Hisham Matar (por Rosario Illescas)

Posted By on Ago 4, 2017 | 12 comments


Cuando se aproximan las vacaciones, uno de los rituales consiste en acercarme hasta la biblioteca de mi barrio, mirar en la mesa donde exponen las novedades y arramblar con libros de lo más diverso. Algunos son de autores que ya conozco y que son como un encuentro con un amigo querido al que solo puedes gozar de vez en cuando. Otros son completos desconocidos para mí, pero cada verano, como un regalo del cielo, hay un libro inesperado que me lleva a conocer mundos distintos, historias que merece la pena saber. Es el caso de “El regreso” de Hisham Matar. El autor nos relata la historia de Libia y de su familia y sus pensamientos sobre lo que todo ello ha supuesto en su vida. Si lo leéis, os pasará como a mí, que cuando en las noticias hablen sobre Libia, ya no imaginareis el país en abstracto, sino que pensareis en las personas y en las ciudades que habéis tenido la fortuna de conocer gracias al libro.

por Rosario Illescas

12 Comments

  1. Lo bueno, en todo caso, es siempre el libro; tenerlo entre las manos, pasar páginas, adentrarse con ojos grandes en la lectura. No se puede explicar, o gusta o deja indiferente. En esta casa común del anfitriónmn somos buenos comensales de ellos, no hay que darnos vitaminas para animarnos a degustarlos, es algo innato que sabemos apreciar. En la lectura aparece la individualidad, no todos los temas tratados son apetecibles para un lector con nombre propio. Sin embargo, jugamos con ventaja, uno se adentra por los pasillos de la biblioteca y se siente como navegante ante el inmenso mar, por las múltiples posibilidades.

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  2. Sap,

    Comentario
    “¿Se dice satisfaciera?

    No. Se dice satisficiera. Verbo compliqueti satisfacer. Para no errarle: es igual que su hermano mayor, que todos conocemos y usamos bien: hacer. Así que si es hiciera o hiciese, es satisficiera o satisficiese.
    :-)

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  3. Gracias Rosario. Otro que apunto a la infinita lista de pendientes, cosa que me genera una ansiead descomunal. Querría poder hacer lo que dice Sap, pues no hay nada como una 2ª, 3ª o 4ª lectura de un buen libro que te haya llegado al alma. Aunque soy muy compulsiva y dispérsica en casi todas las facetas, he conseguido encontrar la paz lectora en los dos últimos veranos en los que me he dedicado a la relectura, qué relax frente al estrés que me suponía enfrentarme a los ochomiles veraniegos. Más vale lo malo conocido… ;)

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  4. Sap
    .
    Nos hemos cruzado… Sobre familiares y sus lecturas, lo más pintoresco que conozco es lo que hizo un tío mío –creo que ya lo he contado y además varias veces– que se leyó uno tras otro los 46 volúmenes que componen los “Episodios Nacionales” de don Benito y que cuando terminó… volvió a empezar por el primero hasta concluir un segundo ciclo. Como tu familiar, luego se quejaba de no encontrar libro alguno que lo satisfaciera (¿se dice satisfaciera?)

    La compulsión lectora es una lata que tiene más de neurosis que otra cosa. Pienso que diez o doce libros escogidos junto con unos pocos satélites, bien dirigidos/digeridos, analizados y convertidos en lectura recurrente, serían suficientes para satisfacer toda una vida de lector.

    :-)

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  5. .
    Fracaso. Las tres versiones de “Los miserables” que hay en la biblio del barrio tienen una tipografía infernal, una letra tan microscópica que, de usarse, podría hacer que las obras completas de Mario Vaquerizo se contuvieran en página y media.

    No hay más remedio que recurrir a la casi gratuidad de Amazon y tirar de Kindle.

    :-…

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  6. Sap,
    Buena elección. Un ochomil pero con motorcillo eléctrico que ayuda a subir las cuestas. Tengo un familiar, poco dado a las lecturas, y menos de estas grandes, que leyó Los Miserables y cuando acabó predijo: No volveré a leer nada como esto. Estaba claro que se emocionó. La manera en las que enfrenta dilemas morales, religiosos y humanos es muy atractiva. Que te aproveche.

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  7. .
    Para seguir con la ya consolidada tradición de los 8Miles agosteños, mañana mismo iniciaré el protocolo en la biblioteca del barrio con la consecución del tochazo elegido, en esta ocasión “Los miserables” de Monsieur Hugo en traducción de Nemesio Fernández Cuesta, novelón del que todo el mundo conoce adaptaciones cinematográficas, teatrales y musicales, pero al que pocos –entre los que me encuentro– le han metido las gafas.

    ¿Obrará este librazo el milagro terapéutico de hacer olvidar las calores y sus efectos? Así lo espero de la mano del desdichado Jean Valjean.

    :-)

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  8. Mi ritual es parecido pero sin ir a la biblioteca (nunca voy). En una balda tengo los libros por leer. Nunca menos de diez o quince. Para hacer las maletas reflexiono: “este no que pesa mucho”, “este es demasiado denso”, “este es demasiado valioso”. Al final me llevé lo último de Lorenzo Silva y no me arrepentí. Me encantó.

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  9. Un ritual que comparto. Me gustan también esos lecturas que nos asoman a otros mundos tan atractivos y tan desconocidos.

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  10. ¡Me lo apunto!

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  11. Estoy completamente de acuerdo contigo, Rosario.
    Algo parecido viví con lecturas como “Miramar” de Naguib Mahfuz, una historia bellamente contada contada por los residentes de una pensión de la Alejandría de los años 60.
    O también con “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini, la relación de amistad entre dos niños de distintas clases sociales y religiosas en el Kabul de los talibán.

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