Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

En cualquier parte

En cualquier parte

En cuanto vi las primeras imágenes en el telediario y luego en el periódico reconocí el lugar. Por ese tramo de carril bici en Nueva York donde un demente o un fanático o las dos cosas a la vez atropelló a 20 personas con una furgoneta y mató a 8 de ellas yo he pasado muchas veces a lo largo de los últimos años. La última fue hace solo unos meses, a finales de julio. Me estaba despidiendo de mi vida en la ciudad y una de las maneras de hacerlo era repetir itinerarios de caminatas o de paseos en bicicleta que ya se han quedado impresos para siempre en mi memoria. Hay mucho cine y mucha literatura idiota dedicados a celebrar la inteligencia de los asesinos, pero matar es extraordinariamente fácil. Matar a gente común en una ciudad muy viva y muy vivida no tiene ningún mérito. El carril bici de la orilla del Hudson, o la bicisenda, como dicen con más belleza en América Latina, transcurre en...

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Otro Zuloaga

Otro Zuloaga

Cuando yo era muy joven, recién salido de la Facultad, los cuadros de Ignacio Zuloaga no podían gustarme. Los aficionados al arte moderno, los aspirantes a estudiosos, nos habíamos educado en una idea evolutiva y lineal de la pintura, que empezaba en Cézanne, seguía con Picasso y el cubismo, luego los surrealistas, después la abstracción. Hasta el arte pop ofrecía serias dudas, porque al fin y al cabo era una vuelta a la representación de lo visible, que los teóricos del expresionismo abstracto americano habían proscrito. Igual que en la historia se sucedían necesariamente periodos determinados por los modos de producción y las relaciones de clase, en el arte unas escuelas engendraban otras, según una dirección inevitable, como la de la evolución de las especies. Todo artista que se quedara al margen de la línea inflexible de la evolución estaba condenado al descrédito y por supuesto al olvido, a un basurero estético que sería como un gran solar de desguace y chatarras. Al pobre Willem de Kooning, el crítico y gran inquisidor...

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Vida de biógrafo

Vida de biógrafo

Cada vida humana es improbable y única. Cada una es un misterio. Henry James escribe: “Nunca pienses que puedes decir la última palabra sobre alguien”. James Atlas corrige: “Tampoco la primera”. James Atlas sabe de qué habla. Ha dedicado una gran parte de su vida a averiguar las vidas de otros. Cuando era todavía muy joven se puso a escribir la biografía del poeta Delmore Schwartz, que había aparecido como un cometa en la literatura americana de los últimos años treinta, y que en poco más de una década se hundió en el alcoholismo y la enfermedad mental y murió de un ataque al corazón en un hotel para desahuciados de Nueva York, en la periferia sórdida de Times Square. Atlas era un universitario joven enamorado de la literatura y de esa gran escuela anglosajona de la biografía. En Oxford había estudiado con Richard Ellmann, probablemente el mejor biógrafo literario del siglo, el que contó con tanta erudición como sensibilidad estética y pulso narrativo la vida de James Joyce....

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