Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

Un cierto paraíso

Un cierto paraíso

Dice Simone Weil que hay un infierno habitado por personas que creen encontrarse en el paraíso. En 2013, a los 25 años, Anna Wiener se mudó de Nueva York a San Francisco, siguiendo la promesa de un trabajo en una compañía de Silicon Valley, una start-up dedicada a la gestión de datos masivos. Wiener no tenía una formación científica ni tecnológica, sino literaria. Después de licenciarse en la universidad había ocupado puestos subalternos en el mundo editorial, en una época marcada todavía por la gran recesión de 2008. En la agencia literaria en la que trabajaba como asistente con un sueldo muy bajo el ambiente era de desánimo. Todo, en el mundo de los libros, parecía ir deteriorándose: menos lectores, menos librerías, la primacía insolente y destructiva de Amazon, el aire de anacronismo de los volúmenes tangibles y las páginas impresas frente a la novedad cegadora de todo lo digital. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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Ciudad de almas perdidas

Ciudad de almas perdidas

Hay retratos exactos; retratos de ciudades igual que de personas. Quien no conoce el original admira la verosimilitud y siente en la imaginación el estremecimiento de una presencia cierta. Quien conoce bien el modelo y está en condiciones de comparar se asombra de la precisión del parecido, confirmado por detalles mínimos y sutiles que no pudieron ser inventados porque constituyen la médula misma de lo real. La paradoja del retrato es que, ateniéndose a la superficie de lo que ven los ojos, alumbra lo profundo y deja intuir lo secreto. La cara es el espejo del alma. Uno mira la cara en el retrato, o la ciudad en una narración, en una película, en una serie de fotografías, y puede decir, como señalando con el dedo: “Es así”. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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La narración ilimitada

La narración ilimitada

Empecé hace unas semanas a leer a Don Winslow y no he podido dejarlo. Hasta hace muy poco apenas me había fijado en sus libros y ahora empiezo uno en cuanto he terminado el anterior, y compruebo con impaciencia, casi con alivio, que acaba de publicarse otra novela suya, que reseñaba hoy mismo The New York Times. Lo peor de los prejuicios es que uno no sabe que los tiene. En escaparates de librerías, en suplementos literarios de aquí y de fuera, yo había encontrado el nombre de Don Winslow, pero no me había fijado mucho en él porque venía asociado a ese tipo de novelas que uno ve muy destacadas en las librerías de los aeropuertos, con portadas como titulares sensacionalistas, a veces en letras doradas en relieve. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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