El blog de los lectores

Posted By on Jul 4, 2011 | 47 comments


Empieza la parada veraniega y ayer Antonio Muñoz Molina nos dejaba una invitación desde el diario:

Os invito a escribir observaciones diarias, a dar pistas de lecturas, a apuntar citas, agregar canciones, continuar la conversación, tan sobre lo divino y lo humano como hasta ahora.

Desde antoniomuñozmolina.es invitamos a los lectores a convertirse en autores de este blog. Enviad vuestras entradas (literarias, musicales, apuntes, etc.) a webmaster@antoniomunomolina.net o a través del formulario de contacto.

Os deseamos a todos un feliz verano.

Actualización 20:55:

Estas entradas irán apareciendo a partir del 5 de julio en la sección del Blog de los lectores.

47 Comments

  1. Suelo pasarme por aquí para asomarme a ese diario imaginario que escribe Antonio para todos nosotros, mostrándonos un trocito suyo sin pedir a cambio nada nuestro. Ahora sólo quería darle las gracias y desearle un feliz verano, a él y a todos los que hacen como yo.
    Disfrutad

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  2. Dedalo,

    es muy difícil decir algo después de leer lo que has vivido. Seguro que Antonio Muñoz Molina se sentirá muy orgulloso al saber que un libro suyo puede reconfortar tanto.

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  3. Dedalo,

    He leído con emoción tu relato. El relato de una parte importante de tu vida.
    Lo que cuentas es extraordinario , pero lo has narrado tan bien que deseo felicitarte de todo corazón.
    ¡Ojalá pueda leerte más veces!

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  4. Dedalo,

    Esto deberías mandarlo a El blog de los lectores, de la página web de AMM.
    Es un texto tan bueno, tan hondo y tan sincero que no debería pasar desapercibido.
    Yo leí El jinete polaco, ya casado y con hijos, pero me vi retratado en una paisaje geográfico muy prósimo a la Úbeda-Magina de la novela y enun tiempo incluso anterior en un os años al del autor.
    Me pareció también que era “mi novela”, que hablaba de mí. Entiendo lo que has querido decir pues yo también lo viví.

    Un saludo.

    AG

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  5. Me tropecé con Antonio Muñoz Molina hace 15 años, no sé decir si fue por casualidad , ya que encontré sobre la mesilla de la habitación de mis padres “El jinete polaco” cuando buscaba en una casa vacía, en un hogar recién arrasado por la muerte de ambos, algo que me hablase de ellos, que me permitiese seguir sintiéndolos cerca. En menos de un mes y medio, mis hermanos pequeños y yo perdimos a nuestros padres, nos quedamos solos, nuestra vida, hasta entonces agradable, segura, confortable y llena de cariño, dejó de existir. Dejamos la casa, nos trasladamos a vivir con nuestra abuela paterna y una de sus hermanas, y con estas dos heroicas ancianas, entonces convertidas de nuevo en madres de tres chicos de 18, 14 y 9 años, comenzamos a dar los primeros pasos vacilantes, desorientados, arrasados por el dolor, en una nueva vida, totalmente distinta a la que conocimos hasta entonces, llena de pena, de silencio y de una luz mortecina. Es casi imposible describir la intensidad y la angustia que sentía ante un futuro que por primera vez estaba plagado de interrogantes. En estado de shock, descubrí que me había hecho adulto. Mis padres no podrían ayudarme nunca más, no podría volver a hablar con ellos, estaba sólo, y el peso de la responsabilidad de la vida de mis hermanos, ahora a mi cargo, era tal que durante mucho tiempo no fui capaz de tomar una decisión, por simple que esta fuera, sin sentir la ansiedad y el vértigo de caminar al borde del abismo, aterrorizado ante la posibilidad de equivocar su camino, de terminar de demoler el resto de sus vidas.
    Necesitaba a mis padres, necesitaba encontrarlos de alguna forma, sentir que yo había guardado parte de su fuerza, de su capacidad, que había una conexión entre mi vida en una familia que me había hecho sentir especial, seguro, que me había dado firmeza de carácter, en la que me sentía querido, valorado, rodeado de personas similares a mí, que me regaló el privilegio de apreciar el conocimiento, que me descubrió la literatura y en la que aprendía soñar, y más tarde a ser libre, honesto, persona, y el chaval muerto de miedo incapaz de dar un paso, inseguro, pusilánime, perdido, convencido de ser un impostor incapaz de hacer nada por los suyos, desquiciado por la incomprensión de unas personas a las que apenas conocía más allá de los lazos de sangre, tan distintas en todo a nosotros, tan recelosas de mi carácter, con una visión de la vida que poco o nada (pensaba entonces) tenía que ver con la mía, y que tantos problemas causaba.
    Con esta necesidad llenándome el pecho caminaba hasta mi casa, abría la puerta aterrado y franqueaba el umbral. La casa respondía al golpe seco y fuerte de la gran puerta de madera al cerrar con un silencio ensordecedor y una oscuridad fría impregnada ya del olor húmedo del pasado, que enrarecía los todavía familiares aromas que parecían haber quedado atrapados, detenidos en el tiempo. Lloraba, sentía rabia, y buscaba frenéticamente algo que me los trajese de vuelta, algo que me permitiese hablar con ellos por última vez, que me dijese que sí, que podía, que ellos estaban allí. A pesar de mi nada espiritual interior, a pesar de mi ateísmo y mi inexistente fe en el más allá, deseaba que ocurriese el milagro, que por una vez, algo sucediese. Rebuscaba en los cajones, miraba álbumes de fotos, olía la ropa de los armarios, que acariciaba para sentir el tacto familiar de un abrigo o una camisa, tan diferentes ahora, tan fríos, vacíos, pero suyos, todavía suyos.
    De alguna forma, ese milagro ocurrió cuando encontré “El jinente polaco” sobre la mesilla del dormitorio de mis padres. Las gafas de mi padre descansaban encima de la portada. Lo abrí con reverencia y observé otro signo que me decía que mi madre había leído ese mismo libro: las esquinas de algunas hojas estaban dobladas allí donde había ido dejando la lectura. Marcada así en la segunda lectura, estaba la página número 29, el día en que mi padre había muerto. La última página que había leído.
    Desde muy niño fui un lector ávido, animado por mis padres, con el tiempo la lectura, la literatura, se convirtió en una pasión para mí. Sin ser nada grandioso, mis padres se habían ido haciendo con una biblioteca razonablemente extensa elegida con bastante buen criterio, y aunque nosotros teníamos, digamos, una sección de libros de aventuras, de ejemplares del barco de vapor que se acumulaban cambiando la tonalidad a medida que íbamos creciendo, de cómics de Astérix, El Capitán trueno, mi curiosidad hizo que fuese bastante precoz a la hora de perderme en las páginas de todos aquellos libros, mi idilio con la literatura, a pesar de mis dieciocho años, era profundo. Nunca fui un deportista, nunca me interesó el fútbol o las motos. Fui, en ese sentido, un chaval rarete, freak, diríamos hoy, con una gran imaginación y más interés por Juan Ramón Jiménez, Bécquer, Julio Verne, Emilio Salgari, y cientos de autores cuyos nombres no recuerdo, que por lo que podría ser estándar en chicos como yo.
    Aquel libro era algo místico. Aquel libro era mi linea de vida, mi charla compartida con ambos, el espacio en el que podría sentirlos cerca, cómplices, podría compartir aquella historia que ambos habían compartido. Mi padre, más dado a Machado y a Khalil Gibran, lo había abierto y se había sumergido en él porque mi madre se lo tuvo que sugerir, y eso se hace sólo con los libros que sabes que han tocado algo, que han cambiado algo. Sobre todo si piensas que puede ser el último, como de hecho lo fue.

    En esta situación, comencé a leer el libro, y atónito, descubría al protagonista, al chaval que escucha rock que yo escuchaba y escucho, su deambular por las calles de Mágina, cuyo nombre, semejante a Ejea, el nombre de mi pueblo, tan parecido al mío. Ambos con el mismo nombre, igual que el de nuestros respectivos padres. Devoré el libro en los aviones en los que se movían los personajes, sintiéndome ellos, reviviendo el cosquilleo de lo desconocido, la maravillosa aventura que sentía que iba a ser el primer verano en que mis padres me enviaron a Estados Unidos a pasar el verano, en el momento en que por primera vez despegaba mis pies del suelo y volaba a otro país. La pasión por viajar, desde entonces, ha sido otra constante en mi vida, y como la literatura, no he dejado de hacerlo.

    Leer “El jinete polaco” puedo decir que cambió mi vida, me produjo una huella que me unió definitivamente a la obra de Antonio Muñoz Molina, del que soy un gran admirador, o un gran amigo, aunque él no lo sepa. Aquel libro, de alguna manera, en aquel momento, me ayudó a encontrar el camino, a atisbar quién era, qué había aprendido, qué me habían enseñado mis padres, qué debía considerar importante y qué no, me descubrió que si yo era quien era, era porque ellos me lo habían enseñado, y no podría desligarme de ellos, o sentirme sólo, porque yo era ellos.

    Sea como sea, todas las conexiones que aquel libro guardaba con mi vida, con el recuerdo de mis padres, las similitudes y las coincidencias que la historia de los portagonistas guardaban con mi vida, con lo que yo soñaba antes del huracán que arrasó nuestro hogar, con mi futuro, con mi pasado, cada una de las marcas de las páginas dobladas en la esquina superior, las gafas que guardé entonces en uno de los cajones de aquella mesilla y que ya no he sacado nunca, el lugar en el que apareció….casi con toda seguridad es el objeto que guardo de mayor valor.

    Por eso, cuando he descubierto la página, he pensado que tenía que colgar esto, a pesar de que dudo que llegue a leerlo, porque tengo que darle las gracias y decirle que lo que hizo aquel libro por mí me marcó, decirle que me ha acompañado durante toda mi vida, que fue en un momento de caos la persona que a través de sus letras me concedió el pequeño milagro de abrir la puerta al más allá, de comunicarme una última vez con mis padres, y que sinceramente, lo considero un amigo.

    Comencé a comunicarme con mis hermanos leyendo con ellos, compartiendo historias que nos gustaban, traduciendo canciones de rock, porque comprendí que cuando no sabes cómo decir algo, compartir una historia, un libro, un verso, puede facilitarte las cosas.

    Ha pasado mucho tiempo, y a día de hoy puedo decir que tengo una familia maravillosa, que mis hermanos son buenas personas, que tienen vidas felices, que son libres, y parte de eso es mérito suyo.

    Un saludo a todos, y muchas gracias por este espacio.

    Y bueno, a Antonio Muñoz Molina, decirle que le debo una, y que aunque no sepa quién soy, aquí tiene un amigo. Gracias.

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  6. Sap,

    Es verdad, cuando yo era chica, mi abuela le llamaba ” saquitos” a los jerseys… gracias, por rescatar esa palabra infantil de las telarañas de mi mermoria…

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  7. MIL COSAS SECUNDARIAS
    A finales de los ochenta, en una cita de autoridad que Antonio Muñoz Molina antepone a una de sus novelas, leí y retuve con aquel fervor de entonces que “existe un momento en las separaciones en el que la persona amada no está ya con nosotros”.
    Hoy, hace unos minutos, tras varias semanas abocado al placer irrepetible de saborear los universos sutiles de Gustave Flaubert en La educación sentimental, casi al final, justo en la página 608 de mi edición, me he topado con esas mismas palabras y he sentido el impulso antiguo de subrayarlas en rojo, como si todo el proceso de mi lectura se sostuviera sobre un extravagante reencuentro que ya se prolongaba más de veinte años. Se me ha ocurrido que entre ambas citas que sin embargo son una y la misma se alza un paréntesis inequívoco, uno de los tantos que abren y cierran nuestros pasos por el mundo; y me he preguntado, pese a que el lector de hoy no es ni por asomo el lector de ayer, si entre aquel joven universitario y el adulto que ahora escribe podrá siquiera atisbarse algún espacio de sentimientos educados -llámese madurez, si se prefiere.
    Después, febrilmente, he leído las cinco páginas del último capítulo y me he permitido anotar otra genialidad casi epilogal, casi póstuma:
    “Y resumieron sus vidas.
    Ambos las habían malogrado, tanto el que había soñado con el amor como el que había soñado con el poder. ¿Cuáles podían ser las razones?
    -Quizá haya sido por falta de una línea recta -dijo Frédéric.
    -En cuanto a ti, es posible. Yo, al contrario, he pecado por exceso de rectitud, sin tener en cuenta que hay mil cosas secundarias que son más fuertes que todo. Yo tenía demasiada lógica y tú demasiado sentimiento.
    Acusaron luego al azar, a las circunstancias, a la época en que habían nacido”.

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  8. Diego Ariza,

    Tienes razón en tu apreciación, Diego. Y lo vi yo también al expresarlo; se prestaba a esa interpretación.
    Pero vamos a ver, si en la prehistoria y algo después, los hombres (fuertes) desarrollaban unas actividades como la caza , que exigían riesgo, desplazamientos etc y la mujer cuidaba la casa, los hijos, la huerta por necesidades naturales de la lprole y por ciertas habiliades manuales que se lo permitían. Había que amamantar a los hijos y eso, amigo, no se podía hacer bien durante la caza.
    Sin remontarnos tan lejos, cuando nuestros abuelos y padres no tenían la preparación profesional e intelectual que ahora se tiene en muchos casos, la situación no era tan distinta: los hogares , donde se lavaba,cosía, cocinaba, criaba a los hijos y todo eso sin los adelantos técnicos de la actualidad eran capitaneados por las mujeres. Mientras, los hombres trabajaban en la mina, en el puerto, en el mar. Había una división de tareas tácita.
    Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la Revolución de Mayo del 68 fueron decisivos para el nuevo papel, la nueva función de la mujer. La aparición de los adelantos técnicos contribuyó lo suyo en este y en otros ámbitos.
    No obstante, veo con preocupación que aún quedan muchos residuos de la vieja escuela.
    Me considero una privilegiada, en ese aspecto, por haber podido estudiar en una época en que las mujeres estudiaban como mucho un bachillerato elemental o, si acaso, superior, porque eran los hermanos los destinatarios de los estudios superiores.
    Yo siempre tuve claro que tenía que estudiar para poder trabajar y ser independiente en cualquier situación de la vida.
    Eso mismo quise transmitir a mis alumnas , sí alumnas, porque aún se transmiten viejos valores por la televisión y otros medios. Y creen que aunque no estudien ya encontrarán algún príncipe azul. O que aunque no lo encuentren, el trabajo, el estudio es cosa de otros.
    No sé si me habré explicado. No soy socióloga, soy una simple observadora curiosa.
    Que pases buen día

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  9. Teresa Garmendia,

    te considero una persona inteligente y sensible, por eso me sorprende tu comentario machista. Lo digo porque si afirmas que “estos hombres (…) ensombrecen la vida profesional de sus mujeres relegándolas a funciones impropias de las mujeres actuales” entonces consideras que las mujeres del pasado, las que no son “actuales”, sí que cumplían “funciones” o tareas “propias” del sexo femenino. Por contra, yo creo que las mujeres del pasado no tenían asignadas per se unas funciones “propias” y exclusivas de ellas sino que el machismo histórico fue (y sigue siendo desgraciadamente) el culpable de esta situación discriminatoria.

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  10. Gaspard Pearlman,

    Estoy recordando casos parecidos. Juan Luis Cebrián se casó con una periodista de TVE y ya no he sabido más de ella. Y estoy acordándome de dos casos más no tan famosos.
    Paradójicamente, estos hombres que encarnan los valores progresistas y parecen estar a la vanguardia de todo ensombrecen la vida profesional de sus mujeres relegándolas a funciones impropias de las mujeres actuales.
    Estas mujeres de hombres “brillantes” abandonan sus carreras profesionales en aras a la promoción de sus maridos exclusivamente.

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  11. Albertyele, no me hables de Bernard-Henri Lévy, ese sujeto (jesuto, que decía un amigo mío) vanidoso, chapucero y esperpéntico. Él no está en condiciones de dar lecciones. BHL, tiene nombre de virus ese hombrecillo. Ya he dicho alguna vez que no sé cómo Elvira Lindo no se queja de que los domingos le publiquen la crónica con el señor BHL a su izquierda. Es una desconsideración.

    Teresa, a mí ‘7 sur 7’ me parecía una emisión muy buena. Se notaba que Sinclair era descendiente periodística de Françoise Giroud. Lo que me extraña es que no haya mandado al puerco(cerdo)espín de su marido a hacer puñetas. Y que sacrificara su carrera en la tele, aunque no es la única: Schonberg dejó el periodismo para casarse con Borloo; Ockrent, con Kouchner; y han apartado, provisionalmente al menos, a Audrey Pulvar, por su relación con el precandidato Montebourg. Aquí se puede leer un perfil de Sinclair: http://tempsreel.nouvelobs.com/actualite/l-affaire-dsk/20110704.OBS6414/affaire-dsk-anne-sinclair-n-oublions-pas-ceux-qui-nous-ont-crache-a-la-gueule.html Dicen que DSK está locamente enamorado de ella, y ella de él. Extraña forma tiene de demostrárselo el muy asqueroso. Debe de ser una enfermedad sexual. Sea lo que sea, ya hay nuevo escándalo con una escritora que lo ha denunciado, y él la ha denunciado por calumnia.

    P.S.: Laura Adler ha publicado en 2011 una biografía de Giroud, que también era una buena periodista con un amor no correspondido, el de Jean-Jacques Servan-Schreiber.

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  12. Sap,

    Vaya vaya… ¿y si te digo que la tal novela la tenía aquí en línea de salida? ¿Será consecuencia de la cosa pijoapartesca y serratiana de la que hablábamos el otro día? ;-)))))
    (La k te la cambié por pura inercia, no recuerdo ni haberla visto escrita :)

    (Y la brújula también me falló, quería haber dicho la costa más occidental de la provincia de Málaga, por eso me arrimé a Gibraltar).

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  13. ¿Vosotros no recordáis que antes se veían muchos sacos en las tiendas de comestibles con legumbres de todo tipo, que los repartidores, los carboneros y otros gremios usaban los sacos? Incluso se cubrían la cabeza con ellos cuando llovía.
    En ese saco se supone que nos llevaría el hombre del ídem si éramos malos.
    Y si llegábamos tarde a casa, si nos quedábamos de noche en la calle, el sacamantecas.

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  14. María,

    .
    Lo del ‘yérsi’ siempre lo escuché en gente de fuera, del extrarradio rural, Aljarafe, Campiña, Sierra Sur… Por contra, lo del ‘saco’ era más de la capital, aunque como digo, ha perdido todo uso. Tal vez aún perdure en Cádiz (no lo sé) ya que dada su naturaleza de embudo con pitorro taponado, de cul-de-sac, actúa como guardia y última garante de las palabras que por gravedad se precipitan sobre ella. allí perviven con toda naturalidad voces que utilizamos de niños y que se perdieron a causa de ver tanto la tele.
    :-)

    Ah, y mira, en la novela que ahora releo, “Si te dicen que caí”, de Marsé, (¿la conoces?) el narrador, al igual que el último Marías, emplea la grafía ‘niki’ para referirse al ‘niqui’ ;-)))))

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  15. Su hombre del saco se llamaba, se llama, el hombre de la bolsa. Y a mí, que fui toda la vida miedosa, nunca consiguieron asustarme con el hombre de la bolsa. En cambio, qué curioso, cada vez me dan más miedo esos señores de saco, corbata, zapatos italianos, pelo engominado y maletín de cuero. Esos sí que suelen ser el verdadero hombre del saco.

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  16. Donde dice “ha hecho un viaje al pasado” debe decir “he hecho un viaje al pasado”.
    Añado a lo ya dicho que he visto que tratabais de cuestiones que hemos vuelto a repetir, lo buenísimo que es este autor, o aquella película (“Carta de una desconocida”).
    Por cierto, he visto que coincidía mucho yo con los gustos de Javier Berasaluce.

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  17. mariange,

    El Tío Saín. Ya el nombre da cierto yuyu, sí. En un pueblo de Madrid (Talamanca del Jarama) supe de otro personaje para atemorizar a infantes porculeros: La Zamarraca, un animal peludo que se escondía bajo las camas (¡tened vuestro merecido niños pejigueras!). El nombrecito pone los pelos de punta.
    También da miedo el nombre del carro de los muertos que aparece en “El jinete polaco”: La Macanca, ¿verdad? =:-O
    .
    En efecto, Mariange, el detergente ‘Saquito’ se expendía en escamas, pero también en polvo, algo que no sucedía con el jabón ‘Rosil’. Otro producto estrella de la factoría Persán fue el jabón ‘Flota’, uno redondo y de color azul celeste… y para las primeras lavadoras automáticas se inventó el ‘Punto-matic’, que junto al ‘Flota’ son productos que aún se fabrican.

    Anda que aquí se pasa de hablar de literatura a hablar de detergentes con una facilidad que da gusto, hija… (Ojo, también es uno de los atractivos del lugar).

    :-)

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  18. Pensaba que había habido estampida porque, torpe de mí, me he metido en otro terreno. Y no he sido la única.
    Entre otros, he conocido a Mar , que hace tiempo no pasaba por aquí. Para conocerla mejor y para leeros, ha hecho un viaje al pasado y me he plantado en el 1 de noviembre de 2010.
    Ha sido un placer porque coincidió ese día que estabais intentando cubrir el hueco de AMM, que estaba de jet lang, según contabais.
    No se os ocurrió cosa mejor que hablar de los libros preferidos, de vuestras listas de libros de AMM, las películas y las novelas correspondientes… Si resultaba mejor la novela o la película y asuntos francamente acertados.
    Mira por dónde, he pensado,¿ si estamos en las mismas!

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  19. mariange,

    Las escamas Saquito (¡qué tiempos!) las conocí de niña. Venían en una especie de saco . Vamos, lo que entendemos por saco o contenedor de tela.

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  20. Gregorio,

    Te deseo lo mejor. Aunque sé que las palabras, en tu caso, sirven para bien poco. Pero es lo único que puedo ofrecerte. Si pudiera, te ayudaría en el tema económico.

    Un abrazo.

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  21. jose manuel,

    Me parece que no son las penurias económicas la única cosa que puede amargarte la vida. Y me parece también que no es una condición el haber pasado o estar pasando penurias de ningún tipo para hacer buena literatura. Me parece que el talento literario (más todo lo demás que hace falta para formar a un escritor) no tiene mucho que ver con lo económico. Ha habido escritores efectivamente siempre al borde de la ruina, y otros que tuvieron una vida cómoda toda la visa y son también excelentes escritores. Estoy pensando en Borges, o en Bioy, o en Silvina Ocampo, o en tantos otros.

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  22. Sin embargo, el no tener que luchar puede llegar a adocenarte: yo , que soy de los que miran los documentales de la 2 sin dormirme, me sorprendo siempre de ese animal fascinante, estilizado y elegantísimo que es el guepardo. Siempre vive al límite de la inanición: de cada 10 intentos de caza fracasa en 9. Y sin enbargo , en ese drama de la supervivencia radica una belleza inenarrable de movimientos, de tensión, etc. Quizá sea un tópico el artista que vive en una buhardilla de París pasándolas canutas hasta que por fín triunfa, tal vez no lo haga nunca. O van Gogh, pasando penurias toda la vida: quizá el arte postmoderno ha conseguido hacer de él una profesión de la que poder vivir dignamente. No obstante, creo que para transmitir algo hay que haberlo vivido personalmente, o muy de cerca. Hay autores cuyos personajes viven siempre desahogadamente, como Marías, por ejemplo. Despreocupados totalmente por la minucia de tener que ganarse el pan. Claro que las dificultades económicas son terribles y te amargan la existencia, pero mi pregunta es si esa amargura puede concebir buenos poemas.

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  23. Eduardo Suomi:
    jose manuel,

    No creo que las angustias económicas produzcan ningún beneficio en nadie, ni aumentan la creatividad, ni la lucidez. Más bien al contrario, lo único que producen son dolores de cabeza, desconfianza, baja autoestima, mal humor, obsesiones contraproducentes, etc.

    Por desgracia, vivo en propia carne las angustias económicas, y te puedo asegurar que mi día a día es exactamente como dices….

    Gracias a éste blog, la literatura y la música puedo “distraer” mi mente, pero tampoco me concentro al 100% en lo que hago.

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  24. mariange,

    esa es una de las versiones. tanto a Friedrich como a Böcklin los conocen los melómanos por las carátulas de sus discos de música clásica.

    Es una sensación perturbadora y extraña. Está llena de belleza, hay algo de nobleza en la nostalgia. Por desgracia, también un futuro incierto en manos de un dios injusto si es que éste existe.

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  25. http://melomanoclasico.blogspot.com/2009/11/rachmaninoff-la-isla-de-los-muertos-op.html

    ¿Te refieres a este cuadro, AGM?
    Con frecuencia nos pasa eso que tú tan bien has descrito…Asociamos tan fuertemente un cuadro, una novela, una música, una ciudad… a una relación personal, que cuando esa relación pasa, recurrimos a esa obra de arte que coincidió con ella, y es como si lo trajésemos de vuelta todo en un paquete, de tan asociado como iba uno con otra.
    El jinete polaco es para mí un ejemplo de esto que dices.

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  26. Ya que estamos de repente instalados en el más tórrido verano, os recomiendo dos libros que ya había leido y que hemos sacado de la biblioteca esta mañana mi hija y yo para ella, que se los lleva a un viaje (el último viaje premamá).
    La autora Empar Moliner. Editorial, Acantilado. Títulos: Te quiero si he bebido
    No hay terceras personas.
    Son ambos libros a base de relatos cortos, pero que en su dia me parecieron muy inteligentes, divertidos y muy bien escritos.

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  27. Si no envenené gratuitamente la realidad, este blog trataba a menudo de asuntos cotidianos, con sus cuentas pendientes, sus decepciones y la huella que deja el arte en nuestra vida. Más bella cuanto más profunda.

    Desconfío de quien da lecciones y no pretenderé darlas con nada que diga, más sentido tiene esto si cabe dada mi juventud.

    Voy a hablar de un cuadro llamado La Isla de los Muertos. En algún momento, de un siglo al que no pertenecemos ni pertenecimos, un pintor suizo decidió pintar una isla a la que una barca conducía las almas. Hay algo de solemnidad, de soledad y de vida en la Isla de los Muertos. La idea debió de convencer a aquel suizo porque trabajó la obra en varias de sus versiones.

    Una de aquellas versiones acabó en la isla de los Museos (vaya por dios, otra isla) de Berlin. Acabé una mañana en la vieja galería nacional y no sabía lo que iba a encontrarme. Entonces aparecí por una de aquellas salas, me encontré con aquello. Fue el primer cuadro en sobrecogerme en la Alte Nationalgalerie (más tarde Friedrich terminaría el trabajo que Böcklin empezó).

    Lo que ahora me devuelve a esa isla por enésima vez (pues no es la primera vez que pienso en ella desde entonces y ni siquiera la primera que escribo para evocarla) es que aquella mañana entré en la galería pensando en alguien a quien quería, a miles de kilómetros de donde yo me encontraba. Nada de aquel sentimiento se apaciguó con la Isla de los Muertos. Tan sólo sucede que, ahora que ella se ha ido de mi vida (como tal vez deba corresponder) sólo me queda esa isla para volver una y otra vez a sentir la plenitud de un buen cuadro en un buen museo muy lejos de casa. Y sabiendo que había alguien esperando por mi.

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  28. El equivalente a Hombre del Saco en Murcia de los 50 era “El tío Saín”. No me dirás que no da miedo solo nombrarlo….
    Yo en mi hibridez murcianomadrileña no utilizaba modismos murcianos porque no se usaban en casa al ser mi madre madrileña…Y no usaba palabras impropias de Murcia y pedanías por un cierto instinto…. Me he sentido dividida o fuera de sitio tanto en un sitio como en otro. Quizá por eso no hablo mucho. (Un dia me ví obligada a decir “diadema” con 4 años, sabiendo que era una palabra extraña en el cole que podía mover a cierta xenofobia, como así fué, o así lo viví. Todavía me acuerdo); así que lo del Tio Saín nunca lo usé, ni lo usamos, pero lo tenía oído….

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  29. Sap,

    Lo del saco para jersey nunca lo había oido, pero lo de “Saquito” sí. Es más….¿no se llamaba algo así como Escamas Saquito? Me viene a la memoria de un anuncio de la radio, no sé si escama o escamas, en mi época prelectora, de cuando Matilde, Perico y Periquín.
    Lo de “saco” asociado a chaqueta de hombre me transporta a la palabra “carro” de cuando el doblaje de las pelis se hacía desde allí cerca también. Tiempos antidiluvianos aquellos.

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  30. Bueenaaaas…

    Entro sólo a saludar, a decir que yo también estaré entre los “jartibles” que aún no se van del todo, aunque siga ejerciendo principalmente de lectora :)

    [Hombre, Sap, se me olvidó decirte: ¡El “yérsi”, cómo no! (El “yérzi” por la Málaga más oriental y que yo más frecuento). ¿Cómo habrá sido la cosa? ¿influencia gibraltareña, influencia de alguna base espeinnorteamericana? ¿?]

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  31. Sudamericana, Emecé, Losada, … those were times! ¡Dichosas y lejanas épocas en las que lo importante de la edición en nuestro idioma sucedía en Buenos Aires y Ciudad de México. En los setenta se dio vuelta la tortilla y España empezó a transformarse en la potencia editora del castellano. Y en eso estamos, con las aproximadamente 70.000 novedades anuales de España (creo que en Argentina son algo así como 3.000). Sin embargo, hay gente que aguanta y lo hace bien. Unos son los de El Cuenco de Plata. Y otros los de Katz Editores. Haciendo excelentes libros desde la periferia.

    http://www.elcuencodeplata.com.ar/
    http://www.katzeditores.com/home.asp

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  32. Luciano,

    Andá a saber qué nos depara el porvenir, Luciano. Mejor no hacerse, en todo sentido, preguntas tan sesudas.
    Ayer a propósito de la editorial Edhasa encontré cosas muy interesantes. La fundó López Llausás, el mismo que fue durante añares el responsable de Sudamericana y el propietario de la Librería del Colegio. Con la vida de ese hombre se puede hacer un recorrido por la historia argentina y española del siglo XX. Mirá que hay vidas llenas, eh?

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  33. Por aquí no veo ningún tipo de caída. Si estáis teniendo algún problema para dejar vuestros mensajes, escribidme un email.
    Saludos.

    PD. Sí, mañana empezaremos a leer entradas de otros “conblogueros” ya han llegado algunas.

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  34. Sap,

    ¿Chaqueta? ¿Americana? Pero de qué me hablás mi querido.sap? ¿Existe otra cosa que el clásico saco y corbata para una entrevista laboral, para una cita formal, para un bancario en horario de trabajo? Lo que no sabía yo era que saco hubiera significado lo mismo acá que allá en algún momento. Va a resultar que el sur de América viene siendo como una reserva natural de palabras en vías de extinción, donde no sólo las conservamos sino que las usamos, las gastamos, las multiplicamos y después se las devolvemos, casi irreconocibles ya de tan antiguas como quedaron en su lugar de origen. Mirá vos.
    Lo de Rebeca allá no existe, por supuesto. Rebecas son las señoras y señoritas que ligaron ese sonoro nombre ( bastantes) y res mes.

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  35. Leí tres veces La montaña mágica, dos en el original alemán y una en la espléndida traducción de Isabel García Adánez. La primera vez que la leí estaba cursando bachillerato y recuerdo que a medida que avanzaba en la lectura me causó lo mismo que me causó Proust. Me dije: a mí me hubiera gustado escribir esto (que, por otra parte, no es más que ponerse a copiarla, palabra por palabra, como hizo Pierre Menard con el Quijote). Las dos relecturas, muchos años después, me confirmaron su potencia, su energía, su vigencia. Es una novela en donde no sucede absolutamente nada y parece que todo está allí. El grado de conciencia histórica de Mann es asombroso. El capítulo en donde Castorp lee un Manual de biología en su tumbona, el capítulo titulado Nieve y el capítulo final son un ejemplo de escritura tensa, llena de nerviosismo y de ideas lúcidas y más profundas que el pozo de Demócrito. Sucede algo curioso con esta novela. Dentro de la república de los lectores hay personas que la consideran una cumbre absoluta del quehacer literario (aquí me incluyo) y hay otros a los que no les mueve un pelo, o la encuentran aburrida, o no pueden con ella, o prefieren otras obras de Mann (Buddenbrooks, Doktor Faustus). He tenido grandes discusiones con mi madre, que se cuenta en el segundo grupo, y no he logrado que cambie de idea.
    ¿Qué sucederá con este foro? ¿Es la estampida general de la temporada estival? ¿Mañana empezaremos a leer entradas de otros conblogueros?

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  36. .
    ¡Toc!
    ¡Toc!
    ¡Toc!
    ¿Se pueedeeee…?
    :-)))

    Ah, Albertyele, se me olvidó comentarte a propósito de la rebeca del otro día, que a mí, de niño, todavía se me alcanzó escuchar la palabra “saco” como sinónimo de jersey… “Niño, ponte el saco”, “Niño, vaya cómo traes de sucio el saco”… de hecho incluso existía un detergente llamado “Saquito” que se fabricaba en esta ciudad.

    Eso sí, es un término absolutamente fuera de uso hoy en día.

    Lo que nunca escuché utilizar es la voz “saco” como equivalente argentino a la chaqueta o americana.

    (Luego también estaba “El Hombre del Saco”, magnífica invención para que los nenes dejaran de dar la lata a sus mayores…)

    :-)

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  37. @ Albertiyele,

    Me pillas por poco. Estaba ya echando las persianas y cogiendo las llaves para cerrar la puerta de esta casa; al menos en la habitación que me he abierto yo aquí y en mi blog.

    Todos necesitamos un poco de descanso.

    Feliz verano. Y que a nadie le pase nada malo.

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  38. Hola!!! ¿Seguimos aquí? ¿Ya están todos de vacaciones? ¿Salieron todos corriendo? Ah, ingratos! No hay nada que hacer, cuando el gato no está, ya se sabe. Hola!!! ¿Hay alguien ahí? Si estás ahí da tres golpes (toc toc toc)

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  39. @Gaspard: no te lo puedo dejar aquí porque estoy con el i-pad y no me deja, o yo no sé hacerlo. Pero si te interesa buscá en http://www.lanacion.com.ar de hoy, en Opinión el artículo Una justicia canibalizada, un hombre linchado. Lo firma Bernard-Henri Levy para el Corriere Della Sera y es de lo más interesante que leí sobre el tema. Me parece que más allá de la anécdota, que ya como anécdota es gorda, muy gorda, el “affaire DSK” o mejor el “no affaire DSK” puede servirnos para pensar en el papel de la justicia, de la publicidad, de los medios, de la opinión pública, de las operaciones de prensa y sus relaciones impúdicas con lo peor del poder, y sobre todo, sobre todo, de los prejuicios. Los prejuicios, tan poderosos, tan demoledores, tan absurdos, tan irracionales, tan difíciles de erradicar, tan utilizados desde la política, tan feroces.

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  40. ¿Y ahora quién empieza? ¿Se podrán poner comentarios en esta entrada? Por si sí: cosas que me quedaron pendientes. @Diego Ariza: gracias por el tango de ayer (otra vez canto a gritos: portero suba y dígale a esa ingrata…) en versión nada menos que de Agustín Magaldi, que para quienes no lo sepan es quien se alzó de Junín nada menos que a Eva Duarte, Evita.
    Y @Teresa Garmendia: ese “la culpa no es de ninguno…” no es mío, es de una poesía de Fernández Moreno que dejé aquí hace ya tiempo y que me encanta:
    La batuta de la vida
    Que no es una vara verde
    Sino un vástago de ébano
    Siniestro y resplandeciente,
    Separa de vez en cuando
    Amigos que bien se quieren.
    Y los que quedan se acuerdan.
    Se acuerdan de los ausentes.
    La culpa no es de ninguno
    Y ya estamos todos viejos.

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  41. jose manuel,

    En mi opinión, un escritor con dificultades económicas, hipoteca y familia a su cargo escribiría peor, mucho peor. Eso en el caso de que dispusiera tiempo para escribir.

    No creo que las angustias económicas produzcan ningún beneficio en nadie, ni aumentan la creatividad, ni la lucidez. Más bien al contrario, lo único que producen son dolores de cabeza, desconfianza, baja autoestima, mal humor, obsesiones contraproducentes, etc.

    Por suerte en España no hay que pagar el colegio de los niños.

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  42. El arte es quizás una actividad que precisa tener las necesidades básicas cubiertas?¿o por el contrario una cierta precariedad en todos los campos excita en el artista la necesidad de dar cauce a sus preocupaciones a través de su talento?. Lo digo porque sigo con interés todos los escritos de Antonio y Elvira, además de la obra literaria de Antonio . Ellos, que son escritores ya consagrados, expresan en sus escritos una dedicación casi exclusiva al arte y la cultura, pero desde una posición económica desahogada (ganada a pulso, eso no se pone en duda). Esa posición de tener lo básico más que cubierto, influye negativamente en su obra, o no tiene nada que ver?es decir, ¿un Muñoz Molina con dificultades para cubrir su hipoteca o de pagar el cole de los niños escribiría mejor?. Saludos a todos. JM

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  43. Sap, se trata exactamente de eso ¡Adelante!

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  44. .
    A ver si me he enterado bien, Gotardo.

    ¿Se invita a los seguidores del blog a pergeñar entradas -tales sustitutos de Antonio- que sean motivo para los posteriores comentarios, discusiones y rastros de música, libros y pelis?

    Ah, vale.

    :-)

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