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	<title>Antonio Muñoz Molina</title>
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		<title>Presencia invisible</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 03:30:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mañana, miércoles, tenemos como lectura en la clase de no ficción Hiroshima, de John Hersey. Probablemente nunca se ha hecho mejor literatura contando hechos desnudos, con una contención que de manera misteriosa no implica lejanía ni indiferencia, sino muy al contrario, perspicacia observadora y compasión profunda hacia el dolor. De todo el  espanto de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mañana, miércoles</strong>, tenemos como lectura en la clase de no ficción <em>Hiroshima, </em>de John Hersey. Probablemente nunca se ha hecho mejor literatura contando hechos desnudos, con una contención que de manera misteriosa no implica lejanía ni indiferencia, sino muy al contrario, perspicacia observadora y compasión profunda hacia el dolor. De todo el  espanto de la primera explosión de una bomba atómica que mató en pocos minutos a cien mil habitantes de una ciudad de trescientos mil, y dejó otros tantos atrozmente heridos o desfigurados, Hersey eligió a seis personas, gente cualquiera, ni siquiera muy representativa, una oficinista de 20 años, un misionero jesuita alemán, un pastor metodista, dos médicos, una costurera con tres hijos. El talento  del autor consiste, paradójicamente, en borrar cualquier huella de su presencia. Todo lo que se cuenta es cierto. No hay nada que no esté contado desde el punto de vista de cada una de esas seis personas que una mañana de agosto, poco después de las ocho, ven una luz cegadora que no trae consigo ningún sonido y sienten que está acabándose el mundo.</p>
<p><strong><em>Hiroshima </em>es un reportaje</strong> de poco más de 30.000 palabras que se publicó en el <em>New Yorker </em>en 1946. Una obra maestra no tiene por qué tardar mucho tiempo en hacerse. Hersey, que había pasado toda la guerra de corresponsal en los frentes, estuvo en la ciudad quince días, viendo de cerca la destrucción, hablando con sus testigos elegidos. Volvió a Nueva York y en un mes había terminado el trabajo.</p>
<p><strong>Leerlo es vacunarse</strong> contra la tentación del histrionismo, contra esa costumbre que hay ahora en los periódicos de parlotear como poniéndose uno delante de las cosas, haciéndose el genio o el maldito o el listo o el enterado o el radical o el gracioso. Hay que tener una cortesía hacia lo que se cuenta y hacia las personas de las que se escribe, dice Claudio Magris, saber que importan más que el relato que nosotros hacemos de ellas. Leo el libro seguido, y cuando he llegado al final regreso al principio con el cuaderno abierto y el lápiz, fijándome más porque he de tomar notas para la clase de mañana.</p>
<p><strong>No se puede</strong> escribir mejor.</p>
<p><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/hiroshima-by-john-hersey-7033264300.jpg" rel="lightbox[3609]"><img class="aligncenter size-medium wp-image-3610" title="hiroshima-by-john-hersey-7033264300" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/hiroshima-by-john-hersey-7033264300-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La máquina de viento</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 04:40:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrito en un instante]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace años estábamos en un bar de Cádiz y el camarero se aburría viendo que no llegaba a decidirme por ninguna de las ricas especialidades que iba recitándome de memoria. Le dije que me apetecía algo ligero y él contestó como un rayo, con su tono de guasa: -¿Una bicicleta&#8230;? Le he hecho caso, lejos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hace años estábamos</strong> en un bar de Cádiz y el camarero se aburría viendo que no llegaba a decidirme por ninguna de las ricas especialidades que iba recitándome de memoria. Le dije que me apetecía algo ligero y él contestó como un rayo, con su tono de guasa:</p>
<p>-¿<strong>Una bicicleta</strong>&#8230;?</p>
<p><strong>Le he hecho caso</strong>, lejos de Cádiz y mucho tiempo después. Me he comprado una bicicleta. Pensaba hacerlo cuando acabara el invierno, pero el buen tiempo ha llegado anticipadamente, y no parece que estemos en febrero, que puede ser tan crudo, sino en los días tibios de marzo y abril. Me he comprado una bicicleta de paseo, no de carreras ni de montaña, una bicicleta más contemplativa que deportista, esbelta, de color azul claro, con un manillar que se despliega como dos alas de pájaro. Esta mañana, con el sol limpio y la brisa fría del Hudson, he subido por el paseo de la orilla hasta el puente George Washington, y luego he vuelto con el viento salado en la cara. En el supermercado Fairway de Harlem, que está en una zona de edificios industriales y altos puentes de hierro sobre los que vibran los raíles del tren y del metro, he hecho la compra y la he traído en mi mochila, pedaleando por el mismo sendero por el que corría hace cinco o seis años, por el que he hecho tantos kilómetros caminando. A cada velocidad el paisaje es distinto. En bicicleta parece que a uno lo lleva la corriente del río y el empuje del viento.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/Cykel.jpeg" rel="lightbox[3604]"><img class="aligncenter size-medium wp-image-3607" title="Cykel" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/Cykel-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
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		<title>Más lecturas</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 02:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrito en un instante]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizás sea útil dar cuenta de las lecturas sobre la República y la guerra que sí han estado disponibles en España desde hace mucho tiempo, o al menos de las que a mí más me han ayudado a comprender, a intentar imaginar no sólo qué sucedió, sino como lo veían quienes lo estaban viviendo. Algunos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Quizás sea útil dar</strong> cuenta de las lecturas sobre la República y la guerra que sí han estado disponibles en España desde hace mucho tiempo, o al menos de las que a mí más me han ayudado a comprender, a intentar imaginar no sólo qué sucedió, sino como lo veían quienes lo estaban viviendo. Algunos de estos libros me han inspirado en mi propia escritura. En todos creo que hay cosas que aprender, casi todas amargas. Pero la Historia no es una plastilina que uno pueda modelar a su gusto.</p>
<p><em><strong>1. Libros de historia</strong></em></p>
<p><em><strong>El laberinto español, </strong></em>de Gerald Brenan: se publicó originalmente en los años 40. Está lleno de simpatía por el pueblo español, y aún tiene vigencia.</p>
<p><em><strong>La Guerra Civil española, </strong></em>de Hugh Thomas, muy bien escrita y muy bien informada, a veces con un desapego que puede resultar doloroso.</p>
<p><strong><em>La República española y la Guerra Civil, </em></strong>de Gabriel Jackson: más sintética, pero también más solidaria. Gabriel Jackson publicó hace unos años un libro muy bueno sobre Juan Negrín.</p>
<p><strong><em>Tres días de julio, </em></strong>de Luis Romero: apareció en España creo que a finales de los sesenta, y se ha reeditado muchas veces. Una colección de testimonios directos sobre el principio de la guerra.</p>
<p><strong><em>The Spanish Civil War, a very short introduction, </em></strong>de Helen Graham. Un resumen espléndido, muy atento a la presencia de las mujeres.</p>
<p><strong><em>1936 </em></strong>, de Enrique Moradiellos: una síntesis breve y utilísima de todas las cosas en las que la historiografía está básicamente de acuerdo. Moradiellos también tiene una biografía larga y apasionante de Juan Negrín.</p>
<p><strong><em>Los tres golpes contra la República, </em></strong>de Francisco Márquez. tiene la originalidad de centrarse en las tres tentativas armadas sucesivas, la de Sanjurjo, la revolución del 34 y la que sí tuvo éxito.</p>
<p><strong><em>Enterrar a los muertos, </em></strong>de Ignacio Martínez de Pisón. Una investigación muy literaria y muy seria sobre el asesinato en Valencia, a manos del espionaje soviético, del traductor de Hemingway y John dos Passos.</p>
<p><strong><em>Franco, </em></strong>de Paul Preston: una biografía de terror, para leer acompañada de <strong><em>El holocausto español.</em></strong></p>
<p><strong><em>La represión nacionalista en Granada y el asesinato de Federico García Lorca, </em></strong>de Ian Gibson. Todavía imprescindible: y estaría bien revisar un libro suyo mucho menos conocido sobre el asesinato de Calvo Sotelo.</p>
<p>****</p>
<p><strong><em>2. Testimonios personales:</em></strong></p>
<p><strong><em>La velada en Benicarló</em></strong>, de Manuel Azaña: una reflexión desgarrada desde el interior del bando republicano.</p>
<p><strong><em>Guerra y vicisitudes de los españoles, </em></strong>de Julián Zugazagoitia: lo escribió en París, entre el final de la guerra y su detención por la Gestapo. Tan leal a la República como autocrítico.</p>
<p><em><strong>La llama, </strong></em>el tercer tomo de la trilogía de Arturo Barea.</p>
<p><strong><em>Una vida presente, </em></strong>de Julián Marías: el testimonio de un joven republicano y católico, impagable, magníficamente escrito.</p>
<p><strong><em>Los grandes cementerios bajo la luna, </em></strong>de George Bernanos: era un católico conservador y quedó asqueado por la crueldad de los sublevados en Mallorca.</p>
<p><strong><em>Homage to Catalonia </em></strong>de George Orwell.</p>
<p><strong><em>Testamento español, </em></strong>de Arthur Koestler: condenado a muerte por los franquistas en una celda de la prisión de Málaga.</p>
<p><strong><em>Una mujer en la revolución, </em></strong>de Clara Campoamor: fue la gran instigadora de la extensión del voto a las mujeres. La horrorizó ver lo que sucedía en Madrid en el verano de 1936.</p>
<p><strong><em>3. Ficción</em></strong></p>
<p><strong><em>El laberinto mágico, </em></strong>de Max Aub: el ciclo novelesco más ambicioso desde los episodios de Galdós.</p>
<p><strong><em>Días de llamas, </em></strong>de Juan Iturralde. Se publicó por primera vez en 1978 y no le hicieron ningún caso.</p>
<p><strong><em>Largo noviembre de Madrid, Capital de la gloria, La tierra será un paraíso: </em></strong>probablemente los mejores relatos escritos nunca sobre esos tiempos, por un maestro casi secreto, Juan Eduardo Zúñiga.</p>
<p><strong><em>El diario de Hamlet García, </em></strong>de Paulino Massip, otro de los grandes olvidados del exilio.</p>
<p><strong><em>San Camilo, 1936, </em></strong>de Camilo J. Cela: le falta empatía humana, como era frecuente en Cela, pero hay una crónica muy poderosa del comienzo de la guerra en Madrid.</p>
<p><strong><em>Madrid, de corte a cheka</em></strong>, de Agustín de Foxá: era un señorito fascista, y habría sido mejor escritor si no destilara tanta mala leche ideológica, pero esta novela, muy valleinclanesca, merece ser leída.</p>
<p><strong>Hay muchos más</strong>, claro. Se pueden incluir las memorias dibujadas de Carlos Giménez, y un documental fantástico de Carlos García-Alix, <em>El honor de las Injurias, </em>y la gran serie que hizo la BBC, y una película de Alfonso Ungría basada en historias de Max Aub, <em>Soldados, </em>y <strong><em>Ay Carmela, </em></strong>de Carlos Saura.</p>
<p><strong>Ah, y se me olvidaba</strong>, uno de los mejores, uno de los poquísimos testimonios de un soldado de a pie, las memorias de Miguel Gila.</p>
<p><strong>Sin conocimiento</strong> de la historia no creo que sea posible la ciudadanía democrática: sin la capacidad para distinguir la historia de la leyenda, o de las proyecciones halagadoras del presente sobre el pasado.</p>
<p><strong>Propongo</strong> que cada cuál añada sus títulos a esta lista.</p>
<p style="text-align: center;">
<div id="attachment_3602" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/GeraldBrenan.jpeg" rel="lightbox[3598]"><img class="size-medium wp-image-3602" title="Gerald Brenan" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/GeraldBrenan-300x287.jpg" alt="Gerald Brenan" width="300" height="287" /></a><p class="wp-caption-text">Gerald Brenan</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
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		<title>Marte, Asamblea de Naciones, Año QS-IO (por Álvaro)</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Feb 2012 06:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gotardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[El blog de los lectores]]></category>

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		<description><![CDATA[Así como la luz se manifiesta a sí misma y a la oscuridad, la verdad es la norma de sí misma y del error Spinoza. Ethica. Siglos, milenios, han trabajado la materia bruta para dar lugar a la más pura conquista: nosotros mismos. (Tímido aplauso) Como la luz se muestra a sí misma y a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Así como la luz se manifiesta a sí misma y a la oscuridad, la verdad es la norma de sí misma y del error<br />
Spinoza. Ethica.</p></blockquote>
<p>Siglos, milenios, han trabajado la materia bruta para dar lugar a la más pura conquista: nosotros mismos.</p>
<p>(Tímido aplauso)</p>
<p>Como la luz se muestra a sí misma y a la oscuridad, así nuestra existencia pone de manifiesto la inferioridad de cuanto nos rodea.</p>
<p>(Palmas sueltas)</p>
<p>Generaciones y generaciones de antecesores vivieron a la intemperie en terrible competencia con nuestros enemigos, y sobrevivimos.</p>
<p>(Silencio dramático, toses)</p>
<p>Luego aprendimos a vivir protegidos en cuevas, en cabañas, en casas, en ciudades cada vez más y más complejas. Luchamos también entonces con infinitas adversidades, plagas y enfermedades. Luchamos también unos con otros. Pero al final triunfamos y sobrevivimos. Aquí estamos, ¿no?</p>
<p>(Algunas palmas)</p>
<p>Llegó la era espacial y desafiamos nuevos retos. Aprendimos a vivir separados precariamente del vacío exterior por delgados cascos de naves espaciales. Tripulaciones enteras murieron por descompresión, por frío, por sed, por hambre, en fuegos y explosiones, por radiación, choques violentos con meteoritos. Envenenamientos: cuántas veces una tripulación entera o parte de ella ha resultado intoxicada con resultado de muerte. Y triunfamos. Aquí estamos en Marte, ¿no?</p>
<p>(Aplausos)</p>
<p>Es verdad que en estas condiciones nuestra mortandad está resultando explosiva, ni siquiera atenuada por las condiciones de semi-hibernación de los viajes espaciales.</p>
<p>(Rebullir en los asientos)</p>
<p>Es verdad que muchas veces falta aire, calor, agua, alimento, y que las disputas entre hermanos por ellos resultan fatales a menudo, sin que sea posible la intervención de autoridad alguna.</p>
<p>(Más rebullir)</p>
<p>Pero -– y ahora Qkrch hizo una pausa dramática en su intervención &#8211;, pero &#8212; nueva pausa &#8212; ¡la propia masa de nuestra población muestra la superioridad de nuestra especie!</p>
<p>(Una ovación cerró su intervención)</p>
<p>N. del T.- En la traducción del lenguaje feromonal Cucaracho QS-IO nos hemos tomado algunas licencias interpretativas, siempre más fieles al espíritu que a la letra en sí del discurso.</p>
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		<title>Hilos narrativos</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 08:49:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gotardo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Ida y vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[De joven pensaba uno que las mejores historias eran las que tenían argumentos muy complicados y llenos de sorpresas, a ser posible coronadas por una sorpresa final que tuviera la contundencia de un choque de platillos o de uno de esos crescendos orquestales que se encargan de avisarnos con varios minutos de antelación del final [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De joven pensaba uno que las mejores historias eran las que tenían argumentos muy complicados y llenos de sorpresas, a ser posible coronadas por una sorpresa final que tuviera la contundencia de un choque de platillos o de uno de esos crescendos orquestales que se encargan de avisarnos con varios minutos de antelación del final de la obra. Quizás el barroquismo argumental es un síntoma de juventud, y hasta yo diría que de juventud masculina. Dejando aparte a las retorcidas novelistas de misterio británicas, cuyo público lector intuyo compuesto sobre todo por hombres, no recuerdo ahora mismo a escritoras propensas a las complicaciones narrativas. Según un narrador va cumpliendo años sus argumentos se vuelven más simples, llegando incluso a un despojamiento como el que encuentra uno en los cuentos de vejez de Borges, tan livianos de trama, tan simplemente enunciativos, que no parecen inventados por la misma imaginación que urdió El jardín de senderos que se bifurcan o La muerte y la brújula. [...]</p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/15/actualidad/1329306435_346481.html">Seguir leyendo en EL PAÍS (18 / 2 / 2012) </a></p>
<div id="attachment_3596" class="wp-caption aligncenter" style="width: 286px"><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/216_2310-Fernando-Pessoa.jpeg" rel="lightbox[3595]"><img class="size-medium wp-image-3596" title="Fernando Pessoa" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/216_2310-Fernando-Pessoa-276x300.jpg" alt="Fernando Pessoa" width="276" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Fernando Pessoa</p></div>
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		<title>Un historiador</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 03:28:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escrito en un instante]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos años, José Luis Rodríguez Zapatero y algunos de sus adláteres intelectuales decidieron que en España, hasta que ellos llegaron, había reinado un silencio opresivo sobre la Guerra Civil. Del hecho de que ellos no habían leído muchos libros dedujeron que tales libros no existían. La historia tuvo éxito fuera de España, porque a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hace unos años</strong>, José Luis Rodríguez Zapatero y algunos de sus adláteres intelectuales decidieron que en España, hasta que ellos llegaron, había reinado un silencio opresivo sobre la Guerra Civil. Del hecho de que ellos no habían leído muchos libros dedujeron que tales libros no existían. La historia tuvo éxito fuera de España, porque a muchos periodistas europeos y americanos les gusta imaginar que nuestro país está siempre sumido en la negrura del pasado, que es una negrura muy exótica, como la de las cejas y las boinas de los primitivos españoles que salen en aquella película bochornosa de Hollywood sobre la Guerra Civil, basada en una novela no mucho menos bochornosa de Hemingway, <em>Por quién doblan las campanas. </em>Escritores prominentes se apuntaron a la moda: les permitía presentarse a sí mismos cómo héroes que rompían un largo silencio. Los periodistas, encantados. Volvían a Finlandia o a Suecia con una historia estupenda: habían encontrado las primeras voces valientes en un país todavía poseído por el miedo.</p>
<p><strong>Esa mentira</strong>, a la que tantos se apuntaron, aparte de muy perjudicial para el crédito exterior de nuestro país, es una grave injusticia: hacia todos los libros y todos los testimonios que sí se escribieron, hacia los volúmenes de memorias y los tratados de historiadores y las novelas, magníficas, buenas, mediocres, malas, que se han publicado en España desde el punto de vista de los vencidos al menos desde que Ángel María de Lera ganó en 1967 el premio Planeta con una historia de anarquistas en los días finales de la República en Madrid, <em>Las últimas banderas.</em></p>
<p><strong>Centenares de libros</strong> extraordinarios se publicaron en España durante esa presunta edad media que solo terminó jovialmente cuando Zapatero descubrió que, a diferencia de casi todos nosotros, él tenía un solo abuelo. Se publicaron en los setenta, en los ochenta, y en muchas veces no se les hizo caso no por una conspiración de silencio, sino por una causa más banal: porque el tema no estaba de moda. Sé de lo que hablo: Julio Llamazares publicó en 1985 <em>Luna de lobos, </em>una hermosa novela lírica sobre los maquis en las montañas de León; mi primera novela salió unos meses más tarde, y más de un gesto de desdén de los mandarines de entonces vino provocado por el hecho de que su argumento tuviera que ver con la guerra y la postguerra españolas.</p>
<p><strong>Acaba de morir</strong> uno de los más grandes historiadores de ese tiempo, <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/13/actualidad/1329160156_783522.html">Ronald Fraser</a>. Sus libros estuvieron publicados en España desde finales de los años setenta. Su <em>Historia oral de la Guerra Civil </em>es para mí el libro más valioso y completo que puede leerse sobre aquellos años: una polifonía de voces que reconstruyen no solo lo que sucedió sino también el tono moral de los que vivieron ese tiempo. Tenía el pulso narrativo de los grandes historiadores británicos, hecho inseparablemente de amenidad y rigor. Su historia del <em>topo </em>de Mijas es uno de los mejores relatos que existen sobre la guerra, en ficción o en no ficción. Como ciudadano y como novelista, mi deuda con Ronald Fraser es impagable. Me da pena no haber tenido nunca la oportunidad de decírselo.</p>
<div id="attachment_3585" class="wp-caption aligncenter" style="width: 244px"><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/Julio_Llamazares.jpeg" rel="lightbox[3580]"><img class="size-medium wp-image-3585" title="Julio Llamazares (Ejrrjs)" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/Julio_Llamazares-234x300.jpg" alt="Julio Llamazares (Ejrrjs)" width="234" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Julio Llamazares (Ejrrjs)</p></div>
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		<title>Gente buena, cosas malas</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 04:47:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para que la gente buena haga cosas malas, querido Diego Ariza, no es imprescindible la religión. Basta una creencia absoluta y arrogante de cualquier tipo, en cualquier cosa,  o ni siquiera eso: basta la aceptación de las normas comunes en determinadas circunstancias y épocas, esas normas que nadie discute porque  todo el mundo, o casi, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Para que la gente</strong> buena haga cosas malas, querido Diego Ariza, no es imprescindible la religión. Basta una creencia absoluta y arrogante de cualquier tipo, en cualquier cosa,  o ni siquiera eso: basta la aceptación de las normas comunes en determinadas circunstancias y épocas, esas normas que nadie discute porque  todo el mundo, o casi, la confunde con el orden natural. En la Unión Soviética, la Cheka y luego la NKVD no contaron solo con sádicos torturadores. Hubo muchos jóvenes idealistas, incluso bondadosos, tranquilamente convencidos de que la ley de la Historia implicaba ciertos sacrificios humanos. El gran Christopher Hitchens ha sido un crítico muy ácido de las religiones, pero fue del brazo del integrista religioso George W. Bush en la guerra de Irak. Cuando yo era niño, y hasta adolescente, las buenas personas estaban, estábamos, convencidas, de que los homosexuales no eran personas normales. La homofobia en algunos casos ha tenido justificaciones religiosas: en la Cuba de Castro la impulsó un régimen oficialmente ateo.</p>
<p><strong>Desmond Tutu</strong>, Rosa Parks, Martin Luther King, eran buenas personas a las que su religión las fortaleció en la militancia por la justicia: otros encontraban simultáneamente la justificación del racismo en la misma Biblia. Thomas Jefferson fue un ilustrado ejemplar: pero fue George Washington, mucho más templado y con sentimientos religiosos, el que dejó en su testamento la libertad de sus esclavos.</p>
<p><strong>Personalmente</strong>, no tengo creencias religiosas, y me aterran los fundamentalismos inspirados por ellas, pero no me asustan menos los que se legitiman en el bien absoluto o la justicia o la patria, o los que no hace tanto, hasta los años treinta del siglo pasado, se inspiraban en la ciencia(la eugenesia, por ejemplo). Y estoy con Manolo Madrid en su queja: me duelen los prejuicios de mucha gente religiosa, pero también los que se ejercen hacia las personas creyentes por el simple hecho de serlo.</p>
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		<title>Música sacra</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 04:48:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una vida musical medio secreta y medio subterránea existe en las iglesias, centros comunitarios, escuelas de Nueva York. Músicos admirables tocan en salones de actos grandes, sólidos, siempre un poco desastrados, para un público que se entera más o menos confidencialmente de esas convocatorias que pocas veces salen en el periódico. Las iglesias son muchas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Una vida musical</strong> medio secreta y medio subterránea existe en las iglesias, centros comunitarios, escuelas de Nueva York. Músicos admirables tocan en salones de actos grandes, sólidos, siempre un poco desastrados, para un público que se entera más o menos confidencialmente de esas convocatorias que pocas veces salen en el periódico. Las iglesias son muchas veces centros cívicos que albergan teatros y servicios sociales. En una de ellas, episcopaliana, la de St. Mary the Virgin, es párroco nuestro amigo Jay Smith, a quien Elvira dedica algunas de las mejores páginas en <em>Lugares que no quiero compartir con nadie. </em>Para un español es raro asociar la iglesia o la religión a actitudes progresistas, a formas hondas de arraigo en la vida común.</p>
<p><strong>A una de estas iglesias</strong>, la <em><a href="http://middlechurch.org/">Middle Collegiate Church</a>, </em>que está en la parte que fue más bohemia del East Village, hemos ido esta noche a ver a unos músicos que tocaban el <em>A Love Supreme </em>de John Coltrane, que es una de las grandes obras de música sacra del siglo pasado, digna del <em>War Requiem </em>de Britten o del <em>Requiem </em>de Ligeti, o del <em>Black, Brown and Blue </em>de Duke Ellington, o de las músicas más contemplativas de Messiaen. En esta iglesia de barrio en la que se pagaba un donativo de 15 dólares tocaba esta noche el piano nada menos que el inmenso Uri Caine, con un aspecto como de aficionado tranquilo, con un polo y unos vaqueros y unas zapatillas de deporte. Y junto a él(no quiero olvidarme de nadie), Roy Campbell tocando toda clase de trompetas y una flauta, Louie Belogenis al saxo tenor y soprano, Hilliard Greene al bajo, Michael Wimberly a la batería. Y además una soprano, Beth Anne Hatton, que cantaba al final como un largo <em>spiritual </em>la oración que escribió Coltrane para acompañar su obra.</p>
<p><strong>No era una repetición</strong> mimética del disco: era el <em>A Love Supreme </em>que grabó Coltrane y sin embargo los músicos improvisaban con toda libertad en torno a los temas principales, con una furia como la del John Coltrane visionario de los últimos discos. Michael Wimberly tocaba la batería como reviviendo los profundos ritmos africanos de Elvin Jones. En un momento dado hace un dúo con la trompeta en sordina y no puede haber una música más pura. Uri Caine elude con perfecta elegancia cualquier clase de protagonismo: se suma, como los otros, a la invocación de John Coltrane, al temblor de una música que es terrenal y temeraria y también es una oración. No hace falta creer en Dios para sentir que se está presenciando una música sagrada.</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/IMG_0863.jpg" rel="lightbox[3568]"><img class="aligncenter size-medium wp-image-3573" title="Coltrane's A Love Supreme" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/IMG_0863-236x300.jpg" alt="Coltrane's A Love Supreme" width="236" height="300" /></a></p>
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		<title>Diásporas</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 03:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[César escribe y llama por Skype desde Santiago de Chile, a donde lo han llevado los sobresaltos laborales propios de estos tiempos. Detrás de un horizonte de rascacielos se entrevé la cordillera de los Andes. El fotógrafo Gervasio Sánchez me manda mensajes desde Monzambique, que según me cuenta es un país corrupto de ex comunistas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong>César escribe y llama</strong> por Skype desde Santiago de Chile, a donde lo han llevado los sobresaltos laborales propios de estos tiempos. Detrás de un horizonte de rascacielos se entrevé la cordillera de los Andes. El fotógrafo Gervasio Sánchez me manda mensajes desde Monzambique, que según me cuenta es un país corrupto de ex comunistas convertidos al capitalismo, y en el que los chinos están por todas partes. A los chinos, como a las multinacionales de Occidente, les gusta más negociar con regímenes corruptos que con democracias, me explica Gervasio. Manuel Ruiz Rico, que está haciendo una tesis sobre mis artículos remotos en el <em>Diario de Granada, </em>me escribe desde Addis Abeba, nada menos, y cuando le pregunto qué hace allí me cuenta que se fue por trabajo y por amor: porque redujeron plantilla en el periódico en el que trabajaba, y porque su novia anda con una beca de cooperación internacional.  A Xavi, que recorrió en una gira de Shakira cincuenta ciudades en menos de tres meses, le pido que me cuente cuales son los lugares más raros en los que ha estado:  Minsk, dice, donde hay plazas inmensas  y desiertas de arquitectura estalinista  presididas por estatuas de bronce de héroes proletarios o soldados soviéticos; pero más raro aún es Abu Dabi, donde se alojó en un hotel que tiene una playa artificial con olas que rompen en larena y una réplica de Venecia, con canales y góndolas y gondoleros de camisetas listadas. En la playa artificial de Abu Dabi los hombres de bigotazos y rotundas barrigas se remojan en bañador y las mujeres completamente tapadas con el burka. Elena, en Trieste, y Arturo en sus idas y vueltas a Lisboa están comparativamente al lado de casa. Cuando tenía 16 años yo viajé de Úbeda a Almuñécar y vi por primera vez el mar. Oliéndolo y mirándolo hechizado en una playa de guijarros me parecía haber llegado al extremo del mundo. A los 17 leía <em>En el camino </em>de Jack Kerouac en el autobús de línea entre Úbeda y Jaén y me sentía tan audaz como un beatnik que atravesara América en un Greyhound.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/5964175129_a6e98c5d57_b.jpeg" rel="lightbox[3561]"><img class="aligncenter size-medium wp-image-3565" title="" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/5964175129_a6e98c5d57_b-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
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		<title>Horas en Brooklyn</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 02:59:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>antoniomm</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El domingo amaneció inhóspito de grisura y de viento helado, pero tuvimos arrojo y nos fuimos nada menos que a Brooklyn, en busca de un mercadillo que se ha instalado en uno de los edificios más bellos y menos conocidos de Nueva York, el Hanson, un rascacielos entre bizantino y románico de finales de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El domingo amaneció</strong> inhóspito de grisura y de viento helado, pero tuvimos arrojo y nos fuimos nada menos que a Brooklyn, en busca de un mercadillo que se ha instalado en uno de los edificios más bellos y menos conocidos de Nueva York, el Hanson, un rascacielos entre bizantino y románico de finales de los años veinte.</p>
<p><strong>Para el largo viaje</strong> en metro hay que proveerse de lectura. Elvira lleva un <em>New Yorker. </em>Yo una memoria de una neurocientífica, Jill Taylor, que sufrió un infarto cerebral y fue consciente en cada momento de lo que le sucedía, y lo ha narrado luego con esa solvencia de quien no es literato pero tiene algo claro y urgente que contar: <em>My Stroke of Insight. </em>El metro es como una sucursal en movimiento de la biblioteca pública. Tan gustoso como leer es levantar los ojos del libro y quedarse mirando a la gente. Hoy, frente a nosotros, una mujer negra y una niña que debía de ser su nieta, las dos muy bien vestidas, la abuela joven con una belleza de estatua africana, con una elegancia extravagante acentuada por la melena crespa sujeta sobre la frente con una ancha diadema.</p>
<p><strong>Brooklyn es como</strong> el pasado de Manhattan: más vecinal, más despejado, con otro ritmo más tranquilo, menos colonizado por el absolutismo del dinero, con cielos anchos sobre las cornisas de los edificios no muy altos. El edificio Hanson, por dentro, es como una desaforada catedral románica, con columnas macizas y capiteles labrados, con bóvedas de mosaicos que representan océanos o cielos estrellados. Lo que fue un banco severo ahora es la sede de docenas de puestos en los que se vende de todo, todo lo usado, lo inútil, lo superfluo, lo que queda en las casas cuando ha muerto alguien muy mayor, lo que se ha guardado durante muchos años en desvanes, lo que nadie quiere, lo que no sirve para nada, lo que parece improbable que exista o que perdure aún, un paraíso de las enumeraciones caóticas, el hormigueo de un rastro bajo las bóvedas de un hangar bizantino. Lo mismo me entretengo exhumando menús de transatlánticos de los años cuarenta que moviendo de un lado a otro un cuadro de la Virgen María en el que cuando se mira desde otro ángulo se ve sonreir a Jesucristo. La vida es bastante corta, pero si a uno le falta carácter y se deja llevar por la curiosidad puede perderla casi entera en sitios así. Un pequeño descapotable de latón conducido por Goofy me tiene fascinado. Lo hago correr sobre la mesa del vendedor, pero cuando estoy a punto de comprarlo me reprocho ese impulso pueril. Ahora me arrepiento, claro. Podía tenerlo encima de mi mesa, a un lado del portátil, junto al tarro de los lápices. Solo costaba ocho dólares&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/onehanson1.jpg" rel="lightbox[3556]"><img class="aligncenter size-medium wp-image-3558" title="" src="http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/wp-content/uploads/2012/02/onehanson1-300x283.jpg" alt="" width="300" height="283" /></a></p>
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