El viento del cine

Posted By on May 15, 2017 | 8 comments


En el tránsito hacia el siglo XX empezaban a ocurrir cosas inauditas, todas ellas asociadas con la aceleración del movimiento. Había carruajes moviéndose sin que ningún animal tirara de ellos. Cabalgar estaba al alcance de cualquiera gracias a las bicicletas. Había aparatos tripulados que levantaban el vuelo. Y hasta las imágenes inmóviles desde el principio de los tiempos ahora se movían sobre sábanas blancas, en los barracones de feria de las primeras proyecciones cinematográficas. Al menos desde las pinturas de animales de la cueva de Chauvet algunos seres humanos habían intentado la tarea imposible de apresar el movimiento en representaciones visuales. El fluir del tiempo había sido durante milenios un privilegio exclusivo de la música y la danza. Las bailarinas de Degas eran igual de estáticas que las de los frescos cretenses de 3.000 años atrás. El humo de las locomotoras que pintaba Monet casi parecía que flotaba, pero estaba detenido, igual que la luz del sol en sus versiones sucesivas de la catedral de Rouen.

[…]

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8 Comments

  1. ” … Al volver a sentarse, intentó el hombre con su mejor voluntad el acercamiento hacia los nuevos compañeros, y se puso a cantar en voz baja …

    “[…] No es el movimiento lo que le interesa, sino ese oleaje que bulle bajo la máscara. No pinta ni un grito, ni siquiera la boca que lo profiere, sino como el adentro de un cuerpo que chilla preso del dolor, de la violencia, del terror. Y Bacon acosará, a golpes de bisturí, en la carne incisa, los viejos impulsos, los tumores subyacentes al hombre impenetrable.
    Los cuadros de Bacon son más una versión que una visión del mundo. Lejos de someterse a una objetividad muy poco probable, la empresa figurativa, tal como el pintor la entiende, está mucho más ligada de lo que él mismo confiesa a una imperiosa hegemonía de la subjetividad, como ha hecho ya observar Jacques Dupin en su prefacio al catálogo de la exposición, ‘Fragment dans les marges d’un texte de Michel Leiris’, donde habla de un “realismo subjetivo y sensorial”, concepto que modifica ligeramente la fórmula de Michel Leiris en el prefacio a ‘El arte de lo imposible’, calificando la pintura de Bacon de “realismo paroxístico”. Pintura, pues, la del artista inglés, reconocida y exaltada en su tradicional capacidad receptiva, pero distorsionada y devastada por la vehemencia de un Ego. ¿Debemos extrañarnos? Bacon no ha cejado (…) en su voluntad por arrancar las imágenes a los juegos gratuitos de formas y colores. ¿Podía sustraerlas, a la vez, a esa enfermiza hipertrofia del Yo que rige todo el discurso del arte moderno? Ha querido, en todo caso que, incluso la pincelada, no por escapar al azar de la circunstancia, estuviera sujeta por ello a una determinación demasiado lúcida. Hay una verdad propiamente pictórica, indisociable de la factura -la de Velázquez, la de Rembrandt-, a la que Bacon, a contracorriente de su época, ha pretendido volver. Del proyecto del artista, de las intenciones que lo hayan guiado, nada queda ya, sino esas pocas pulgadas de tela pintada que, gracias a un gesto por sí solo elocuente, nos dice cuanto al pintor y al mundo se refiere. El resto no es más que glosa de la cultura. Del mismo modo en Bacon, en los mejores momentos de su obra, lo trágico anida claramente en los derrames de la pasta, en el arrebato del pincel. Que el ‘tema’ esté en concordancia, es algo que casi habíamos olvidado que pudiera ser, hoy que la conciencia se complace en los dominios disociados. La ruptura está, no obstante, siempre presta a resurgir en estas telas -pienso en dos cuadros recientes: ‘Estudio del cuerpo humano’ (1982) y ‘Edipo y la Esfinge’ (1983)- entre un significado que apunta a la teatralidad metafórica y un ‘significante’ amenazado por las habilidades de un manierismo que es, quizá, la forma plástica más sutil del narcisismo.
    Bacon está suficientemente atento a su arte y al testimonio pictórico del pasado como para no medir los peligros de todo realismo subjetivo. Contemplándonos con sorna o postrados en sus jaulas de hierro, los ‘Papas’ de Bacon no son homenajes humorísticos al autor del retrato de Inocencio X; su modo de pintar es el de un Velázquez en carne viva, un grito proferido en la distancia, una pintura que se exaspera camino del Exilio. Porque hay en Bacon, curiosamente unida a su amor por lo Inmediato, como una nostalgia del Ideal que atraviesa su arte y que, aquí o allá, lo ilumina. Basta prestar oído a alguna de sus confidencias: “Pienso que el gran arte se funda siempre en un orden”, o, “Me gustan las cosas clásicas y, al mismo tiempo espontáneas”. ¿Me equivoco reconociendo aquí un eco del pensamiento de Baudelaire interrogándose, en las postrimerías de su vida, sobre los dos polos del universo artístico: lo fugitivo y lo inmutable, lo Eterno y la Modernidad? Creo que Bacon se acerca, en efecto, a la estética de Baudelaire, no tanto por el conjunto de elementos vagamente satánicos o sádicos de sus obras más osadas, como por el proceso creador que lo anima, dictándole ese raro instinto a obras de patente ambigüedad, a medio camino entre las grandes construcciones clásicas (sus recientes referencias a Ingres) y las ‘escenas de género’ inspiradas en los salones o en las sentinas de la vida londinense.
    No cabe dudar que dicha ambigüedad, sensible a lo largo de toda la aventura baconiana, sea el signo de una suerte de desgarro espiritual. […]”

    Claude Esteban
    “Francis Bacon o
    La pintura en carne viva”
    Traducción de Antonio Urrutia
    GOYA – Revista de Arte (primavera ’84)

    … ‘Cuando salí de Sebiya
    borbí la cara yorando:
    -Adiós, tierresita mía,
    ¡qué lejos te bas queando!’

    Sus amigos tarareaban con él y hacían sonar suavemente sus palmas, sonrientes … ”

    Daniel Sueiro
    “Último viaje en
    un tren nocturno”
    Revista de Occidente (primavera ’76)

    Por su valentía gestante.
    A González-Iñárritu.
    Con todo corazón.

    ._.

    *

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  2. ” … Un poema de Basho -que ha resistido, es cierto, a todas las traducciones y que doy aquí en una inepta versión- quizá ilumine lo que quiero decir:

    ‘Un viejo estanque:
    salta una rana ¡zas!
    chapalateo.’

    Nos enfrentamos a una casi …

    ” España comenzó a despertar de la larga noche del franquismo hace cuarenta años. El país entró en una fase decisiva en la que la responsabilidad política de sus actores superó sus propios miedos y prejuicios para instaurar un periodo democrático que ya sobrepasa el tiempo vivido en dictadura […]”

    Óscar Abou-Kassem
    “Cuando todos ceden”
    Cambio16 (noviembre 2015)

    … prosaica enunciación de hechos: el estanque, el salto de la rana, el chasquido del agua. Nada menos ‘poético’: palabras comunes y un hecho insignificante. Basho nos ha dado simples apuntes, como si nos mostrase con el [puntero] dos o tres realidades inconexas que, sin embargo, tienen un ‘sentido’ que nos toca a nosotros descubrir. El lector debe … ”

    Octavio Paz
    ‘Tres momentos de la
    literatura japonesa’ (1954)
    “Las peras del olmo”
    Seix Barral, 1983

    Dudo si esta cuestión es …
    ¿Viento?
    ¿Experimentación? …

    ¿Por qué no aparece el nombre de E. V-Matas
    en el índice de autores que ‘opinan’ en El País?
    ¿Y el de Antonio Muñoz Molina?

    Serán cosas de la maquetación.
    Supongo.

    ._.

    *

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  3. ” … bigotudo y socarrón … ”

    “[…] Sentado en la última fila de butacas, el caballero de la gabardina, cuyo sombrero de fieltro descansa en las rodillas -dejamos a ustedes la tarea de adivinar quién es-, examina de reojo el rostro de los circunstantes acomodados en su hilera. Los labios, barbillas, pómulos, narices y frentes de hombres y mujeres tienen ese misterioso denominador común que marca su impronta al auditorio en las reuniones y veladas de l’Armée de Salut, los Children of God o aquellas otras, ya remotas, a las que asistía en un colegio de su país siendo niño -¡anota bien ese detalle biográfico, curioso lector!-: una beatitud o estado de gracia capaz de suavizar perfiles y aristas, esfuminar la dureza y rigor de las líneas, impregnar las fisonomías más cerriles e ingratas de un toque de alegre y fecunda receptividad. ¡Sí, a tres horas de vuelo de París, la sociedad revolucionaria, libre y democrática ha dejado de ser una hermosa quimera, una fantasía desbocada y se ha convertido en palmaria e innegable realidad! […]”

    Juan Goytisolo
    ‘Teologismo dialéctico’
    “Paisajes después de la batalla” (1982)
    Círculo de Lectores, 1987

    ” … coloso infinitamente … ”

    ¡Vente p’á Madrid Banderas!

    ._.

    *

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  4. ” … Los fundadores de las filmotecas seguro que soñaban …

    “[…] Si la fotografía debía ayudar al pintor paisajista, cabe suponer que el fotógrafo tenía alguna noción de lo que se entendía por paisaje. De los pocos ejemplos a este respecto piede citarse a Louis-Désiré Blanquart-Évrand, pintor de miniaturas, químico, fotógrafo y editor de fotografías. Éste definió el paisaje como “un cuadro que tiene como fondo el cielo, o, a falta de cielo, la vegetación como asunto [L-D. B-É., ‘Traité de photographie sur papier’, Roret, París 1851, pág. 38, cit. en Christine Abelé, ‘La photographie de paysage en France au XIXème siècle. Des œuvres et des hommes: 1839-1878’. Tesis de doctorado, Université Paris X-Nanterre, 1994, s. p.]. En definitiva, se podría afirmar, lo que se ve a través de las ventanas del tren. Ya fuera con cielo o sin él o en los prados, lo que consiguieron los fotógrafos que participaron en las misiones heliográficas y sus contemporáneos fue la inserción natural de las estaciones, las vías, los postes, los puentes de piedra o hierro y los trenes en el paisaje. Para realizar esto los fotógrafos eliminaron el humo, optaron por vistas alejadas de las ciudades y realizaron juegos formales entre estaciones y monumentos históricos. Por su parte, los pintores consagrados a la pintura de paisaje, con esas fotografías a la vista, aprendieron algunos recursos compositivos, entre ellos la eliminación de motivos. En gran medida fue así como en sus lienzos se permitieron confundir e ir alternando las nubes con las colas de humo y las arboledas con las líneas de postes telegráficos. Por lo tanto, ese paisaje que los fotógrafos se habían preocupado en retratar y estructurar, sin saber qué hacer con esos elementos nuevos que denotaban su época -si integrarlos u ocultarlos-, fue asumido por los nuevos pintores de manera completamente distinta […]”

    Rocío Robles Tardío
    ‘Misiones artísticas y políticas
    en tren’
    “Pintura de humo” (2008)
    Siruela | La Biblioteca Azul

    … con poder entregarse a tal ejercicio, pero en su época esta operación habría puesto en peligro la integridad de las cintas de celuloide.
    Además de mostrar el beneficio estético que todas las artes obtuvieron del cine, en especial como impulsor de vanguardias, esta exposición también se propone ilustrar … ”

    “Arte y Cine:
    Ciento veinte años de
    intercambios”
    CaixaForum (en su sede madrileña)

    Yo me quedo -me quedaría- con un pequeño dibujo a lápiz firmado por Charles Chaplin.
    Ternura hecha mina.
    ¡Ah! Y con la marina impresionista que menciona Antonio en este viento del oleaje salado.

    ._.

    *

    ” … The [wind] was an emanation of the brain, just as bile was an excretion of the liver -something purely physical in character … ”

    Julian Barnes
    ‘Begginings’
    “Arthur & George”
    Jonathan Cape -London- (2005)
    Random House Group

    ._.

    *

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  5. Sap,

    Comentario

    Y tanto, SAP. Aunque hubo gente del 27 a quienes el cine les importaba un bledo.

    Yo que nací en 1978 creo que me enganché al cine gracias a que coincidí en mi formación con Reagan, que provocó un cine de evasión, de entretenimiento, que dominó en los años ochenta. Algo parecido a la generación del macartismo, donde todas las listas negras y persecuciones dieron en la práctica con películas que, proyectadas, pretendían el placer más simple. Si te tocó ser adolescente en esos años es muy probable que el cine se haya convertido en un elemento de ocio para tu vida.

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  6. .
    Al leer este bello artículo de Ammtonio, recordé la crónica que escribió Kafka en 1909 bajo el título de “Los aeroplanos en Brescia” sobre su primera experiencia de contemplar aparatos voladores. Algo, que como era de esperar, no lo conmovió demasiado.

    Buscando descargar el texto, me he tropezado con este otro interesante artículo firmado por el para mí desconocido Jacinto Antón donde hace referencia a aquella crónica:

    http://elpais.com/diario/2003/12/18/catalunya/1071713243_850215.html

    :-)

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  7. .
    Treinta años después de su invención, el cine todavía seguía representando una frontera entre lo moderno y lo vetusto.

    Objeto de escarnio y desprecio, resulta difícil imaginar a los hermanos Machado, a Pío Baroja o al mismo Valle Inclán –autor por cierto de un teatro tan cinematográfico– sentados en una sala oscura esperando la proyección de una película, ¡y eso que ellos incluso llegaron a conocer el cine sonoro!

    No es de extrañar que para sus otros contemporáneos, los jovenzuelos del 27, y hasta para personajes “transisorios” como el Gómez de la Serna de las vanguardias autor de “Cinelandia”, tan dinámicos, tan amigos del cine y de las jazz-bands, ellos fueran gente de las que pitorrearse un poquito.

    Sería curioso rastrear el impacto o no impacto del cinematógrafo en los diarios de algunos de ellos.

    :-)

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  8. Este fin de semana he visto “A quiet man” y la he disfrutado tanto…”pero con una libertad poética para la que ahora nos costaría encontrar equivalentes” como dice el artículo, el nivel poético de John Ford para contar historias creo que aún no ha sido superado.

    Claro que, los paisajes irlandeses de fondo también ayudan a engrandecer la historia de amor y viejas tradiciones.

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