Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

El borrador infalible

El borrador infalible

La mano del artista dibuja o pinta a toda velocidad sobre una superficie cualquiera: una hoja de papel, una tabla de pequeño formato que ha encontrado en el desorden del taller. La elección es tan rápida, tan descuidada en apariencia, que el papel puede tener en el reverso unas cuentas garabateadas, y la tabla haber sido usada para un boceto previo. La mano con el pincel o el carboncillo se mueve a la misma velocidad infalible con que se moverán las de un músico improvisando sobre el teclado, explorando en busca de algo que no se sabe bien lo que es, porque será preciso haberlo hecho para averiguarlo. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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El infame deseado

El infame deseado

Hay libros de historia que dan miedo. Uno los lee atrapado en el suspenso de una desgracia que se acerca con la fatalidad inapelable de lo que ya ha sucedido; y también con la angustia sobre un desenlace que se sabe de antemano. Leemos las crónicas de la República de Weimar asustados por el peligro de que Hitler sea nombrado canciller a finales de 1933. Somos inúti­les profetas que no pueden avisarle a la familia de Anna Frank que han de cambiar de escondite, y preferimos que Antonio Machado no sepa en 1937, en su refugio soleado en la huerta de Valencia, el destino que le aguarda apenas dos años después. La historia es una película trágica que ya hemos visto varias veces, pero que nunca deja de oprimirnos el pecho y acelerarnos el pulso cuando se aproxima el desenlace. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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Uno de los últimos

Uno de los últimos

Un mundo se acaba cuando desaparecen sus últimos testigos. La muerte hace unos días de Cecil Taylor estremece más porque con él se va ya casi del todo un mundo irrepetible de la música del siglo XX, y no solo del jazz. Hay artes fulgurantes que alcanzan su periodo de clasicismo y hasta de ruptura y vanguardia en muy poco tiempo. El cine nació como un entretenimiento de feria a finales de un siglo y apenas 30 años después ya había producido obras maestras. Las primeras películas se conservaron a pesar de la precariedad de su soporte inflamable y de los compuestos químicos del revelado. El primer disco de jazz se grabó en 1917: en su prehistoria, como en la del flamenco, hay una gran oscuridad, porque las músicas populares que no transcribía nadie no podían preservarse antes de la invención del gramófono. En Nueva Orleans no hubo un Béla Bartók que se ocupara de grabar a los músicos callejeros que acompañaban a los entierros, o que llevara su...

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