La interrupción (por Albertyele)

Posted By on Sep 3, 2017 | 25 comments


Cuando asomó la cabeza por la escalera nadie la miró. El grupo cenaba enfrascado en sus conversaciones de siempre, sus miradas de siempre, sus puñales de siempre. Ella apenas susurró “permiso” y Juan movió la silla para que pudiera avanzar hacia el pasillo de los baños, a dos metros de la mesa larga que les habían reservado en el primer piso.

-Esto de que cada vez que venimos acá nos encajen en esta mesa de arriba, por donde pasa todo el mundo para ir al baño, me tiene harta -dijo Susana.

-Es que vos te hartás muy fácil, sobre todo cuando te tomaste media botella de champagne – sonrió Juan, su marido, desde la otra punta de la mesa.

Marta masticaba langostinos y escuchaba atenta la perorata de Martín:

-Es que ya nadie cuida la vida; ¿te fijaste que la gente joven no tiene hijos, no tiene plantas, no tiene perros, no tiene nada?

-Y hablando de cuidar la vida, Martín, -lo interrumpió María Elena- ¿cómo sigue tu madre? ¿pudiste resolver por fin el lío de ese ejército de enfermeras que la atienden? ¡Aaaahhhh, es que ya ni personal competente se consigue! ¡Ni pagando, mirá!

Marta sonríe, mira de costado a Martín, pela langostinos.

Ernesto desliza una mirada fugaz pero dura a su mujer, María Elena; ¿para qué satirizar con esa manía de Martín de cuidar las plantas, fumigar y abonar el jardín, pasarse horas en esa fronda que sólo él entiende, refugiado; bañar al perro, cepillarle los dientes, pasearlo por media ciudad hasta que encuentre, “pobrecito”, el lugar exacto donde quiere hacer pis, colgar decenas de fotos de ese bicho en Facebook, en Instagram, en todos lados? ¡Pero dejalo en paz, pobre hombre! Bastante tiene con soportar a Marta. Dejalo que se crea que cuida la vida, por lo menos. Pero Ernesto no dice nada; sólo mira. Fugazmente a su mujer, y desesperadamente a Susana, que vuelve a levantar la copa de champagne.

Ella salió del baño en el preciso momento en que él terminaba de subir la escalera. Juan, vuelta a mover la silla para dejarlo pasar. A él sí lo miraron. Las mujeres de la mesa lo miraron porque tenía algo de atractivo; la cabeza ya plateada, la forma de caminar, los ojos buscando algo, el gesto apurado.

-El baño es allí, llegó a decirle Juan.

Pero él de dos zancadas ya estaba en el pasillo, ya se había topado de frente con ella que salía, ya la había casi empujado suavemente contra la pared, ya se apretaba contra ella; ya le despejaba el pelo de la cara mientras le sujetaba la espalda y la obligaba a acercar su cadera a la suya, ya le comía la boca con un beso interminable. Y ya ella se le aferraba el cuello, la izquierda en la nuca, la derecha enredada en el pelo plateado, la boca abierta buscándolo.

En el silencio de eso que no duró ni dos minutos se oyó un gemido roto, un qué es esto qué es esto susurrado, lejano. Los cuerpos se separaron; todavía reteniéndole la cara él la miró a los ojos con algo que pareció decisión y pregunta, volvió a la luz del salón desde la penumbra del pasillo, bajó la escalera. Y detrás salió ella, la que nadie había mirado. La cabeza baja, una lágrima corriéndole el rimel, menuda, invisible si no hubiera sido por esa interrupción fugaz del mundo real.

-Arreglate el maquillaje, que se van a dar cuenta. Y animate. Cuidá la vida- le dijo en voz baja Susana todavía con la copa en el aire cuando pasó a su lado.

por Albertyele

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25 Comments

  1. .
    Magistral. Cuántas lecturas hay antes de esas líneas de perfecto trazo expresionista!
    Para que luego se diga que la literatura no salva una vida.
    .

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  2. albertiyele,

    Muchas gracias por la aclaración. Al principio, en la primera lectura, cuesta hacerse la composición del lugar y el puesto que ocupa cada personaje. Hay un libro maravilloso que se llama Mal de Altura, de John Krakauer, en el que se narra el desastre ocurrido en el Everest en el año 96 en el que murieron varios alpinistas. Me entusiasmó la capacidad del escritor para reflejar en la mente del lector, milimétricamente, cada persona situada en aquel desastre de tormenta, pérdidas, “desbarrancamientos” y muerte. Uno podía ver escenas en cada lugar y en cada momento como si hubiera sido un Dios omnipotente y privilegiado.
    Son escenas que nos llaman poderosamente la atención y no nos resistimos a plasmarlas en un papel. Tu aclaración ha servido de mucho. También suelo anotarlas. Gracias por contar la tuya aquí.

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  3. Crap! se me había pasado este relato…con los Bad Gateway algunos avisos de twitter no me han llegado.

    Está genial, si es verdad que tb he tenido que releerlo, la primera vez he entendido un rollo bollo, jeje.

    Felicidades!

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  4. Último intento para decirte cuánto me ha gustado tu relato. Esos dos mundos, el del amor y el desamor, se nos muestran a los lectores en espacios distintos y cercanos. En la mesa de los langostinos y las parejas convencionales, se percibe la apatía, a veces el desdén, y ,muy cerca, en el pasillo del baño, hay una historia de amor que para sí la quisieran los de la mesa de al lado. Como en “La casa de al lado”.

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  5. Qué bueno todo, el relato y su reconstrucción libre en los comentarios. Siempre hay dos niveles, vencedores y vencidos, piso de abajo y piso de arriba, apasionados lanzados y esposos pardillos. Me he reído mucho con el de Queca. !Estaba meridísima en el personaje!
    Enhorabuena, Albertyele. Eso es agitar al público!

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  6. albertiyele, dixit: “Hay que leerlo despacito, y con cariño.”
    .
    Ya digo que el problema ha sido mío, pero en absoluto porque no lo haya leído despacito y con cariño… ¡y dos veces y media!

    :-)

    A todo esto: ¡nueva entrada de nuestro ammfitrión!, ¡el comedero está lleno a rebosar de alpiste!
    .

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  7. MJGE,

    Comentario
    Pues casi casi: la que le dijo que se le había corrido la pintura, que se acomodara un poco, fui yo (de metereta que soy, dicen mis hijos). Que soy la autora, pero no la narradora. Y entonces no era ni la autora; sólo la que estaba ahí, estupefacta. Y los comensales en mi mesa no éramos así, ni esos. Aunque estupefactos nos quedamos todos.

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  8. albertiyele,

    Aaaah, vale. Ahora, sí. Es que me cuesta mucho siempre seguir los personajes y los nombres, lo siento.

    Lo del beso son hormonas y biología pura, lo de restregárselo a la cornuda ya era otra cosa :)))

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  9. Un ‘scontri (encontronazo) de baci dolcissimi’ que puede llegar, o no, a la petición de ella del ‘prendimi, scoprimi, non puoi sfugirme’. Un verdadero vértigo como el que canta y cuenta la romana Noemi (Verona Scopelliti) en “Vertigini” (con texto):

    http://letras.com/noemi/1657842/

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  10. albertiyele,

    Hay que leerlo con atención. Es lo que se le pide a los textos onettianos.
    ¿Con cuántas personas nos cruzamos cada día que guardan un secreto inconfesable que podría cambiar la vida totalmente? Quién pudiera adivinarlo. Pero como dice el poeta: “Como en los sueños/detrás del rostro que nos mira no hay nadie.”

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  11. Como dice Sap siempre hay dos historias, la de los que se encuentran en el pasillo y la de los que se quedaron abajo. Nos fascina más la de los primeros, aunque a lo mejor alguien se anima a escribir la de los de abajo, la de los perdedores.

    La Serapia, No seas imprudente. Bien pudiera ser que Susana fuera la narradora.

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  12. Sap,

    Comentario
    Dicen, decimos, por allá abajo que nadie muere mocho, amigo .sap. Así que… mejor no saberlo. Que lo sepan todos, sí. Mientras no lo sepa uno… aquí paz y después gloria.
    :-)

    Y sí: armé un “embolleré” de parejas. Hay que leerlo despacito, y con cariño.

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  13. albertiyele, dixit: “Pero lo conté de manera muy confusa…”
    .
    Te confieso que tras la primera lectura, dibujé una mesa con los comensales que citas por familiarizarme con los movimientos y con el quién es quién, pues me recordaba a esos pasatiempos que plantean: “Martín se sienta a la derecha de Susana y viste remera azul; la que viste pollera negra no es la pareja de Ernesto…”, etc. Lo mío es preocupante, pues ni así me aclaré.

    He necesitado otra lectura junto con las pistas que has proporcionado para enterarme, ¡y es que estaba obcecado con que los besuqueantes formaban parte del grupo inicial de parejas!

    Bueno, finalmente todo clarificado, debo decir que esta clase de escenas me perturban mucho para mal y es que al igual que Zacarías piensa en las mamás de los futbolistas víctimas de una goleada, yo pienso en los cónyuges contrarios y en sus cuernos visibles para todos menos para ellos. Que no nos pase, doña.

    Por lo demás, la calidad de siempre; pero esto ya lo tengo asumido desde hace mucho.

    :-)

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  14. Carmela,

    Comentario
    La pasión nunca, pero nunca nunca, es para nada. Quién sabe cómo terminó esa historia, o cómo terminará algún día. El arrebato de esa noche, esos dos minutos, no se los quita nadie. No está mal. Peor es nada, no?
    :-))

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  15. La Serapia,

    Comentario

    Conté muy mal la historia: tres parejas cenan en la planta alta (diminuta) de un restaurante: Susana y Juan, Marta y Martín, Ernesto y María Elena (en la vida real, yo formaba parte de ese grupo). A esa planta alta llega una mujer desconocida, una clienta que comía en la planta baja, que pasa al baño. Y cuando esa mujer desconocida está saliendo del baño, otro desconocido que acaba de subir, la intercepta, la arrincona contra la pared, la besa. Se dicen algo casi inaudible, como un gemido. Y bajan. Primero él, después ella. A ella se le corrió un poco el maquillaje; una de las mujeres que cenaban sentadas y fueron testigos del arrebato, le aconseja que se acomode un poco, y se burla un poco de lo que, hasta la interrupción, se hablaba en la mesa: cuidar la vida.
    ¿Ahora sí?

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  16. albertiyele, jajajaja, si a mí me parece muy bien, pero no se le dice a la cornuda en la cara que “cuide la vida”. Eso es bastante peor que besarle, eso es de ser una cerd***********aaaaaaaa que te pasas.
    Jaaaa.

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  17. albertiyele, me ha recordado el título de un libro de cuentos de Julio Llamazares: ‘Tanta pasión para nada’. Dos minutitos de calentura y luego, que cada oveja desfogue con su pareja. Qué vida esta. Pero a mí me ha encantado. Muchas gracias, Ali.

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  18. Cómo me gustan esos momentos de pasión que rompen los convencionalismos, esos que surgen como tormentas imprevistas en pleno verano.

    Me gustó lo que contaste Alicia.

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  19. La Serapia,

    Comentario
    Ooooohhhh!! Pobres mis personajes, que tienen quien tan mal los cuente!
    :-/

    No quise poner ningún zorrón, ni siquiera zorrino, Serapia. Sólo como dos planos, uno de realidad, y mentira; y otro de irrealidad, y verdad. Pero de esa verdad que no puede ni quiere mostrarse, que sólo aparece cuando irrumpe brutalmente y no queda más remedio que verla. Pero lo conté de manera muy confusa.

    La escena no pertenece a mí fantasía sino a la experiencia: fui testigo presencial, y sorprendida, casi incrédula (a mis años, y todavía hay cosas que me dejan con la boca ASÍ de abierta). La pareja que se besó en un arrebato de pasión desenfrenada en la penumbra del pasillo de los baños cenaba en la planta baja del restaurante, en la misma mesa, pero él con otra y ella con otro. Cuando salimos los vimos a la luz clara del salón (y los miramos con todo el disimulo que pudimos, aunque no sé, no sé; creo que el desconcierto se nos debió de dibujar en la cara); parecían dos matrimonios absolutamente convencionales cenando y charlando. Todo normal. Y es que seguramente eran dos matrimonios absolutamente convenciales, peeeeeeeeero… A veces corren ríos subterráneos, que nadie ve, y que de vez en cuando, muy de vez en cuando, asoman a la superficie. En la penumbra de un pasillo de un restaurante de Palma, una noche de verano, por ejemplo.

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  20. Esto del beso, la escalera y el champagne me recuerda la doble escena truffautiana que se repite, con los roles revertidos, en ‘Besos robados’ y ‘Domicilio conyugal’ (minutos 1:27-1:42).
    https://www.youtube.com/watch?v=VZ0ndnQDlME

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  21. “Pero él de dos zancadas ya estaba en el pasillo, ya se había topado de frente con ella que salía, ya la había casi empujado suavemente contra la pared, ya se apretaba contra ella; ya le despejaba el pelo de la cara mientras le sujetaba la espalda y la obligaba a acercar su cadera a la suya, ya le comía la boca con un beso interminable. Y ya ella se le aferraba el cuello, la izquierda en la nuca, la derecha enredada en el pelo plateado, la boca abierta buscándolo.”

    Qué emoción :-))))

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  22. ¡Menudo zorrón!
    La vida también es meterle a esa la copa por donde le quepa, y acto seguido al marido. En cuanto se quite a esos dos de encima se le va a quitar la murria a esa pobre.

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