Mundos botánicos

Para las personas de imaginación aventurera pero de carácter perezoso el mejor sustituto de las expediciones novelescas que no llegarán a hacer nunca son las visitas a los jardines botánicos, más que los libros de viajes. Sin duda hay un placer extraordinario en leer las aventuras de Shackleton en la Antártida, o el diario del capitán Franklin en los hielos del Ártico, o seguir en una buena biografía los itinerarios del capitán Cook, que llegó a Tahití cuando parecía el paraíso terrenal y avanzó mucho más al sur de lo que se había atrevido nadie, vislumbrando entre nieblas de tormenta los acantilados antárticos, o caminar por las soledades de la Patagonia o de los desiertos de Australia en las páginas de Bruce Chatwin. Pero el contraste entre el nomadismo esforzado de los relatos y el confort de la lectura es demasiado grande como para dejarle a uno la conciencia tranquila, y después de todo leer es una tarea demasiado sedentaria y demasiado intelectual, que debe ser compensada de inmediato con el ejercicio físico, para evitar ese peligro de desequilibrio entre la vida real y los mundos de los libros del que fue tan consciente Cervantes.

[…]

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Entrada no Jardim Botânico (Joao Martinho)

Entrada no Jardim Botânico (Joao Martinho)

36 Comments

  1. La Serapia
    Enviado el 23/11/2013 a las 10:30 AM | Enlace permanente

    Creo que de las primeras cosas que me hicieron fijarme en el nombre de las plantas y los árboles, además de querer entender de lo que hablaban mis abuelos y mis padres (mi abuela materna sabía diferenciar un brote verde de cebada del de trigo, cosa que nunca dejó de maravillar a mi madre y por ende a mí), fue leer los nombres en los libros.

    Una curiosidad de la que me enteré hace un par de años, el primer jardín botánico fue el de Padua (1545). Andábamos por allí y lo encontramos casi sin querer. Es pequeñito, apenas tiene árboles grandiosos ni tropicales, pero me pareció precioso, con unas greenhouses (cómo le llamo a eso, cobertizo?) que tenían los cristales de las puertas llenos de verdín, casi no se podía ver a través de ellos. Los de Pisa dicen que el suyo es un año anterior, pero la Unesco al que ha reconocido es al de Padua, igual porque el de Pisa ha cambiado mucho desde entonces. Tienen puesta esta inscripción:

    “El jardín botánico de Padua es el origen de todos los jardines botánicos del mundo y representa la cuna de la ciencia, los cambios científicos y nos hace comprensibles las relaciones entre la Naturaleza y la Cultura. Este ha contribuido ampliamente al progreso de numerosas disciplinas científicas modernas, en particular botánica, medicina, química, ecología y farmacia”

    http://www.youtube.com/watch?v=tBxDrP6AN70

    Sí, los jardines botánicos tienen un encanto hospitalario. Aunque muchos tengan frecuentemente los pabellones desiertos, vacíos, hasta poco atendidos, queda algo en ellos que reconforta. Tengo por aquí un par de cápsulas a medio abrir con la nuez dentro, de un castaño de indias japonés. No sabía ni que existían y allí estaba, en el jardín botánico, tirando montones de frutos por el suelo, que tienen para nosotros la gracia de no tener ninguna espina.

    Han debido de abrir un jardín botánico en Barakaldo hace ya unos años, pero todavía no lo he visitado. Los que sí había, de antes, son los de los jardines en las universidades. Tanto Deusto como Sarriko tienen jardines con árboles de nombres exóticos en los que creerse un poco Humboldt.

  2. La Serapia
    Enviado el 23/11/2013 a las 10:37 AM | Enlace permanente

    Eso de las miles de muestras de madera me ha puesto los dientes largos… Qué barbaridad!

  3. Enviado el 23/11/2013 a las 11:31 AM | Enlace permanente

    A la naturaleza se le deben abundantes prodigios: está claro que algunos escritores españoles se han anglosajonizado por la vía botánica, y al revés. Pero no siempre: no hay ni una mísera brizna de hierba en las trece novelas de Javier Marías.

    Al Museo de Arte antiguo de Lisboa, del que habla AMM en el texto anterior, los lisboetas lo llaman Museu das Janelas verdes, por el color de sus ventanas. Como a la Plaza del Comercio la llaman Terreiro do Paço. Y al Jardim Tropical, Jardim Colonial.

    Por cierto, entre los jardines botánicos lusos merece la pena asomarse por el Jardim do Monte, en Madera, y a la isla de Madera que, toda entera, es un jardín botánico al aire libre. Si a otras islas ocupadas por los portugueses les cupo ser plataformas negreras, Madera ha sido durante siglos una plataforma botánica: en ella se han aclimatado las plantas tropicales que tenían como destino Europa y las plantas destinadas a la explotación agrícola en los nuevos mundos. Si Madera es trópico domesticado, Monte es el broche, allí donde el jardinero ha conseguido crear la perfecta ilusión de una Europa tropical.

  4. Enviado el 23/11/2013 a las 1:42 PM | Enlace permanente

    ” sin la penosa servidumbre de los animales en las jaulas tristísimas de los zoológicos,”

    Hay cursos que he llevado a mis alumnos un día de excursión a Córdoba. Hemos visitado el zoológico y luego hemos cruzado la calle (literalmente) y hemos visitado el jardín botánico. En el zoológico todos disfrutan viendo esas “tristísimas jaulas” con los animales encerrados. En el jardín botánico solo algunos muestran un verdadero interés por lo que los maestros o los monitores les enseñan. Me queda la esperanza de que si Antonio tuvo que cumplir cuarenta años para fijarse con detalle en una planta algunos de mis alumnos lo hagan bastante antes. Pero la realidad es que para un niño un animal enjaulado es más atractivo que cualquier planta, sea esta un árbol tropical o la más rara especie amazónica. Bueno, hay una que siempre andan buscando: la planta carnívora. No sé si será porque lo vegetal les queda más cercano al ser niños de pueblo para los que el campo no es algo extraño. No sé si a los niños de una gran ciudad les ocurrirá igual.

  5. Felipe Cano
    Enviado el 23/11/2013 a las 3:37 PM | Enlace permanente

    Lee uno con emoción “Las cosas naturales”, de Rojas. Qué hermosísimo libro. Y secreto y modesto. Se quedaría uno a vivir entre sus páginas y en su español, sencillo y sorprendente a la vez, donde uno, como en Machado, intuye en nuestro idioma una infinitud que elude la ampulosidad. Alguien de la casa lo ha leído? Antonio, tal vez?

  6. Felipe Cano
    Enviado el 23/11/2013 a las 4:06 PM | Enlace permanente

    “Las cosas del campo”, perdón.

  7. MdlMar
    Enviado el 23/11/2013 a las 6:15 PM | Enlace permanente

    ” … el rumor poderoso de los árboles borra por completo los ruidos de la ciudad … ”

    En cualquier caso, Antonio, perderse entre haces de luz, fotosíntesis de legendarios aventureros expedicionarios, senderos de belleza saludablemente respirable, crujidos y reconfortantes moléculas de oxígeno… favorece -con creces- poder arribar hasta una imaginativa y deliciosa Vuelta a Lisboa desde el tierno envés que sustenta una Ida a los Mundos botánicos como la que nos has dejado en este herbario multidisciplinar de noviembre :)

    ” […] No se veían otros huéspedes aunque la habitación contigua estaba abierta y parecía estar ocupada, quizá por una criatura. Fuera quien fuese había dejado varios libros de historietas en el suelo junto a la cama.
    Fue a dar un paseo por el empinado sendero que había detrás de la casa de huéspedes. Se entretuvo nombrando arbustos y malas hierbas. La vara de San José y la reina Margarita estaban en flor y el boj japonés, una rareza en Ontario, parecía algo común allí. […] ”

    Alice Munro
    “Las lunas de Júpiter” (1982)
    ‘Alga marina roja’
    Traducción de Esperanza Pérez Moreno
    Debolsillo, 2012

    ” […] Detrás de la cúpula solitaria del Museo de Ciencias Naturales circulaba la acequia que llamaban el Canalillo. Cuando llegaba el buen tiempo se instalaban allí las mesas y las sillas metálicas, las guirnaldas de bombillas de un merendero, colgadas entre las ramas de los árboles. En la pared de la caseta clausurada del merendero la cal estaba desconchada por picotazos de disparos y tenía manchas y chorretones de sangre reciente que había goteado hasta el suelo. […] ”

    AMM
    “La noche de los tiempos” (Seix Barral, 2009)

    ” […] Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes, y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida.
    —Mire, señor —decía Sancho—, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga; que yo he visto por entre las verjas y resquicios de la jaula una uña de león verdadero, y saco por ella que el tal león, cuya debe de ser la tal uña, es mayor que una montaña.
    —El miedo, a lo menos —respondió don Quijote—, te le hará parecer mayor que la mitad del mundo. Retírate, Sancho, y déjame; y si aquí muriere, ya sabes nuestro antiguo concierto: acudirás a Dulcinea, y no te digo más. […] ”
    (II; Capítulo XVII.’Donde se declaró el último punto y estremo adonde llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la felizmente acabada aventura de los leones’)

    ” […] Central Park es un bosque y un jardín botánico, la vegetación desmedida de América y el orden de los jardines ilustrados y románticos de Europa, donde cada árbol tiene una etiqueta con su nombre común y su nombre en latín, y donde hasta los arbustos y los macizos de espinos que parecen más agrestes han sido ordenados de acuerdo con una sutil intención de paisajismo o de pedagogía. Los olmos americanos, con sus hojas más grandes y más ovaladas que las de los europeos; los olmos de Siberia, de troncos más ásperos, de hojas más pequeñas, con los filos más dentados, para defenderse mejor de la crueldad de los inviernos; los ginkgos, de hojas como delicados abanicos japoneses, como sombrillas chinas de seda amarillenta; los robles rojos, catedralicios, criaturas supremas del reino vegetal, de copa cóncava y ramas que se despliegan como las nervaduras de una bóveda gótica. En las terrazas con balaustradas que rodean el lago del que surge, en la fuente de Bethseda, la escultura de bronce del Ángel de las Aguas, las formas talladas en la piedra duplican con exactitud las de la naturaleza orgánica: junto a un palomo que no se espanta cuando uno pasa a su lado hay un altorrelieve con una pareja de palomos, labrados en piedra arenisca; las ardillas de piedra son del mismo tamaño que las ardillas verdaderas, las hojas esculpidas de roble o de olmo tienen el dibujo exacto de las hojas reales recién caídas a su lado. Junto a las estatuas de bronce emergen de la tierra las rocas de pedernal que son el cimiento geológico de la isla de Manhattan, el mineral durísimo donde se anclan los rascacielos; una bandada de gansos que emprende letárgicamente el vuelo se refleja en el agua inmóvil y queda detenida como en una instantánea en el interior de un medallón de piedra, que está tallado con la misma claridad que los dibujos en un libro antiguo de ciencias naturales, en las páginas de una enciclopedia. No hay esta mañana en el parque músicos ambulantes, no hay vendedores, ni charlatanes, ni cómicos, ni volatineros: cada cual, pasa apaciblemente recluído en sí mismo, atento a las cosas con una aplicación de botánico, tal vez consciente del equilibrio delicado del mundo en esta mañana laboral, de la fugacidad que acecha este instante de quietud. El olmo ya del todo amarillo conserva todas sus hojas, pero en cuanto la brisa se hace un poco más fuerte se desprende de un puñado de ellas, y bastará una tarde de viento y de lluvia para que ese esplendor quede convertido en una grisura de ramas desnudas. Uno percibe la fragilidad del tallo que aún sigue uniendo cada hoja a su rama, el hilo de savia que permanecerá latente hasta la primavera próxima, oculto bajo la corteza oscura a lo largo de todo el invierno. Uno sabe que la mañana no va a durar, que el tiempo no es esa agua serena de los estanques en las que se reflejan las ramas góticas de los sauces y las terrazas más altas y los pináculos de los rascacielos de Central Park West. Por encima de la brisa en las hojas, la brisa tenue que sin embargo basta para que se desprendan algunas de ellas, se escucha, prestando atención, el ruido del tráfico, el largo agudo de una sirena. […] ”

    AMM
    “Ventanas de Manhattan” (Seix Barral, 2004)

    ” … con el mareo de un viaje al otro lado del mundo … “

  8. Diego Ariza
    Enviado el 23/11/2013 a las 6:15 PM | Enlace permanente

    “En un país tan arboricida y tan poco hospitalario para el saber como España, cada vez que uno entra a un jardín botánico le dan ganas de pedir asilo político.”

    Muy ingenioso.

  9. Hermi
    Enviado el 23/11/2013 a las 7:36 PM | Enlace permanente

    Diego Ariza,

    Y tiene razón. Menos mal que hay siempre fuerzas que salen de no se sabe dónde y se impide que no acabe todo esto como un desierto lleno de casas.
    Había una periodista y escritora catalana de la que solía visitar su blog. Era conocida de Vila-Matas; tanto que llegó a prologarle uno de sus libros. En muchas de sus entradas siempre denunciaba el enésimo ataque a los árboles de su ciudad o de tal pueblo o tal otro.
    Me gustaba cómo escribía esa mujer. Isabel Núñez. Lástima que un cáncer se la llevara el año pasado. Es triste leer en su último post que ya estaba todo preparado para la operación. Nunca más podré leer nada nuevo en él.

    http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.com.es/

  10. Enviado el 23/11/2013 a las 8:49 PM | Enlace permanente

    Interesante como siempre amm. Me ha recordado uno de mis blog favoritos http://hanganadolosmalos.blogspot.com.es/
    de Pablo Jauralde que fue granadino algunos años y eficaz profesor.

  11. Enviado el 23/11/2013 a las 11:38 PM | Enlace permanente

    Hermi,

    “La plaza del azufaifo”, prólogo de EV-M y texto de IN

  12. José Carlos P.T. ( El Fotógrafo de la Polaroid )
    Enviado el 24/11/2013 a las 1:21 AM | Enlace permanente

    Felipe Cano,

    Un saludo,Felipe. Me acuerdo de tí, casi todos los días.

  13. Enviado el 24/11/2013 a las 11:18 AM | Enlace permanente

    Felipe Cano,

    Fue de los libros que me enseñaron a mirar el campo. Y está bien tu lapsus con “las cosas naturales”, de ese otro gran observador, Rafael Juárez.

  14. Saniette
    Enviado el 24/11/2013 a las 12:40 PM | Enlace permanente

    Antonio, yo añadiría a los Delibes, Machado y Rojas, al gran Claudio Rodríguez.

  15. Enviado el 24/11/2013 a las 2:05 PM | Enlace permanente

    El poeta JosAnton Artze tiene un libro “El lamento del bosque”, que es trilingüe, en euskera, francés y castellano, que incluye el nombre de un árbol y de un pájaro distinto en cada página

    Artze, que es el autor de “Txoria txori”, poema cantado por Mikel Laboa y ya todo un himno a la libertad, por ese pájaro al que no se quiren cortar las alas, aunque así se pueda ir, tiene una obra llena de mundo vegetal vivo. Bueno, y también animal

  16. Malaquías
    Enviado el 24/11/2013 a las 2:20 PM | Enlace permanente

    Me he acordado mientras leía el artículo de aquel programa que nunca me perdía de pequeño: “La aventura de las plantas”. Lo que más me gustaba era la banda sonora de Joël Fajerman.

  17. Malaquías
    Enviado el 24/11/2013 a las 2:34 PM | Enlace permanente

    Saniette,

    Lo que pasa es que las referencias a la naturaleza de Claudio Rodríguez son metafísicas. En sus poemas el campo es una vía para trascender a lo espiritual.

    Algo parecido pasa en Juan Ramón Jiménez. El campo es algo simbólico que le permite hablar de sí mismo, de su “paisaje interior”:

    “El campo tiene una melancolía serena… en el verdor tierno y triste de sus valles y los remansos dormidos de sus ríos. No sé si todos tienen este mismo amor por el paisaje; yo, cuando voy por el campo, comprendo más que nunca la inmensa ternura de mi corazón. Ninguna música, ningún verso, pocos ojos de mujer me han hecho llorar tan dulcemente como el humo azul de los hogares, en la paz silenciosa del crepúsculo. Paisaje de campo, qué doliente eres, qué amigo, qué quieto, qué quejumbroso.”

  18. Malaquías
    Enviado el 24/11/2013 a las 2:43 PM | Enlace permanente

    Hablando del paisaje interior. Igual que el carácter melancólico de JRJ le dirigía la mirada solo hacia aquellos aspectos del campo que sintonizaban con su estado de ánimo, también el estado de ánimo de AMM parece dirigirle la mirada solo hacia aquellos aspectos de España que confirman el cabreo que siente hacia su país:

    “En un país tan arboricida y tan poco hospitalario para el saber como España…”

    “[El clima de Lisboa] es lo bastante húmedo y lo bastante templado para que prosperen en él plantas que no resistirían los inviernos de Madrid….”

    “El problema es más grave en la literatura en español, y quizás más todavía la española, en la que la naturaleza, con raras excepciones, tiene una presencia vaga y general o directamente no existe.”

    “La nuestra es en general una cultura poco permeada por las ciencias naturales, en la que cualquier referencia no alegórica o despectiva al campo, a los paisajes, a los jardines, queda cancelada por el miedo a la cursilería, o peor aún, al costumbrismo rural.”

  19. La Serapia
    Enviado el 24/11/2013 a las 2:51 PM | Enlace permanente

    Malaquías, y hacia dónde dirige la mirada Malaquías en los textos de AMM?

  20. La Serapia
    Enviado el 24/11/2013 a las 2:57 PM | Enlace permanente

    Nicolás, para eso está la educación, supongo, Nicolás. Para acercarnos la mirada a lo que de otra forma nos pasaría desapercibido.

    Cuando estuve en Lisboa pasamos una tarde entera en un oceanario que anunciaban por todos sitios. Un sitio muy moderno, lleno de gente, con muchas luces y cantidad de peces de todos los colores y unos caballitos de mar extraños que parecían vestidos con un traje de faralaes.

    Si llego a saber entonces que había una sala de cartografía, muestras de semillas, árboles exóticos…

    Menos mal al azar que nos hizo encontrarnos con lugares como la cinemateca, porque si entonces llegamos a seguir sólo a lo más brillante, estaríamos completamente ciegos.

  21. María Regla Pérez
    Enviado el 24/11/2013 a las 4:06 PM | Enlace permanente

    Considerado uno de los mejores parques de Alemania, los Jardines del Mundo de Marzahn compiten con éxito con la extensa oferta verde de Berlín
    Un parque con vistas al mundo, Héctor Llanos [El País, 7 de enero de 2013]
    Parques naturales de Alemania:
    http://www.zonu.com/fullsize/2011-05-24-13753/Parques-Naturales-de-Alemania-2008.html
    Mapa de Espacios Naturales Protegidos en España:
    http://www.porlibre.com/espacios_naturales.htm
    Aquí vivimos rodeados de árboles y bosques. Y creo que fue Heidegger en Ser y Tiempo quien decía algo sobre los árboles que nos impiden ver el bosque. Apenas lo recuerdo.
    Ich sehe den Wald vor Lauter Bäumen nicht.

  22. La Serapia
    Enviado el 24/11/2013 a las 5:13 PM | Enlace permanente

    Precisamente, los árboles no nos dejan ver el bosque. La diversidad en vegetación que tiene la península ibérica no se puede comparar a la de Alemania, es ingentemente mayor. El color verde de la hierba y los altos árboles nos pueden llevar a engaño. Es precisamente la presión selectiva de los distintos climas y las escasas precipitaciones en muchos lugares lo que ha posibilitado tanta diversidad.

    Almeria, por ejemplo, es la región de Europa y una de las mayores del mundo en variedades de líquenes, pero a casi nadie le importa.

    En la península e islas hay unas 10.000 variedades de flora, apenas un par de miles menos que en toda Europa. Además de ser uno de los lugares más ricos en diversidad, está también en muy buena posición en destrucción del medio ambiente.

    Hasta hace muy poquito, en España había que ser un monje para dedicarse a la botánica, es que si no, cualquiera se metía a ello. Os dejo un ejemplo.

    http://www.biologiasur.org/rufino/iea-memoria-cultural.html

  23. La Serapia
    Enviado el 24/11/2013 a las 5:15 PM | Enlace permanente

    http://ichn.iec.cat/ECCF/Documents%20d'interès/Documents%20d'àmbit%20europeu/Conservació%20ex-situ%20de%20la%20flora%20europea.pdf

  24. La Serapia
    Enviado el 24/11/2013 a las 5:15 PM | Enlace permanente

    http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/naturaleza/2010/06/21/193856.php

  25. MdlMar
    Enviado el 24/11/2013 a las 7:02 PM | Enlace permanente

    ” … La primera vez que entra al de Lisboa el visitante novelero siente enseguida que se sumerge en un bosque, en una selva tupida pero también apacible … ”

    ” […] Hay un seto que llega hasta la calle misma. Aunque el seto es alto y difícilmente podrá asomarse por arriba, cree que a lo mejor puede echar un vistazo a través.
    No es necesario. Al pasar el seto se da cuenta de que el terreno, más o menos del tamaño de cuatro solares corrientes, queda abierto a la calle por la que va. Parece una especie de parque, con senderos de losas que cruzan en diagonal el césped floreciente y recién segado. Hay flores entre los senderos y salpicando el césped. Nancy reconoce algunas, como las margaritas doradas y de pétalos amarillo pálido, o las rosas de musgo blancas de corazón rosa, fucsia y rojo, pero no es una gran aficionada a la jardinería y hay macizos o caminitos de todos los colores que no sería capaz de nombrar. Algunas trepan por los enrejados, otras se extienden a su antojo. Todo con mucho arte, sin que nada resulte forzado, ni siquiera la fuente donde mana un chorro de un par de metros que cae en un estanque revestido de piedra. Nancy se ha acercado desde la calle para refrescarse con el rocío de la fuente, y encuentra un banco de forja donde sentarse.
    Por uno de los senderos se acerca un hombre con unas tijeras de podar. No es de extrañar que los jardineros trabajen hasta tarde en un sitio como este. Aunque a decir verdad el hombre no tiene pinta de empleado. Es alto y enjuto de carnes, y viste camisa negra y pantalones entallados al cuerpo.
    A Nancy no se le había ocurrido pensar que esto pudiera no ser un parque público.
      —Que lugar tan hermoso —le grita al hombre con un tono de aprobación cargado de confianza—. Qué bien cuidado lo tiene.
      —Gracias —dice él—. Siéntese a descansar, no hay problema. […] ”

    Alice Munro
    “Mi vida querida” (2012)
    ‘A la vista del lago’
    Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino
    Lumen, 2013

    ”    CANTO XVIII

    365. El ingenioso Ulises le respondió: ‘Si tuviéramos, Eurímaco, que echarnos los dos a trabajar, una buena hoz en la mano y un buen campo de hierba delante de nosotros, en uno de esos largos días de verano y en ayunas, por añadidura, o un arado enganchado a dos hartos y lustrosos bueyes con los que tuviésemos que labrar un campo de cuatro obradas y de tan buen tempero que los terrones cediesen a su paso, pronto verías el prado mocho y la tierra profundamente hendida en surcos derechos y bien trazados. Y del mismo modo, si el Saturnio suscitase una guerra en cualquier parte y yo tuviese un escudo, dos lanzas y un casco de bronce que se adaptase bien a mis sienes, pronto me verías entre los mejores; entre los que luchasen en primera fila, y ya no te atreverías a reprochar la voracidad de mi vientre como ahora. En cuanto a ti, si hablas y te portas con insolencia, y si te crees fuerte y valeroso, no es porque lo seas, ciertamente, sino por hallarte rodeado de muchos (…). Y yo te digo a ti que si Ulises volviera a su patria y llegase a este palacio, angostas te parecerían estas puertas, tan anchas, al tener que huir.’
    387. Oyéndole hablar de este modo, enfurecióse terriblemente Eurímaco, y, encarándole la torva mirada, de este modo le increpó: ‘¡Miserable! Vas a recibir el castigo que tu insolencia merece por hablar ante tanto príncipe del modo como lo has hecho. Preciso es que el vino haya turbado tu razón o que de propio seas tan insensato como demuestras; a menos que la victoria que acabas de alcanzar contra Iro te haya, a fuerza de orgullo, hecho enloquecer.’ Y diciendo esto, cogió un escabel y se lo lanzó con toda su fuerza; agachóse Ulises, sentándose sobre las rodillas de Anfínomo, y el escabel fue a herir al copero en plena mano derecha, con lo que el jarro que éste empuñaba cayó a tierra con gran estrépito y al punto él mismo, que golpeó el suelo con sus espaldas entre grandes gritos. Con ello se armó en la sala enorme alboroto y los pretendientes empezaron a decirse unos a otros:
    401. ‘¡Ojalá hubiese muerto este forastero vagabundo antes de llegar a este palacio! Hubiéramos evitado este desórden y los que aún acaecerán, que ahora no haremos sino querellarnos por su culpa y porque unos le defiendan y otros le ataquen, no habrá ya medio, una vez divididos, de gustar como antes los placeres de los banquetes.’
    405. Entonces el divino Telémaco, tomando la palabra, les dijo: ‘¡Desdichados! Habéis perdido la razón e imposible os es ocultar los efectos de los excesos que acabáis de cometer comiendo y bebiendo. Indudablemente es un dios el que os excita de este modo. Ea, ya que estáis hartos, idos cada uno a vuestra casa, que buena falta os hace. Sin que esto sea, por mi parte, echaros.’
    410. Oyendo esto, todos se mordieron los labios, admirados de que les hablase con tanta audacia. Entonces Anfínomo, hijo ilustre del rey Niso Aretíada, les dijo de esta manera: ‘¡Amigos! Nadie se irrite ni replique injusta y destempladamente a Telémaco, ni cometa otros excesos maltratando a su huésped o a algunos de los criados del palacio. Ea, llene el escanciador las copas, hagamos las libaciones y retirémonos a nuestras casas, dejando al forastero, ya que aquí enderezó sus pasos, al cuidado de Telémaco.’
    422. Y así habló y todos aprobaron sus palabras. Al punto el héroe Mulio, heraldo duliquense y criado de Anfínomo, mezcló con qué beber en una crátera y llenó luego las copas de cuantos se hallaban presentes, ordenadamente; ellos, luego de ofrecer aquella libación a los bienaventurados dioses, bebieron el dulcísimo vino. Y acto seguido y cuando ya no les apeteció beber más, marcharon cada uno a acostarse en su respectiva morada. ”

    Homero
    “La Odisea”
    Versión castellana de Juan B. Bergua
    Ediciones Ibéricas, 1959

    ”   I. El reino de las voces

    […] Veo encenderse una a una las luces de los miradores de Mágina bajo un cielo liso y violeta en el que todavía no es de noche, las bombillas que parpadean y tiemblan en las esquinas de las últimas casas como llamas de gas y las lámparas que penden sobre las plazas y cuyos círculos de claridad oscilan cuando el viento zarandean los cables tendidos entre los tejados desplazando las sombras de las mujeres solitarias que caminan con la cabeza baja y la barbilla hundida en la toca de lana llevando una lechera de estaño o un badil de ascuas rojas tapadas con ceniza. Se abrigan con medias de lana, con zapatillas de paño negro, con rebecas abrochadas hasta el cuello sobre los delantales, avanzado inclinadas contra la noche o el viento, llegan a casa y todavía no encienden las luces y dejan el portal el badil con las ascuas sobre él, lo sacan al quicio de la puerta para que el viento del anochecer, tenue como una brisa marítima, lo encienda más rápido. No cuenta la memoria sino la mirada, veo en la penumbra fría ese resplandor que se hace más vivo a medida que la oscuridad va ganando la calle, huelo a humo y a frío, humo de ascuas doradas y rojas en el anochecer azul y de resina hirviente y leña mojada de olivo, huelo a invierno, a una noche de noviembre o diciembre en cuya quietud un poco desolada hay algo de tregua, porque hace días que terminaron las matanzas y aún no ha comenzado la aceituna, me acuerdo de una mujer de toquilla negra y pelo blanco recogido en un moño que se había vuelto loca y todas las tardes, al filo del anochecer, bajaba por la calle del Pozo caminando a pasos cortos muy cerca de la pared y robaba un adoquín de la obra que estaban haciendo en la Casa de las Torres y se volvía llevándolo escondido bajo la toquilla como si cobijara un gato, sonriendo, queriendo disimular, murmurando, como hablándole al adoquín, al gato inventado, al niño que decían que se le murió cuando era joven. […] ”

    AMM
    “El jinete polaco” (1991)
    Planeta, 2001

    ” […] Tan poderosa era aquella asociación, y tan bella era la imagen, que incluso ahora, pasados los años, con una edad diferente y, de algún modo, perteneciendo a un país también diferente, sentí que me deslizaba sin darme cuenta hacia aquella forma de sentir. La primera cosa que le pregunté, mientras me apretaba contra su abrigo de piel de nutria en el embarcadero atestado de gente del vaporetto, fue su opinión sobre los Motetes de Montale, publicados recientemente. El familiar fulgor de sus perlas, treinta y dos de la mejor calidad, que encontraba eco en el brillo del borde de su pupila castaña y se elevaba hasta la dispersa plata de la Vía Láctea, sobre nuestras cabezas, fue la única respuesta que obtuve, pero eso era mucho. Preguntar, en el corazón de la civilización, por lo último que había producido, era quizá una tautología. Quizá, sencillamente, me comporté con descortesía, ya que el autor no era del lugar. […] ”

    Joseph Brodsky
    “Marca de agua” (1992)
    Traducción de Menchu Gutiérrez
    Ediciones Siruela, 2005

    ” […] A medida que nos adentramos en El Astillero nos vamos dando cuenta de hasta qué punto forma es contenido y contenido forma, hasta qué punto es sabia la forma de esta novela. Las tríadas de adjetivos o de frases adjetivales que tradicionalmente se han venido usando para definir y cerrar, en manos de Onetti pierden esa trasnochada facultad, y así lo vemos usándolas para abrir el sustantivo, para estampar su claridad unívoca: el sustantivo, entonces, crece amenazante, al adquirir muchas posibilidades, y limpia a las famosas tríadas de toda sospecha de academismo. A nivel estilístico, son otra excepción de la perplejidad onettiana, de su desesperado aunque irónico y lúcido humanismo.
    Es por medio del puntomde vista entrecortado, partido y repartido, que Onetti logra sus efectos más espectaculares. La fluctuación de la voz narrativa, a veces omnisciente, a veces del doctor Díaz Grey —habitante de otras novelas que componen el universo que el uruguayo ha construido en las riberas de un Río de la Plata imaginario que podría ser cualquier río, pero es el Río de la Plata, aunque es sobre todo el río de las novelas de Onetti —, es clara, analizadora. En el caso del doctor, su versión no es más que el espejo que sólo puede reflejar parcialmente los acontecimientos, en los que él, apenas personaje, casi no toma parte. Larsen es otro punto de vista parcial, una inteligencia tortuosa, obcecada y engañosa, que se revuelca con exasperación dentro de sus límites. Petrus, Gálvez en su casilla, también comprenden fracciones, aunque aspiren a apoderarse de la verdad total del acontecer. Desde estas distintas miras, el relato se fragmenta; jamás se está seguro de si el que habla está colocado en la realidad y en el presente, o es reflejo de otro personaje o de la omnisciencia que lo está pensando. El presente mismo de El Astillero permanece dudoso. El tiempo narrativo de la novela, en sus innumerables retornos sobre sí mismo, en las múltiples partidas falsas, paréntesis y regresos al punto de partida para partir hacia otro lado y en otra época, es otra manera de fragmentar lo unívoco e introducir al lector por un camino que parece cierto, pero que está lleno de trampas, perspectivas falsas (la sensación —por lo demás, a veces verdadera— de que las explicaciones de actitudes y hechos inexplicados podrían encontrarse en otras novelas del autor, o en novelas que aún no ha escrito), un trompe-l’œil que exaspera, dejando al lector indefenso, recibiendo el impacto de El Astillero. Como los personajes de la novela, aplastados entre una carencia de pasado y una carencia de futuro, no nos queda otra alternativa que creer, y soportar el peso del presente novelesco de Onetti. […] ”

    José Donoso
    en su Prólogo para
    “El Astillero”
    Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV (1970)

    ” […] Hacía un otoño suave, con largas tardes doradas en las que más de una vez, y contra mi costumbre, eludí mis obligaciones académicas para pasearme si descanso, sin hacer nada, sólo disfrutando de la sensación perdida de ir por ahí llevado por la curiosidad y la indolencia, de mirar escaparates, parques, edificios, librerías, mujeres. Mario me llevó a cenar a un sitio italiano, inmenso y populoso, que se llamaba, Los teatros de Buenos Aires, en el que uno sentía como una corriente eléctrica, esa agitada vitalidad que le aturde al llegar a Nueva York, sobre todo si se llega desde el letargo silencioso de Humbert, Pensilvania. Nos emborrachamos sin darnos mucha cuenta, exaltados por la alegría tan inusual de estar juntos y sabernos amigos, charlando y caminando hasta muy tarde por calles luminosas y llenas de gente, de cafés, de carteles luminosos de teatros. No saber orientarme en aquella inmensidad era casi una liberación: me guiaba mi amigo, me iba mostrando lugares que se me olvidaban enseguida, me acompañó en un taxi hasta mi hotel y al llegar allí aún nos quedaban ganas de seguir hablando y bebiendo, y tomamos un par de gin tonics en el bar, todo ya un poco borroso, el bar del hotel y Buenos Aires y la cara de Mario Said, el recuerdo de Humbert College y las confusas perspectivas de mi carrera académica.
    Mario Said se marchó a Tucumán a la mañana siguiente de mi llegada. Nos despedimos con una gran resaca y con una nostalgia anticipada por las conversaciones, las caminatas y las copas que habíamos compartido, y que nos prometimos reanudar al cabo de no demasiado tiempo, tal vez allí mismo, en Buenos Aires, o en Madrid, que a Mario le gustaba tanto, y donde seguía pensando que tal vez debió quedarse: siempre me decía que en los años del exilio Madrid le suavizaba las nostalgias de volver, y que caminando por Lavapies o La Latina, sobre todo de noche, tenía la sensación de que estaba en San Telmo. […] ”

    AMM
    “Carlota Fainberg” (Alfaguara, 1999)

    ”       EL ASTILLERO  –  IV
             LA CASILLA – IV

    Hubo, es indudable, aunque nadie puede saber hoy con certeza en qué momento de la historia debe ser colocada, la semana en que Gálvez se negó a ir al astillero. (…)
    Esperó hasta cerca del mediodía, pero Kunz no se acercó a la puerta de la Gerencia General. La llovizna había terminado y una nube sucia se apoyaba en la ventana, pesada, entrando apenas, desdeñando entrar. Larsen apartó las carpetas y fue hasta la ventana para meter una mano y después la otra en la niebla. ‘No puede ser’, se estuvo repitiendo. Hubiera preferido,para lo que estaba por pasar, una fecha antigua, joven; hubiera preferido otra clase de fe para hacerlo. ‘Pero nunca dejan elegir, sólo después se entera uno de que podía haber elegido.’ Acarició el gatillo del revólver bajomel brazo mientras escuchaba la aspereza del silencio; Kunz empujó la silla y bostezó. […] ”

    Juan Carlos Onetti
    “El Astillero”

    ” […] Alfanhuí sabía algo de todo aquello y conocía muchas hierbas con sus nombres y sus virtudes. Pero ahora buscaba mejorar su conocimiento y se quedaba con los ojos pegados a la vitrina y sacaba los tarros, y los olía y desgranaba las hierbas en su mano y preparaba infusiones y extraños alambiques cuando nadie le veía. Pensaba también en los nombres de las hierbas y se los repetía una y otra vez, como buscando en ellos el sonido de viejas historias y, lo que cada planta, entrando por los ojos, había dicho en la vida y en el corazón de los hombres. […] ”

    Rafael Sánchez Ferlosio
    “Industrias y andanzas de Alfanhuí”
    Destino, 1986

    ”   519

    This is my letter to the World
    That never wrote to Me –
    The simple News that Nature told –
    With tender Majesty

    Her Message is commited
    To Hands I cannot see –
    For love of Her – Sweet – countrymen –
    Judge tenderly – of Me

    (…) Her poetry is precious not in itself but in the Message it bears. She is the Evangelist, bearing the Good News not of Jesus but of Nature, minimizing her personal self, maximizing her message.
    Her letter is adressed not to the private receivers of her poetry in her time and place, but to the worldly world, unaware of her existence. […] ”

    Helen Vendler
    “Dickinson. Selected Poems and Commentaries”
    The Belknap Press of Harvard University Press

    ” … estanterías de una xiloteca en la que en vez de libros se guardan ordenadas más de tres mil muestras de maderas. En la luz cambiante, en el sol y el nublado, el bosque era unas veces umbrío y otras luminoso. De vez en cuando me cruzaba con alguien tan hechizado como yo … ”

    ”   Vent Llarguíssim (Larguísimo viento)

    Larguísimo viento que regresa
    y se lleva un verano,
    látigo innumerable
    de las olas airadas, grises,
    duro sobre las ventanas
    y en las ramas que se retuercen.
    ¿Es de hoy o de otro día
    hace poco entreabierto
    en un tiempo de misterio,
    viejo relámpago, infancia?
    ¿O mirada, acaso, en un mundo
    anterior a mis ojos,
    como éste o más tierno,
    con horizontes abiertos,
    formas ligeras, llanto
    y amorosa tristeza,
    entre el viento y las nieblas
    eternamente nostálgica?  ”

    M.Villangómez Llobet
    “Caminos y días”
    —‘Els dies (1946-1949)’—
    Visor Madrid, 1990

    ” Si abrieras realmente tus ojos y miraras, verías tu imagen en todas las imágenes.
    Y si abrieras realmente tus oídos y oyeras, oirías tu propia voz en todas las voces. ”

    Gibrán Jalil Gibrán —Arena y espuma—

    Sagrada mañana dominical la que discurre entre Mundos botánicos.
    Siempre purificante, claro :)

  26. Jose Manuel
    Enviado el 24/11/2013 a las 7:15 PM | Enlace permanente

    recomiendo visitar el jardín botánico de Málaga. Una finca privada del siglo XIX cuyos dueños se preocuparon por convertirla en un jardín con plantas y árboles de las más variadas especies, incluso algunas exóticas traídas ex profeso.

  27. A. Alba
    Enviado el 25/11/2013 a las 1:39 PM | Enlace permanente

    Léase al genial Gerald Durrell (hermano de Lawrence, el de El cuarteto de Alejandría) y su deliciosa Trilogía de Corfu.

    La familia Durrell, enferma y deprimida por el poco amistoso clima inglés, decide marcharse a la isla griega de Corfú. El pequeño Gerald, gran aficionado a la naturaleza, nos relata sus expediciones por la isla y las hilarantes situaciones en las que se ve envuelta su familia. Mi familia y otros animales es la obra de Gerald Durrell que abre su divertida trilogía de Corfú, seguida de Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses.

    La trilogía es un canto tan desbordante como regocijante a la alegría de vivir, a la naturaleza y a la luz del Mediterráneo, y al gozo de una adolescencia libre y plena. La isla griega, un paraíso en medio de los crispados años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, alberga a una singular galería de personajes, como el cáustico Larry (Lawrence Durrell, el futuro autor del «Cuarteto de Alejandría») y sus estrafalarias amistades, mamá Durrell y su inagotable sentido común, o Spiro, el corfuano angloparlante, junto con toda una serie de animales retratados como sólo puede hacerlo quien a lo largo de toda una vida los ha considerado con inteligencia y ternura.

  28. A. Alba
    Enviado el 25/11/2013 a las 1:39 PM | Enlace permanente

    Texto anterior de http://lalineadelhorizonte.com/blog/trilogia-de-corfu-2/

  29. Enviado el 25/11/2013 a las 1:48 PM | Enlace permanente

    A. Alba,
    .
    Me sumo con entusiasmo y adhesión inquebrantable a tu recomendación.

    ¡Qué pena no haber leído esta trilogía con catorce o quince años y haberlo hecho más mayorcito!

    :-)

  30. A. Alba
    Enviado el 25/11/2013 a las 2:41 PM | Enlace permanente

    Sap,

    ¡Siempre es buen momento para ello!!

  31. Teresa G.
    Enviado el 25/11/2013 a las 8:02 PM | Enlace permanente

    Os recomiendo que busquéis el Señorío de Bertiz de Navarra. No puedo poner el enlace aquí. Es una preciosidad y no está lejos de Itzea, la casa de Pío Baroja de Vera del Bidasoa.

  32. La Serapia
    Enviado el 25/11/2013 a las 8:03 PM | Enlace permanente

    “Mi familia y otros animales” me lo prestó mi profe de biología cuando tenía 15 años.
    Entonces me pareció que me estaba haciendo una faena, era el primer curso del instituto y me lo entregó al terminar una clase delante de todo el mundo, por aquel entonces andaba yo con una libreta dibujando las plantas y bichos que rondaban el patio del instituto y me había visto. No me pareció apetecible y además me abrumaba la responsabilidad de tener que cuidarlo porque me dijo que había sido un regalo especial y le tenía mucho aprecio. Lo escondí en la mochila en cuanto pude, casi la maldecí. Un par de horas más tarde teníamos la clase de literatura. Los viernes la profe nos pedía que llevásemos un libro para leer en silencio, cada uno el nuestro, durante el último cuarto de hora de la clase. No era por vaga, es que decía que si no, algunos de nosotros nunca abriríamos un libro.
    Como siempre, me había olvidado de llevar un libro para leer a clase. Pero aquel día no tuve que hacer el paripé de hacer como que leía literatura sosteniendo un libro de texto cualquiera entre las manos, tenía el que me había prestado la de biología.
    Empecé a leerlo y me echaron de clase porque me sobrevenían carcajadas incontrolables. Me fui al pasillo con el libro, y ya sólo quise que se terminasen de una vez las clases para poder leerlo en casa tranquila :)

  33. Teresa G.
    Enviado el 25/11/2013 a las 9:09 PM | Enlace permanente

    “La felicidad de vivir con la naturaleza” es un libro precioso.

  34. Enviado el 25/11/2013 a las 9:50 PM | Enlace permanente

    La Serapia,
    .
    La serie de televisión también me pareció buena y bella, Serapia. Se emitió completa dentro de la mítica “La Bola de Cristal”.

    :-)

  35. MdlMar
    Enviado el 26/11/2013 a las 12:22 AM | Enlace permanente

    ” … para evitar ese peligro de desequilibrio entre la vida real y los mundos de los libros del que fue tan consciente Cervantes … ”

    ” […] Pero el reloj estaba parado, y según la luz gris que vio asomarse a la ventana igual podían ser las nueve de la mañana que las siete o las ocho de la tarde. Estaba de pie junto a los cortinajes de color salmón que olían a polvo y le flojeaban las piernas, tenía mareo y algo de fiebre, aunque tal vez era sólo el bochorno del día nublado. Sentía una mezcla muy rara de felicidad y abatimiento, de desasosiego y lasitud. La ciudad, desde aquella altura, le parecía idéntica a cualquier metrópolis de cualquier sitio del mundo, rascacielos y puentes de hormigón y extensiones industriales y portuarias que iban a perderse en una sucia lejanía marítima, de un gris semejante al del cielo nublado.
      —Te lo confieso, Claudio, yo no tengo tanta sensibilidad —me dijo, interrumpiendo su relato, apartando los ojos del ventanal en el que le había parecido estar viendo no las pistas del aeropuerto de Pittsburgh, sino aquel panorama de Buenos Aires—. Pero es que todo esto que te cuento que se me pasaba por la cabeza es como si se le hubiera ocurrido a otro. Fíjate, casi me pega más que se ocurriera a ti. […] ”

    AMM
    “Carlota Fainberg” (Alfaguara, 1999)

    ” El maestro llamó un día a Alfanhuí para darle el título de oficial. Aquel día le contó sus últimos secretos. Alfanhuí contó, a su vez, cómo había conseguido la sangre del ocaso cuando vivía con su madre. El maestro le dio la mano y le regaló un lagarto de bronce verde.
    Tiempo después discurrieron un nuevo experimento. Extrajeron principios de vida de los ovarios de algunos pájaros y los injertaron en el castaño. Pusieron principios de varios pájaros de distintas especies, y esperaron de nuevo el tiempo de las castañas.
    Cuando llegó ese tiempo, Alfanhuí y su maestro esperaban la sorpresa con alegría. Hicieron la cosecha del castaño y se pusieron a abrir los feutos uno por uno, porque no sabían cuáles estaban injertados y eran por fuera todos iguales. Abrían castañas y castañas y las iban echando en un talego. Por fin apareció un fruto injertado. Alfanhuí lo abrió cuidadosamente y encontró un huevo blando de color verde. El cascarón era como de tela, como las camisas de los percebes, y se sentía dentro una cosa, como un pañuelo arrugado. El maestro pensó que era preciso que aquél huevo se incubara, para que el animal tuviera vida y lo pusieron al sol sobre la rueda de molino. Encontraron más de veinte huevos injertados y de varios colores, y con todos hicieron lo mismo.
    Al cabo de los días, los huevos empezaron a moverse como hombres dentro de un saco. Alfanhuí y su maestro se decidieron a abrirlos. Rajaron la película del primero y apareció una cosa de colores, como un puñado de hojas lacias y arrugadas. Vieron que aquello se desdoblaba y se abría como un pañuelo, y pronto tuvieron ante los ojos un extraño pájaro. Todas las formas de su cuerpo eran planas como papel y tenía las plumas de hojas. En lugar de tener dos alas tenía cinco, desigualmente dispuestas. Tenía tres patas y dos cabezas aplastadas también, como todo lo demás. Alfanhuí y su maestro comprendieron que aquel pájaro había nacido con simetría vegetal y no estaban, por tanto, determinadas ni el número ni el orden de cada parte de su cuerpo como en un árbol no está determinado el número ni el orden de las ramas. Pero reconocieron que había nacido de un embrión de garza, porque las formas aisladas reproducían las de aquel pájaro, aunque sin volumen, como dibujadas en un papel. Tenía los colores muy vivos y piaba muy bajito, como cuando se silba entre dientes. El maestro lo cogió y lo lanzó al aire. Desplegó el pájaro sus cinco alas y se puso a volar a tirones por el viento, como un trapo de colorines, columpiándose como una hoja seca y sin rumbo decidido, yendo y viniendo por el aire como una mariposa. Alfanhuí y su maestro se entusiasmaron y abrieron los huevos.
    El cielo del jardín se llenó de aquellos pájaros de colores, más pequeños y más grandes, que hacían su primer vuelo y no se alejaban de allí. Parecía que habían sido echados al aire los disfraces de carnaval de una fiesta de pájaros o que habían lanzado pasquines desde un balcón.
    Era una bandada ingrávida y maravillosa que se movía por el cielo a desgarrones, en un armonioso desconcierto. Ninguna bandada se había visto nunca tan desordenada y alegre, tan viva y disparatada.
    Alfanhuí y su maestro reconocieron en cada pájaro vegetal la especie animal de que descendía y se quedaron embelesados mirando aquel vuelo extraño por el jardín y escuchando aquel piar silencioso y variado, como un restregar de cueros o un afilar de cuchillos. […] ”

    Rafael Sánchez Ferlosio
    “Industrias y andanzas de Alfanhuí”
    Destino, 1986

    ” […] En las noticias de la radio y de la televisión siempre dicen las horas que han pasado desde el comienzo exacto del viaje de la nave Apolo XI. Intento hacer el cálculo ahora mismo, venciendo la pereza y el peso del sueño. Once horas y cuatro minutos desde el momento del despegue. La silueta blanca de la nave contra el cielo negro, la nave silenciosa, inmóvil en apariencia, aunque viaja de la Tierra a la Luna a diez mil pies por segundo, la nave que es en realidad una rara yuxtaposición de dos módulos: el módulo de mando, llamado Columbia, y adherido a su morro cónico el módulo lunar, que será el que se desprenda para descender hacia el satélite, y que tiene un aire de insecto o de crustáceo robot, con su forma poliédrica y sus patas articuladas. El tiempo de la misión espacial no se parece en nada al de nuestras vidas terrenales, no puede ser medido con los mismos torpes instrumentos que ellas. Primero fue la cuenta atrás, el pulso numérico de cada segundo que progresaba en línea recta hacia …

    ” […] El lento avance de la embarcación a través de la noche era como el paso de un pensamiento coherente a través del subconsciente. A ambos lados, con las rodillas hundidas en un agua negra como el carbón, se levantaban los enormes troncos tallados de oscuros palacios repletos de inimaginables tesoros; oro con casi toda probabilidad y a juzgar por el tenue brillo amarillo eléctrico que emergía de vez en cuando de las ranuras de los portones. La sensación de conjunto era mitológica; para ser precisos, ciclópea. Me había introducido en la inmensidad contemplada desde la escalinata de la stazione y ahora me abría paso entre sus habitantes, junto al grupo de cíclopes durmientes que se reclinaban sobre el agua y que, de vez en cuando, levantaban y dejaban caer un párpado. […] ”

    Joseph Brodsky
    “Marca de agua” (1992)
    Traducción de Menchu Gutiérrez
    Ediciones Siruela, 2005

    … el instante preciso de la explosión de gases y el despegue, las voces nasales que cuentan a la inversa y en inglés, terminando en un ‘cero’ que ya tiene algo en sí mismo de explosivo. Y a partir de entonces segundos y minutos fueron agregándose para numerar exactamente las horas, midiendo un tiempo veloz, aventurero, matemático, tan limpio como el chorro blanco de humo en el cielo azul de Florida. La misión Apolo no se mide por días ni por semanas, ni por largos años sombríos de repetición ceremonial del pasado, sino por horas, minutos y segundos. ¿Será usted quien dirija el vuelo?, le preguntaron al comandante Neil Armstrong. Y él contestó con una sonrisa: quien lo dirigirá de verdad será Isaac Newton. Lo que impulsa ahora mismo a la nave en dirección a la Luna no son sus motores sino la fuerza de la gravedad lunar. Ahora mismo, mientras yo miro al cielo buscando en vano la pulsación de un punto luminoso que sea el de la nave espacial, los astronautas miran la Tierra por una de las ventanas circulares, la Tierra azul y más grande que una Luna llena recién surgida en el horizonte. […] ”

    AMM
    “El viento de la Luna” (Seix Barral, 2006)

    ” […] Se saludaban, cuatro o cinco manos alzadas hasta la sien, y el grupo se movía (…) hasta llegar a la puerta del hangar y hundirse silencioso en su sombra. Los visitantes elegían sin entusiasmo y sin que nadie los incitara. Kunz arrastraba hasta la luz cenital que caía del techo roto la cosa que no había sido pedida sino apenas nombrada con un tono interrogante (…). Los hombres del camión daban uno o dos pasos para mirarla, fruncían la cara y se mostraban, uno al otro, casi enternecidos, ahorrando palabras, los estragos de la herrumbre, los detalles anacrónicos, las diferencias existentes entre lo que andaban buscando y lo que les era ofrecido.
    Sentado en cualquier montón de ferretería, Gálvez los escuchaba con los dientes al aire y cabeceando. Cuando los hombres simulaban agotar su infinita lista de reparos, Kunz se apoyaba con una mano en la cosa y explicaba sus virtudes, la calidad de su acero, sus ventajas técnicas y por qué convenía a las necesidades de los visitantes y a cualquier necesidad o interés de este mundo. […] ”

    Juan Carlos Onetti
    “El Astillero”
    Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV (1970)

    ”    —La alteridad lejana idealizada

    Lo que es proyecto para unos, puede ser ‘nostalgia’ para otros. Los inmigrantes de Onetti recuerdan a veces el escenario de sus orígenes y lo idealizan gracias al tiempo transcurrido. Porque, tal como hay un espacio del anhelo, también hay un ‘tiempo del anhelo’. Kirsten, en ‘Esbjerg, en la costa’, empieza rodeándose de objetos de su país de origen.

    ‘Se dedicó a llenar la casa con fotografías de Dinamarca, del rey, de los ministros, los paisajes con vacas y montañas.’

    Luego habla de las costumbres:

    ‘Pueden dejarse las bicicletas en la calle o los negocios abiertos; ‘

    idealización del espacio de los orígenes acentuada por la imposibilidad de volver:

    ‘Le dijo que los árboles eran más grandes y más viejos que los de cualquier lugar del mundo.’ [“Esbjerg en la costa”, en Un sueño realizado y otros cuentos, Montevideo, Número 1951, pág. 46-47]

    El remedio de la nostalgia que inspira el solar nativo es volver a él. Pero también aquí la solución sería demasiado sencilla. Montes, el marido de Kirsten, piensa en pagarle un viaje a los orígenes. (…)

    Haber viajado a lugares remotos y prestigiosos y recordarlos minuciosamente puede ser también un motivo para justificar la inactividad presente. Se vive del recuerdo, se lo invoca en todo momento, se lo reviste de notas de falsa nostalgia. Stein —en La vida breve— ha estado en París en su juventud. (…)
    ‘Perderse por las calles de París’ se convierte en un rito que los Stein cumplen dos veces por semana, con una dignidad puesta de relieve por la rutina y por los gestos calculados del juego. Desde la ‘orilla’ americana en que viven, los lugares cotidianos de Europa se ensalzan y llegan a sacralizarse. (…)
    Mientras no se borren esos ‘recuerdos’, París seguirá siendo la meta del viaje inciático en la cual buscaron imposibles raíces los ‘señoritos’ de la generación del 80 y del 20, y sobre cuyo plano juegan los Stein. A ese París mitificado viajarán, años después, Horacio Oliveira (argentino) y ‘la Maga’ (uruguaya), los protagonistas de Rayuela de Julio Cortázar. El ciclo se repetirá una vez más: la fuga, el destierro y la nostalgia seguirán marcando lo mejor de la narrativa latinoamericana que Onetti integra de modo magistral. ”

    Fernando Aínsa
    “Sobre fugas, destierros
    y nostalgias en la obra de Onetti”
    Ámbitos Literarios | Premios Cervantes
    Anthropos — Editorial del Hombre (1990)

    ” … desde el jardín se pueden ver a veces los cuadros … ”

    ” […] Ahora dice que le dan mucho que pensar los ropajes de los esquimales, el modo en que las capuchas forradas de piel, los grandes chaquetones, las botas gruesas, otorgan volúmen sólido, casi granítico, a las figuras humanas. Leiro tiene un talento que deslumbra y una ausencia de pose que lo hace más raro todavía, más singular en su taller de carpintero ermitaño, de imaginero de visiones tremendas y quiméricas, sólidas como el material del que están hechas y fantásticas como criaturas anfibias de El Bosco o de Brueghel, monstruos con jorobas, alas, escamas, cabezas branquiadas como los de las películas baratas de ciencia ficción de los años cincuenta. Sobre una repisa hay una escultura reciente, de no más de un metro de alta, una escultura en parte naturalista y en parte disparatada: es el doctor Jekyll, dice Leiro, el doctor Jekyll justo en trance de convertirse en el señor Hyde. Tiene ya la boca abierta como una desgarradura o como la boca de un pez y un brazo gigante que acaba en una zarpa, que es una excrecencia apenas desbastada de la madera. Pero en el otro brazo, de tamaño normal, en la muñeca, el doctor Jekyll tiene un reloj de pulsera, y al fijarse ve uno que lo está consultando de soslayo: es que quiere cronometrar el tiempo que tarda el bebedizo que ha tomado en completar su metamorfosis. Leiro sonríe con la cara un poco ladeada, y entonces uno comprende que en sus esculturas, como en su conversación, hay siempre un fondo saludable de sorna, una retranca campesina. […] ”

    AMM
    “Ventanas de Manhattan” (Seix Barral, 2004)

    ” […] Lo que juzgó de don Quijote de la Mancha el de lo verde fue que semejante manera ni parecer de hombre no le había visto jamás: admiróle la longura de su caballo, la grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, sus armas, su ademán y compostura: figura y retrato no visto por luengos tiempos atrás en aquella tierra. Notó bien don Quijote la atención con que el caminante le miraba, y leyóle en la suspensión su deseo; y como era tan cortés y tan amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntase nada le salió al camino diciéndole:
      —Esta figura que vuesa merced en mí ha visto, por ser tan nueva y tan fuera de las que comúnmente se usan, no me maravillaría yo de que le hubiese maravillado; pero dejará vuesa merced de estarlo cuando le diga, como le digo, que soy caballero

           destos que dicen las gentes
           que a sus aventuras van

    Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme en los brazos de la Fortuna, que me llevasen donde más fuese servida. […] ”
    (II; Capítulo XVI.’De lo que sucedió a don Quijote con un discreto Caballero de la Mancha’)

    ”        XIV

    Crepuscle i lluna:
    així, en l’any que s’apaga,
    dins fosques fulles,
    s’encenen les taronges,
    penyores d’esperança.

           XV

    Dintre la terra,
    rels, del dia allunyades,
    de la nit. Àvides,
    tinc rels pregones, vida
    enllà de fe i d’angoixes.  ”

    M.Villangómez Llobet
    “Caminos y días”
    ‘Cap a un hivern (Hacia un invierno)
    —Los bienes incompartibles (1947-1951)—
    Traducción de Antonio Colinas
    Visor Madrid, 1990

    ” […] Por las avenidas del Jardín Botánico la vio venir otro día desde lejos escuchando el rumor seco de las hojas caídas que arrastraba el viento y que inundaban el suelo bajo sus pisadas […] ”

    AMM
    “La noche de los tiempos” (Seix Barral, 2009)

    Mundos (fabulosamente) naturalistas.
    …Y botánicos, of course :)

  36. Hermi
    Enviado el 28/11/2013 a las 12:05 AM | Enlace permanente

    El domingo estuvimos visitando un jardín botánico, en el valle del Tiétar. Lo gestiona su dueño, un español de origen alemán, filólogo y profesor de alemán, inglés y español. Lo ha hecho con sus propias manos y recursos, sin una ayuda de nadie. El jardín tiene miles de especies arbóreas y de plantas llegadas de todos los sitios del mundo. Nos contaba que sus padres compraron los terrenos en los años cincuenta y que proponían a sus hijos cuidar diferentes especies. Cuando salían adelante dichas plantas, les regalaban semillas nuevas cada vez más interesantes y espectaculares. Ver y contemplar este jardín no es como ver el de Madrid o el de Lisboa. Aquí a uno le entra pena de ver a un hombre solo ante la inmensidad de la tarea. Estaba todo como si fuera salvaje, sin ordenar, a la buena de Dios, como en plena naturaleza.
    Le pedí que nos enseñara la casita rural. Allí había miseria y desorden. Una mujer mayor y dos jóvenes desaliñados y aburridos que parecían depender de él. Lo dejamos allí casi con la palabra en la boca porque teníamos prisa, tratando de explicarnos la exclusividad de un árbol procedente de Australia y que se creía extinguido hace miles de años.