Por cambiar de tema

Posted By on Sep 14, 2012 | 260 comments


Niko es un hombre de setenta y tantos años que parece mucho más joven: es enjuto, moreno, con una expresión alerta, y lleva una cazadora que resalta la ligereza de un cuerpo habituado al ejercicio. También lleva, bajo el brazo, una carpeta con fotocopias y recortes envueltos en fundas de plástico, que le sirven para ilustrar sus explicaciones sobre la historia de Amsterdam. Fue nuestro guía ayer en un recorrido por los lugares de la vida de Baruch Spinoza. Es rápido y ameno, y cuando se para en medio de la calle para señalarnos algún pormenor que de otro modo no habríamos advertido se le ve disfrutar de este trabajo que hace por gusto. Nació en Amsterdam y lo sabe todo sobre su ciudad, pero ha vivido en muchos sitios del mundo. Le pregunto por qué y me dice que es ingeniero de vuelo jubilado: empezó a volar en los tiempos en que en todos los vuelos de larga distancia tenía que ir uno. A veces lo mandaban de un día para otro a cualquier extremo del mundo para hacerse cargo de un avión averiado. «Dígame un sitio del mapa: seguro que yo he estado en él». Me cuenta que vivió el tránsito de los aviones de hélice a los jets, los de propulsión a chorro, como se decía admirativamente cuando yo era niño, sin entender lo que se estaba diciendo. Le gustaban más lo de hélice, me confiesa, con una sonrisa indulgente hacia su propia nostalgia. «A  Joseph Conrad también le gustaban más los veleros que los navíos de vapor», le digo yo, y asiente. Le gusta mucho Conrad. Le maravilla que se hiciera escritor en inglés habiéndolo aprendido tan tarde. Él habla un inglés muy bueno, muy natural, sin ostentación de acento. Hace este trabajo como voluntario: abriendo la carpeta me explica que se encarga de once itinerarios diferentes por la ciudad. «Me jubilé y me encontré recibiendo cada mes una pensión, sin necesidad de hacer nada, y pensé que tendría que dar algo a cambio. Y además así me mantengo activo». Cuando terminamos el trayecto, tres horas después, sabiendo mucho más de Amsterdam y de Spinoza, Niko se sube la cremallera de su cazadora de aviador, porque hace más fresco, se pone la carpeta bajo el brazo y nos da a cada uno un apretón fuerte de manos antes de marcharse a paso vivo.

Viniendo de un país enfermo de delirios políticos y palabrería, me gusta esta gente sobria que sabe hacer cosas prácticas.