, que yo pondré entonces el mío.

    ¿Ya está claro que en este debate se olvidan muchas interacciones que deberían ser incluidas en él?

    Cuando alguien escucha una canción de Alejandro Sanz, por decir, y le gusta y lo comenta con sus amigos y la escucha con ellos.

    ¿Le paga Sanz a esa persona por el Trabajo de Propaganda y Relaciones Públicas que le ha permitido tener más ganancias? ¿La hará partícipe de sus mayores ganancias futuras?

    Por otra parte, es justo ganar por el trabajo que se hace. Creo que en esto no hay discusión alguna.

    ¿Debería haber un límite en esa ganancia o no?
    ¿Tendría derecho alguien a quejarse porque la piratería de algunos le impide comprarse su yate o su mansión número n?

    Supongamos que sí.
    Entonces también todos aquellos que contribuyeron a hacer famoso, conocido y exitoso comercialmente a ese autor, deberían seguir ganando junto con él, ¿no?

    ¿Por qué será que los que más ganan son los que también más se quejan en este asunto?

    No me refiero a Muñoz, patentemente.

    Pero todos los creadores, y me incluyo, deberíamos tener claro que si queremos cobrar sin resquicios, sin que se escape un centavo, también tendríamos que pagar por otras creaciones intelectuales que nos permiten nuestro trabajo diario y nuestras posibles ganancias:

    Pagar a las o los inventores (y sus herederos) del alfabeto, de la notación musical, del papel, de los instrumentos, de la composición del teclado, de los géneros musicales y literarios, de las técnicas de pintura y filmación.

    Pero, también, pagar a las personas que hacen posible la existencia de otras personas (y lo hacen con el mayor trabajo y esfuerzo: las madres): porque para que podamos leer, ver o escuchar una obra de arte, es necesario que existan personas.

    Pagar a las personas que más trabajan en nuestros primeros años para que podamos nacer y aprendamos a leer, escribir y entender las cosas: las madres, las maestras de primaria, principalmente.

    ¿Ya pensaron Sanz, la Rowling y demás, en todos ellos (y sus herederos) al momento de hacer sus cuentas financieras?

    Sí, cobremos más y no dejemos que ninguna de nuestras obras se quede sin ser cobrada (si así lo deseamos).

    Pero, también, reconozcamos nuestra obligación de pagarle su parte a todos los descendientes de los que hicieron posible la música, la escritura y en general el arte sobre este planeta.

    Por mi parte, me gustaría cobrar por mis novelas de acuerdo a los ingresos de quienes deseen leerlas.
    Pero también compartiría mis ganancias con aquellos primeros lectores que ayudaran a su difusión por simple convencimiento.

    Sin ellos no somos nada los creadores y sin embargo ningún Quejoso Mayor se acuerda de ellos cuando se habla de ganancias y de cobros.

    ¿Cuándo empezarán a compartir sus ganancias todos los Creadores (que ganan de lejos más que para vivir ‘en condiciones’) con todos los que han hecho y hacen posible (y sus herederos) la creación y la difusión de su arte?

    Saludos cordiales de Comienzo de Año desde estas nieves alemanas.

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  6. Parece que olvidé identificarme…

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  7. Apenas he ganado unos pocos euros -o incluso pesetas- con
    mis libros; no podría precisar cuántos pero sí, con seguridad, que
    muchos menos que lectores -pero yo hablo de poemarios, por
    supuesto-. Con todo, y aún entendiendo las argumentaciones de casi
    todos, sigo pensando que el libro, como objeto sujeto a las
    transacciones del mercado, sí debe generar plusvalías… y de
    hecho, aunque de forma casi anecdótica, sí que las genera… Pero
    su contenido… ¿Por qué habría de generarlas su contenido? Su
    difusión libre y gratuita no sólo no menoscaba mi condición de
    autor sino que, al contrario, la refuerza y le acaba dando un
    sentido último que, aún resultándome ajeno, no me parece, en
    absoluto, perverso. Ser leído… Un saludo!

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  8. No puedo estar más de acuerdo, amigo de Felipe. Algo tiene que ver su argumento con el expresado un poco antes por Montero.

    Saludos a los dos en el primer día del año.

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  9. En el último número del New York Review of Books hay un
    artículo del director de las bibliotecas de Harvard que describe el
    monopolio de la industria del conocimiento con sus abusivos precios
    y condiciones en el ámbito académico, y también recoge las
    iniciativas, unas fracasadas y otras en curso, para tratar de
    contrarrestarlo y favorecer así a la creación, porque incluso
    instituciones tan prestigiosas y poderosas como las universidades
    americanas son impotentes frente a la rapiña insaciable de las
    empresas “culturales”. También el malogrado Tony Judt en su libro
    póstumo “The ill fares the land” menciona la complicidad de la
    moderna socialdemocracia con las demandas de mayores beneficios de
    los oligopolios que proveen los servicios públicos y del
    aseguramiento de estos beneficios en cualquier circunstancia aunque
    sea a costa del interés general. Seamos pues también críticos con
    esa industria “cultural” abusiva y con las leyes que consiguen
    inducir en su beneficio con su gran poder, al estilo de las
    eléctricas, de los terratenientes subvencionados de las energías
    renovables o de las constructoras concesionarias de autopistas.
    Promovamos por tanto nuevos modelos de creación y difusión de
    productos culturales y de ocio que sean sostenibles, universales y
    accesibles. Modelos que permitan a los creadores disfrutar del
    fruto de su trabajo (no para necesariamente convertirse en
    millonarios unos pocos y en poco tiempo, como futbolistas y
    famosos) en un mercado abierto y transparente y que no esté
    manipulado por el artificio del marketing deshonesto orientado a
    hacernos siervos permanentes de su monopolio, como hacían los
    almacenes de suministros de mineros y agricultores –estaría
    entonces justificada la expropiación de la tierra para el que la
    trabaja, y la cultura de dónde sale que no sea de todo el bagaje
    acumulado por la tradición creadora de todos nuestros antecesores
    desde que el mundo es mundo…

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  10. Con permiso, Antonio, tus argumentos con remordimiento me llegan al alma pero te quiero invitar a que lo leas de la siguiente manera:
    Tú pagas mensualmente por una línea de conexión. Pagas a un monopolio, pienso que se está pagando lo suficiente para que todos los creadores, de todas las disciplinas, perciban una cantidad dependiendo de las descargas a partir de los beneficios del tal monopolio . Ese es el fondo. No hay que perseguir a los piratas, no, todo lo contrario. Lo que hay es que enfrentarse al corsario. Los creadores -aquí me incluyo pues yo también sé hacer circulitos cuando orino- los creadores hemos de negociar con el monopolio, “con el corsario” y no ponernos a perseguir piratas utilizando el chantaje emocional. Somos herederos de aquél que contaba embustes por las tabernas de los puertos de laGrecia antigua, a cambio de unas monedas. Pienso que Homero sabía bien qué hacer cuando no echaban monedas: “Hablar con el dueño de la taberna”.
    Lo demás es perder el tiempo.
    Un saludo del Glez a todo el blog.

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  11. Primero, ¿qué tiene que ver todo lo que ha dicho con la Ley
    de Economía Sostenible (Ley Sinde) que pretendía cerrar paginas web
    sin autorización judicial? ¿Seria justo que sus novelas pasaran por
    una comision previa antes de salir a la venta que pudiera aprobar o
    denegar su publicación? Le puedo decir que hasta ahora he leido 2
    libros suyos y no he pagado por ninguno de los dos. El primero me
    lo prestaron (¿Qué diferencia hay entre que el libro me lo preste
    mi vecino de al lado o que me lo preste en su version digital un
    amigo de Honduras?); y el segundo lo cogí de la BIBLIOTECA (¿habría
    que cerrarlas?) Saludos de un paisano galduriense.

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  12. En fin, a veces las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen, ¿verdad Antonio?

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  13. Acabo de comprarme el “Microcosmos” de Béla Bártok por 15 dólares en iTunes.

    Y me da cierto remordimiento disfrutar tanta música por los diez euros escasos que pago al mes por Spotify.

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  14. Hola fesja,

    luego trataré de leer tu texto pero, ya que puntualizabas, te pregunto sobre tus puntualizaciones. ¿No se pueden comprar online música, libros y películas? ¿En serio lo dices? ¿Te parece mucho 0,99€ por un tema musical o 9,99 por un disco completo?

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  15. Soy una profesional del audiovisual y la verdad es que no
    entiendo del todo el debate sobre los derechos de propiedad
    intelectual que está teniendo lugar durante las últimas semanas.
    Siempre pongo el mismo ejemplo, si usted va a El Corte Inglés y
    decide llevarse una lechuga porque considera que es muy cara o
    porque simplemente no le apetece pagarla, a la salida le estarán
    esperando unos señores que se dedican a velar por la seguridad del
    establecimiento, es decir, por los dueños del centro comercial. Es
    ilegal ir a El Corte Inglés y llevarse una lechuga sin pagarla
    previamente. ¿Por qué es legal robar una película o un libro? Tal
    vez vivimos en un país donde la cultura no tiene el valor que
    merece. ¿Por qué el derecho de propiedad intelectual es el único
    derecho cuestionable a día de hoy? Por desgracia, en este último
    año estoy viendo como el sector audiovisual español está sufriendo
    una crisis enorme que está afectando a muchos profesionales. Tengo
    unos cuantos amigos en paro y sin posibilidad de trabajo (ni de
    paro, en el caso de los autónomos, casi todos). Muchas
    distribuidoras y empresas están quebrando en medio de una terrible
    crisis económica, tecnológica y de “principio éticos y/o de
    justicia” (por ponerle un nombre). Algunos de estos amigos, se
    están teniendo que ir a otros países a desarrollar su trabajo. Tal
    vez algún día cuando consigan demostrar su valía en mercados en
    orden y donde no se ponen en duda cuestiones de legalidad y básicas
    dentro de un sistema democrático y avanzado, tendrán la
    nacionalidad americana por ejemplo y ya no serán españoles. Pero al
    fin y al cabo, el legado cultural y artístico no es importante para
    un país (en el que nací, al que adoro y del que muchas veces siento
    vergüenza) como el nuestro. Espero no tener que emigrar de mi
    tierra, pero si me toca hacerlo, siempre lo haré con la alegría y
    el orgullo de haber nacido en un lugar que vivió una Edad de Oro y
    que hoy cuenta con grandes figuras en el ámbito de la cultura.
    Gracias a todas esas personas que llevan la marca de España por
    todo el mundo, que hacen que se nos conozca por logros positivos.
    Me gustaría saber qué habría pasado si en vez de robar películas
    por internet se robaran lechugas, barras de pan o por qué no,
    productos financieros, término tan de moda hoy en día. El problema
    es de base, cultural, pero los profesionales no debemos tirar la
    toalla, tenemos que seguir peleando contra viento y marea. Nunca
    fue fácil la cultura. Enhorabuena por el artículo.

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  16. hola antonio y comentaristas varios, os invito a leer mi
    artículo sobre lo que considero que debería ser una buena Ley
    Sinde: modelos de negocio y reforma de la Propiedad Intelectual. Lo
    pondría aquí pero me ha quedado un pelín largo (muy completo)
    http://www.econectados.com/2010/12/lo-que-deberia-ser-la-ley-sinde/
    Pero una corrección, no estamos diciendo que sea gratis la musica,
    peliculas o libros, si no que para empezar se puedan comprar online
    (ahora no se puede) y que tengan unos precios y unas condiciones
    justas. Algo que ahora no existe.

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  17. Emilia, acabo de venir del cine. He pagado 7 Euros por ver
    “Poesía”. ¿Es caro ver una película por ese precio? Sobre música.
    Existe en internet la posibilidad de descargar música legalmente
    por un precio de 0,99€ un tema o 9,99€ el disco completo. ¿Es caro
    pagar 1 euro por un tema o 10 por un disco completo? Sobre el miedo
    a la legislación de internet. Ya se legisla. Por ejemplo, si uno es
    difamado puede poner la correspondiente denuncia ya sea una
    difamación recogida por la prensa que si figura en un blog. No creo
    que haya que exagerar, simplemente se trata de que, ya que no es un
    mundo aparte sino que es parte del mismo que habitamos, las normas
    justas se apliquen por igual.

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  18. Feliz navidad a todos!

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  19. Buena noche y felices navidades a todos

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  20. Creía haber enviado un comentario, pero igual he hecho algo raro o lo he anotado en otra entrada.

    Lo que quería decir es que, en esta polémica surgida a raíz de la Ley Sinde o Antipiratería, yo estoy a favor de poner límites a las descargas de contenidos digitales que lesionen derechos de autor.

    También digo que sería conveniente que se abaratasen precios, sobre todo en música y el cine, y que se favoreciese su compra legal por Internet a precios razonables.

    Finalmente, me da un poco de miedo que se legisle sobre Internet, en la medida en que esto pueda ser aprovechado por algunos gobiernos para, al socaire de estas medidas legislativas, restringir la libertad de que ahora mismo se respira en la Red, libertad que es una garantía de control de los poderes públicos por la ciudadanía.

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  21. Hola a todos, estoy muy liado con los preparativos de la cena, tengo familia en casa y acabo de comenzar a leer el artículo de Antono MM. No lo he terminado, lo haré más tarde. Tampòco he leído todos los comentarios. No logro entender a los que se vanaglorian de no pagar por lo que consumen, pero por otra parte creo que muchos autores (como nuestro anfitrión) no se verán muy afectados por la piratería porque él escribe literatura, escribe arte, no productos. Creo que sus seguidores seguiremos pagando por sus libros y por los de otros escritores y también por los discos de muchos músicos. Con esto no justifico el robo, que creo que es algo que afecta a otro tipo de creadores superventas. No me imagino a muchos lectores pirateando a Javier Marías, ni a Kureishi, ni a Marsé, ni a Muñoz Molina ni a muchos otros. Recomieno la lectura de este artículo de Juan Cruz.

    http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2010/12/descargas-y-t%C3%B3picos.html

    Feliz Nochebuena a todos.

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  22. Seguro que ya estáis casi todos empezando a ataros la servilleta al cuello, dispuestos a hincarle el diente a sabrosos manjares, en plan Carpanta. Pero para mí son todavía las diez y media de la mañana y, por cierto, una mañana muy fría, con hielo por doquier.
    Antonio y Elvira, os deseo que paséis unas fiestas felices y tranquilas.
    A los demás invitados de este blog, os deseo lo mismo.
    Felices Pascuas.

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  23. Lo que escribí es una exageración a modo de ejemplo de la idea que quería transmitir: si los sueldos medios en éste país son de 1000€, el precio de los libros es alto con respecto a esos sueldos.

    Tengo carnet de biblioteca y saco de allí todo lo que puedo, pero me queda una duda: ¿si todos sacamos libros de las bibliotecas de qué vivirían los autores?

    Con respecto a la piratería, lo veo tan fácil y tan claro que no entiendo tanta controversia: que los originales (discos, libros, películas, etc…) se vendan tan baratos que no merezca la pena ni gastarse dinero en CD’S vírgenes, ni en perder tiempo en buscarlos por internet.

    Soy visitante asiduo de tiendas de 2ª mano de discos y libros y compro mucho por internet en webs como iberlibro y uniliber (Un ejemplo: tengo un ejemplar usado de “El Jinete Polaco” con una dedicatoria a una novia que tuvo el anterior propietario (quién sabe, lo mismo hasta es otro lector más de éste diario).

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  24. Querido Montero Glez: gracias por la aclaración. Es desconcertante, porque, tal y como lo cuentas, lo que entiendo es que cabe la posibilidad de que te estén ¡robando a ti quien debería pagarte! Y en ese caso, pues no sé, tenemos un código penal que creo te ampararía. Déjame ser de barrio y decirte: he flipao con tu explicación.
    Y mil gracias por la atención, y por los inquietantes matices que añades en este debate.
    Salud!

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  25. Había entrado solo para felicitar al personal, pero viendo cuál es el tema del día, y tras haber leído los comentarios, quiere añadir esto: suscribo con entusiasmo, una a una, las certeras y honestas palabras de mi amigo Montero Glez. Olé y olé.
    Por cierto, os recomiendo su última novela, “Pistola y cuchillo”. Me la he leído un par de veces y creo que lo haré una tercera durante estas vacaciones; la segunda lectura me ha resultado más placentera que la primera; en la tercera me dedicaré a buscarle las costuras antes de escribir un comentario en mi blog. Muy buena, Montero, le pusiste tanta verdad que terminaste mereciendo esa historia.

    Y ahora sí: Feliz Navidad a todos. Pasadlo bien y sed felices.

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  26. Feliz Navidad a tod@s los de esta docta casa empezando por sus anfitriones, nuetros queridos Antonio y Elvira.
    Un abrazo.

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  27. *Disculpad por el mal tecleo pero estoy en un cibercafé y andan mal los cacharritos.

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  28. Estimado Felipe, espero aclararte con lo siguiente: Hay autores que descuadran la caja, que reciben adelantos mayores a sus ventas, cosa que no me parece mal, es más los felicito. Y luego hay otros autores que cuadran caja, entre estos autores me incluyo. No hay ningún tipo de control acerca de las ventas. Podría haberlo, en el códigode barras de un liro se podría incluir tu porcentaje directaente a tu cuenta, pero eso no existe. Espero que quede aclarado m texto y sigo diciendo: viva la libertad, lo siento, no puedo poner: vivan las cadenas. No me gusta las cadenas, me gusta la liertad; libertad de poder elegir sin mediadres ni dictaduras de mercados.

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  29. Estoy muy de acuerdo con AMM. Seguí muy interesada el estimulante´´ match´´ entre Rodriguez Ibarra y nuestro anfitrión, que ganó este último por K.O a pesar de que los argumentos de su contrincante no estaban mal.
    Paz en la tierra a los hombres ( y mujeres que se diría ahora) de buena voluntad, a los otros no que dan mucha guerra y a mí eso no me gusta.

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  30. He seguido con expectación e interés esta amigable y respetuosa conversación desde julio: los atinados comentarios de Emilia Alarcón o de Nieves, “los buenos golpes” de Fco.Manuel Espinosa “Sap”, los contrapuntos de Eduardo Suomi, el arrojo y la espontaneidad de las intervenciones de D.Manuel Couceiro (sus fotos, su música…), y por supuesto, las del Blogguer. Estos instantes me han hecho disfrutar casi a diario. Levantaré mi copa por vosotros:

    ¡¡¡FELICES FIESTAS A TODOS!!!

    Ah, y ya que estoy aquí: los que realizan o realizamos descargas ilegales no llevamos razón, el debate puede tener todos los matices y complejidades que se quiera, pero no sé por qué razón vamos a poder ver películas o leer libros sin pagar un duro.

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  31. Fe de erratas: “es que no HAY liquidaciones que liquidar”.

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  32. Pero Montero Glez, a ver si me aclaro. Es que veo más oscuros que claros en tu texto. Si no tienes liquidaciones de tus libros es que no liquidaciones que liquidar ¿no? Es decir: el anticipo que tu has recibido supera a las ventas de tus libros (muchos lectores se pierden tu talento, pero ese es otro asunto). Si no fuera así, si vendieras lo suficiente como para periódicamente recibir tus liquidaciones, gordas o flacas, da igual, dudo que dijeras lo que dices. En todo caso, y te lo pido con todo el respeto, me gustaría, porque quiero entenderlo, que te explicaras mejor.

    Y perdona, pero el final de “Viva la libertad” ha sido lo más incomprensible de tu texto.
    Recibe un cordial saludo desde Girona maestro.

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  33. Perdón, debo ser poco guay, porque encima lo he escrito mal e inducido a Pepe a hacerlo, es “monetizar” lo que dicen, que según la RAE no tiene nada que ver con obtener beneficios de algo, pero así lo emplean ahora en las empresas. Hay palabras curiosas, por ejemplo, cuando se juntan dos o más personas de departamentos distintos se habla de “ecosistema”, porque parece ser que dan una visiones muy distintas a un problema (al final son siempre las mismas visiones), pero es como lo de multidisciplinar que durante mucho tiempo ha sonado en temas sociales.
    No sigo que me deprimo…

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  34. De acuerdo Manuel, “monetarizar”.

    En esto de la red soy un ignorante, a lo que me refería era a controlar el trasiego de productos para que sus propietarios, los que lo deseen, perciban su parte.
    Por supuesto que el que quiera regalar el producto de su trabajo o de su propiedad también está en su derecho de hacerlo, y es de agradecer.
    Puedo imaginar la dificultad para “monetarizar” todo ese trasiego, ahí no llego ni por asomo.

    Un abrazo y felices pascuas a todos.

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  35. Javier! Seguro que tú fuiste uno de los que le dejé “El Jinete Polaco” y no me lo devolvió… No habré comprado en mi vida más veces un libro que ese, y solo me queda una edición, el resto no recuerdo haber comprado nunca ninguno para regalar pero se han ido “yendo” todos de mi casa como por arte de magia… pero bienvenidos esos robos, eso es que alguien más lo ha disfrutado (ojo, lo digo por mi y mis libros, no hablo del robo digital).
    Eso sí, el que tengo ahora no sale de casa ni loco, es la edición corregida y sobre todo es la que el otro día me firmo Antonio, con lo que esta sí que me la quedo para mi.

    Jose Moreno (Pepe), yo no he dicho que haya que controlar internet en ningún momento, y creo que es una ingenuidad creer que se puede hacer, digo que hay que buscar nuevas formas de “monetarizar”, como dicen ahora los guays (lo siento, trabajo en una empresa, lo confieso), o en castellano, sacar beneficios del trabajo de los creadores, sin agarrarnos a modelos que ya no se pueden sostener. Y bueno, creo que con las leyes que hay se pueden hacer bastantes más cosas de las que se hacen hoy en día, y si alguien se lucra a costa de otros sin pagar nada por ello, se le debe perseguir, con garantías judiciales.

    Solo era por matizar, ya que me incluyes en tu reflexión.

    Un abrazo.

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  36. De verdad que es un tema difícil y complejo. A mí, en principio, no me parece bien que se puedan descargar gratuitamente películas, canciones y libros sujetos a derechos de autor, desde páginas de Internet. Creo que habría que hacer algo para evitar que esto ocurra, salvo con aquellas obras cuyos derechos de propiedad intelectual hayan caducado.

    También creo que habría que intentar abaratar estos productos, que últimamente estaban un tanto caros.

    Ahora, con la nonata “Ley Sinde” o “Antipiratería” este asunto está en boca de todos, y la verdad es que casi todo el mundo anda desconcertado. Pero, en principio, yo pienso como he dicho antes. (Otra cosa es si tecnológicamente será posible prohibir estas webs de descargas.)

    También debo confesar que me da miedo que empiece a legislarse sobre Internet, porque la Red es la última oportunidad del género humano para rebelarse frente a los poderes, y temo que, si empieza a legislarse en esta materia, los poderes políticos (siempre abusadores, siempre mendaces), quieran también cerrar otro tipo de páginas, como Wikileaks, que tanto sirven a la luz y a la transparencia públicas.

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  37. Con permiso, escribo sobre mi experiencia en esto. Nunca percibí regalías de mis libros. Se me paga un mal llamado anticipo porque a ese anticipo no le sigue nada más. Una vez que pedí “liquidaciones” casi me liquidan. Estuve tres años sinpoder publicar, señalado como “problemático”. Cuando contraté los servicios de un agente literario para que defendiera mis derechos, el agente se puso de parte del empresario. Algo absurdo pues el dinero está en el autor. Pero así es y no voy a cambiar el mundo. El futuro del autor nunca estuvo en sus manos pero ahora las cosas cambian. Gracias a Internet podemos ser dueños de nuestro futuro, sin mediacione ni humillaciones, esperando que unos verdugos decidan si nuestra obra se hace pública o no. Yo escribo para ser leído, me agrada que mis libros se rulen, se fotocopien, se pirateén, se roben. Antiguamente los libros eran prohibidos por la censura, ahora es el precio el que los hace prohibitivos. Qué mejor que con un golpe de ratón me puedan leer en latinoamérica o en cualquier parte del mundo donde mis libros se demandan y no llegan y cuando llegan son pocos y emasiado caros. Pienso que nunca el tiempo pasado fue mejor a este para los creadores. Antes en el cine, cuatro familias tenían los medios para hacer sus películas, lo que no teníanera el talento. Ahora el talento aflora sn dictaduras burguesas. Estoy con Prohudon, soy anti burgués y el robo nace en elmismo momento en el que nace la propiedad y viceversa. Mi propiedad intelectual se ha visto saqueada muchas veces por inútiles sin talento pero con la posición de los privilegiospara dar salida a su robo. Los peristas decidían con quién trabrajaban. Ahora están nerviosos, se viene abajo su “randa” con la Internet. Los verdadero piratas tienen las horas contadas. La gente con talento está de enhorabuena.
    Después de la charla: Felices Pascuas a todos y viva la libertad.

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  38. Estimado señor Muñoz Molina:

    Tras leer su entrada de hoy me ha dado por revisar mi biblioteca para ver cómo había funcionado esta cuestión del precio de las obras a lo largo de los últimos quince años (el primer libro que leí suyo fue El dueño del secreto, en 1995). Me he encontrado con dos dificultades: la primera es que muchos de los quince libros que tengo escritos por usted me los han regalado y la segunda es que en otros muchos (además de los regalados) no figuraba el precio. He decidido subsanar ambos obstáculos del siguiente modo: sospecho que el dinero que no gasté en los libros que me regalaron puede ser más o menos similar al que gasté en libros que regalé; por otro lado, he calculado el precio de los libros más recientes aplicando una ligera reducción (de 1,50 euros) sobre lo que cuestan ahora según la página web de la Casa del Libro. En fin, el resultado es el siguiente (aparecen ordenados según el año de la edición):

    1. “El invierno en Lisboa” (Círculo de Lectores, 1987): 6 euros (segunda mano).
    2. “Te golpearé sin cólera” (Biblioteca El Sol, 1988): 1 euro (segunda mano).
    3. “Beltenebros” (Círculo de Lectores, 1989): 2 euros (segunda mano).
    4. “El jinete polaco” (RBA, 1992): me lo prestaron y no lo devolví (pido disculpas).
    5. “Córdoba de los Omeyas” (Planeta de bolsillo, 1994): 1 euro (segunda mano).
    6. “Sefarad” (Alfaguara, 2001): 19,50 euros aprox.
    7. “Ventanas de Manhattan” (Seix Barral, 2004): 18 euros aprox.
    8. “El Robinson urbano” (Seix Barral, 2004): 11 euros.
    9. “La poseída” (Miniletras, 2005): 1 euro aprox. (segunda mano).
    10. “El viento de la luna” (Seix Barral, 2006):18,50 euros aprox.
    11. “Los misterios de Madrid” (Seix Barral, 2006): 12,50 euros aprox.
    12. “El dueño del secreto” (Seix Barral, 2007): 4,45 euros aprox.
    13. “Días de diario” (Seix Barral, 2007): 16 euros.
    14. “Carlota Fainberg” (Planeta, 2007): 11 euros aprox.
    15. “La noche de los tiempos” (Seix Barral, 2009): 24,90 euros.

    Total: 15 libros (5 de segunda mano) a lo largo de 15 años por un precio de aproximadamente 146,85 euros (9,79 euros al año). Suponiendo (lo que no sé si es mucho suponer) que algo menos del 10%, pongamos el 9%, haya llegado a usted en concepto de derechos de autor, tal cantidad asciende a 13,21 euros (0,88 euros al año).

    Y ahora debería escribir un párrafo conclusivo, pero no se me ocurre decir mucho más que considero que fue un dinero muy bien gastado.

    Feliz noche,

    Javier

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  39. Bravo y Gracias, Carlos Pérez Cruz…

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  40. Hola. Soy un miembro de la ‘comunidad de internautas’. Hasta donde alcanza mi entendimiento todo aquel que haga uso de la red de internet es, hasta cierto punto, integrante de esa comunidad. Hago esta aclaración de inicio porque en muchas informaciones periodísticas tiende a confundirse el todo con la parte y, en estos días de acalorado debate ibérico sobre leyes antipiratería, uno tiene la sensación de que los usuarios de la red formamos una unidad ideológica sin fisuras, una masa orgánica que se mueve al unísono, que gesticula de forma conjunta como en una de esas performances militares de Corea del Norte tan brillantes por su masiva concordancia como inquietantes por la ausencia de discordancia.

    Soy usuario activo de internet y gran parte de mi trabajo depende de que mi conexión no desfallezca. Un corte en la línea puede ser fatal para la feliz culminación de mis esfuerzos creativos. Mi trabajo utiliza la red para su difusión. Realizo un programa semanal de radio (anacrónica descripción esta, lo sé) que utiliza diversas formas que internet le proporciona para que los interesados en él puedan escucharlo. Se puede descargar y escuchar online por el módico precio de lo que la compañía telefónica te cobre por el acceso a internet más el gasto de electricidad que conlleva mantener el ordenador enchufado (o bien el coste que haya supuesto cargar la batería). Diez años de programas complementados por reseñas discográficas y de conciertos, además de artículos, transcripciones de entrevistas, etcétera, en la web asociada al programa. Casi diez años de trabajo sin beneficio económico alguno y con los gastos de tiempo de dedicación, inversión económica en discos, servidor para el alojamiento de audios y web, llamadas telefónicas, etcétera. La decisión de la gratuidad en el ofrecimiento de mi trabajo es producto de varias circunstancias pero, por encima de ellas, gravita una cuestión básica: la voluntariedad de que así sea. Es mi decisión y mientras pueda desarrollar este trabajo de forma gratuita lo haré. Pero, ¿qué pasaría si esas circunstancias no se dieran? ¿Qué pasaría si para poder seguir sacando adelante el programa del que cada semana se realizan miles de descargas en todo el mundo tuviera que cobrar por su disfrute? (imagino que es un disfrute para quien lo descarga, lo contrario es masoquismo). Un apunte: Curiosamente sin ser de pago algunos de mis programas figuran en una página de descargas “ilegales”. No hay perjuicio económico pero sí contable para mi ego.

    En este tótum revolútum que son las discusiones en España se mezclan en el asunto de la piratería tantas realidades paralelas que parecieran una única (al igual que con la llamada ‘comunidad de internet’). Se habla de industria musical, libertad de expresión, prensa, modelos de negocio, propiedad intelectual, castas privilegiadas, derecho a la cultura… Aunque existen elementos comunes tengo la sensación de que esa confusión torrencial es interesada. Conozco bien a personas que mezclándolo todo consiguen que sea imposible encauzar una discusión a partir de razonamientos lógicos. Gentes que agitan la coctelera de ideas inconexas cual cóctel molotov que cuando estalla hace imposible el diálogo. Resulta agotador. Muy español, por cierto. Es imposible (al menos terriblemente agotador e inútil) desenmarañar todo ese tejido de conexiones tramposas así que no aspiro a ello en este texto. Sí le daré al ‘zoom’ para mirar de cerca algunas trampas de esa tela de araña.

    ¿Quién podría oponerse a la libertad de expresión? Resulta inconcebible que una persona que aspire a la libertad del individuo proponga cortar las alas de la opinión ajena. Por lo tanto los argumentos que en estos días se han manejado contra la intromisión en la libertad en la red de internet son incontestables. Pero, ¿estamos realmente ante un caso de ataque contra esa libertad? ¿Constituía la ley tumbada en el parlamento un riesgo a la libertad de expresión de los ciudadanos? Seguramente la idea de un comité extrajudicial que analizara y agilizara el proceso de denuncia de páginas web no era el mecanismo más plausible y democrático pero, ¿acaso no se puede delimitar su funcionamiento para evitar excesos del poder? ¿Acaso no se puede incluso eliminar esa figura y dejar que los estamentos de la Justicia de este país hagan su trabajo a partir de leyes que delimiten qué es o no legal?

    Mucho se preocupan algunas voces de la ‘comunidad de internet’ por esa supuesta libertad coaccionada por las leyes pero, ¿acaso es posible la libertad en este mundo de convivencia forzosa sin unas leyes que unifiquen criterios de comportamiento? ¿Acaso la red vive al margen de este imperfecto mundo de legislaciones que nos hemos dado? Sería fenomenal si esa ‘Second life’ cibernética no incidiera en la vida tangible pero mucho me temo que la interconexión es de tal grado a estas alturas que es imposible desligar un mundo de otro (si es que tales mundos existen por separado). En el mundo de lo tangible entrar en una tienda de discos (¡toma nuevo anacronismo!), coger diez discos de una estantería y salir sin pagar haría saltar todas las alarmas de la tienda. En la ‘Second Life’ esos mismos diez discos robados no hacen saltar alarma alguna. Esa, y no ninguna ideología de defensa de la Cultura libre, ni otras grandilocuencias miríficas y espirituales, es la realidad. La impunidad con la que uno puede hacerse con discografías, fimografías, etcétera, se ha convertido en una costumbre tan normalizada en los usos y costumbres del personal que, a base de repetirse la mentira hasta la extenuación, muchos han terminado por creer que eso forma parte de una verdad universal, o algo parecido. Como nunca ha pasado nada, como ya forma parte de mi vida diaria, de mi cotidianidad, ¿cómo va a ser eso un delito? ¡Cultura libre! proclaman.

    De acuerdo, Cultura libre. ¿Quién obliga a la libertad (¿o era gratuidad?) de la Cultura? ¿Una especie de jurado compuesto por la masa social – una forma sin rostro ni voz concreta – o el autor de la creación cultural? Me acojo a mi caso concreto: ¿quién debe determinar que mi programa, mi creación personal, mi esfuerzo y dedicación de tantos años y horas sea de disfrute gratuito? ¿El coro público o yo? Si mis circunstancias económicas me impidieran regalar mi trabajo, ¿me obligaría la sociedad a seguir ofreciéndolo a costa de mi propia supervivencia? ¿Me vería obligado a renunciar a mi dedicación porque la sociedad ha decidido que mi dedicación (profesión) no es digna de permitirme subsistir? ¿Hay acaso profesiones sin derecho a remuneración? Pero, ¿no vivimos en un sistema capitalista? Sí, si a mí tampoco me gusta pero… ¿tienen los creadores de contenidos que formar parte obligatoriamente de algún tipo de comuna para dar satisfacción al resto de la sociedad que sí, esa sí, vive bajo las normas del capitalismo que nos hemos dado? ¡Qué hipocresía! El creador obligado a ser parte de una utópica sociedad libertaria y sometido, sin embargo, a las normas del capitalismo democrático que rigen la sociedad actual. ¡¡Qué equilibrismo circense sin red!!

    Si yo cobrara 1 euro por programa a cada uno de los que se lo descargan puedo asegurar que tendría una vida francamente acomodada. Un sueldo más que digno. ¿Cuántos de mis oyentes pagarían 1 euro a la semana por escucharlo? ¿Cuántos pasarían por caja si algún libertario de boquilla decidiera descargarlo y ponerlo de forma gratuita en alguna página ajena a la mía? Esa gratuidad impune es, y no otra (insisto), la verdadera razón de fondo de la costumbre que ha generado derecho en la mente de tantas y tantas personas.

    Voy finiquitando mi larga perorata con una reflexión acerca de eso que algunos proponen de que, en el caso de la música, el músico obtenga sus beneficios por medio del merchandising y los conciertos, no por su música grabada. Lo primero que se me ocurre es una pregunta muy básica: ¿por qué lo uno es gratis y lo otro no? ¿No será acaso porque las camisetas no pueden ser virtuales? ¿Por qué el beneficio tiene que venir de los conciertos? ¿Porque hay un torno en la entrada que si no pagas no entras? Cuánta falta de escrúpulos y de ética hay detrás de todo este argumentario tan falaz. Qué tristeza de país.

    Acabo. Yo soy libre de ofrecer mi programa de forma gratuita. Un músico es libre de ofrecer su música de forma gratuita, un escritor sus textos, un cineasta su película… ¿Es posible ser libre de elegir cobrar por ello? ¿Tan pernicioso es cobrar por el trabajo propio?

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  41. Un teclazo ha disparado sin querer el comentario anterior sin terminar.

    Lo de anarco– liberales es muy acertado, Manuel. Discutiendo el otro día con unos anarquistas de aquí le puse un ejemplo sobre lo que yo considero que es su postura sobre el estado y su organización social, los comparé con los piratas, con la cara dura de apoderarse y servirse del trabajo de los demás. Este lider libertario tiene sus tarjetas de crédito, sus electrodomésticos, su equipo de música, su tele y su ordenador para piratear lo que se tercie. Y por supuesto se cree que está en todo su derecho usarlo todo, a ser posibe sin pagar ni eun euro. Además está convenido de que la sociedad funcionaría a la perfección sin la intervención y la organización del estado, como buen libertario que es, claro.
    Le dije como ejemplo que en el momento de levantarse por la mañana y oprimir el interruptor para encender la lámpara del dormitorio en todo el mundo comenzaban a girar miles de turbinas electricas para producir la corriente necesaria. Que millones de operarios, ingenieros y trabajadres de todo rango dedicaban su vida y su trabajo, cobrando por supuesto, a proporcionale todo lo que él necesita y consume, y que además considera que el estado, la administración, como no tiene por qué existir, no tiene porqué obligarle a pagar. Eso es caradura, y piratear lo mismo. Otra cosa es que sea complicado controlar eso, pero no creo que sea imposible.

    Y al campo, por muy extenso que sea, alguna puerta se le puede poner, se ponen hasta muros de miles de kilómetros.

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  42. Felices Fiestas, Hermi, y a todos los demás. Da gusto hablar con gente tan interesante, culta y tolerante. Este sitio es para mí el mejor, sin duda, de los que he visitado en la red.
    Aquí en Vitoria está nevando.

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  43. Comparto las 26 reflexiones de Antonio en todo su contenido, todo el que trabaje tiene derecho a cobrar por ello. También en lo del espectáculo del parlamento. Comprendo la postura de Manuel en cuanto a la imposibilidad de controlar todo ese embrollo–que yo no entiendo–de internet, lo que está claro es que hace falta una ley para pararle los pies a los piratas y la ley Sinde, con todos los defectos que tendrá, no lo dudo, va en esa dirección

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  44. Y chinanizando, Javier, que es un término que utilizo mucho últimamente.
    He disfrutado mucho con todos los comentarios. Se me hacen cortos. Ahora, a trabajar para que todo salga bien esta noche.
    Desde este 24 soleado, felices fiestas a todos.

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  45. Me imagino las risitas que provocó en mucha gente la noticia de la venta a un chatarrero de una obra de Chillida por 30€. ¡Qué se había creído, esos hierros retorcidos han acabado en donde todos pensábamos que deberían de estar! A buena parte de la población le dan rabia la creación y los creadores, intuyen que hay otro tipo de vida más rica a la que ellos no pueden o no quieren acceder y en cuanto les dejan, cargan contra todo lo que representa ese mundo. Sólo faltaba que se hicieran ricos, con lo bien que se lo pasan, piensan.
    Ahora cierran CNN+ y Chillida Leku, no son negocio, dicen. Hemos dejado la cultura en manos de los mercaderes contemporáneos, y me temo que nos irán belenestebanizando irremediablemente para cuadrar sus cuentas.

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  46. La entrada de hoy es un regalo de Navidad de Antonio Muñoz Molina, que me da mucho que pensar, como todos los días que llevo visitando este blog, desde hace algunos meses. Una vez más: muchas gracias. Estoy muy de acuerdo con lo expuesto.

    Me alegra mucho en el día de hoy, Nochebuena, un día que desde mi niñez me ha significado mucho, poder enviaros a todos a tráves de este espacio mi felicitación navideña. Una nueva experiencia que me enriquece cantidad.

    Aquí en Alemania está nevando de nuevo. “White Christmas”, cantaría Bing Crosby.

    Feliz Navidad a nuestro querido y muy admirado anfitrión Antonio Muñoz Molina y su familia.

    Y Feliz Navidad para todos los participantes de este maravilloso blog, que tanto me inspira.
    Mucha paz, salud, bienestar y felicidad para todos.

    Para sonreir: la historia de Navidad digital:

    http://www.youtube.com/watch?v=GkHNNPM7pJA&feature=player_embedded

    Un abrazo a todos desde Saarbrücken, Alemania !

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  47. Lo que dice Eduardo y Federico sobre los civilizados escandinavos no sé si estar de acuerdo con ellos. Aportaré un dato para reflexionar sobre eso: un modelo como Spotify sería inimaginable sin la aparición previa de la piratería. Las discográficas no lo permitirían pues supone una bajada de precios bestial con respecto a los CDs, aunque pese a eso puede ser rentable, ahí esta ahora la batalla. Pues bien ¿dónde surge Spotify? En la civilizada Suecia. Algo no cuadra, no?

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  48. Cierto Manuel: lo de clase obrera lo he utilizado más como metáfora, pero puede llevar a equívocos. Retirado pues.

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  49. Como novelista que busco debutar quiero convencerme que la
    revolución digital es una oportunidad. El precio del libro de papel
    está por las nubes y la edición digital puede arreglar este
    anacronismo. Pero los editores españoles no hacen nada por
    evolucionar, así que les espera la misma suerte que las
    discográficas. O el cine. Y basta para ver el negocio que ha hecho
    Amazon para darse cuenta que se equivocan.

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  50. El primer alegato de los defensores de la supuesta Ley
    Sinde supone que difundir la “propiedad intelectual” supone un robo
    en toda regla del tipo de de propiedad mencionado. Sin embargo
    cuando en un país proliferan este tipo de acciones, este tipo de
    fechorías, no sólo se detiene a los implicados sino que se intenta
    averiguar las razones de por qué la gente roba. Es decir, en una
    sociedad civilizada cuando gran parte de la población acepta de por
    sí un comportamiento tildado como malvado en la correspondiente
    escala moral se debe hallar el “móvil” de esta situación. En este
    caso nos hallamos ante un progreso tecnológico que amenaza con
    terminar con ciertas empresas bien arraigadas al suelo donde
    permanecen. A pesar de que el árbol está muerto, y que se debe de
    cortar para proporcionar vida a la nueva semilla que espera, el
    árbol se aferra fuertemente a la tierra y comienza a pudrir lo que
    se encuentra a su alrededor. Cómo el susodicho es fuerte y viejo,
    su extremidades son largas y prominentes capaces de proporcionar la
    sombra incluso al mismísimo gobierno. Y es por ello que los
    gobiernos actuales denominados progresistas van en la dirección
    opuesta de lo que propugnan. Ofrecen una ley que aboga por la
    defensa del viejo árbol, indicando prohibiciones en vez de
    soluciones. Señores primero prohibiendo no se consigue nada, porque
    no idean nuevos modelos de negocio y luego abogan por la
    prohibición. Dicen que más tarde aportarán ideas pero los españoles
    ya estamos prevenidos desde los 100.000 Hijos de San Luis, que van
    de camino a otra parte y acaban estableciendose donde no deben. Por
    último dos cosas más. El autobús, el tren y el avión conviven en
    una misma sociedad y sirven para lo mismo. Cada uno encontró su
    modelo de negocio. ¿Por qué el cine e internet no pueden convivir
    también? Lo que no puedo entender es como hay ciertas personas que
    defienden esta ley que no es para los artistas, sino para las
    empresas que hay detrás de ellos. Para terminar, la creación de una
    comisión (elegida a dedo) y no un juez el que tenga el poder de
    cerrar un sitio web se acerca bastante a la idea de censura que ya
    sufrimos no muchos años atrás. De nuevo el progreso va en la
    dirección contraria.

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  51. ¿Y las revistas y libros médicos? No solo no pagan ni un euro a los autores de los artículos que incluyen sino que algunas cobran por adelantado antes de revisar el manuscrito candidato. En cambio es muy caro tener acceso a su lectura si trabajas en un centro sanitario que no esté suscrito. Qué bien que tengo amigas bibliotecarias en hospitales abonados.

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  52. Por supuesto que te doy la razón en eso, Felipe. Pero hablar de “clase obrera” tiene unas connotaciones socioeconómicas muy claras, y creo que estas no se ajustan a los autores que he citado, que tienen un nivel de vida acorde con la calidad de los libros que escriben y con la suerte que han tenido para llegar a donde están. No demos artillería con la que disparar a los que citaba yo al principio como “internautas”, nos acusarían (¡ellos!) de demagogos a nosotros.
    Un abrazo camino de casa en el AVE y espero esos poemas :)

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  53. Y por cierto, y sin extenderme: si alguien es clase obrera soy yo, que llevo en el tajo desde los catorce años. Y cuando digo tajo, es tajo. Lo digo para que se entienda que sé de lo que hablo cuando digo lo que digo. Menos de traductor simultáneo de delfines he trabajo en casi todo. Aunque, como diría Dostoievski (o Belén Esteban, no recuerdo): esa es otra historia.

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  54. Pero Manuel tú mismo me das la razón cuando dices: “…todos, cada uno en su medida, se merecen que puedan vivir de su trabajo.” No era ni más ni menos eso lo que quería decir yo. En este asunto, tanto me da Vargas Llosa como un violinista del Liceo. Los dos merecen que el modelo que se establezca, sea el que sea, tenga como PRIORIDAD la remuneración del artista por su trabajo. En esto no hay ligas. Es una cuestión moral. Por otra parte, he aprendido mucho con tu entrada. Gracias. (Y, leñe, acabo de recordar que te debo unos poemas. Hoy te enviaré uno como regalo de navidad ¿ok?).
    Un abrazo.

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  55. Y no soy adivino, pero me temo que esta entrada va a superar también los 100 comentarios como aquella que no queremos acordarnos de hace unos días. Si no, al tiempo.

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  56. Está claro, Antonio, que en este tema la unanimidad es muy difícil. Decía en la entrada de ayer que me cargan los “internautas” (sean esos entes los que sean) que erigen en referentes éticos, los adalides de la libertad que lo que hacen es lavar su conciencia, si la tuvieran, con argumentos demagógicos para justificar la piratería. Y el problema es que la piratería es imparable mientras no se busque un modelo alternativo de negocio.

    Podemos ponernos como queramos, podemos llenar las cárceles de delincuentes digitales, pero al final, como ya se ha dicho, es ponerle puertas al campo, y va a ser imposible que por la vía penal se pare esa debacle de una industria (la de los contenidos multimedia) que está muerta en su modelo de ventas actual.
    Trabajo para una empresa que tiene una pata en los proveedores de infraestructura y la otra en los de contenido. Ambas están en este tema enfrentadas por el modelo de negocio que había hasta hace unos años, pero ambas pueden y van a sacar partido con la reconversión que se avecina. Está claro, con modelos tipo Spotify ganan todos: los músicos, los operadores de telecomunicaciones y la industria musical. En mi trabajo diario estudiamos conceptos sociológicos que nos indican por donde van los tiros, y uno de ellos es, en inglés –cosa que indica que no solo es un problema de la pillería hispana–, “unwilling to pay”. Como bien ha dicho Gotardo, la gente ya no quiere pagar ni los 0,79 dólares que cuesta una app en la Apple Store y eso es muy significativo. Como digo, no estamos hablando de España sino de algo internacional (el caso de PP en España es digno de estudio, unos anarco-liberales… pero me temo que tiene más que ver con lo de la ceja y el populismo para ganar votos, que con sus convicciones ideológicas).
    Ante esto hay que buscar vías alternativas, porque como bien decía Nacho Escolar en el artículo que he enlazado en la entrada anterior: ninguna ley va a solucionar esto.
    ¿Qué pasa con la industria editorial, y más concretamente con la de habla hispana? Pues, en mi modesta opinión, creo que se están dirigiendo a un suicidio inexplicable. Ya lo he comentado muchas veces aquí, pero lo resumiré una vez más. Yo compro libros en inglés en Amazon para el Kindle sin ningún problema, en 3 minutos decido comprarlo y lo tengo en mi dispositivo.
    Sin embargo, si quiero comprar novelas de autores españoles o hispanoamericanos no puedo, no lo hay para el dispositivo que tengo, siendo este el más vendido y el más versátil. Y para los otros ebooks la forma de comprarlo hace casi inviable hacerlo. Solución que he hecho hasta la fecha: comprar el libro en papel y bajarme el libro de cualquier web (se tarda casi lo mismo que de Amazon pero sin pagar) para leerlo en el Kindle que me es más cómodo. No tiene sentido, pero hago esto porque creo que no hay alternativas para mantener la creación de libros en castellano, de momento, que pagando el de papel, y me gasto una pasta gansa en libros. ¿Hasta cuando se puede seguir haciendo esto? Yo creo que es algo en mi caso temporal, si al final las editoriales no me facilitan la vida acabaré dejándome llevar y no compraré en papel. Soluciones como Spotify –de la que soy suscriptor de pago pese a que lo que a mi me sirve es lo mismo que se ofrece gratis, pero lo hago para que sea rentable–, se tienen que implantar para el mundo editorial, no sé si exactamente la misma filosofía, pero algo que haga que se puedan conjugar todos los intereses. Lo demás es luchar contra imposibles.
    Todo lo que dices en tu entrada, Antonio, es muy razonable, pero es una parte del problema, la otra es que asistimos a un cambio de paradigma en los negocios y hay “externalidades” en la transición que no se pueden arreglar con moldes anacrónicos.
    ¿Nos hemos preguntado de qué viven Google, Facebook, o el mismo WordPress en el que estamos manteniendo este interesantísimo proyecto de blog? Igual no lo sabemos, pero no tenemos más que ir al Nasdaq y ver la cotización de esas empresas para ver que el negocio de cobrar por cada cosa al usuario final no siempre es el más adecuado… y ojo, en este WordPress, por ejemplo, no tenemos nada de publicidad, Gotardo cobra, y muy bien pagado ya que hace un excelente trabajo, por un servicio, pero por debajo hay una plataforma que es gratuita y sin embargo gana dinero. O el mismo gmail que tenemos muchos de nosotros, o el Google Earth, o… miles de cosas que usamos a diario y son gratuitas, y sin embargo dan miles de millones de dólares de beneficios. O el mundo del software, con las licencias de utilización gratuitas (en toda su variedad y complejidad que se quiera: GPL, GNU, etc…). Está claro que nos estamos moviendo en terrenos que hasta ahora no conocíamos.

    En resumen, como dice Gotardo al que dedicas tu entrada: es muy difícil encontrar una solución que satisfaga a todo el mundo, pero hay que seguir buscándola, y no caer en dogmatismos ni por un lado ni por otro, y por supuesto incluyo en esas satisfacciones a proteger el que los creadores sean remunerados por su trabajo de una manera justa y competitiva.

    Y por cierto, con todo el respeto que tengo hacia Felipe, pensar que el propio Antonio, o Elvira, o Javier Marías, o el ínclito Pérez Rervete, o Vargas Llosa o alguno más son los obreros de hoy en día, es pensar mucho, en esto como en todo hay ligas mayores y menores, y jefes y gente que está empezando. Pero todos, cada uno en su medida, se merecen que puedan vivir de su trabajo.

    Un abrazo.

    PS: Antonio, una curiosidad mínima, ya te lo pregunté hace tiempo, pero lo vuelvo a leer y me vuelve a sorprender: ¿Por qué ahora decís “Estado de bienestar” cuando toda la vida ha sido “Estado del bienestar”? Lo he empezado a ver hace unos meses, mayoritariamente en El País, porque en los libros que leo sobre el tema no, y a tí también.

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  57. Quería comentar que creo que se está dejando algo.
    Comprendo que no llegó a concretar las notas en artículo, así que
    tampoco es un reproche, sino más bien un dato más a tener en
    cuenta. En el mundo anglosajón, donde ya llevan algo más de tiempo
    con el tema, están surgiendo algunas alternativas (concretamente
    2). Son la tienda de ebooks de Amazon, y la tienda de música de
    iTunes. El éxito de ambas se está racionalizando con «lo fácil
    vence a lo gratis» ya que el proceso de compra es extremadamente
    sencillo para el comprador (no sólo es un proceso sencillo donde el
    «botón» de compra está al alcance de la mano, sino que también el
    precio es muy sencillo de acomodar en cualquier economía).
    Cambiando de tercio, la pregunta «¿Qué le parece que haya
    páginas web en las que se pueden piratear sus novelas?» bien podría
    haberse cambiado por «¿qué le parece que no haya ningún sitio en
    internet donde la gente pueda comprar una edición electrónica de
    sus novelas a un precio aceptable?». ¿Por qué el librero del pueblo
    me tiene que mirar mal cuando voy a la biblioteca del pueblo de al
    lado cada vez que no le puedo comprar un libro que quiero leer por
    que él no lo tiene en el catálogo y la biblioteca vecina sí?.
    Saludos (y disculpe el, tampoco excesivo, anonimato).

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  58. Antonio.
    Gracias por la dedicación en la anotación de esta noche, lo cierto es que disfruto cada día de este experimento.
    Sigue siendo un tema en el que me cuesta mucho encontrar esa solución ideal que satisfaga a todo el mundo, pero para que te hagas una idea de cómo van las cosas en el mercado del desarrollo, el primer y principal pirata de software es, por lógica, el desarrollador de software. Se prefiere invertir horas de crackeo antes que pagar. En el caso de grandes programas cuyas licencias puede rondar los 800 € tiene cierto sentido picaresco, si esa cifra no es asequible. Pero la gente sigue haciéndolo ahora que las aplicaciones funcionan con micropagos. No se pagan ni los 0.79 € que cuestan la mayoría de apps para iPhone, y además, como decía Diego Ariza antes, miran como tontos a quien lo hace. Eso es lo que me hace desconfiar (sin perder cierta esperanza) de la efectividad del micropago como modelo para un mercado asequible y rentable.
    Con respecto al libro, nunca he comprado uno digital. Por ejemplo, el penúltimo libro que compré lo recibí hace unos días en casa por mensajería desde EEUU. Es un manual de CSS3 que hubiera sido más fácil de conseguir en ebook (además de que hay cientos gratis). Pero a mí me sigue gustando el papel. Rarezas que tiene uno.
    La distribución de música de estudio la veo clarísima con el modelo Spotify, que espero que crezca y se mantenga, si tenemos suerte y aguanta después de las pérdidas millonarias que ha tenido hasta ahora. Creo que además sería aplicable también al ebook y al cine en casa.
    Lo que si tengo claro, en resumen: Hay que encontrar un modelo que preserve tanto el derecho legítimo a la propiedad intelectual como la neutralidad en la red.

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  59. Qué difícil ser escandinavo en España. E imposible hacer
    más escandinavos. Mi hijo de 8 años me reprocha que sus amigos (los
    hijos de mis amigos también) tienen todos los juegos en sus
    consolas y todos los discos en sus reproductores. Me resulta muy
    sencillo e inmediato y gratificante inculcarle el respeto al otro
    (al mayor, al indigente, al diferente, al tendero, al banco del
    parque, al sufriente …), no encuentro resistencia en su cabecita
    para ello. Pero en esto el bombardeo externo es tal que en
    cualquier momento pueda sentirse estafado y decepcionado por un
    padre tonto que lo priva de lo que está ahí, esperando, para ser
    tomado, como lo toman todos. ¿Qué hay de malo en ello? No es el
    primero de nuestros problemas ni de largo, con la que está cayendo,
    pero es un síntoma significativo y esclarecedor de la clase de
    sociedad que somos. Así somos.

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  60. Pareciera que el hecho de asistir a un concierto de un
    músico cuyo disco nos hemos bajado de Internet ilegalmente, nos
    exonera de la culpa por la descarga. Intentaré ilustar de un modo
    sencillo y corto. El concierto para cuya entrada usted ha pagado
    tiene unos costos, que salen de la venta de esa entrada. No sólo el
    caché del artista, sino el sueldo de músicos, técnicos, publicidad,
    carteles, derechos de autor, management, ivas, impuestos etc… Si
    un artista no vende una cantidad de discos relativa, dependiendo de
    la discográfica, tendrá muchas menos opciones de grabar un segundo
    disco, lo que hará aún más imposible una nueva gira o conciertos en
    un futuro. En el caso de que el artista decida tirar por la calle
    de enmedio y pagar su propio disco (no olvidemos que un disco tiene
    unos costes que se pagan con la venta del mismo, siendo benévolos
    mínimo 40.000 euros)… ¿cómo lo hace?. Este supuesto no es una
    quimera. Esto está pasando. Se sorprendería al saber cuántos
    artistas de calidad incuestionable están arriesgando su capital
    para grabar discos.

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  61. En las bibliotecas de la Comunidad de Madrid y en las del Ayuntamiento de Madrid puedes sacar tres libros al mismo tiempo por el plazo de un mes.

    Y justo es decirlo, las bibliotecas están muy bien dotadas.

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  62. Otro batiburrillo. Hace tres o cuatro años me regalaron tres DVD,s con miles de libros. Lo utilizo para consultas y para leer algún cuento o alguna poesía. Aun así sigo comprando libros. Muchos. Hace años nos dijeron que había que pagar un canon digital. Yo compro un Cd para grabar las fotos de mi hija y un porcentaje va al sueldo de digamos, Ramoncín, del que jamás he comprado un disco, aunque sí vi un concierto en el Parque de Atracciones, gratis. Pago una cantidad mensual y respetable a la operadora por navegar y bajarme cosas de internet. Esa operadora dice que tiene grandes beneficios. He visto pelis que no están en venta y que aunque estuvieran no habría pagado por verlas. Nunca he escuchado con más interés anuncios publicitarios que en la plataforma spotify. Sigo yendo al cine cuando puedo aunque a veces me han soplado nueve euros. Habrá autores que echen la culpa de la piratería para justificar su fracaso. Hace años que no compro un CD. Los estadios se llenan de gente para ver a sus grupos favoritos. No he podido conseguir una entrada para ver, últimamente, a James Taylor, Peter Gabriel, etc. Siempre he estado de acuerdo con todo lo que escribía Savater; hasta ayer. Tengo muchos de sus libros. Reivindica su derecho a fumar en un lugar público, y de paso invita a los demás aunque no quieran. Y encima llama ladrones a casi todos los españoles. Es imposible poner puertas al campo en el mundo de internet. Si una web se lucra exhibiendo pelis, que se regule y pague por ello. Si le cortas la cabeza, le saldrán otras como a una hidra. La música, creo yo, ha dejado de ser un artículo de regalo. Nadie ahora compra a su novio un disco ¿Para qué? Le regala una entrada; Gaga mismamente. Cuando se inventó el casete quisieron meter mano a los consumidores porque hacían copias de los vinilos. Habrá que inventar otra cosa. Nos han dado la prueba máster. He visto que Krahe ha puesto a la venta un disco con un librito. Puede ser el camino. ¿Qué tal un disco con una entrada, o con una cena o una noche de hotel? ¿Qué tal Ventanas de Manhatan con un vale para un sorteo de un viaje a Nueva York? Lo que está claro es que ha cambiado todo tan rápido que el que no se adapte, morirá.
    Si uno se lee algunas partidas de los presupuestos del Estado para cultura posiblemente se eche a llorar; o a reír. Yo lo he hecho.

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  63. Diego Ariza,
    Hay muchas formas de oir la música de algún artista gracias a Internet y sin tener que bajarlas de forma ilegal.
    Ahí están las emisoras de radio con sus podcasts, Spotify, etc.

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  64. En Barcelona vivía con muchas estrecheces económicas. Ni pensar en gastar dinero en libros. Para eso están las bibliotecas. Pues bien, me ocurrió algo que nunca me ha vuelto a suceder: perdí un libro que tenía en préstamo, “el diccionario filosófico” de Savater. Tuve que comprar un ejemplar idéntico para restituirlo. No podéis imaginar la rabia que me dio gastarme el dinero en el libro y que no fuera para mí (o para alguna persona querida).

    En las bibliotecas públicas de Córdoba sólo puedes sacar en préstamo un máximo de tres libros. Y por un máximo de 15 días (renovables si otro lector no lo ha reservado entre tanto).
    En Helsinki no recuerdo cuántos libros podías sacar a la vez pero era una barbaridad. Y encima podías tenerlos durante un mes sin necesidad de renovarlos. Acabo de comprobar que en Barcelona también puedes sacar treinta documentos durante treinta días. Pero no era así hace 10 años, cuando viví allí.

    O sea, que en servicios bibliotecarios también estamos a la cola de España (por no hablar de Europa).

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  65. Evidentemente el comentario número 2 era el siguiente:

    2.-Cuando veo a los bisbales, alejandrosanzes and company decir que las descargas acabarán con la música no puedo más que sonreirme.

    Y como no hay dos sin tres:

    3.-En España, honrado=tonto.

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  66. Coincido con antoniomm en el 99% de lo que ha escrito pero dejo dos reflexiones:

    1.-Si me bajo el disco de un grupo de música desconocido para mí (y al que, en principio, no le compraría el disco) y me gusta, cuando venga a mi ciudad a tocar pues pagaré la entrada para verlo. Si no existiera el método gratuito de descarga, yo seguiría sin comprarle el disco a este grupo pero tampoco les pagaría una entrada. Por eso pienso que hay casos donde las descargas gratuitas han sido beneficiosas para los “artistas”.

    Cuando veo a los bisbales, alejandrosanzes and company decir que las descargas acabarán con la música no puedo más que sonreirme.

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  67. “especialmente en sociedades clientelares con una baja calidad de ciudadanía. En España, para ser exactos.”
    Qué triste y qué difícil de explicar. ¿Por qué en los países escandinavos hay más conciencia cívica? ¿Por qué no podemos aplicar el sentido común para facilitar la convivencia? ¿Por qué aquí “hasta los perros ladran más”? ¿Por qué hay dinero para regalar ordenadores portátiles a los alumnos (pero no a los profesores que deben planificar el uso educativo de esos portátiles) y no hay dinero para arreglar las persianas, ni las puertas, ni las goteras, ni…?
    Lo dejo que me deprimo y no es cuestión de empezar con ese ánimo las vacaciones.

    ¡Feliz Navidad a todos!

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  68. ¿No será que el concepto industrial de la producción
    artística ha tocado a su fin? ¿Desde hace cuánto que la edición de
    libros y de discos, la proyección cinematográfica, el mercado de
    arte, así por poner unos ejemplos, funciona como una churrería de
    barrio o una cadena de montaje de coches, así por poner otros dos
    ejemplos? ¿Un siglo? ¿Siglo y medio? Igual lo que se acaba es la
    forma de entender el negocio que había montado en torno al arte y
    al pseudo-arte. Y ¿por qué no? ¿Quién nos dice que a la larga no
    repercute todo en la calidad de las obras? Repercute positivamente,
    quiero decir. Muchas de las obras que hoy día se ven en los
    estantes de las librerías, por no decir todas, son el reflejo de
    gente que vive de espaldas a la vida y en vuelos continuos a lo
    largo del mundo a costa de las editoriales. Ni quito ni pongo rey,
    que parece ser dijo alguien mucho tiempo atrás en la batalla de los
    campos de Montiel, pero (y esto lo digo yo) igual el artista ha de
    replantearse la estrategia. Lo siento por el empresario que ha
    vivido de la producción artística ajena, que es el qu realmente ha
    vivido bien.

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  69. Alguna vez he mencionado la suerte que tenemos con la existencia de las Bibliotecas públicas ( Gregorio, mira la pasta que te ahorras haciéndo uso de ellas ), lo digo porque hace tiempo se habló de la posibilidad de pagar algo , era muy poco, por la contraprestación recibida. Se creó un momiviento que clamaba al cielo por semejante asalto a los bolsillos de los ciudadanos, eso sí, luego somos capaces de pagar 100 € por ver un partido de futbol, pagar 8 € por un cubata… y así ejemplos mil. Parece que los creadores deberían de hacerlo gratis, por amor al arte, como si la mera satisfacción ya fuera suficiente. Es posible que todo esto que escribo esté de más porque Antoniomm lo ha dicho todo, y bien , desde luego.

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  70. Gregorio, estoy suscrito a Revista de Libros desde hace al menos cinco años. Nunca tiré ningún ejemplar, por lo que conservo todos.
    Esta mañana he ido a la Biblioteca Pública de Sevilla para dejarlos allí. Mientras esperaba vi en la estantería de adquisiciones recientes uno de esos libros a los que aludes y que tiene relación con nuestro anfitrión: “Harpo habla” con una introducción de Elvira Lindo.
    Cuando leí en el blog de Elvira dicha introducción se me hizo la boca agua pero pensé “bueno, dejemos pasar un poco el tiempo, ahora hay muchos gastos y muchos libros aún por leer”.
    Bien, pues ahí está para que el que quiera lo lea gratis total: free en ambos sentidos de la palabra.
    Con esto de los e-books, iPads, etc. hace algún tiempo hablaba con alguien que se jactaba de que así podía leer gratis casi todo. De pronto se me ocurrió algo: le dije que yo tenía lo último, un adminículo del tamaño de una tarjeta de crédito con el que podía no sólo leer libros gratis, sino ver películas y escuchar música. Ante la pregunta de mi interlocultor que salivaba por ver esa maravilla me saqué de la cartera el prodigio: el carnet de la Biblioteca.
    Saludos, salud

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  71. Inobjetable, brillante, profundo, didáctico, exhaustivo artículo de nuestro anfitrión. Pero mientras muchos creadores ven minimizados sus derechos económicos, otros sacan tajadas millonarias de acciones ilegales. El presidente de Telefónica, cuando lo era de Tabacalera, abusó de información privilegiada, con una ganancia de 1’8 millones de euros, efectuando una jugada bursátil en perjuicio de los accionistas: son hechos declarados probados por el Tribunal Supremo. Por este delito el fiscal pedía cuatro años y medio de prisión. Es absuelto por prescripción, merced a un tecnicismo jurídico. El País apenas recoge la noticia. Nos informa, eso sí, que el sueldo medio de los consejeros de las compañías que cotizan en Bolsa creció un 8.3% el año pasado (un 11.7% los consejeros ejecutivos), situándose en casi 292 mil euros anuales, que se elevan a 416 mil en los cargos de alta dirección. Todo ello en una situación de crisis. Sin comentarios.

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  72. Gregorio: ¿20 libros al mes? ¿20 novedades? ¿Hay 20 novedades al mes que se puedan o aún merezcan ser leídas? ¿No hay librerías de viejo, bibliotecas, amigos? Y además, sinceramente pienso que el placer de la lectura empieza en la librería cuando uno tiene que decidir con cuál quedarse porque no tiene dinero suficiente para comprarse dos o tres. ¡Esos momentos de decisión nos hacen crecer!

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  73. Maravilloso alegato, que comparto, por los derechos de propiedad intelectual. Eso sí, habría que fomentar una ley seria -lo cual es mucho pedir hoy en día- que, por un lado, no pretendiera poner puertas al campo (de internet) y, por otro, permitiera que el coste final de un libro no pasara de los 10 ó 12 (u “o” sin tilde, uno ya no sabe) euros. Probablemente, si ninguna de las cadenas del eslabón de la industria tuviera más margen de beneficio neto que el propio autor, ningún libro valdría (mejor dicho, costaría) más de 5 ó 6 euros.
    Gracias por el blog, yo espero que siga REGALÁNDONOS sus reflexiones. Feliz navidad a quien lo hace y también a quienes lo disfrutan como yo.

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  74. “La gratuidad significa que son otros los que pagan”. Esta frase de Antonio es un buen resumen de todo este entuerto.
    Repito lo dicho en la entrada anterior: Todos somos internautas, pero no todos somos delincuentes. Y eso de la “Cultura gratuita” es robar, simplemente; y además toda esta retórica me recuerda a las tonterías del mayo del 68, y su jerga de claims y eslóganes de publicistas. En el 68 francés la clase obrera era la policía y hoy, en este embrollo, lo son los artistas, que con mucho esfuerzo sacan sus obras adelante. Hay que reconvertir los diferentes negocios, de acuerdo. Pero, por favor, quitémonos la palabra gratis de la boca. Nadie trabaja a cambio de nada. Y el arte es trabajo, de lo contrario será hambre para los artistas y pobreza para los que nos gusta el arte.

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  75. Mi reflexión sobre ésto, estoy conforme con lo que dice AMM, pero…
    ¿No habría un término medio en el que no costara tanto un libro?

    Si soy lector asiduo y me apetece leer muchas de las novedades es imposible poder comprarlas todas a un precio medio de 24€.

    Si compro 20 libros al mes: 480€, ¡casi la mitad de mi sueldo! y tengo que comer, pagar la hipoteca, pagar el coche….

    ¿Y si las novedades fueran más baratas?¿No se venderían más cantidad de libros?.

    Y que conste que estoy de acuerdo en que los autores tienen que cobrar por su trabajo igual que cualquiera de nosotros.

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