Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

Afrancesados

Afrancesados

La palabra “afrancesado” no tiene equivalente en francés. El afrancesamiento ha sido una afición o una aspiración española de siglos, cultural y también política, no siempre conectada con alguna realidad francesa, sino más bien con un sueño, un ideal que era el negativo exacto de muchas de las cosas que lamentábamos aquí. El afrancesamiento nació en el siglo XVIII como una querencia por la Ilustración, y duró quizás hasta los años setenta del siglo pasado, ya irreconocible, convertido en moda de radicalismo prochino o de impenetrable jerga filosófica. Me acuerdo de un conocido de entonces abriendo su maleta después de un verano en París, como si abriera el cofre de un tesoro: folletos maoístas, especulaciones de grandes cerebros sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria, etcétera; también una revista de resplandecientes mujeres desnudas que se llamaba Lui. Para entonces, la transparencia magnífica y la agudeza irreverente de la lengua francesa que vivificó a nuestros ilustrados se habían desfigurado en palabrería abstrusa que no significaba nada y que era recibida como...

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Contemplación de las imágenes

Contemplación de las imágenes

Estaba en Berlín en un viaje atareado y muy corto y me encontré a media tarde con dos horas libres. Me dio la tentación de ir a ver el Triunfo del amor, de Caravaggio, que está en un museo de la ciudad, la Gemäldegalerie. Tomé un taxi y procuré no impacientarme midiendo los minutos rápidos que íbamos perdiendo en el tráfico. Acercarse por primera vez a un cuadro que uno ha estudiado mucho pero no ha visto nunca es una emoción llena de intriga. La proximidad y la búsqueda ya forman parte del hallazgo, le agregan la tensión de lo muy esperado, de lo aplazado. Mi primera sorpresa fue la quietud que reinaba en el museo. Los visitantes eran numerosos, pero no demasiados. En el vestíbulo no había ese alboroto entre de cafetería y centro comercial que lo asalta a uno nada más entrar a un museo americano. Al fondo de algunas salas había ventanales que daban a un jardín boscoso. […] Seguir leyendo en EL PAÍS (14/05/2016)...

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Estética de lo inacabado

Estética de lo inacabado

Pietro Aretino se pasó años reclamando a su amigo Tiziano que terminara el retrato que le había hecho y que Aretino le había pagado. Ahora nosotros vemos ese cuadro y nos sobrecoge por su maestría, por la sensualidad de los rasgos físicos y los lujosos tejidos venecianos, por la presencia imponente que establece delante de nosotros ese hombre grande y sanguíneo, barbudo, de grandes manos, de fulminante mirada italiana. Si un retrato es la invocación de una presencia, el Aretino de Tiziano es uno de los retratos pintados o esculpidos mejores que existen. Estremece la cercanía física, el volumen rotundo, la carnalidad de ese hombre, la expresión de sus deseos en la mirada y en el gesto de la boca, en la satisfacción del lujo, en el vigor de las manos, un hombre de gran inteligencia y de enormes apetitos, un grandullón sanguíneo dotado de una tranquila arrogancia que no se inclina ante nadie. […] Seguir leyendo en EL PAÍS...

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