De una librería a otra

Posted By on Nov 7, 2010 | 58 comments


Ayer tarde presentó Elvira su novela en una de las mejores librerías independientes de la ciudad, McNally Jackson, que está en el corazón del Soho. La librería tiene un escaparate amplio de esos que atraen infaliblemente la mirada, por la variedad inteligente de su selección, y un pequeño café en un costado, donde uno puede sentarse a leer o a mirar a la gente que pasa por la calle Prince. En ella hay una excelente sección en español, que dirige un librero vocacional venido hace unos años de Montevideo, Javier Molea, un activista que está poniendo siempre novedades en español o traducidas de él en zonas bien visibles y que organiza lecturas, presentaciones, clubes del libro, recitales poéticos, inventos nuevo casi cada día. Ahora se le ha ocurrido pedir a escritores en español que van por allí que le hagan la lista de los cinco libros que se llevarían no a una isla desierta, sino a la otra vida, en caso de que exista y de que haga falta tener lecturas sólidas para la eternidad.

Fue un acto cordial, nada ceremonioso, a la manera neoyorquina, y también a la de Buenos Aires y Montevideo: un grupo amplio de gente, una mesa, un micrófono. Había amigos de Nueva York con los que nos entendemos en inglés pero que comprenden español y había gente de esa comunidad lectora que no se encuentra en ninguna otra parte, porque cada uno tiene el español como lengua materna pero lo habla con distinto acento, y pertenece a una tradición literaria a la vez muy específica y muy universal: peruanos, colombianos, argentinos, españoles, cubanos, hasta un amable señor sefardí que me dio su tarjeta y resultó llamarse Zahur Klemath Zapata, y regentar una editorial de libros digitales. Con un nombre así uno está en condiciones de dedicarse a lo que sea.

El espacio de la librería, con ese grupo nutrido de gente lectora, era intensamente acogedor. No había la menor sensación de declive, ni de nostalgia sepia por tiempos idos que nunca fueron mejores. La conversación iba a ser en principio entre Elvira y Javier, pero me vi yo también enrolado en ella, y creo que charlamos con una naturalidad que a veces nos falta en España, donde tiende a haber tantos sobreentendidos, donde siempre sabes que habrá quien escuche lo que estás diciendo creyendo que en realidad dices otra cosa. Ante un público así lo que resalta más de un libro es lo que tiene de más verdadero, porque los detalles locales se han difuminado con la distancia. Hablamos de Galdós, de Chejov, de Alice Munro, presencias tutelares en la escritura de Elvira, y luego ella leyó uno de los pasajes cruciales de la novela, con esa nítida voz suya tan educada por la radio, que nos volvía conscientes de la primitiva condición oral de todo relato. Hubo un silencio subyugado entre el final de su lectura y el principio del aplauso.

Cómo se nota cuando en una librería trabaja gente que sabe y que ama la literatura: en vez de amontonarse como productos en serie cada volumen resalta con su hermosa individualidad. Fatalmente me enamoré de uno nada más entrar: las cartas de Saul Bellow, recién publicadas, con una foto de portada en la que Bellow muestra su magnífica sonrisa de novelista que siempre tuvo algo de galán.

Claro que está bien, para muchas cosas, el libro electrónico. El Kindle no pesa casi nada y te permite llevar por ahí toda una biblioteca, y la tinta electrónica no necesita iluminación y no cansa la vista. A mí no me falta en ningún viaje. Pero para leer esas cartas de Bellow o el libro de poemas que acaba de sacar el gran Charles Simic yo prefiero el papel. Y no soy apocalíptico: habrá libros electrónicos y libros de papel, creo yo, igual que hay aviones y trenes y coches particulares y cada uno ocupa su sitio en el ecosistema del transporte. En Nueva York hay a pesar de los pesares unas cuantas librerías independientes como esta McNally Jackson en la que Javier Molea milita con entusiasmo por la literatura.La fuerza de Barnes & Noble era que estaba en todas partes, y en todas partes era igual, y al final esa ha resultado ser su debilidad. Lo que hace fuerte a una librería independiente es que no se parece a ninguna otra.