Antonio Muñoz Molina

Visto y no visto


Un día no es un día de una vida, sino una vida

Juán Ramón Jiménez

El testigo improbable

El testigo improbable

Nada auguraba que Friedrich Reck pudiera convertirse en un héroe de la resistencia contra el nazismo; ni siquiera en una víctima. Era un escritor de novelas de entretenimiento de mucho éxito que se hacían más populares aún cuando las adaptaban al cine. Tenía fama entre sus conocidos de vividor, de buen conversador, incluso de fabulista. Su figura, en público y también en privado, era en gran parte una invención. Vivía en un antiguo convento gótico, en una finca en el campo cerca de Múnich, y adoptaba maneras de hacendado rural, como de aristócrata o de oficial retirado de caballería. Se preciaba de sus conexiones con la casa real de Baviera, depuesta en 1919. En realidad la finca y el monasterio los había comprado con los derechos de autor de sus novelas, y solo había pasado muy brevemente por el ejército en su juventud. Pero era verdad que amaba la belleza del campo, la majestad sombría de los bosques, la limpidez de los ríos, y también los objetos de arte...

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Apocalipsis del coral

Apocalipsis del coral

Hay pasiones del conocimiento a las que vale la pena dedicarles la vida. Richard Vevers era un publicitario muy bien pagado en una agencia de Londres y un aficionado al submarinismo. En un cierto momento se confesó a sí mismo un malestar que llevaba tiempo remordiéndolo: estaba dedicando toda su inteligencia y toda su capacidad profesional a seducir a la gente para que comprara cosas innecesarias y triviales. Cuando se sumergía en el agua y daba unos talonazos hacia el fondo se encontraba de golpe en un paraíso inconcebible, en mundos de una belleza más resplandeciente todavía porque la mayor parte de los seres humanos no sabían nada de ella. Fuera del agua Vevers trabajaba con nombres y productos universalmente conocidos que en la mayor parte de los casos no servían para nada. Al sumergirse pasaba del ruido al silencio, de la acumulación y la repetición de lo banal al descubrimiento de lo misterioso y lo único. Como tantas personas, vivía en dos mundos ajenos entre sí, los suyos...

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Fotografía de la exactitud

Fotografía de la exactitud

La posteridad ha empezado muy pronto para Irving Penn. Murió en 2009, a los 92 años, y este verano el Metropolitan de Nueva York le dedica una gran exposición con motivo de su primer centenario. Irving Penn ha sido nuestro contemporáneo, pero nos da la impresión de que vivió en otra época, quizás porque sus fotografías más conocidas irradian un sentido de la belleza, de la dignidad, de la concisión expresiva que no parece muy propio de este tiempo nuestro. Nosotros vivimos en un atolondramiento de imágenes digitales que se multiplican lo mismo en las pantallas mínimas de los teléfonos móviles que en las de los paneles publicitarios de las calles, de las estaciones, de los andenes del metro. Irving Penn tomaba sus fotos con una Rolleiflex de gran sofisticación mecánica, no apta para la rapidez ni la improvisación, y luego las revelaba él mismo según un procedimiento ya en época anticuado que se basaba en el uso no del nitrato de plata, sino de platino. Era un método...

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