En medio de las tareas diarias vas a hacer uno de tantos pagos triviales o mínimos y la tarjeta de pronto no funciona, y ya se ha desbaratado el día y el orden de las cosas. Me acuerdo de la voz robótica que sonaba en el teléfono, cuando quería hacer un pago en Nueva York, y me sentía aún más desvalido por encontrarme en un país extranjero: Your card has been declined. No era mi tarjeta la que era rechazada, era yo mismo, y la mente se angustiaba de inmediato, porque sin la tarjeta me encontraba extraviado en un mundo ajeno, condenado a una indigencia más o menos transitoria, pero siempre temible. Las redes tecnológicas, que parecen facilitarlo todo, pasan en un segundo de lo instantáneo a lo imposible, y la máxima libertad se vuelve de pronto cautiverio, y la seguridad incertidumbre, del mismo modo que la sonriente cordialidad americana desaparece en una cara administrativa si se ha dado un mal paso o cometido un pequeño error. Your card has been declined.
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