James Baldwin regresa

Posted By on Abr 9, 2017 | 2 comments


Una de las voces más limpias y lúcidas que pueden escucharse ahora mismo es una voz del pasado. James Baldwin murió hace ahora 30 años, pero su voz hablada y escrita cobra una presencia más imponente todavía porque está sonando desde el pasado en una época en la que las cosas y los nombres se disuelven a toda velocidad en el olvido. En las librerías de Nueva York hay expositores con todos sus libros. La Library of America, lo más cercano a la Pléiade en un país poco dado a las solemnidades culturales, acaba de sacar un volumen con sus ensayos completos. Y desde hace unos meses se mantiene en cartel un documental en torno a él, I Am Not Your Negro, dirigido por Raoul Peck.

[…]

Seguir leyendo en EL PAIS (08/04/2017)

2 Comments

  1. ” … la inmortalidad … ”

    ¿Dónde estarán? pregunta la elegía
    de quienes ya no son, como si hubiera
    una región en que el Ayer pudiera
    ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

    ¿Dónde estará (repito) el malevaje
    que fundó en polvorientos callejones
    de tierra o en perdidas poblaciones
    la secta del cuchillo y del coraje?

    ¿Dónde estarán aquellos que pasaron,
    dejando a la epopeya un episodio,
    una fábula al tiempo, y que sin odio,
    lucro o pasión de amor se acuchillaron?

    Los busco en su leyenda, en la postrera
    brasa que, a modo de una vaga rosa,
    guarda algo de esa chusma valerosa
    de los Corrales y de Balvanera.

    ¿Qué oscuros callejones o qué yermo
    del otro mundo habitará la dura
    sombra de aquel que era una sombra oscura,
    Muraña, ese cuchillo de Palermo?

    ¿Y ese Iberra fatal (de quien los santos
    se apiaden) que en un puente de la vía,
    mató a su hermano el Ñato, que debía
    más muertes que él, y así igualó los tantos?

    Una mitología de puñales
    lentamente se anula en el olvido;
    una canción de gesta se ha perdido
    en sórdidas noticias policiales.

    Hay otra brasa, otra candente rosa
    de la ceniza que los guarda enteros;
    ahí están los soberbios cuchilleros
    y el peso de la daga silenciosa.

    Aunque la daga hostil o esa otra daga,
    el tiempo, los perdieron en el fango,
    hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
    muerte, esos muertos viven en el tango.

    En la música están, en el cordaje
    de la terca guitarra trabajosa,
    que trama en la milonga venturosa
    la fiesta y la inocencia del coraje.

    Gira en el hueco la amarilla rueda
    de caballos y leones, y oigo el eco
    de esos tangos de Arolas y de Greco
    que yo he visto bailar en la vereda,

    en un instante que hoy emerge aislado,
    sin antes ni después, contra el olvido,
    y que tiene el sabor de lo perdido,
    de lo perdido y lo recuperado.

    En los acordes hay antiguas cosas:
    el otro patio y la entrevista parra.
    (Detrás de las paredes recelosas
    el Sur guarda un puñal y una guitarra.)

    Esa ráfaga, el tango, esa diablura,
    los atareados años desafía;
    hecho de polvo y tiempo, el hombre dura
    menos que la liviana melodía,

    que sólo es tiempo. El tango crea un turbio
    pasado irreal que de algún modo es cierto,
    el recuerdo imposible de haber muerto
    peleando, en una esquina del suburbio.

    JLB
    ‘El tango’
    “El otro, el mismo” (1964)
    “Poesía completa”
    Debols!llo – Penguin R.H.M., 2014

    ” … es una voz … ”

    Cuando el Verbo resucita,
    va y llega Borges.

    ¡Feliz Pascua Florida!

    ._.

    *

      Citar  Responder

  2. ” … se mantiene a oscuras … ”

    De la mar de los montes
    llegó una mujer
    con flores
    en sus cabellos negros.
    Venía, por el último camino,
    a la última casa de la isla
    trayendo entre sus manos
    un cesto de limones.

    Hubiéramos querido
    callar, sólo callar,
    y que gestos, palabras, miradas,
    fuesen como invisibles
    para hacer más intensa
    la música
    del encuentro coral de todo el grupo,
    la amistad verdadera.
    Luego, llegó la noche
    adormeciendo
    el canto de cigarras,
    que despertó inquietud, tristeza acaso
    en sus ojos muy vivos.

    Más tarde,
    la mujer que llevaba
    en sus cabellos flores,
    regresó a través de las encrucijadas
    de los caminos,
    que la devolvían a la mar
    que da la libertad,
    al lugar del amor.

    Con nosotros quedaba
    un silencio profundo.
    Respiraban los pinos el jazmín.
    Tras la cerca, callaban los caballos.
    Encima de la mesa, en el centro
    del porche ya vacío,
    los limones ardían
    como un fuego muy verde.

    Antonio Colinas
    ‘Por el último camino’
    -‘Un verano en arabí’-
    “Canciones para una música silente”
    Siruela – Libros del Tiempo (2014)

    ” … sobre este acantilado … ”

    A Carme Chacón.
    ¡Regresa!

    *

      Citar  Responder

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *