La interrupción (por Albertyele)

Posted By on Sep 3, 2017 | 27 comments


Cuando asomó la cabeza por la escalera nadie la miró. El grupo cenaba enfrascado en sus conversaciones de siempre, sus miradas de siempre, sus puñales de siempre. Ella apenas susurró “permiso” y Juan movió la silla para que pudiera avanzar hacia el pasillo de los baños, a dos metros de la mesa larga que les habían reservado en el primer piso.

-Esto de que cada vez que venimos acá nos encajen en esta mesa de arriba, por donde pasa todo el mundo para ir al baño, me tiene harta -dijo Susana.

-Es que vos te hartás muy fácil, sobre todo cuando te tomaste media botella de champagne – sonrió Juan, su marido, desde la otra punta de la mesa.

Marta masticaba langostinos y escuchaba atenta la perorata de Martín:

-Es que ya nadie cuida la vida; ¿te fijaste que la gente joven no tiene hijos, no tiene plantas, no tiene perros, no tiene nada?

-Y hablando de cuidar la vida, Martín, -lo interrumpió María Elena- ¿cómo sigue tu madre? ¿pudiste resolver por fin el lío de ese ejército de enfermeras que la atienden? ¡Aaaahhhh, es que ya ni personal competente se consigue! ¡Ni pagando, mirá!

Marta sonríe, mira de costado a Martín, pela langostinos.

Ernesto desliza una mirada fugaz pero dura a su mujer, María Elena; ¿para qué satirizar con esa manía de Martín de cuidar las plantas, fumigar y abonar el jardín, pasarse horas en esa fronda que sólo él entiende, refugiado; bañar al perro, cepillarle los dientes, pasearlo por media ciudad hasta que encuentre, “pobrecito”, el lugar exacto donde quiere hacer pis, colgar decenas de fotos de ese bicho en Facebook, en Instagram, en todos lados? ¡Pero dejalo en paz, pobre hombre! Bastante tiene con soportar a Marta. Dejalo que se crea que cuida la vida, por lo menos. Pero Ernesto no dice nada; sólo mira. Fugazmente a su mujer, y desesperadamente a Susana, que vuelve a levantar la copa de champagne.

Ella salió del baño en el preciso momento en que él terminaba de subir la escalera. Juan, vuelta a mover la silla para dejarlo pasar. A él sí lo miraron. Las mujeres de la mesa lo miraron porque tenía algo de atractivo; la cabeza ya plateada, la forma de caminar, los ojos buscando algo, el gesto apurado.

-El baño es allí, llegó a decirle Juan.

Pero él de dos zancadas ya estaba en el pasillo, ya se había topado de frente con ella que salía, ya la había casi empujado suavemente contra la pared, ya se apretaba contra ella; ya le despejaba el pelo de la cara mientras le sujetaba la espalda y la obligaba a acercar su cadera a la suya, ya le comía la boca con un beso interminable. Y ya ella se le aferraba el cuello, la izquierda en la nuca, la derecha enredada en el pelo plateado, la boca abierta buscándolo.

En el silencio de eso que no duró ni dos minutos se oyó un gemido roto, un qué es esto qué es esto susurrado, lejano. Los cuerpos se separaron; todavía reteniéndole la cara él la miró a los ojos con algo que pareció decisión y pregunta, volvió a la luz del salón desde la penumbra del pasillo, bajó la escalera. Y detrás salió ella, la que nadie había mirado. La cabeza baja, una lágrima corriéndole el rimel, menuda, invisible si no hubiera sido por esa interrupción fugaz del mundo real.

-Arreglate el maquillaje, que se van a dar cuenta. Y animate. Cuidá la vida- le dijo en voz baja Susana todavía con la copa en el aire cuando pasó a su lado.

por Albertyele