El día que murió Elvis (por Carlos Herrán)

Posted By on Sep 1, 2017 | 37 comments


El día que murió Elvis yo había quedado con ella en los relojes de La Concha. Venía de atravesar Francia, desde Le Havre, en donde me había dejado el barco que me traía de vuelta a casa desde Irlanda. Primero a dedo y luego en tren, después de una mala experiencia con un camionero. Me sentía joven, vivo, enrollado, con mi melena rizada, mi mochila de armazón de hierro, como las que llevaban los turistas americanos entonces. Retrasé todo lo que pude la llegada al piso familiar, caminando por una San Sebastián que reconocía esquina a esquina, tan solo de los veranos, todos los de la infancia, y el último antes de la adolescencia, ese en que no pude aguantar más mi amor por ella y se lo declaré por carta al volver a Madrid. Cuatro años habían pasado desde entonces. Cuatro años en los que ella se convirtió en la primera obsesión del adolescente al que pronto secuestraría el flautista del rock. Cuatro años en los que besé otros labios distintos a los soñados, atendiendo a todo lo nuevo, contemplando a veces sin crédito al ser que me miraba desde el espejo. Amigos, música, tus propias canciones, el viaje, Irlanda mística y unos estudios que aún tardaría en abandonar para abrazar los que luego me auparían en la vida. En ese momento llegué a San Sebastián, busqué su teléfono en la guía y la llamé. Ella me había rechazado por carta, “un arranque de amor, se te pasará”, como en las novelas que había leído o leería. Seguí adelante, sí, pero no la olvidé. En ese verano de 1977, con 18 años, melena y mochila, llegué a casa de mis padres, el piso familiar enfrente del Londres, al mismo salón en que cuatro años antes había sentido la llamada de la música nueva, el rock a través de un disco de Jethro Tull, Living in the Past, que un hermano mío había grabado en un cassette. La nostalgia del tema principal envolvió la carta que le escribí al final del verano. Y ahora, cuatro años después, mis padres aparecían más mayores, cansados, contentos de verme, aunque no muy felices por el pelo largo, confiando en que mi viaje a Irlanda hubiera aplacado mis tormentas para dejar los estudios. Miré por la ventana, vi la luz de mediodía reflejándose en la fachada blanca del Londres y comprendí que aquel flautista me había arrancado de ellos. Con tantos hermanos, tantos veranos, tantas infancias, luego adolescencias, y ahora estaban solos, en la incertidumbre de los nuevos tiempos de España. Me voy, he quedado. Nunca fui tan puntual. En los relojes de la Concha, nada menos. Apareció con su caminar lento y sólido, como la recordaba de niña. No estaba cómoda. Yo me sentía más suelto. Había recorrido adolescencia desde aquella carta. Mi melena lo probaba. Qué quieres que hablemos. Solo quería verte, pasaba por San Sebastián. Hace cuatro años que no vengo por aquí. Tengo un grupo de música, no me gusta lo que estudio, alguna vez me he emborrachado. Pues yo no entiendo a la gente que se emborracha porque sí.

En seguida caí. Cuando dos caminos se separan, incluso sin haber llegado a estar juntos más que en ilusión, es la vida lo que sigue. Ella templó algo su conversación, yo había viajado desde que le escribí aquella carta. Al llegar de vuelta a casa, mis padres me dijeron que acababan de anunciar por la tele que Elvis Presley había muerto en su mansión de Estados Unidos. Yo me sentía recién nacido.

por Carlos Herrán

37 Comments

  1. Comentario
    Hermi,

    “La gran estafa”, buen título para describir una sensación. Yo reviví mi infancia a través de la de mis hijos de hecho, me gusta decir que los niños nos prestan su infancia). Pero no puedo decir lo mismo de la adolescencia. Como padre, la posición de “sparring”, o sea, de encajador de golpes sin fin, me ha arrebatado buena parte de la belleza vital que podría haber acompañado la travesía de la adolescencia de mis hijos. Pero no desespero. Mis padres están presentes en todos mis recuerdos importantes de adolescencia.

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  2. Qué buen relato Carlos.
    Cuando murió Elvis yo tenía justo la edad que tiene ahora mi hija pequeña, quince años. No recuerdo gran cosa. Sí me gustaban sus canciones, sobre todo las románticas y sus películas en las que miraba a las mujeres sabiendo que a ellas les gustaba.
    ¡Quince años! Soy de la opinión de que un adolescente debe parir un adulto. Un parto doloroso en donde hay que empujar y en el que a veces se pierden las esperanzas de llegar a buen puerto, o a buen parto. No lo pasé demasiado bien. Luego uno se hace mayor a buen recaudo, con su respetabilidad y responsabilidad encima de los hombros, y se da cuenta de que lo mejor ya ha pasado. La gran estafa.

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  3. Felicidades tio Carlos :) siempre un ejemplo a seguir..y a leer! me ha encantado el relato

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  4. El día que murió Elvis yo no había nacido. Hace alguno años no era muy santo de mi devoción pero con el tiempo cada vez le he ido cogiendo más aprecio. Tengo pendiente la lectura de la monumental biografía que escribió Peter Guralnik. Me ha gustado mucho el texto, Carlos Herrán.

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  5. Angela,

    Comentario
    ¿Veinte años y un hijo de dos????? Lo tuyo es heroico, Ángela!! Cuánta razón tenés cuando decís que no nos conocemos! Que a veces decimos cosas sin saber con quién hablamos! Qué historia tendrás, Ángela querida. ¿Será que alguna vez nos pondremos cara y voz y podremos charlar y charlar horas y horas? Por las dudas: la próxima vez que vengas a Madrid, avisá.

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  6. Muchas gracias, Ángela.

    Angela:
    ¿En el 77 muríó? Pues yo tenía 20 añitos y un niño de dos. No tenía tocadiscos, ni lavadora. No recuerdo que la muerte de Elvis Presley representase nada importante para mí, pero hace tanto tiempo que muchas cosas están ya borrosas.
    En todo caso, has contado una buena historia y la has contado bien. Felicidades y gracias.

    Comentario

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  7. ¿En el 77 muríó? Pues yo tenía 20 añitos y un niño de dos. No tenía tocadiscos, ni lavadora. No recuerdo que la muerte de Elvis Presley representase nada importante para mí, pero hace tanto tiempo que muchas cosas están ya borrosas.
    En todo caso, has contado una buena historia y la has contado bien. Felicidades y gracias.

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  8. Comentario
    mgc,

    Haciendo click sobre “Carlos Herrán” te lleva directamente a su blog.

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  9. Comentario
    Carmela,

    Querida Carmela:
    Yo no lloré la muerte de Elvis pero sí la de Cecilia también, como tú. Me resultaba mucho más próxima y sus letras sugerían que había una vida justo ahí, a punto de empezar, que estaba llena de matices y revueltas. Y yo empezaba a dejarme el pelo largo. Y sigo encantado con tanta evocación en público. Gracias por tus palabras amables.

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  10. Comentario
    Sap,

    Querido/a Sap: “Pues en mis tiempos”, como dices, es justo lo que importa. Que un texto sobre un recuerdo produzca un efecto de “evocación descontrolada” como el que está produciendo entre vosotros me congratula tantísimo. En serio, me encanta leer todos vuestros comentarios sobre “El día que murió Elvis” y los agradezco infinito. La gente que lee mis combinados de memoria y presente en un blog comenta poco. Hoy estáis “desatados” y yo, feliz. Muchas gracias por evocar en público.

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  11. Carlos Herrán,
    .
    Sip. También creo que el punk fue el último movimiento que cambió el pop-rock antes de que este se sectorizara en compartimentos estancos muy poco populares. De lo que surgió tras su potente onda expansiva, me quedo con la parte que se amabilizó; o sea, eso que se dio en llamar post-punk. De hecho, el último grupo que me interesó de verdad fue “Police”, aparte de los ecos que recogió la llamada Movida. Por otras razones añadidas, también me gustaba “Blondie”.

    Dicho esto, también puede suceder que confunda una cierta decadencia musical con la mía propia y que por tanto asocie sus momentos estelares con ciertos highlitghts” de mi biografía. Creo que es lo más probable; así que solo me quedaría añadir lo de “Pues en mis tiempos…”

    :-…

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  12. Carlos Herrán, la muerte de Elvis me pilló en Barbate, igual que la de Cecilia un año antes. De las dos me enteré por mi padre, que siempre se enteraba de todo antes que nadie. A él le gustaba Elvis y a mí Cecilia; él no lloró al primero pero yo sí a la segunda. Entonces yo era tan joven como tú y lloraba hasta por amor.

    Muy oportuno el título del álbum de Jethro Tull. Ah, Jethro Tull y sus maravillosas portadas que conocí en una casa de ese pequeño pueblo del que Eladio Ramos no pudo escapar y al que yo me escapaba siempre que podía porque en la casa de mis tíos no había horarios y en la de mis padres en Sevilla sí.

    Me ha encantado tu texto, Carlos. Muchas gracias por compartirlo.

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  13. Comentario
    Sí, la figura de Elvis estaba apolillada, como dices tú, en el 77. Un “sex symbol” capaz de levantar el ánimo en la posguerra con su rock and roll, iba cumpliendo años (y ganado kilos) y la música no se había detenido. Después del Rock melenudo llegaría el punk, la última revolución auténtica en la música, en mi opinión. Probablemente a Elvis le habría dado dolor de estómago encontrarse con unos punks que cantaban God save the Queen. Porque él era el Rey y la revolución punk cortaría cabezas melenudas muy poco después.
    Respecto al camionero, cosas que pasan cuando se es muy joven y piensas que todo el mundo es bueno. Me bajé en cuanto pude y esa noche la dormí al raso, en un campo de fútbol de Alençon, bajo una de las porterías A la mañana siguiente cogí un tren hacia el sur.

    Sap:
    .
    A diferencia de mi señora esposa que lo escucha con fruición, no era yo mucho de Ian Anderson, su postura de la grulla, su flauta y sus muchachos. Y es que en tal año solo tenía oídos para los Melenudos y tales lealtades se pagan caras en un mundo como el de la música, de obligada poligamia, poliandria y polinomios.

    La noticia de la muerte de Elvis la recibimos en El Callejón, el lugar donde se reunía la pandilla. La supimos por boca de un tal Perea y nos afectó muy poco. Y es que en el 77 –luego se reivindicó y recuperó– la figura de Elvis era una apolillada antigualla… talmente como los Melenudos.

    https://www.youtube.com/watch?v=FNvOlyf-JAw

    Gracias por compartir esta crónica, Carlos Herrán, de tu particular camino keruaquiano (por cierto, ¿qué pasó con el camionero?)

    :-)

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  14. Comentario
    Silvio Sacramento (qué nombre más novelero, por cierto) sabía lo que se hacía, amigo mío.

    DomingoGlez:
    El día que murió Elvis, Silvio Sacramento se puso una chupa de cuero y se bebió una botella de anís, lo pasó fatal, Sevilla en agosto no es para ir con una chupa.

    Gran rememoración de aquellos maravillosos años.

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  15. Comentario
    Querido compañero lector: de los vascos y de las vascas (suena a declaración de político vasco en la tele) se puede hacer mucha literatura. El osito Mimosín ligando en el Duranguesado duraba un telediario. Al final del camino (de la primera juventud), me topé con una asturiana. Y hasta hoy. Bromas aparte, a quien le apetezca una obra magna reciente sobre los Vascos- lo Vasco, recomiendo “Verdes valles, colinas rojas”, la trilogía de Ramiro Pinilla. Yo lo descubrí por casualidad, cómo no, en una librería. No sé si es correcto poner un link aquí de las cosas de uno. Si no lo es, pido disculpas a todos, incluido el webmaster. Pero es que para mí fue como una iluminación, que recogí en mi blog hace varios años. https://blogdelasnubes.com/2014/10/26/heroe-desconocido/

    Sap:
    La Serapia,
    .
    No quisiera pasearse servidor por los resbaladizos filos del tópico durante mucho tiempo, pero es que da la casualidad que las señoras vascas que he conocido fueron en su mayoría –a ver si no me complico la vida con los adjetivos– como muy combativas, cortantes, ajenas al melindre, de ir al grano y cantar las cuarenta. Vamos, que no creo que el Osito Mimosín tuviera mucho éxito ligando –yoquésé– en el Duranguesado.

    :-)

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  16. Comentario
    Muchas gracias por tu generoso comentario. Cuando leí el invierno en Lisboa (y la leí tarde: muchos otros de AMM cayeron antes) todo me resultaba familiar. El Náutico, la noche, el jazz. Y un universo literario que reconocía de sus obras posteriores. Eso lo hacía aún más familiar. Ya había entrado en la magia de un escritor cuando te atrapa en su propuesta. El otro día, al escribir el texto de Elvis, cuyo aniversario tanto jaleaban las televisiones, recordé (una vez más, puesto que siempre lo he tenido presente) el episodio en los relojes de La Concha. Pero esta vez lo escribí.

    mgc:
    Sap,

    Haylas, sí, yoigualmente creo, más allá y al margen del tópico, de muchas y diferentes maneras, y también de las de armas, en distintos lances, tomar

    Por lo demás, yo también tenía 18 años en 1977, no tengo ni idea qué hacía cuando me enteré de la muerte de Elvis y este texto de CH, quizás por lugar, alusión a la música y algo que no sé muy bien cómo definir, me ha recordado a El invierno en Lisboa

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  17. Comentario
    A partir de cierto momento en nuestras vidas, mientras vivimos el presente, intentamos poner en orden el recuerdo. Así vivimos más vidas en una misma vida, que es la nuestra. Cuándo llega ese momento, no lo sé. Yo creo que siempre he vivido con un pie en el presente y otro en el pasado. Y cuando murió mi madre, necesité recordar más que nunca. Y escribirlo.

    albertiyele:
    En el 77, en el 77… intento rememorar mi verano del 77. Pero de repente me acuerdo de que a mí Elvis se me murió en invierno, en pleno invierno. Trato de acordarme, hago un esfuerzo, y no hay caso. De la muerte de Elvis Presley no me acuerdo. Así que empiezo a preguntarme por qué, por qué no consigo acordarme. A ver si poniéndolo en contexto: tenía 21 años; tenía la cabeza llena de una literatura que me quedaba enorme, que no sabía bien ni por dónde agarrar; de películas de Woody Allen (cuáles fueron las del 77? Annie Hall? Manhattan? La noche de Boris Grushenko? Ay, la memoria!); de miedo, de mucho miedo, de ir enterándome casi día por día que este o aquel o el otro ya no estaba, y ya no estaría; de Robertito, siempre ahí y nunca ahí.
    Y entonces creo que ya sé por qué no le presté atención a la muerte de Elvis Presley. Hasta los recuerdos de la primera juventud nos cambia la historia; qué llevadas y traídas por los vientos que están nuestras vidas.

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  18. Comentario
    En el 77, como en todas las épocas, estaban pasando cosas. Y nosotros estábamos viviendo, o, como decía Ian Anderson en otra canción del Living in the past, estamos intentando vivir (Trying to be), un tema cuya introducción musical, curiosamente (a ver esa memoria…), con guitarra acústica y celeste, se utilizó como cuña en los 40 de la SER hacia 1973-74. Todo eso que nos pasaba y que era tan difícil de interpretar en directo era la vida. Muchas gracias por compartir tu recuerdo.

    Maese Nicolás:
    Gracias, Carlos, porcompartir tu texto que he leído con agrado.

    De la muerte de Elvis no recuerdo nada. Lo que si conservo es el vinilo de Jethro Tull.
    El recuerdo del 77 es el de una noche pasada en la comisaría de Córdoba tras un paseo en uno de aquellos Land Rover de los grises antes de las primeras elecciones generales. Pensaba uno que aquello eran lo estertores del viejo régimen….

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  19. Gracias, Carlos, por compartir tu texto que he leído con agrado.

    De la muerte de Elvis no recuerdo nada. Lo que si conservo es el vinilo de Jethro Tull.
    El recuerdo del 77 es el de una noche pasada en la comisaría de Córdoba tras un paseo en uno de aquellos Land Rover de los grises antes de las primeras elecciones generales. Pensaba uno que aquello eran lo estertores del viejo régimen….

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  20. DomingoGlez,
    .
    ¿Silvio Sacramento? ¡San Silvio! Ya lo declaró en una ocasión a un desinformado:

    “Bueno, yo le digo a los jóvenes que avanti con la guaracha, porque de cierta manera el roll es la madre no solamente del rock sino de la guaracha, y que donde hay ambiente y alegría, amigo mío, en cierta manera hay un poco de swing”.

    Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

    :-+

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  21. En el 77, en el 77… intento rememorar mi verano del 77. Pero de repente me acuerdo de que a mí Elvis se me murió en invierno, en pleno invierno. Trato de acordarme, hago un esfuerzo, y no hay caso. De la muerte de Elvis Presley no me acuerdo. Así que empiezo a preguntarme por qué, por qué no consigo acordarme. A ver si poniéndolo en contexto: tenía 21 años; tenía la cabeza llena de una literatura que me quedaba enorme, que no sabía bien ni por dónde agarrar; de películas de Woody Allen (cuáles fueron las del 77? Annie Hall? Manhattan? La noche de Boris Grushenko? Ay, la memoria!); de miedo, de mucho miedo, de ir enterándome casi día por día que este o aquel o el otro ya no estaba, y ya no estaría; de Robertito, siempre ahí y nunca ahí.
    Y entonces creo que ya sé por qué no le presté atención a la muerte de Elvis Presley. Hasta los recuerdos de la primera juventud nos cambia la historia; qué llevadas y traídas por los vientos que están nuestras vidas.

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  22. Bueno, aunque parezca mentira, las hay más cortantes todavía…

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  23. Sap,

    Haylas, sí, yo igualmente creo, más allá y al margen del tópico, de muchas y diferentes maneras, y también de las de armas, en distintos lances, tomar

    Por lo demás, yo también tenía 18 años en 1977, no tengo ni idea qué hacía cuando me enteré de la muerte de Elvis y este texto de CH, quizás por lugar, alusión a la música y algo que no sé muy bien cómo definir, me ha recordado a El invierno en Lisboa

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  24. La Serapia,
    .
    No quisiera pasearse servidor por los resbaladizos filos del tópico durante mucho tiempo, pero es que da la casualidad que las señoras vascas que he conocido fueron en su mayoría –a ver si no me complico la vida con los adjetivos– como muy combativas, cortantes, ajenas al melindre, de ir al grano y cantar las cuarenta. Vamos, que no creo que el Osito Mimosín tuviera mucho éxito ligando –yoquésé– en el Duranguesado.

    :-)

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  25. El día que murió Elvis, Silvio Sacramento se puso una chupa de cuero y se bebió una botella de anís, lo pasó fatal, Sevilla en agosto no es para ir con una chupa.

    Gran rememoración de aquellos maravillosos años.

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  26. .
    A diferencia de mi señora esposa que lo escucha con fruición, no era yo mucho de Ian Anderson, su postura de la grulla, su flauta y sus muchachos. Y es que en tal año solo tenía oídos para los Melenudos y tales lealtades se pagan caras en un mundo como el de la música, de obligada poligamia, poliandria y polinomios.

    La noticia de la muerte de Elvis la recibimos en El Callejón, el lugar donde se reunía la pandilla. La supimos por boca de un tal Perea y nos afectó muy poco. Y es que en el 77 –luego se reivindicó y recuperó– la figura de Elvis era una apolillada antigualla… talmente como los Melenudos.

    https://www.youtube.com/watch?v=FNvOlyf-JAw

    Gracias por compartir esta crónica, Carlos Herrán, de tu particular camino keruaquiano (por cierto, ¿qué pasó con el camionero?)

    :-)

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  27. Comentario
    Eladio Ramos,

    Todos tenemos momentos parecidos en nuestra vida. Yo los llamo “adolescenas”. Recordarla la historia ahora, con la ayuda de la memoria selectiva, la hace más bonita. El presente, cuando se viven las cosas, tarda un poco más en ser digerido. Aun así, qué suerte haberla vivido para recordarla.

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  28. Comentario,
    La Serapia,

    ¡Ay, las vascas! En realidad, es el relato de un momento luminoso, de ruptura con el sueño imposible que uno se puede llegar a imponer, para atender la llamada de la vida, que está llamando escandalosamente a la puerta.

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  29. Comentario
    Gaspard,

    La casa familiar está en Zubieta,, mirando al norte. El Londres refleja la luz del mediodía…más o menos.

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  30. No se si recién nacido, pero yo con 14 años, y tras alguna lágrima, también aquel 16 de agosto sentí nacer en mí nuevas sensaciones de cierta madurez… Recuerda para avanzar.

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  31. Entonces, el piso familiar está en la esquina más ventosa de, como mínimo, la costa atlántica: Easo con Avenida, donde está la heladería preferida de los nietos.

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  32. Entonces, el piso familiar está en la esquina más ventosa de, como mínimo, la costa atlántica: Easo con Avenida, donde está la heladería preferida de los nietos.

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  33. En el 77 yo tenía también 18 años, me gustaba Jethro Tull, quería tocar en un grupo y viajar a la ciudad de mis sueños, que era NY.
    Pero vivía en un pequeño pueblo de Sevilla y todo eso era un sueño.
    Suerte de haber vivido esa historia con esa edad.

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