En una casa de John Ashbery

Posted By on Sep 16, 2017 | 21 comments


Leí por primera vez a John Ashbery una noche que me encontraba en una gran casa de invitados en la que yo era el único huésped, en un claro en un bosque, en Bard College, al norte del Estado de Nueva York. Durante horas había rugido una tormenta. Poco a poco el viento se calmó y cesó la lluvia, y dejó de oírse el fragor de los árboles, altas coníferas oscuras. El cielo estaba despejado y tan reluciente de constelaciones como los cielos de las noches limpias de invierno de la niñez. Inquieto en la habitación, sin poder dormirme, sin una lectura que me apaciguara, era consciente de la amplitud desierta de la casa donde me encontraba. Era una de esas veces en las que uno llega a un sitio y tiene una profunda sensación de intensidad espacial, una conciencia muy aguda de las posibilidades contenidas en ese lugar, una punzada en la imaginación. Puede que no suceda nada memorable, pero está muy claro que podría suceder. Lugares así aparecen luego obstinadamente en los sueños y en las novelas.

[…]

Seguir leyendo en EL PAIS (16/09/2016)

21 Comments

  1. Maida,
    .
    Pero qué dices de desastres ni desastras, mujer. Lo del relojero saetero ha sido de lo más surrealista y divertido :-)))

    Lo de los recortes de hostias era muy popular. Los domingos, aún se siguen viendo a algunos niños comiendo del cartuchito por los alrededores de la Catedral, pero ya son pocos y los que son, deben pertenecer a familias muy tradicionales, porque apenas nadie conoce ya el sitio donde se expide tal golosina cuasi sacrílega. Yo siempre tuve ciertos reparos infantiles con los recortes, imaginaba que comía algo muerto, cadavérico, contradictorio; por lo menos, así me lo parecía al lado de los churros mojados en chocolate fagocitados una hora antes.

    :-)

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  2. Comentario
    Maida,

    Circulitos *

    Disculpadme, el texto es un desastre. Entre lo mal que escribo y el corrector que hace lo que le da la gana no hay por donde arreglarlo. En fin… hago lo que puedo.

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  3. Comentario
    Maida,

    Entrábamos en la relojería, que nos quedaba de paso*

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  4. Comentario
    Diego Ariza,

    Uy, casi se me pasa tu pregunta. Ya sé que suena raro, te explico: Úbeda era, y en cierto modo sigue siendo, una ciudad donde el peso de la Iglesia era tremendo. Mis recuerdos se remontan a la edad en la que hacíamos la primera comunión. Yo estaba en un colegio de monjas imagínate, rezo del rosario todas las tardes, misas, flores de mayo, exposición del Santísimo, rosario de la aurora por las calles en primavera y mil cosas más de ese tipo. Y con todo eso en las cabecitas teníamos la suerte de que en la calle de más abajo del colegio había, y hay todavía, un convento de monjas de clausura, creo que eran las de Santa Clara, donde harían o distribuían las hostias para consagrar. Aquella galletilla debían de hacerla en planchas o latas de horno y de ahí, supongo, costarían con moldes los circuitos pequeños para todos y el grande destinado al cura. Lo que sobraba de recortar las sagradas formas, las tirillas, era lo que nos vendían a través del torno en cartuchicos de papel. Nos gustaba comerlas como si fuesen chucherías, pero también las usábamos para jugar a las misas. Una amiga mía, de las de mi barrio, tenía un hermano que era el que oficiaba de cura. En su casa había una habitación espectacular en la que una de las paredes estaba pintada de un azulón intenso y llenita de estrellas. Era el fondo para instalar el belén, pero también perfecto para hacer de altar en las misas que nos montábamos. Tenían todo el atrezzo que te puedes imaginar.
    Ah, se me olvidaba una cosa también curiosa: el padre de está familia era relojero y cantaba saetas mientras arreglaba los relojes. A veces, al salir de clase, entrábamos porque mi amiga quería ver a su padre por el motivo que fuera y el grupillo de niñas nos quedábamos observando a aquel hombre con la lupilla incrustada en el ojo, con un reloj desarmado en la mesa, con unas pinzas en la mano y de forma minuciosa iba escogiendo tornillicos y a la vez entonaba con todo su vozarrón aquellos quejíos de las saetas. AY….AAAAY……AAAAY

    A veces cuando recuerdo estas cosas creo que las he soñado.
    :))

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  5. Maida,

    ¿Comprar recortes de hostias? Pe-pe-pero, ¿a quién?¿para qué?

    O_O

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  6. Comentario
    Maida,

    Hay un vídeo de una conferencia en youtube (que ahora no recuerdo) en la que explica como entró en esa casa a tomar café invitado por Manuel Ruiz Amezcua, poeta y profesor Literatura de Jódar….a ver si lo encuentro.

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  7. Gracias Ángela y Diego por refrescar mi memoria.
    Diego, eres una mina, me has llevado al Palacio de los Orozco, un poquito más allá de mi colegio. La de veces que he pasado por esa plaza y siempre miraba el Palacio, desde allí había varias posibilidades: bajar al convento de clausura a comprar recortes de hostias, hacia el frente seguir por la calle que llevaba al Rastro porque había y hay todavía una casa señorial con un patio de columnas que veíamos a través de una cancela, pero el interés estaba en jugar un rato en los varios escalones que hay en el portal deslizándonos arrastraculos, otra opción era subir en dirección a mi casa por las calles que llegaban a la imprenta Bellón, en una de esas casas decían las niñas que había fantasmas y siempre pasábamos por delante corriendo a más no poder.
    El artículo de Scherzo no lo había leído. Gracias.

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  8. ” … La luciérnaga muda …

    Como una canción que se desprende
    de una luna reciente
    blandamente eclipsada por el brillo de una boca
    Como un papel ignorado
    que resbala hacia túneles
    precisamente en un sueño de nieves
    Como lo más blanco o más querido
    Así camina el vago clamor de sombra o amor
    Como la dicha

    Vagamente cabezas o humo
    ese abandonarse a la capacidad del sueño
    con flojedad aspira al cenit sin esfuerzo
    pretendiendo desconocer el valor de las contrac-
    [ciones

    Si me lamento
    si lloro como un traje blanco
    si me abandono al va y ven de un viento de dos
    [metros

    es que indudablemente desconozco mi altura
    el vuelo de las aves
    y esa piel desprendida que no puede ya besarse
    [más que en pluma

    Oh vida
    La luciérnaga muda
    ese medir la tierra paso a paso
    está lleno de conciencia
    de espiras de anillos o de sueño
    (es lo mismo)
    está lleno de lo inmóvil para lo que está prohibi-
    [do un corazón

    Clavos o arpones
    canciones de los polos
    hielos de Islandia o focas esperadas
    debajo por la piel que no duele y enfría
    no impide el sentir
    el ver dibujo
    el ver corales lentos transcurrir como sangre
    como respuestas
    como presentimiento de formas sobre el mar

    ¿Son almas o son cuerpos?
    Son lo que no se sabe
    Esa fronteras deshechas de tocarse las dos filas
    [de dientes

    ese contacto de dos cercanías
    que tan pronto es el mar
    como es su sombra erguida
    como es sencillamente la mudez de dos labios

    Así el mundo es entero
    el mundo es lo no partido
    lo que no puede separar ni el calor
    (que ya es decir)
    lo que es únicamente no atender a lo urgente
    conservar bajo cáscara cataratas de estancia
    de quietud o sentido
    mientras pasa ya el tiempo como nuez
    como lo que ha desalojado el mar súbito a besos
    como los dos labios a plomo
    triste a luces o nácar bajo esteras

    ‘Formas sobre el mar’
    -‘A Luis Cernuda’-
    “Espadas como labios” (1932)
    Edición de JL Cano
    Clásicos Castalia, 2015

    … ese medir la tierra paso a paso … ”

    Una casa de Vicente Aleixandre

    ._.

    *

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  9. ” … Pero no, no nos apresuremos, …

    Dentro de un ratillo, en pleno Hay Festival segoviano, Antonio Muñoz Molina conferenciará.
    Si alguien tiene la suerte de escucharle, que lo cuente por estos lares de su blog.
    Please.

    … tenemos que entender, reflexionar antes de dictar una sentencia … ”

    VG
    ” Todo fluye” (1961)
    Traducción de Marta Rebón
    Galaxia Gutenberg, 2017

    ._.

    *

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  10. ” … -¡Bueno está eso! -respondió don Quijote-. Los libros que están impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos a quien se remitieron, y wue con gusto general son leídos y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros, finalmente de todo género de personas de cualquier estado y condición que sean, …

    “[…] Y vuestra merced créame, y como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala […]”

    MCS
    ‘Capítulo L: De las discretas
    altercaciones que don Quijote
    y el canónigo tuvieron, con otros
    sucesos’
    “Don Quijote de la Mancha”

    … ¿habían de ser mentira, y más llevando tanta apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día por día, que el tal caballero hizo, o caballeros hicieron? … ”

    Qué cosas @Maida.
    ¡Qué cosas!

    ._.

    *

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  11. MdlMar,

    Lo entendí como una broma por lo exagerado, y me hizo gracia, y como gracia lo he vuelto a traer aquí ya veo que sin mucha fortuna. ¡Qué difīcil me resulta expresarme!
    Saludos
    :-)

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  12. ” … intrigue (‘in-treeg’) v. (in-trigued, in-triguing) 1. to plot with someone in an underhand way, to use secret influence. 2. to rouse the interest or curiosity of, ‘the subject intrigues me’ … ”

    Oxford American Dictionary
    OUP (1980)

    Yo no escribiría ‘diagnosticó’ -@Maida-, más bien ‘intuyó’.

    ._.

    *

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  13. Angela,
    .
    Los que no saben elegir bien un adjetivo, recurren a la argucia de colocar dos ¡e incluso tres!, creyendo así que el sustantivo, al estar rodeado de guardaespaldas, circula protegido a través del texto. Esto no lo hace nunca nuestro ammfitrión. Siempre elige no solo el único exacto sino el sorprendente, haciendo que el adjetivo funcione a veces como una metáfora y hasta como una greguería (seguro que algún sabio en gramáticas de este ilustre cenáculo me podría ilustrar sobre la que yo intuyo relación entre adjetivo y metáfora).

    Vaya. Tras el estropicio provocado por las hordas del Rey Ubuntu, han quedado por ahí abajo, desacopladas, las dos anteriores Idasyvueltas. Aún no han merecido ni un comentario tan desapercibidas entregas.

    :-…

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  14. Maida,

    Esa casa, si no recuerdo mal, es la misma donde se alojó Ignacio Abel en La noche de los tiempos. O por lo menos a mí me lo ha traído de vuelta. Como dije en la habitación de al lado, este es para mi gusto el mejor Antonio Muñoz Molina, el que en dos palabras, “inseguridades españolas”, destripa una cultura, una historia social y personal. Se diría que el ammfitrión usa los adjetivos como escalpelos.

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  15. Sap

    Hace tiempo MdlMar me diagnósticó Síndrome de Stendhal a lo que me provocaba la lectura de los textos del ammfitrión. Acertó plenamente.
    Creo que es la segunda vez que entramos en esa casa de invitados (Diego Ariza seguro que sabrá cuando ocurrió aquella visita). La primera vez nos adentró en ese sorprendente lugar con tal maestría que ahora, si cabe, he disfrutado mucho más al deambular de nuevo por ese ambiente tan especial. No es un déjà vu. Es real.
    Nunca me cansaré de agradecerle que mantenga abierto este blog, este tesoro.

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  16. .
    ¿Quién escribe en España con esta limpieza, con esta exactitud?

    :-O

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  17. El inicio da para un relato de terror….o un episodio de Black Mirror.

    Tengo curiosidad si el libro con un delgado lomo naranja lo devolvió o lo escamoteó.

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  18. ” … Mediante este entendimiento conseguís autoridad para pasar a otra cosa y con fácil e insensible inclinación, resbaláis hacia razones más firmes y propias para su curación.
    A mí, que no quería sino engañar principalmente a la asistencia que tenía los ojos puestos en mi persona, ocurrióseme revocar el mal. Y además sabía por experiencia tener mala mano e infructuosa para convencer. O bien presento mis razones puntiagudas y secas en demasía, o harto bruscamente, o harto indolentemente. Tras haber dedicado un rato a su sufrimiento, no traté de curarla con fuertes y vivas razones, porque carezco de ellas y porque pensé conseguir mejor mi objetivo de otro modo; ni fui escogiendo las distintas maneras que la filosofía prescribe para consolar: “Que aquello por lo que uno se lamenta no es un mal”, como Cleanto; “que es un mal liviano”, como los peripatéticos; “que lamentarse no es acto ni justo ni loable”, como Crisipo; ni esta de Epicuro, más de mi gusto, de transferir el pensamiento de las cosas enojosas a la amenas; ni hice cargamento acumulando todo esto y dispensándolo según la ocasión, como Cicerón; mas, declinando suavemente nuestra conversación y desviándola poco a poco hacia temas más próximos y luego más alejados según se me iba abandonando más, ocultele imperceptiblemente aquel pensamiento doloroso y mantúvela con entereza y tan apaciguada como pude. Servime de la distracción. Los que me siguieron en este mismo oficio no hallaron en ella enmienda alguna, pues no había llegado hasta la raíz con el azadón. …

    “[…] Antes de que se vea el tren saliendo de la curva que sigue el recodo del río ha sonado su llamada grave como la sirena de niebla de un buque y han empezado a vibrar los cables del tendido eléctrico y las planchas metálicas y los pilares de hierro del paso elevado sobre los andenes, donde una figura masculina se distingue al otro lado de una cristalera. El edificio principal de la estación que verá el viajero nervioso cuando el tren salga de la curva tiene un aire de castillo alpino, en la cima de una pared de roca desnuda, al pie de la cual están las vías, tan cerca del agua que casi las salpican las olas débiles provocadas por el paso de una lancha motora […]”

    Antonio Muñoz Molina
    “La noche de los tiempos” (2009)
    Seix Barral

    … Quizás haya sabido de cierta clase de distracciones públicas para otros asuntos, y la costumbre de los militares de la que usó Pericles en la guerra del Peloponeso y otros mil en otras ocasiones, para expulsar de su país a las fuerzas contrarias, es harto frecuente en las historias … ”

    Michel de Montaigne
    “Essais (III; IV)” (1580)
    Traducción de Almudena Montojo
    Cátedra – Bibliotheca AVREA, 2014

    ‘Con la saya remangada’,
    luciendo un poeta pendiente de ser encontrado.
    Y leido.

    ._.

    *

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