Los Náufragos de las Aucland. Raynal. por Hermi

Posted By on Ago 21, 2017 | 50 comments


De entre la infinidad de temas tratados en sus diarios: la I Guerra Mundial, II Guerra Mundial, historia, arte, literatura, recuerdos, sinsabores, insectos; Ernst Jünger hacía referencia, en muchas ocasiones, al placer que le deparaba la lectura de los naufragios, y en concreto “Los Náufragos de las Auckland” de Raynal. Jünger me llevó muchos meses de deliciosa lectura y ese libro, el del naufragio, se quedó en mi cabeza desde entonces.

Hace poco leí un nuevo libro de Leys: Breviario de Saberes Inútiles, una selección de artículos y ensayos sobre muy diferentes temas: Uno de éstos, ¡el naufragio de las Auckland! Sí, otro saber inútil, pero ¿Qué es, si no, toda esta colección de cosas deliciosas que no nos van a ayudar para nada en la vida? ¿Qué cosa hay más importante?

El libro de Raynal, la idea de poder leerlo algún día, seguía aletargada en mi cerebro como un gusano glotón; como decía Gómez de la Serna: “Guillotinamos al gusano de tal manera que un día se vengará”: saber cada detalle de un naufragio en un arrecife de las Aucklands en 1864, 400 kilómetros al sur de Australia, donde tuvieron que sobrevivir 5 personas durante veinte meses se convirtió en una obsesión.
A principios del mes de mayo comienzo la tarea de encontrar el libro de Raynal. No existe en español. Busco en todas las webs dedicadas a vender libros por correo. Nada. Libros de viejo. Nada.

El día 9 de mayo leo, entusiasmado, un artículo de Alfredo Pastor (La Vanguardia) en el que habla de este naufragio para entender la verdad de la situación extrema en Cataluña: Para mantenerse unidos (y con vida) los cinco náufragos se dotaron de unas normas de obligado cumplimiento. Se asignaron tareas y reglamentos. Decía Raynal: “El hombre es tan débil que a veces ni la razón, ni la defensa de su dignidad, ni siquiera la consideración de su interés bastan para recordarle cuál es su deber”. Todos juraron cumplir esas normas y todos coincidieron en que fue lo que les salvó la vida. Tuvieron que aprender a hacer aceite, jabón, una casa, cazar, pescar, una chimenea, coser zapatos y abrigos y, al final, una embarcación capaz de atravesar un mar difícil.

Poco después, al introducir todos los parámetros de búsqueda (algoritmos), encuentro que un librero tiene un ejemplar extraño. Primero el precio: 120 euros. Después el año de edición: ¡1888! Después la editorial: Hachette. No me lo podía creer. El 08 de junio lo tenía en casa. Encuadernación en tela, color rojo, borde dorado, papel de excelente calidad, cuarenta grabados bellísimos. Me dice el librero que perteneció a la biblioteca de Duarte Pinto Cohelo, el decorador portugués establecido en Madrid después de triunfar en París; amigo de Coco Chanel, Truman Capote, Dalí y otros. Aún después de la Guerra Civil había gente con dinero y mal gusto. Yo le dije que estaba bien pero que el precio me parecía caro. Había visto el día anterior ¡qué casualidad después de tantos años! que se volvía a editar en la editorial JUS y este hecho me sirvió para que me lo rebajara a noventa euros. Y además me regaló el que quisiera elegir de los que tenía en el escaparate. Por el camino iba apretando la bolsa con los dos libros, Señas de Identidad de Goytisolo, en homenaje por su muerte, y este de Raynal.

Al final del libro se cuenta que al mismo tiempo otra embarcación en otro lado de la isla naufragó con veinticinco pasajeros a bordo. Se separaron. Sólo hubo tres supervivientes.

por Hermi