Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

La bondad implacable

La bondad implacable

No hay fines nobles que en virtud de su nobleza justifiquen el uso de medios inmundos. Los medios son los fines. Los llamados fines son el medio y la excusa para imponer una dominación. Procuro no hacer el menor caso de los fines o los ideales explícitos que asegura tener la gente. No hay ninguna dificultad en inventar un ideal luminoso. No cuesta ningún dinero, y casi ningún esfuerzo, salvo el de la simple enunciación, y quizás algún gasto en propaganda. Hasta la obtusa sed de sangre de los pistoleros etarras podía envolverse en el ideal arcádico de una comunidad liberada, noble, feliz. El crimen y el terror no eran el medio necesario o disculpable para alcanzar ese fin. Eran el fin en sí mismo, por otra parte muy conocido y muy experimentado en muchos sitios del mundo: la dominación de las personas y de las conciencias a través del miedo. No es verdad que distintos ideales, a veces muy alejados entre sí, puedan compartir a veces medios semejantes....

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Fortuny contra Fortuny

Fortuny contra Fortuny

Cioran habla en sus cuadernos de la “melancolía de ser comprendido”. Alan Bennett, en el último volumen de sus diarios, anota con resignación que cualquier cosa que escriba va a ser aceptada respetuosamente por sus lectores, que nadie está dispuesto a enfadarse con él por una afirmación suya, por muy radical que a él le parezca. Hay una pesadumbre y hasta una amargura del artista que no es reconocido, que se sabe o se siente rechazado, y que a veces convierte en orgullo su propia marginalidad, porque le permite incluirse en el catálogo de los que sufrieron en vida un rechazo que solo se convirtió en admiración después de su muerte. Y sin embargo el exceso de admiración también alarma a algunos espíritus angustiados. A lo largo de las páginas de sus CahiersCioran anota, con grados diversos de estoicismo, el poco caso que le hacen en el mundo literario de París, y se queja de la superficialidad de los lectores. Pero de pronto recibe unos cuantos elogios, o es agasajado,...

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Ed van der Elsken dice adiós

Ed van der Elsken dice adiós

Cuando llevaba unos minutos en la exposición de Ed van der Elsken tuve una rara sensación de anacronismo. Veía fotos de gente joven en los cafés y en las calles de París en los primeros años cincuenta, pero me parecían de 30 años más tarde, del East Village de Nueva York en los últimos setenta. Y cuando alguna de ellas era en color, el anacronismo resultaba más visible. Eran fotos al mismo tiempo objetivas e impúdicas. Parecía que la cámara estuviera no muy cerca de los personajes, sino mezclada con ellos. La cercanía era tan poderosa que parecía excluir la mediación de una cámara; también la premeditación del encuadre, y el acto de posar. […] Seguir leyendo en EL PAIS...

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