Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

Misterios policiales

Misterios policiales

Uno de los placeres inmemoriales de la novela es el de asomarnos al funcionamiento de un mundo cerrado que despierta nuestra curiosidad y del que sabemos muy poco. Las tramas de John le Carré en sus mejores años a veces eran de una tortuosa complicación en la que uno podía perderse con facilidad: pero lo que de verdad nos atraía era la atmósfera menos aventurera que administrativa del servicio secreto británico, ese Circus por el que deambula como un fantasma absorto George Smiley, y en el que David Cornwell había trabajado antes de hacerse novelista y adquirir otro nombre más exótico. Smiley indaga en archivos, examina con sus gafas de aumento los expedientes que algún funcionario le ha traído en un carrito de ruedas. Es un mundo desconocido para nosotros y muy pronto se vuelve un mundo familiar, tanto como el de la policía judicial de París, donde trabaja a su ritmo el comisario Maigret, lento e infalible, con la eficacia doble de la adivinación intuitiva y de los...

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En el espejo arde una ciudad

En el espejo arde una ciudad

El 1 de junio de 1938, Ödön von Horváth iría por París con la sensación a la vez exaltada y tranquilizadora de haberse puesto a salvo. Había visto con sus propios ojos cómo la Europa que conocía y amaba se rendía al nazismo: primero Alemania, donde sus libros y sus obras de teatro estaban prohibidos desde 1933; después Austria, donde Horváth había presenciado los rugidos de fervor criminal con que las multitudes recibían a Hitler en las calles civilizadas de Viena. Horváth era tan hijo del antiguo Imperio Austrohúngaro como su amigo Joseph Roth, que también había empezado ya su larga huida. Roth venía del mundo apartado de las comunidades judías de Ucrania y Polonia; Von Horváth, de una aristocracia administrativa y militar, entre germana y húngara, con conexiones balcánicas. Que dos autores contemporáneos, que escribían en la misma lengua alemana, vinieran de orígenes geográficos y sociales tan diversos es un síntoma de la fluidez admirable de aquel mundo, muy pronto destrozada por el veneno doble del nacionalismo y...

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El espíritu de la novela

El espíritu de la novela

Cada verano, en cuanto dejo atrás las obligaciones más o menos agobiantes de la temporada, compruebo la distancia, creciente para mí, entre la literatura y lo que se llama la vida literaria, entre las tareas solitarias de escribir y leer y el espectáculo de la presencia pública, entre la concentración y la paciencia del hacer callando y la fatiga y la necesidad de explicar lo que se ha hecho, lo que mejor sería dejar que se explicara por sí solo. Cada verano aprendo de nuevo que al escribir y al leer, en grados distintos, disfruto tanto que llego a olvidarme de mí mismo, pero que al publicar me vuelvo nervioso, inseguro, vulnerable, suspicaz, ansioso. Escribir es una afición y un trabajo que se vuelve soluble en las tareas y las distracciones de la vida diaria, en un fluir continuo que incluye caminatas, conversaciones, ocupaciones domésticas, siestas lectoras, salidas gratas para tomar algo y no volver a casa demasiado tarde. Publicar es exhibirse. El libro es un producto frágil que...

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