Viajes (por Nicolás Dorta)

Posted By on Sep 9, 2016 | 15 comments


Todos los años mi padre tiene ganas de que agosto pase cuanto antes. Hoy ha vuelto a recordarlo por teléfono. “Todo se para”, dijo. Se refiere a la pausa de “obligado cumplimiento” que deja la norma invisible de la vacación universal, que atiborra las playas, las fiestas de los pueblos, los parajes naturales, los restaurantes, los aparcamientos, los paseos y los aeropuertos. “Vivimos en el mundo de las normas invisibles”, cuenta Enrique Vila-Matas en Dietario voluble (Anagrama), un regalo que leo con muchas ganas y que está dedicado: “Disfruta de la volubilidad de la vida. Y también de la tuya”. Todavía somos niños a la espera de un regalo, conservamos esa ilusión de lo inesperado. Decir “no hace falta que me regales” es una manera sutil de dejar abierta la posibilidad.

Mi padre es un viajero inmóvil que puede describir el lago Titisee sin salir de su habitación. Y crees que estuvo allí, incluso más de una vez. Cuenta Vila-Matas que Louis de Rougemont publicó impresionantes viajes intercontinentales en la World Magacine sin haber salido de la biblioteca del Museo Británico, donde parecía haber encontrado todas las aventuras que luego el mundo creyó ciertas. Mi padre dice que no viaja para evitar decepcionarse.

A los 38 años, cumplidos hace tres días, mientras escribo estas líneas en el cuarto de invitados, puedo escuchar el ruido del último avión atravesando la isla en la noche del agosto que empieza. La calle está viva y en el balcón contiguo, un grito celebra alguna victoria patria de los Juegos Olímpicos. El viento se ha ido en el peor momento. El mar sigue quieto. Pienso en que quizá esta noche emprenda uno de esos viajes inmóviles, sin salir de la habitación o, con suerte, del apartamento.

por Nicolás Dorta

15 Comments

  1. Maties,

    Qué bueno, no lo había visto hasta ahora. Lo dicho: que no se nos estropee. Muchas gracias.

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  2. Me ha encantado. Los viajes que hacemos moviéndonos de un lado a otro, o aquellos (acaso los más maravillosos), que requieren una habitación, una cama o un sillón, una lámpara, un libro.

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  3. Carmela,

    DomingoGlez,

    Kevin Spacey une a sus numerosos talentos, entre ellos el de cantante, el de perfecto imitador de otros famosos actores. En este enlace, y por este orden, James Stewart / Johnny Carson / Katherine Hepburn / Clint Eastwood / John Gielgud / Marlon Brando / Christopher Walken / Al Pacino / Jack Lemmon:

    https://www.youtube.com/watch?v=fIQMptnTf0s

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  4. DomingoGlez,

    Para mí es el mejor actor vivo. Espero que no le ocurra lo que a Al Pacino y a Robert de Niro: acabar su carrera haciendo auténticos bodrios.

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  5. A veces gastamos tiempo y dinero en viajar a sitios que no le llegan a la altura de los zapatos al sitio en donde vivimos. Este verano estoy redescubriendo mi ciudad. Hemos ido a conciertos, restaurantes nuevos, calles perdidas y placitas desconocidas. Por la mañana temprano o por la madrugada. Madrid es una delicia, un sitio maravilloso.
    Cada vez me gusta más viajar a lugares extraños y lejanos sin moverme de mi sofá. Un gusto Nicolás.

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  6. Maties,

    ¿Esa canción la cantaba Kevin Spacey? No lo sabía, pensaba que era la original, tiene buena voz el hombre.

    Este actor me gustó mucho en Atando Cabos, una película que pasó sin pena ni gloria, que para mí es una joya.

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  7. La mejor canción sobre viajes, según pienso. La canta Kevin Spacey, notable actor, director, cantante, bailarín… imitando perfectamente, de voz y estilo ya que no de físico, al malogrado crooner y también actor Bobby Darin en su biografía filmada Beyond the Sea (La Mer), que dirigió y a quien personificó. “(So Many) Fabulous Places”, de Leslie Bricusse, por Spacey:

    https://www.youtube.com/watch?v=2t_8Z8DmMFU

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  8. “Mi padre es un viajero inmóvil que puede describir el lago Titisee sin salir de su habitación.”

    Horas después de morir mi padre entraron en la sala del tanatorio dos jóvenes peruanos a los que yo no conocía de nada. Me preguntaron si era la hija del Sr. Francisco, me dieron el pésame y se presentaron -todo con una educación exquisita- como amigos suyos. Se habían conocido en un bar del barrio donde mi padre solía tomarse unas cañas antes de comer. Mantuvimos una agradable conversación en la que recordaron con simpatía cómo después de oírlo hablar con tanto entusiasmo y conocimiento de su país le preguntaron cuánto tiempo vivió en Perú y cómo les sorprendió que les contestara que nunca estuvo allí.

    Muchas gracias, Nicolás, por este relato.

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  9. Sap,

    Me alegro de que te haya gustado. Lo he escribí con mucha emoción. La pena es mi desencuentro con la gramåtica, la sintaxis y los signos de puntuación. Lo del sujeto, verbo y predicado para mí es una quimera. Cuando menos lo pienso me veo enredada en frases imposibles, difíciles de resolver. Lo mío nunca ha sido la escritura. Pero bueno, es lo que hay.

    :-)
    Angela,

    Bueno, en realidad si viajó, sobte todo cuando era niña y joven. Luego vino la guerra, los lutos, el matrimonio, cinco hijos a los que dar estudios… la vida. En una vida tan larga hay mucho que recordar y que contar. Como curiosidad te cuento que se encontraban de veraneo en Málaga, en los Baños del Carmen, cuando aprovecharon para acercarse a la Exposición
    Iberoamericana de Sevilla. Algo que siempre recordaba.

    Tambien le gustaban los periódicos y las revisas. Recortaba noticias y artículos de opinión y los guardaba en una carpeta. Cuando venían a verla le gustaba sacar su carpeta y comentar sobre aquello que a ella le había llamado la atención. Su frase favorita respecto a la política era: Y esto ¿ quien lo arregla?. Si viviera ahora no tendría más sentido su interrogante.

    Gracias, Ángela, por tu atención.

    :-))

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  10. Comentario
    Maida,

    Mi madre también nació en 1917. Le gustaba viajar, pero de verdad. A Mallorca, a Canarias, le encantaba la playa. Leía periódicos y revistas, pero solo leyó libros en sus últimos años. Su madre, mi abuela, decía: “hija, que no te vean nunca con un libro en las manos”. Y, lo que es la vida, se fue a casar con mi padre, un hombre que tenía mucho peligro con los libros, no podía contenerse. En contra de lo que yo veía en la mayoría de las casas cuando yo era pequeña, en mi casa había una estantería grande repleta de libros. Se la habían encargado al señor Carlos, un vecino que era carpintero. Mi padre se metía en plazos para pagar las enciclopedias y los libros grandes. Cuando iba a la Feria del Libro, había que echarse a temblar.
    Tendría yo cuatro o cinco años cuando apareció un día en casa con un ábaco y una bola del mundo. No sé qué sería del ábaco, pero la bola del mundo la conservo. Es de un mundo que ya no existe, pero aún sirve para que mi nieta señale dónde está ella y dónde estoy yo.

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  11. Maida,
    .
    ¡Carambolas, Maida, es muy hermoso lo que has contado de tu madre! “Viajera de sillón”, le dices… ¿acaso los cosmonautas no viajaron sentados en un sillón apenas más sofisticado?

    Efectuando trayectos más modestos, también estaba ese personaje de Jardiel en “Eloísa está debajo de un almendro” que viajaba en tren por toda España, en pijama y sin bajarse de su cama.

    :-)

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  12. Mi madre fue viajera de sillón. Desde que falleciö mi padre, ella tenía unos 80 años, y hasta sus noventa largos en que hizo aparición un cada vez más evidente deterioro cognitivo, disfrutó conociendo mundo a través de los libros de viajes. Adoraba la escritura de Javier Reverte, entre otros, y el libto que mas veces leyó fue El rīo de la desolaciön. Me gustaba que me contara que habīa estado en Manaos o cómo aquel pobre hombre estuvo a punto de morir de malaria. Era un gustazo verla disfrutar con la lectura y cómo de vez en cuando levantaba los ojos del libro y decía: qué hermoso es el mundo, ¿cómo me he perdido yo tantos años de conocer tantas cosas?
    Cuando se disponía a leer, junto con el libro se acompañaba de una bola del mundo, luego mi hermana le regaló un mapa mundi muy grande que ocupa una pared. Decía que la geografía era lo que más le gustaba cuando de niña fue a la escuela. Recordó hasta sus últimos días a su maestra que les hacía aprenderse de memoria ciudades, ríos y montañas del mundo entero. Se sabía las estaciones de ferrocarril de su época. Y contaba con emoción cómo su maestra les contó que se había construido el Canal de Panamá.

    Le gustaba internet, hablar por skype con sus nietos de Erasmus en cualquier país, y le gustaba ver en google earth todo lo que ella había imaginado durante toda una vida. Había nacido en 1917.

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  13. Estamos viajando siempre, pues aunque no nos desplacemos en el espacio, lo hacemos continuamente en el tiempo.

    Lo mejor de un viaje es no tener un destino o, quizá, no llegar nunca a él.

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  14. .
    Al respecto, creo que existen dos interesantes variantes: por una parte, libros de viajes que se desarrollaron en un cubículo, como por ejemplo el “Viaje alrededor de mi habitación” de Xavier de Maistre o, más recientemente, “Viajes por el scriptorium” de Paul Auster, y por otra, autores que crearon mundos y sistemas sin haber salido de su ciudad, como Manolo Kant –del que se conoce que solo una vez abandonó su natal Köninsberg para comprarse una peluca– o el también paradigmático caso de Emilio Salgari, que hizo viajar a sus miles de lectores por los más exóticos escenarios cuando en su desgraciada vida, solo se pegó un garbeo en barco por el mar Tirreno.

    Es un tema interesante el que expones y que demuestra que, tal vez, no hay viaje que una buena enciclopedia y una guía de trenes, como en el caso de Holmes, no puedan suplantar. Muchas gracias.

    :-)

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  15. Conocí a una persona cuya afición era permanecer en la plaza de su pueblo. Me decía que a él no le hacía falta viajar porque el mundo entero estaba ahí mismo, al alcance de su mano. Se sabía de memoria todos los detalles de la historia local, y los pormenores de cada rincón de la iglesia y de los palacios medievales.
    A mí me gusta viajar, pero en verano me aíslo, como el protagonista de tu narración. Los que lleguen al futuro quizás viajen desde su casa en 3D (o en nD). Saludos cordiales, Nicolás. Ma

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