Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

Fotografía de la exactitud

Fotografía de la exactitud

La posteridad ha empezado muy pronto para Irving Penn. Murió en 2009, a los 92 años, y este verano el Metropolitan de Nueva York le dedica una gran exposición con motivo de su primer centenario. Irving Penn ha sido nuestro contemporáneo, pero nos da la impresión de que vivió en otra época, quizás porque sus fotografías más conocidas irradian un sentido de la belleza, de la dignidad, de la concisión expresiva que no parece muy propio de este tiempo nuestro. Nosotros vivimos en un atolondramiento de imágenes digitales que se multiplican lo mismo en las pantallas mínimas de los teléfonos móviles que en las de los paneles publicitarios de las calles, de las estaciones, de los andenes del metro. Irving Penn tomaba sus fotos con una Rolleiflex de gran sofisticación mecánica, no apta para la rapidez ni la improvisación, y luego las revelaba él mismo según un procedimiento ya en época anticuado que se basaba en el uso no del nitrato de plata, sino de platino. Era un método...

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Liturgia del gurú

Liturgia del gurú

Cuando era muy joven, en 1976, presencié de cerca la llegada de un gurú al que se recibió entonces como he visto que se recibe ahora en Madrid al filósofo Zizek. Era en Granada, en una primavera excitante y convulsa, solo unos meses después de la muerte de Franco. Era el tiempo en el que la dictadura parecía que se debilitaba o se desmoronaba y en el que lo nuevo tardaba tanto en llegar que vivíamos en el aire, en suspenso, en un presente que se desprendía del pasado, pero que no tenía conexión con ningún porvenir verosímil. En Granada, el Hospital Real, entonces la sede de la Facultad de Letras, era un enclave casi extraterritorial de libertad insegura, de una sublevación afiebrada que sin embargo no solía extenderse más allá de los portones de la entrada, del jardín delantero del edificio. Por las calles de la ciudad seguían patrullando las mismas furgonetas grises de la policía. Las noticias sobre detenciones y palizas ahora escaseaban, pero no habían desaparecido....

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Los bosques de Thoreau

Los bosques de Thoreau

Llevaba toda la tarde del domingo leyendo el diario de Thoreau y de repente un viento de tormenta abrió la ventana e inundó la casa de olor a lluvia próxima y a las flores de los aligustres de la acera. Me eché a la calle y antes de llegar al Retiro ya me había sorprendido una lluvia dispersa. Era consciente de que sin la lectura en la que había estado sumergido mis percepciones serían mucho menos precisas, mi ánimo menos vigoroso. Una caminata por Madrid hacia el parque del Retiro no se parece mucho a las excursiones de Henry David Thoreau por los bosques de Nueva Inglaterra, pero su celebración de la naturaleza y su empeño en observarla y medirla con la misma deliberación con que componía sus frases me impulsaba a fijarme más en las cosas, a prestar atención siquiera a una parte mínima de lo que Thoreau era capaz de captar: el olor de la tierra polvorienta mojada de pronto por gotas redondas; el sonido de oleaje...

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