Nostalgia de Manahatta

Posted By on Jul 21, 2010 | 6 comments


Así llamaban los indios Lenape a la isla de Manhattan, su hábitat natural poblado de bosques y fauna, destruido hace dos siglos.

Después de un mes de junio en el que ha llovido más y más torrencialmente de lo que nadie recuerda, los árboles de Nueva York –los de los parques y los de las calles, y los que crecen salvajes en los descampados y en las laderas entre los puentes de las autopistas– tienen un brillo de esmeralda, un resplandor de selva. Malezas, hiedra venenosa, enredaderas, crecen por todas partes y cubren y cubren los troncos de los árboles caídos, que alimentan una población de larvas e insectos vigorizados por la mezcla de humedad y calor. El año pasado, un libro de éxito, El mundo sin nosotros, contó con vivacidad alucinante lo que ocurriría en la ciudad si de un día para otro desaparecieran de ella los seres humanos: en pocos días los túneles del metro estarían inundados, al detenerse las bombas que continuamente achican las aguas subterráneas; en unos años el bosque habría empezado a reconquistar las zonas ahora colonizadas por el hormigón, el cristal, el acero y el asfalto. Cuando uno llega de Europa lo primero que le impresiona de Nueva York es la escala de las construcciones humanas; cuando lleva un poco tiempo viviendo en la ciudad, de lo que se da cuenta es del poderío nunca domado de la naturaleza, que aquí se impone con una rotundidad exótica y hasta amenazadora para nuestras pacíficas escalas europeas. Un temporal de lluvias puede durar varios días y varias noches; en verano, cuando la temperatura alcanza los cuarenta grados y la humedad se acerca al cien por cien, las copas de los árboles desaparecen en una densa neblina que le hace a uno pensar en la de las junglas monzónicas.

Seguir leyendo en MUY INTERESANTE, 21/07/2010

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6 Comments

  1. Fe de errata:

    .. a la plenitud de vivir.

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  2. Ayer leí, antes de acostarme, el relato ” El nadador ” de John Cheever. Y mi voto personal es sobresaliente.
    Cheever nos transporta a los días soleados de nuestra infancia. Días estivales que perduran en la memoria con el perfume sagrado de sus horas doradas del asombro y la felicidad. Su relato ” El nadador ” es un canto a la plenitud de ir, a los días felices y a la vida.
    vivirla con honestidad y belleza.

    Un cordial saludo

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  3. Querido Antonio, cada día agradezco tus palabras y
    tu sentido común -que tanto falta en este país-,asi como tu sentido de la dignidad, y tu amor por la literatura que no es otra cosa que un canto a la vida
    con mayúsculas.

    un abrazo

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  4. Querido José Carlos, yo también tenía sueños así cuando era joven y no salía de Granada. Soñaba que iba de noche por esta ciudad. Una de las muchas cosas que ni siquiera deseaba por ser demasiado imposible era caminar habitualmente por ella. Buen ánimo y coraje.

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  5. Estimado Antonio.
    No sabes cuanto te envidio,envidia sana. Se entiende. Hay noches que sueño que camino por las amplias avenidas de Mahnattan.Yo unicámente conozco la ciudad por las peliculas y los libros de viaje Aquí, en mi pequeño estudio tengo una carpeta con una fotografía ( en blanco y negro ) públicada en EL PAIS, titulada ” Manhattan desde el paseo “,Brooklyn, Nueva York, 1954. Fotografía que pienso enmarcar junto al poema
    titulado ” Mannahatta, de Walt Whitman.Estas cosas tan sencillas como una fotografia y un poema me dan mucha fuerza para empezar el día
    con buen ánimo y coraje.

    un cordial saludo

    José Carlos

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  6. “ventanas de Manhattan” es uno de mis libros favoritos que nunca me canso de leer. Lo tengo
    en varias versiones, es decir,de bolsillo para llevarnmelo conmigo a todas partes, y en pasta
    dura publicado por Circulo de lectores. Ademas de tenerlo tambien por Seix Barral.

    Este último siempre lo tengo en mi mesilla de noche,tus páginas me hacen mucha compañia,
    y siempre me invitan a vivir. Gracias.

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